Category Archives: Amor

Círculos

Círculos

Brevemente.

Todo es circular. El clima cambia, la gente cambia, los lugares son visitados por nuevas personas;  un día amanece luego de una noche y así, todo lo que se va, vuelve.

Se organizan las limpiezas, se echa lo que no sirve, se apresta para recibir lo bueno. Fotosintéticos (me incluyo) van intentando atrapar al sol, que se va a otro hemisferio…

Ultramar, entonces, tendrá los amaneceres que yo he compartido con mis sueños, durante todo este tiempo. Que sirvan para que las cosas sucedan. Bien con ellos. Sigue el dedo sobre la línea, sin salirse del texto, buscando las palabras y caminado -algo tímidamente- por donde nadie le ha llevado antes. Así es el camino, qué remedio.

En tanto, le pido a James que me abrace, mientras canta. Estamos mirando a la lluvia, comiendo chocolates y -si se deja- me pongo buena gente y le hago la calceta… y hasta la cena. La culpa es del primer frío. Me enternece. Enjoy.

April’s fool

April’s fool

Too lazy to be sad

Too lazy to be sad

Ya sabes cómo es, estoy echada en el sofá -que me queda pequeño- con la laptop y la tele prendida, mirando Star Wars, en pijamas, con el cabello en una trenza enredada e hirsuta. Hace unas horas desayuné indolentemente, mi cereal con yogurt y una religiosa cucharadita de Algarrobina, porque hay que echarle vitaminas al asunto. El ventilador está estratégicamente colocado para refrescarme y el sol entra a raudales por la ventana. Debería levantarme, ordenar el depa, recoger los papeles regados en mi mesa de dibujo, lavar la ropa sucia, sacar el polvo inclemente que se pega a todo por aquí. En vez de eso, tengo la mente en blanco impoluto y me llega absolutamente todo. Me encantan estos pequeños momentos de dejadez, donde nadie me friega y el abandono es absoluto. Sé que no es posible mantenerlos constantemente, porque, vamos, no soy una isla desierta y en algún momento nos conectaremos todos, como una gran sinapsis.

Mi sinapsis, aquella que comparto contigo, sigue vigente, aunque las palabras sobren. Sigo despertando y quedándome dormida con la misma imagen en mi mente. Tal vez es un ejercicio inútil para alguien que tiene la experiencia de las carencias tan grandemente grabada sobre la piel. Pero pensar en tu existencia no es nunca en vano, aunque no logre nada con ello. Me levanta en las mañanas saber que existes, en algún lugar, de algún modo. Entonces, en estas últimas frases de cierre vendría algo como “tal vez, algún día tú aparezcas” pero, la verdad sea dicha, ya lo hubieras hecho sin que yo lo pidiera, porque, como dicen los gringos, “it’s mean to be”. Luego, no hay más que hacer que seguir caminando lo mejor posible, del mejor modo, resignándose una a que la vida es así. Al fin, mi mente vuelve a estar en blanco y yo sigo pensando que es un lindo día feriado, donde no quiero hacer nada y nadie puede hacerme entristecer.

Soñando

Soñando

El ejercicio de soñar, una actividad en la que debes ocupar una parte de tu día. Podría ser terapéutico dejar volar a tu mente, e imaginar que las cosas pasarán de un modo o cómo serían otras situaciones.

Mi madre piensa que es un acto inútil, que me hace daño. Piensa que eso me impide ser más concreta con mi vida, con las cosas que -según ella- yo ya debería haber logrado. Yo siempre le respondo que la realidad ya es bastante necia como para no poder evitarla, soñando, despierta o dormida. Otros se empujan sustancias o se atiborran de trabajo, pero yo escojo soñar despierta o dormida. ¿porqué lo hago? Por que mis sueños me suelen divertir tanto, me suelen aliviar tanto, que es imposible no desear estar en ellos. No son, necesariamente, placenteros, pero son proyecciones de mi mente y de mi corazón. Termómetros de mis sentimientos, de mis problemas, de mis logros.

