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Shopping Fail

Shopping Fail

#Fail tottus. Eso no es un kilo on Twitpic

Desde mi cuenta de Twitpic: #Fail tottus. Eso no es un kilo

Hazte la idea: sales de la chamba un sábado a la hora de almuerzo, agotada, con hambre, pero tienes que hacer las compras. Una lista larguísima de ellas, sol en su cenit que cae cual cuchillo en el cráneo, el tráfico imposible que debes esquivar como equilibrista y el resto de la agenda agitada. Osea, sin ganas de bromas o de que te salgan las cosas chuecas, porque tienes pocas pulgas.

Llegas a la caja a pagar lo que compras. La cajera se demora una eternidad, porque -te das cuenta- está a punto de cambiar de turno y quiere “hacerla larga”. La gente se impacienta, pero no se queja. Espera. A mucho desesperar, hacen venir a la supervisora, que debe pararse al costado de la cajera, para que haga su chamba. Juro que es inédito en toda mi vida comprando en supermarket, ver la mera escena. Hasta ahí, mal.

Peor. Sales de comprar tus millones de cosas que no son baratas, por que Tottus dirá que son los mejores precios, pero en Conzac los encuentras mejores y más frescos (y queda más cerca, pero las compras de bodegas no son tan buenas), sólo para encontrarte que la flota de taxis asignados por el Mega Plaza cobran lo que les parece, osea el doble o triple de lo que usualmente cobraban por un recorrido de 1km, por culpa de tu ex alcalde, que inauguró las obras viales hace un mes, pero se terminarán en los 5 siguientes y a ver quién te quita el tráfico de miércoles que hay en la puerta de tu casa, hasta las 1am de lunes a domingo… Te resignas, subes tus bártulos y a casa.

Asombro, cuando se empieza a revisar lo comprado, para encontrar que te han cobrado de más, por un error de la balanza. Y aquí es donde pienso que éste post no tiene sentido, porque yo no puedo estarme quejando online -y dedicándole un post- sobre un grupo de imbéciles que pretende hacer dinero a costa mía, pero a la mala. Un post sobre lo mal que atienden en una empresa que seguramente les interesamos tan poco, que no hace control de calidad ni de sus productos, ni de sus procedimientos, ni de sus maquinarias. Una empresa que debe ser millonaria y que probablemente sus dueños no tengan ni idea de que tienen una tienda en aquel mall gigante, o que las cajeras hacen tiempo para no atender a más gente, o que sus marketeros se han olvidado que es sólo por el consumidor que ellos cobran sus sueldos. O perder el tiempo quejándome de un ex alcalde que pretende atosigar de cemento-si sale elegido- a todo el país, porque es lo único que sabe hacer y como para ésas cosas se necesita plata, pues ha vendido todo lo que tiene, para obtenerla. Éso, sin contar con las ínfulas que se da, por haber hecho su trabajo, como si fuera un super héroe.

Ahora bien, el asunto es que, pasada la indignación, me llegó a pensar en el poder del consumidor/elector sobre las empresas y los funcionarios que elige. ¿es necesario quejarse todo el tiempo? Yo como consumidora, estoy harta de hacerlo. Estoy harta de andar putamadreando a todo el que quiere aprovecharse de mi buena fe, para darme gato por liebre o simplemente no darme nada y quedarse con mi plata. Digo, no deberían, las empresas que quieren tener más clientes, ¿hacer un monitoreo constante de sus servicios? Al parecer, al grupo Falabella no le interesa ni un poco. Sean de donde sean -porque aquí el asunto de nacionalidades me parece irrelevante- y vendan lo que vendan, perdieron por knock Out, conmigo. Primero, con sus prácticas intimidatorias con su tarjeta CMR, cada vez que te atrasas; y luego con el pésimo servicio que dan en su supermercado.

Ha sido un gusto, pero no les vuelvo a comprar nada. Y aquí se acaba el post, porque me aburrió un chorro pasarme la tarde tuiteando las fotos de la “gracia” que me hicieron y más aún, escribir un post sobre ello.

No soy la única. Otra queja. Ni he googleado…

No estaba muerta…

No estaba muerta…
busy

Ocupadísima.

Ni muerta, ni de parranda. Sólo ocupada. En algún momento debo contar el porqué; pero, siendo que no quiero poner en autos a todo el mundo, salvo cuando sea adecuado y pertinente, sólo quiero decir que estoy al borde del stress.

Pero igual van las ganas y las palabras, guardadas, pero no olvidadas. Ahí está todo, como siempre.

Me provoca

Me provoca

Fire.

