Category Archives: Amor

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Bailar

Bailar

Este post es con música. Antes de leerlo, poner play debes.

En aquella costumbre cultural, que permite la interacción, me siento una verdadera subnormal. Usual es el de preguntar, en plan de small talk, “¿te gusta bailar?” y bueno, siempre respondo dubitativamente con un sí que se desliza en tono de “pero…”

Me alucina la idea de empatar, mi mundo descoordinado, con el de otro. Es casi asunto de dimensiones que van paralelas y que justo por eso, no suelen ir nunca sincronizadas. Entonces, uno se encuentra con alguien que está al frente de uno, moviéndose, a su propio ritmo, mirándote de tanto en tanto. Tal vez, si quiere el contacto, se acercará, para intentar tocarte. Si es más atrevido, intentará llevarte al ritmo de su música, buscando meterte en su dimensión. Me ha pasado tantas veces con el mismo extraño resultado: o me parto de risa, peleando por dirigir el baile o simplemente, me ha desagradado toda la operación psicomotriz para la que parecemos no estar listos.

Tal vez sea que yo siempre he pensado que bailar es algo tan absolutamente íntimo – cual relación sexual políticamente correcta y socialmente apta- que sólo comparto con quien siento en mi corazón. Verle moverse a mi lado es un acto contemplativo de aprendizaje y luego, sincronizo mi mundo, con el suyo. Entonces, puedo tomarle o ser tomada. Siempre, mirando a los ojos. Siempre, intentando leerle y ser leída. Aspirando el aroma que despide aquel otro en el calor que le provoca el movimiento; sabiendo que él también hará lo mismo. Un baile providencial puede terminar, para mí, en amor, sorpresa, epifanía. A aquel movimiento va acompañado mi propio canto, que puede ser en susurros, sonriendo, siempre, como suelo hacer cuando estoy en armonía con el universo. ¡Qué desilusión, cuando compruebo que no puede anticiparse o yo no puedo yo! De entrada sé, entonces, que aquello no vale para seguir; que me importará un bledo si no le vuelvo a ver, aunque sea el ser más atractivo del planeta tierra y alrededores.

No me malinterpreten, mi sentido del ritmo es sensacional. Pero lo suelo guardar para unos pocos – en general, en privado- y prefiero, entonces, bailar sola. Sola, como en todo el resto de cosas en las que me veo obligada a hacer.

Pd. Mil perdones, pero estoy pegadísima a Los Amigos Invisibles, por culpa de una promo del canal Sony. Pero bah, siempre me han encantado. Enjoy.

El Mundo Alterno

El Mundo Alterno

imagination

Fantaseo mucho, para desesperación de algunas personas cercanas. El fantaseo me permite abstraerme, concentrarme y pasar los momentos desagradables, de modo más rápido. Así, por ejemplo, si estoy atracada en un tráfico de pesadilla en Lima, tengo los audífonos puestos y me la paso creando videoclips para las canciones que van apareciendo, random. Otras veces, miro a la gente a mi alrededor y voy imaginando a qué se dedican, dónde viven, el estado civil, etc.

Estos ejercicios mentales, que malamente algunos confunden como “ensoñaciones”, han sido los recursos que han utilizado, incluso personas en situaciones en las que sus vidas han estado en peligro. No voy a continuar con ejemplos al respecto, porque el tema de éste post no es ése. Es la capacidad de visualizar lo que últimamente me aqueja y cómo la realidad es mucha mejor maestra que los esfuerzos de la mente. O algo así.

El asunto es que, de un tiempo a esta parte, observo a la gente de otra manera. Observo cómo serían en otro estrato económico, habiendo tenido – o dejado de tener- oportunidades en sus vidas y cómo éstas le han afectado. En mi cabeza, las visualizaciones y luego la comprensión de que las oportunidades no son más que una suerte de situaciones concatenadas, que vienen a dar en una notoria oportunidad para ponerte a prueba, con todo el camino recorrido atrás: lo tomas o dejas pasar. Si pierdes la cita con el destino, vendrá otra y otra más. Porque, me disculpan, pero si has de llegar a un lugar, lo harás indefectiblemente; aunque sea a trompicones.