Tengo mis sueños favoritos, debes saberlo. Recuerdo aquel sueño, en el que Manolo iba en bicicleta, por el desierto y a su paso, florecía todo. También aquel en el que estábamos en la semi oscuridad de un sunset de verano, mi madre y mi abuela y mis hermanas, y E aparecía, para acompañarnos. Probablemente también se encuentre aquel en la que caminaba por un laberinto blanco, hasta encontrarte, tordillo, en el centro, pensando en nada. Puede ser éste otro, cuando me encontraste en la playa y me dijiste que te esperara. O aquel en el que… bueno… ese sueño aún no puedo contártelo aún…

Hace dos noches, soñé con aquel que ya no está. Era una tremenda fiesta, en un lugar que no conocía, al aire libre. Estábamos todos cansados, a punto de irnos. El estaba sonriente, auto suficiente, como siempre había sido. Era su imagen residual en mi mente, no la debilitada y enferma, que vi la última vez y que me hizo no querer regresar -era demasiado para mi. Me acerqué a despedirme, me iba a casa. Le abracé En ese momento, recordé que estaba soñando, y le dije “¿Sabes?, no he sido lo que esperabas. Pero te deseo buen viaje” El me dijo “no pues” y empezó a reírse, cachasiento como era. La gente se acercó a despedirse y yo me fui, como todo el mundo se irá, en algún momento.

Soñar pues, me permite sobrevivirme al día a día, donde la rutina te hace olvidar para qué te despiertas todas las mañanas. ¿Lo recuerdas? Yo nunca puedo echarlo al olvido.

Qué saben ellos

Qué saben ellos

(from everystockphoto)

(from everystockphoto)

He pasado por sincera marrana, hoy. Lo he hecho porque no he reaccionado como se suele esperar en ciertas circunstancias trágicas e insospechadas. No me he mesado los cabellos ni he puesto la cara adolorida de circunstancias, ni me he mostrado abrumada por ellas. Porque puse todo en perspectiva y vi que, siendo poco lo que podía hacer al respecto, no me quedaba más remedio que encontrarle un lado menos horrible, menos deprimente y algo positivo.

Pero sin embargo, por extraño que les parezca, me conduelo. Me jode no poder hacer nada contra lo inevitable y siempre pienso que podría haberme sucedido a mi y no a aquel de mi lado. Que, tal vez, yo merecía más aquel golpe, que el otro. Sin embargo, el destino o Dios (o lo que sea que quieran creer) hace las cosas de esta manera, para que el mundo me siga pareciendo un lugar inhóspito, a pesar de la sonrisa de la gente y del amor de los que me rodean y yo siga agradeciendo cada día siguiente.

Me aislo, temiendo el discurso en el que me insultarán por no unirme al coro de las pañideras o de aquellos que pueden ser lo suficientemente libres como para mostrar su tristeza. No logran entender que mi pena va escondida, para florecer en otras formas menos impúdicas. Yo lo hago en estricto privado, incluso para mi familia… y lo único que logro es escribir esto.

Nada, era lo único que quería decirte, pequeño Ernesto. Buen viaje.

Estampita

Estampita
Where you are.

Where you are.

A veces, en mi está la necesidad de escribirte. La misma ansiedad de todo el tiempo, de contar las cosas que tanto quieres saber. En cada palabra escogida, el sentimiento pleno, que presientes, siempre. Tu pereza te hace creer que todo es imaginación. Pero lo cierto siempre es -para mi – que estoy donde tengo que estar. Al frente de un ordenador, la mayoría de las veces, disfrazando las palabras, para que lleguen directamente. El horizonte se ve infinito, todavía. Y yo sigo sintiendo lo mismo, todo el tiempo. En algún momento… vas a despertar aquí.

De pronto, un ángel

De pronto, un ángel

En casa, la petit chucky está enferma, post Alicia. Tal vez Burton la onnubiló o simplemente le hizo mal el helado. Tal vez ha dejado de pensar que no sabe qué hacer con su vida. Hasta hace unos años quería ser cineasta. Con ese fin escribía el guión de una película. Paralelo a eso, dibujaba el story board.

Hoy la encontré dibujando corazones con alas y me provocó dibujarle este pequeño, en el pie. Nos quedó lindo. Por eso se los muestro.

Paradero

Paradero

Paradero

Paradero

Estoy aburrida de las situaciones fallidas que me rodean. Me he prometido sólo aceptar lo que viene de la manera que quiero. Es como pararte a esperar una linea de bus determinada. Todos vienen llenos. Algunos no, pero no van por donde quieres. Tu esperas y esperas a que venga el correcto. Van pasando todos, te provoca subirte a cualquiera. Sabes que ninguno, salvo el que esperas, te llevará a casa. El resto va a otros lugares, te pueden dejar cerca, pero ninguno, salvo ése, llega a donde quieres ir. Entonces, cuando esperas mucho, si te impacientas, tomas otro y te conformas. Vas jodidamente contrariada, porque no puedes esperar más y te resignas. O bien, te vas caminando, valientemente, hasta tu destino.