La gente motiva a otras. A pitear (ver post anterior), a crear, a contribuir, a no decir. La gente y sus acciones, bendita sea. Los que mueven la fibra más interna de tu ser, para empujarte a hacer cosas que tu modorra consumista no te deja. Ya sabes, no decir, no hacer, no mirar. Para una Era en la que el sólo parpadear ya es un reto, porque todo el mundo parece ser un trozo de gelatina que sólo quiere un empleo, parrandear los fines de semana, reproducirse y morir; el hecho de hacer algo que salga de sus esquemas, es un tremendo logro.

Agradezcamos a los que, de alguna manera u otra, nos hacen reaccionar. Tal vez su primera intención puede ser joder, pero el tiempo te los muestra como instrumentos de cambio, superación y ése destino que nos suele corretear y al que transformamos a nuestro antojo, siempre. Deseémosles lo mismo, pues; alguien que les haga el favor.

La forma como decimos adiós

La forma como decimos adiós
Comer Rezar Amar

Comer Rezar Amar

Copión título de peli, Comer Rezar, Amar. Tal vez por que hay una versión asiática, donde una familia vive su vida alrededor de una mesa y los deliciosos banquetes que en ella se realizaban, se intercalaban con la resolución de sus problemas o el surgimiento de otros. En éste cuasi extraño homónimo cinematográfico, el personaje de Julia Roberts, que pasa de relación en relación, decide tomarse un sabático de todo y “encontrarse”. Como buena gringa, no le es posible encontrarse entre sus rascacielos y sus rednecks, sino que viaja a Italia, India y Bali.

Yo me pregunto ¿cómo “se pierde” alguien? ¿un día despierta uno y dice “miércoles, dónde me dejé”? O simplemente un día uno se queda olvidado en algún micro, o tal vez en el baño de algún restaurante o hasta en una cama ajena. Y entonces empiezan las contrariedades; uno se empieza a rebuscar los bolsillos, revisa la mochila, la cartera que usó el miércoles pasado, comienza a hacer un remember de todo lo que hizo aquel último día en el que recordó haberse visto por última vez. “Cielos, debo haberme quedado en el taxi que tomé para llegar a tiempo al trabajo, el martes…”

Luego, si es desconsolable, la pérdida, andas como alma en pena, literalmente hablando. Estás perdidísimo, te echas de menos. Te recuerdas siendo como eras cuando “estabas” y ahora que “ya no estás”, sientes el vacío de tu propia ausencia. Ahora, si eras un maldito imbécil y al perderte se fue la parte fea de ti, puede ser un buen negocio haberte extraviado, porque al final lo que no necesitas puede irse yendo para donde quiera y que lo pille un tren, digo. Pero si realmente te echas de menos y quieres recuperarte, porque sólo tienes un “tú” y una vida y qué diablos, te necesitas para vivir los siguientes 40 años, es necesaria la búsqueda.

¿Cómo se “encuentra” uno? Bastante roche hay en que se haya perdido, pero como anda de moda el asunto de “encontrarse”… Bueno, a algunos no les da tanta verguenza o tal vez se la han tragado y claro, se es necesario para sí mismo y etc. Otros, como el personaje de Roberts, se dan el viaje lejanísimo para descubrir que lo único que necesitan es vivir. Vivir, no es necesariamente terminar trabajando en el África o hacer ladrillos en Huachipa. Vivir es vivir, es hacer lo que tienes que hacer para que tu vida esté llena de las cosas que te gustan, de las que te hacen crecer. Con esa capacidad para decir “aunque no quiero, debo” y asumir, maldita sea, la madurez, sin perder el tercer ojo (mi favorito) que en verdad es mirar como un niño curioso, todo.

Encontrarse, curarse, vivir. El personaje de Roberts tiene el Spaghetti al Pomodoro con las penumbras deliciosas de Roma, el silencio de las meditaciones y el paisaje de Bali en los brazos de alguien que también tuvo un “encuentro” consigo mismo. Bastante fútil, bastante hollywoodense y bastante huequi. Al final, si te sientes perdido, te encuentras en cualquier lugar. Desde la orilla del mar más hermoso, hasta en el paisaje que muestra la ventana de tu propia oficina. A mí me queda el Metropolitano y tal vez, Huacho; palabras de @claudics que son absolutamente ciertas e hilarantes. Pero en verdad, me queda cualquier lugar, por mínimo que sea, me quedan los textos que no releeré, porque ahí di mi corazón, me quedan las fotografías que no borro aún, me quedan las costumbres. Me queda el futuro, que siempre me llama a vivir cada día, porque si algo que nunca pierdo, es la esperanza de mirarme al espejo que no tirará la toalla, que no me dirá “chau”. ¿Capici la idea?

En tanto, mi “encuentro” conmigo (contradictorio, porque nunca me perdí) , va lento, como siempre. Al menos tiene banda sonora y ahí te la dejo. A mí con pérdidas, coño. Siempre son hallazgos.