Entonces, pues, miro a un empresario próspero y le imagino en sus inicios o cómo sería sin un puto centavo; de la misma manera lo hago con el que barre mi oficina y calculo cómo sería su vida si hiciera otra cosa distinta que sacar la basura de los tachos. ¿Llegaría, el empresario, a pillar el mismo destino, si sus oportunidades hubieran sido diferentes? ¿El operario sería mejor jefe que el suyo propio? Wait, no creo en el determinismo. Creo en las misiones. Creo en que hay que llegar, a dónde sea que lleguemos, con la plana hecha. Me muero de la risa con la figura; yo, viejita en mi cama, teniendo un segundo de lucidez, diciendo “mierda! Para éso vine!!” y estirar la pata al segundo siguiente. Humor negro pour moi.

En éstos años, he visto cambiar la vida de tanta gente. He visto que las acciones de muchas personas confluían en situaciones en las que, visto desde mi tarima de espectadora, califiqué como “inevitables”. Pero también las he calificado de benditas, de milagrosas y de providenciales. El acceso a la educación de muchos jóvenes que, sin algunas oportunidades realmente caritativas, no hubieran podido acceder a una educación, a un empleo, a que sus familias dejen de vivir en la precariedad o que ellos mismos caigan en las drogas o la delincuencia, quebrando el círculo que para otros es inevitable, es conmovedor, siempre. ¡Cómo desearía que mi país, mi raza, pudiera replicar, poquito a poquito aquellas vidas salvadas, aquellos ojos brillantes al ser reconocidos, al conseguir un empleo digno, al poder dormir en paz, sabiendo que mañana podrán vivir dignamente en un mundo que les respeta y valora…!

Bueno pues, me pongo sentimental, mirando a la gente. Deseo que todos puedan tener las mismas oportunidades que tuve yo (y eso que considero que he tenido pocas, pero trascendentales), deseo que puedan aprovecharlas y vivir vidas plenas…

Luego me acuerdo de aquel personaje de película brasileña que decía, contenta.”Ay, es que yo creo en la igualdad entre los seres humanos. Eso sí, todos a lo Rockefeller…” Caray, qué cool sería éso.

Los posts que se me entrecruzan

Los posts que se me entrecruzan

Laberinto

Tenía ganas de ser políticamente incorrecta y lógicamente salvaje. Putamadrear a forro en varios idiomas y por muchos motivos. En vez de ello, me he quedado compartiendo links en Twitter, amaneciéndome haciendo tareas (cosa que odio sobremanera, no sabes) y durmiendo poquísimo.

Las noticias me despiertan de mala gana – es que la tolerancia al llanto de los entevistados en cualquier noticiero peruano, es cuasi absoluta (vende, pues) y eso se convierte en un mar- con su rosario de tragedias desde mis madrugadas, durante todos los días de mi semana. Me pregunto estúpidamente cómo es posible que algunos se la lleven fácil, otros se saquen el ancho y yo logre despertar aún cubierta por mi propia frazada, sin caer estrepitosamente al piso de la realidad. Literal y figurativamente.

Me he cansado de renegar de mi situación, de mi casa, de mi familia, de mi empleo, de mi barrio, de mi patria. Es sumamente fácil andarme fastidiando por todo lo que me rodea. Carajo, pareciera que uno volteara y viera una mala nueva, a cada instante. Es una epidemia. En vez de ello, me río a escondidas y observo lo mucho que necesitamos cambiar, si es que alguna vez deseamos llegar a alguna parte como nación, como especie, como planeta.

La vela de mi entierro, entonces, soy yo. De modo ridículo y cual granito de arena en playa de rocas, así de anémica va la cosa. En tal propósito tengo a la Quinua de los Dioses, mi bolsa de agua caliente, las canciones tuyas en mi reproductor portátil (novísimo, by the way), mis guantes de cuero, Petete Azul, el abrazo de Chucky por las tardes, el recuerdo de mi madre lavando los platos del almuerzo, los libros favoritos que dejaré en casa, el último beso que mi padre me dio en la frente, lo que en mi corazón guardo para ti, la carcajada de mi abuelo, todas aquellas frases en francés que nunca puedo olvidar, las divertidas groserías en italiano, la memoria de no autodefraudarme ni en pelea de perros…

Soy, pues, la dueña de mi propio destino y de mi propia cárcel. Tomaré, cual acrobacia cretense, al maldito toro de mi vida, por las astas y saltaré, para ser libre o morir en el intento. Deseo que todos puedan, en algún momento, hacer lo mismo.