Hoy, me conformé y tomé otro, para darme cuenta que el que esperaba, venía detrás. Pero me quedé pensando en eso. Voy a pie.

Un año después

Un año después
No, entre gitanos no nos leemos las manos.

No, entre gitanos no nos leemos las manos.

Creo que nunca olvidaré la intención con la que lo dije. Tampoco olvidaré el porqué dije todo aquello. Tampoco echo al olvido a aquel que me hizo escribir éso. Las cosas como son. Uno se mueve, aunque no se mueva. La mente, poderosa mente, a veces nos juega pasadas (me he pasado todo el año olvidando cosas y pagando por ello) y otras veces, es como un tatuaje interno, indeleble. Pero uno sigue en lo suyo. Así es la vida. La mía cambia, porque, como dije en twitter, cambio yo; entonces, cambia todo. Para bien, siempre.

Odiándo como odio las efemérides, este año no haré nada más que poner, entonces, un misio link, desde los archivos. de El Dedo Ilustrado: Pongamos que hablamos de Amor. Y al carajo el resto.

Haven’t Met You Yet

Haven’t Met You Yet

Antes, cuando tenía un discman, el unico CD que tenía puesto, era el suyo. Una y otra vez, repitiendo las mismas canciones y la verdad, tal vez era como la cafeína. Estuvo en SNL y bien girly, lo pongo aquí. No, aún no te he conocido. Es tu culpa, la verdad. Nos leemos, nos oyemos.

Flash Forward

Flash Forward

Aquella pequeña e insuficiente primera vez, estábamos de pie, unas cinco personas, en una habitación llena de ventanales. Era una tarde de Julio, me parece. En el centro, un gran enredo de guirnaldas del año anterior. Todos estábamos en el afán de recoger alguno de los inicios y tratar de poner algo de orden. La puerta sonó y entró Gabriel. En aquel momento, al sostener él, aquel trozo de guirnalda enredada que había recogido del bolondrón ése, me lo quedé mirando, algo contrariada. Por algún extraño motivo, yo sabía que el extremo que él sujetaba, correspondía al mismo que sostenía yo. No era justo, pues. Yo trataba de que Gabriel no supiera que realmente me gustaba. Esta circunstancia estúpida estaba a punto de arruinar mis planes para hacerle sufrir como realmente se lo merecen los chicos de 16 años (yo tenía 15), que te ven linda y feliz. A los pocos minutos, él se acercaba, sonrojadísimo, para entregarme su parte (exactamente la misma guirnalda) y yo pensaba en lo asombrosa que era la mente, para anticiparse a las cosas o tal vez, para programarlas directamente.

A lo largo del tiempo, he visto en muchas ocasiones, aquellos ejemplos en los que la gente que me rodea, se anticipa a las cosas que pueden suceder. No, no hablo de causa y efecto; hablo de la completa casualidad, porque es realmente imposible prevenir ciertas reacciones, ciertas situaciones que acontecen. Algunas veces, he visto situaciones portentosas, otras, me he partido de risa porque es como si una ley de Murphy cumpliera con su objetivo, de la peor manera posible, y ante aquello, sólo queda reír, aunque no haga gracia.

Sin embargo, a mí, muy pocas veces me sucede. Pese a que siempre digo que detesto tener la razón, me es casi extraña aquella sensación de certeza. De hecho, tengo razón en algunas cosas, en base a mi pobre experiencia. No es un acto paranormal. Mi cerebro razona rápidamente y puede decirle a alguien “te vas a caer”, pero no veo más que aquella consecuencia de una acción que se puede repetir una y otra vez. Lo lamento, no soy cartomántica, no tengo el talento de algunas para ver más allá de lo evidente.

Pero una mañana, tuve la única certeza de toda mi vida. Me quedé ahí, congelada en el acto. Mi mente voló y regresó. Aún hoy, habiendo pasado tanto tiempo, sigo repitiendo esa sensación en mi cerebro; sintiendo el mismo escalofríos que tuve aquel día. Yo sabía qué sucedería, maldita sea, algún día. Yo sabía que, de alguna manera, ya no podía escaparme. Yo, que siempre estoy huyendo de todo lado. Aunque no me mueva. De hecho, huí. Pero vamos, cuando las cosas son inevitables, no importa cuánto corras, te siguen alcanzando. Caray, qué difícil es explicar aquello… saber el que el futuro te costaría la piel entera y aún así, hacerlo suceder… Y sin embargo, sé que no cambiaría absolutamente nada de lo hecho. ¿Es eso el Destino? (así, con mayúsculas) Pucha, ya ni sé.