De mi padre

De mi padre
papa

Mi padre.

Los homenajes benditos, en las benditas efemérides. El mio fue hecho hace un tiempo:

Lo que aprendí de ti

Saludos, por supuesto, para los que se desloman por dejarnos la herencia del ejemplo. Los que no te darán de regalo el auto del año, al graduarte, pero te enseñarán a ser decente. Los que se convertirán siempre en tu “reminder” en el filtro de lo bueno o malo. “¿Qué haría mi padre?” no es una waa decimonónica. Es la garantía de que aprendiste a ser gente. Feliz día papás.

A la sombra de un corto

A la sombra de un corto

Este iba a ser un post sobre el aprendizaje de los idiomas, el fraseo de cada uno de ellos y el temperamento que suelen tener aquellos que lo hablan, como una lógica característica de cada cultura que los genera. Iba a hablar sobre lo que- me parece a mí- es el centro del asunto de la enseñanza del idioma: estimular al alumno sobre la necesidad de aprenderlo, es decir, motivarlo directa o indirectamente.

También iba ser un post a modo de contestación a una pregunta con mala leche sobre porqué tuiteo en otros idiomas-además del nativo, lo hago en inglés, un poco de francés y muchísimo menos, en italiano- siendo que vivo en Perú. Lo cierto es que, de saber Quechua, lo hacía en esa magnífica lengua, también. Iba a explicar sobre lo relativo que van siendo algunas cosas últimamente, al respecto del intercambio de información y sobre la necesidad de poder expresar las ideas de manera que más gente pueda entenderlas. Intentar aprender varios idiomas es una forma. Intentar llegar…

Luego cambié de idea, que mejor hablara sobre esa estúpida incapacidad perucha por no ver más allá de lo evidente y focalizarse, siempre, en lo cercano. Una lacra que envuelve todas las acciones que se realizan y que es un mal endémico en las clases sociales altas, bajas, medias (un poco menos) y la clase política deprimente que nos intenta llevar al cadalso como nación. Hubiera disertado unas 2500 palabras sobre muchos ejemplos al respecto, sobre cómo me siento una extraterrestre por aquí y la verdad, me hubiera faltado tiempo para seguir.

También hubiera querido chismear sobre mis propósitos para estas minivacaciones que le he llegado a arrancar a mi chamba, pero luego me dio sincera pereza dar mi agenda personal, porque -humildemente- no soy cosmopolita y no la tengo tan recargada y la verdad, lo único que ansío es poder dormir hasta tarde y acostarme igual. Una ligera variante es que intento, eso sí, vivir con ansiedad (pero no mucha) el relax de hacer sólo las cosas que me gustan, comer lo que me gusta y pasar el tiempo con personas a las que no veo así nomás.

O podría lloriquear en más de 140 caracteres sobre las usuales penurias de una mujer como yo o como tú, muchacha estúpida que aún crees que lo sabes todo (ni yo) y te falta la estrellada fatal de la realidad. No, merci.

Pero.

Pero siempre está el otro topic que manejo soslayadamente; aquel que no trato por aquí, pero lo trato-benditas sublecturas- que me camina todos los días y que me tiempla, como el acero, para no decir las cosas y sin embargo, pensarlas consetudinariamente. Ahí anda. Siempre. Estoy embebida en él. C’est comme ça, mon chér loup.

Pucha, entonces me da pereza máxima, porque hay cosas que sólo se conversan en el calor de un acercamiento. Algo es algo y para mi, algunos “algos” han sido todo. Estoy en los lugares usuales, por si quieren charlar. Con permiso, me voy a recostar…

Nos leemos.

No busco novio (igual que la otra, nomás que diferente)

No busco novio (igual que la otra, nomás que diferente)

Pucha, ya quedó establecido, para los 4 gatos que me leen desde hace poco más de 5 años, que no busco ciertas cosas… porque ciertas cosas me encuentran. Me la paso de malísimo humor haciendo compras de ropa, por ejemplo. Mi estilacho de moda (sin estilacho) me hace querer comprarme cosas que no están en temporada o que -cual Enrique el Antiguo- son parte de algún museo del vestuario vintage. Qué diablos, uno se queda congelado en la época en la que fue más feliz y yo creo que aún estamos en el 2003…

Lo único que he perseguido ha sido al empleo. Escurridísimo él, le he correteado, haciendo cosas -todas decentes, por siaca- que ahora no me apenaría volver a hacer, si fuera la necesidad. Por supuesto, recuerdo las entrevistas que me dejaban estupefacta: me llamaban para decirme que estaba sobrecalificada y que aún así, si quería el empleo, ganaría como un practicante (¿les pagan, aquí en Perú?) o que mi horario sería algo como de 3 a 7 am, o que tal vez me interesaría estar en el area de Marketing, luego de lo cual pasaba a una sala con un grupo de vendedores, a cantar el himno de la compañía y dar de saltitos, para vender algo parecido a la Tinka en kioskos. O tal vez pedirme 35 requisitos, entre académicos, documentarios y tal vez una prueba de Elisa, para un pago de 800 soles (ahora, algo como 250 dólares), con horario de entrada, pero no de salida, en una oficina que parecía un baño, atrás de una caldera. Oh yeah.

Entonces, lo único que he buscado ha sido empleo. ¿Quedó clarísimo? Dale, continuamos.

Luego, no he buscado nada más. Ni el reconocimiento de los pobres diablos sin más talento aparente que saber relacionarse con otros, ni el odio de los que se alucinan delincuencialmente asociales, ni tampoco convertirme en objeto de culto (lo cual no es mala idea, en estas épocas), objeto de estudio y psicoanálisis. Obviamente, tampoco en el amor.

Eso es algo que enfurece a mi madre. Lo juro.

¿Cómo se le encuentra? No se puede, salvo ponerte en circulación. Como dice Pedrito Infante: “No me des, ponme donde hay” Es decir, asegurar la Plaza. Cero autopublicidad; aunque este blog hace su parte, pero no todo el planeta está in the search; entonces, la Promoción va limitada a una Plaza limitada, también. Y ya que hablamos de Marketing, diremos que el Producto está algo usadito, algo añoso y mejor lo llamamos Vintage, también, para no deprimirnos. Pero es un Producto para conocedores y por eso, el Precio es variable, dependiendo del postor. Es gratis para el que lo encuentra, subrepticia y sorprendentemente. Es caro -carísimo- para el que está acostumbrado a encontrar cosas y la neta, que compre otra cosa.

No busco novio. No hago publicidad al respecto. No comento por aquí mis aventuras torrejísimas, aunque siempre hay negociaciones. No vale la pena usar esta ventana para aporrearlos, cuando las experiencias que les tocan vivir luego de echarme por la borda, hacen esa chambita por mi. No me gusta hacer estadísticas sobre ellos, ni hacerme la víctima de sus metidas de pata, porque creo que algo de culpa tengo en aquellos tropezones. Tampoco me levanto triunfante, gilera, amazona. Bueno fuera. Todo me duele; con el tiempo, mucho más que cuando era adolescente. Lo único mejor aprendido es que ahora he dejado el lloriqueo por ello y la procesión va por otros lugares. No busco nada, salvo ser encontrada y nunca abandonada, por que un terno ya fue comprado, porque un roche de autoestima impide superarlo, porque el amor no está clarísimo en sus corazones. No habiendo pretexto para no quedarse, salvo el milagro del amor desnudo, no vale la pena ir corriendo tras los que se van; de la misma manera, no hay sentido salir en exploración insana, para no encontrar nada.

No, no busco. Sé que él me va a encontrar. Lo he sabido siempre. Lo sabe él. Mientras, que siga engañándose con todo el planeta, si es posible. Donde esté, llegará. Yo estoy donde debo de estar y hago lo que debe hacerse. Entonces, no puede haber error. Espero que haya quedado claro.

Sábado a color

Sábado a color

Colores. Tímidamente...

Colores. Tímidamente...

Chmre, no sé qué es lo que me enoja más: el tráfico con embotellamiento incluido en la puerta de mi casa, cualquier imbécil interrumpiendo la hora de mi siesta de weekend, no encontrar nada en mis cuchumil canales de cable, o sacar la cuenta que debo de morir de hambre si quiero ahorrar algo.

Claro, hay más cosas que -como siempre- me dan indignación, pero, vamos, cuando hago las dichosas listas o escribo sobre ello, pienso que me arderá el colon como no tienes idea y se me van las ganas. Ha vuelto a aparecer los sintomas de stress que tanto me asustan, como el mareo y las taquicardias. Eso quiere decir que no es mala idea haber pedido una semana de vacaciones. Alucina que no tengo ni idea a dónde iré. Acabo de escribir que debo de ahorrar. Tal vez termine aprovisionándome de comida para el microondas, poniendo cinta aislante a todas mis ventanas y puertas, y encerrándome en el depa, para dormir una semana enterita. Claro, recibiré las usuales llamadas al celular -para saber si no estoy muerta- e intentarán abrir mi puerta, cuando no reciban respuesta. Todo, simplemente porque quiero silencio y calma. Desventajas de la cercanía

El clima ya cambió, otra contrariedad en el mundo de Dreampicker, la fotosintética. Con ello vino la organización de las cosas, la limpieza general, el separar la ropa y zapatos que ya no te pondrás jamás. Lo bueno es que los planes de playa finalmente comienzan (desistí de ir en verano) y los colores se pelean en mis hojas en blanco. He estado tanto tiempo muda…

Vale, no es un buen post sobre el día de las madres (hay alguno en la Silla Ecléctica). Pero es que ése ya lo escribí hace un año atrás. Añado un par de cosas: mis hermanas son las madres que yo (creo) nunca seré. Las envidio. Ya no tengo nada más que decir al respecto.

Lo que hay

Lo que hay

Una estimada amiga tiene un blog con ese nombre. Como todos los blogs de aquel género, va escribiendo lo que le va sucediendo. Igual que yo, con la salvedad que vive una realidad ligeramente diferente, vive en otro lugar y le pasan otras cosas. Tal vez, en algún momento le suceden cosas similares, pero en realidad, qué mujer vive algo que no sea el trabajo, la búsqueda del amor y el desarrollo de una vida en donde se multiplican las obligaciones, incluyendo la maternidad y el exito profesional…

En mi mente venía el nombre de su blog, porque su título me suena resignado, tan notablemente sumiso a una realidad que pareciera no cambiar. Sin embargo cambia. He ahí el asunto. Tal vez nada cambia, sólo uno; y es por eso, que todo deja de ser lo mismo de siempre. Igual, hay momentos en lo que hay es lo que hay y qué mierda, hay que hacer lo posible para sobrevivir; tal vez no sea el momento, tal vez no sean las personas, tal vez no sean los lugares. Te aguantas, porque lo que hay es un adefesio y pasas de ello. Te quedas ahí, en casa; te ahorras las explicaciones, te pones en silencio.

Hoy, mi mejor amiga me hacía notar que soy un imán para los hombres no disponibles. Creo, para felicidad de alguno, que mejoré al escogerlos, pero algunos se acercan, extrañamente atraidos por mi resolución a no tomarlos en cuenta y suelen insistir. ¿Es necesario hacer un statement al respecto? ¿Debo hacer una nota de prensa para que caigan en la cuenta que el requisito principal para alucinarme es ESTAR COMPLETAMENTE LIBRE?. Claro, otro requisito puede ser que tengan su propio cabello en el cráneo y dentadura original, pero eso ya es como que algo obvio y snob, teniendo en cuenta que no deseo llevarlos a la clínica geriátrica hasta dentro de unos 10 años, por lo menos. Entonces, ser legal y mentalmente available no es una cosa funny y anecdótica que puedan saltarse, conmigo, alguna “rareza” mía. Ya pues. No. No guarden esperanzas. Mi cara cortés sólo es una máscara, pero ya salí corriendo. Hace muchísimo.

Digo, todo esto, porque la verdad, estoy agotada de esquivarlos. También, porque ando despertándome con la absurda sensación de que alguien me espera, en otro lugar. Tal vez sea simplemente un espejismo de mi mente que siente que busco imposibles y no se resigna.

PS. Miércoles. Yo quería hablar sobre otra cosa, al propósito del video. Envidio a la gente que encuentra al amor a edades tempranas. A mi paso, será un amor otoñal. Aunque la historia de la cancioncita es triste, me bacila la idea. Una muchacha de barrio, se llama…

Me Sacan…

Me Sacan…

Bored With The Conversation - Scott Robinson

Bored with conversation – Scott Robinson

Bueno, este post iba a ser una lista. De hecho, algo larga y bastante ácida. Pero, prefiero hacerlo así, pegadito nomás, rabiando como siempre. Recuerdo que a muchos no les gustaba ése rasgo, de mi. Otros lo encuentran atractivo. Por mi parte no puedo decir más que así vienen en mis instrucciones: te chupas el limón o te largas. Es bueno decirlo.

¿Qué me jode últimamente? Sí, porque, si me lees con regularidad, sabes que paso del fastidio a la histeria, a la añoranza y casi nunca a la hilaridad -la que dejo para lo cotidiano, pero… wait, ahí hay tan poca gente- con lo que mis estados circulares sólo me pueden servir para que, de tanto en tanto, escriba algo que me salga de los ovarios y tu pienses que soy una loca de atar.

¿Qué me jode? Uff. Para empezar, el tráfico de mierda de Lima. Tener que vivir en el Apartheid que nos impone la poca decisión de una clase política que es una cloaca, lo que me hace querer pensar varias veces antes de salir de Lima Norte (donde trabajo y vivo) para ir a cualquier otro sitio, porque todo me toma 1hora de viaje; lo mismo que toma un avión de la capital hacia Arequipa. Luego me jode el descaro de los políticos, la mala educación que recibe el peruano promedio (lo cual le hace ignorante, atrevido y estrecho de miras), la lucha para mantenerme en un mercado laboral (con estudios y todo) mientras un bailarina de tecnocumbia logra viajar un par de veces al año a Europa y yo saco mi cuenta para saber si podré viajar a Huacho sin desbalancear mis fondos. Me revienta la gente que legisla sin saber de lo que habla, el que se siente indispensable, el que envidia y sólo remarca los defectos de los otros, el acomplejado que en todo ve un problema y aquel que se siente feliz por saltarse las reglas, afectando al resto. Me pone de malas el que diserta sobre algo, como si dijera la verdad de la milanesa y me subestime en el interin, el que no se da cuenta que marca los corazones y que sinceramente no estoy para bromas, el que esconde su corazón para mi, pero se lo da a otra, el que jamás me ha de encontrar… me jode hasta cuando desaparece el teflón de las sartenes de casa, se acaba el papel higiénico, se acaba el capítulo de la serie que me bajé por torrent, no poder usar el puto bluetooth (y por ello tener que ir a servicio técnico), olvidar los tiempos verbales del francés, no poder ir al cine, ver como los peatones son imprudentes, no poder publicar un libro de poesía sin tener que dejar el pellejo, no tener el tiempo para pintar, tener que esperar a que los objetos que quiero comprar “me encuentren” porque, sencillamente, nunca encuentro lo que quiero hasta que ellos aparecen. Me saca de mis casillas que dejen las cajas vacías de cualquier cosa, en las estanterías o la refri, para que las eche yo a la basura, que la vecina barra todas las mañanas a la misma hora, con frenética fruición (para mi que tiene problemas sexuales) y que las mañanas empiecen a ponerse nubladas, resistiéndome a sacar las frazadas del closet, olvidar echar el insecticida todas las mañanas y recordarlo todas las noches, abrazar a mis dos almohadas y seguir sintiendo que estoy en la cama equivocada, en el año equivocado, con un absoluto LAG en esta vida que me alcanza, pero cuya canción no me gusta mucho, la verdad…

Caray, todo me enfada. Sólo unas pocas cosas me pueden hacer sonreír, por aquí; porque como ya te dije, lo cotidiano te es ajeno, siendo una proyección exagerada de lo que en verdad me da vueltas y el resto, que ya sabes siempre, se rellena. Deséame buena suerte, entonces.