Algunos comienzos, pero ningún final

Algunos comienzos, pero ningún final
Amazing Manufactured Totems by Alain Delorme

Amazing Manufactured Totems by Alain Delorme

And here we are, en un nuevo dominio (algo provisional, la verdad), con una nueva fachada y un videillo. La motivación es la misma, obscenidad por que me sepas, así, críptica y extrañamente. Mi periodicidad depende de lo que tenga que decir, o del tiempo para decirlo. Mi corazón, mi hígado, en los textos que lees. Lo hago para acompañarte, lo hago para que me acompañes, mostrándote las cosas que me sacan de mis casillas, que me conmueven, que me llenan. Es cierto, para la inmediatez de mis pensamientos, está Twitter (que, seamos francos, no tiene desperdicio, pues te comparto mis lecturas y si lees tan rápido como yo, pues no pararías nunca); para todo lo demás está Mastercard, mis bitácoras anuales y éste lugar.

Luego, tenía que empezar ésta nueva etapa, con un videito grabado exprofeso, a modo de homenaje, para la noticia del año, que me echó literalmente de la cama: Mario Vargas Llosa y su Nobel. Una adolescente, leyéndole por primera vez, un primer texto. Una adolescente que me ha dicho un par de veces “yo quiero ser escritora” y ala, ahí la ponemos a prueba. Es un encuentro de dos dimensiones: el novel escritor, que empieza a plantearse el tema de narrar y el aprendiz, que comienza a llenarse los ojos, de todo. El entorno, mi paraíso de infancia. La sensación… deja vu, sinceramente.

Los premios sirven, no al escritor; sirven al lector, para motivarle a buscar los textos, analizarlos y encontrar en ellos, la calidad y el mundo del otro. Mi pequeña lectora acaba de toparse con ello. Modestísimamente, homenaje desde El Dedo Ilustrado.

PD. Se les agradece a @CarmenRosita y a Chucky, por su invaluable colaboración.

El amigo peruano

El amigo peruano

Amigos

María, mi amiga peruchaza como yo, con la que estudié la licenciatura, es de las de risa fácil, más fácil conversa y mucho más cariño. Es ella quien me suele enviar ofertas de empleo (aunque ya no las necesite) y me ha escuchado contarle mis frustraciones e historias. A mi favor debo de decir que yo también le he escuchado sus problemones, pensando en que es un arte oir y más humano el empatizar. Como sea, ella me envió este texto (el cual sinceramente no sé de dónde lo ha pillado) y me parece justo y necesario pegarlo aquí.

De ésta monse manera, el homenaje para los amigos mios, tuyos, suyos, nuestros. Los que, aunque pasen y no permanezcan, siempre te dejan lecciones de vida; ésta vida cortísima, que nunca debe dejar de ser plena.  Mil abrazos.

La diferencia entre un amigo cualquiera y un amigo peruano

Un amigo es alguien que nunca te pide comida…

Un amigo Peruano es la razón por la que organizas una comida.

Un amigo te pregunta cómo estás…

Un amigo Peruano te dice que te ves bien, te abraza y te besa.

Un amigo llama a tus padres señor y señora…

Un amigo Peruano llama a tus padres “mi Querido Señor” “Mi querida Señora”…

Un amigo puede que nunca te haya visto llorar…

Un amigo Peruano ha llorado contigo, por cualquier cosa.

Un amigo te manda flores y una tarjeta cuando estás internado en el hospital.

Un amigo Peruano se queda a dormir en una silla, a tu lado.

Un amigo te pide algo prestado y te lo devuelve a los dos días…

Un amigo Peruano te pide algo prestado y a la semana se olvida que no es suyo.

Un amigo te ofrece el sofá para que duermas.

Un amigo Peruano te brinda su cama, se acuesta en el suelo… y no te deja dormir en toda la noche conversando contigo.

Un amigo sabe unas cuantas cosas acerca de ti…

Un amigo Peruano podría escribir un libro con las cosas que le has contado de ti.

Un amigo te lleva aspirina cuando estás resfriado.

Un amigo Peruano te hace una sopa de pollo y los remedios que le enseñó su abuela. Y puede que hasta te haga ‘el avión’ con la cuchara, para que te tomes la sopa.

Un amigo toca a tu puerta para que le abras…

Un amigo Peruano abre la puerta, entra y después te dice: ¡Llegué!

Un amigo te pide que le hagas un café.

Un amigo Peruano pasa a la cocina y toma la cafetera y hasta le pide azúcar a una vecina si no tienes.

Un amigo puede serlo por un tiempo…

Un amigo Peruano es para toda la vida.

Un amigo ignoraria este correo…

Un amigo Peruano se lo pasará a todos sus amigos pues se siente orgulloso de ser Peruano !!!

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Bailar

Bailar

Este post es con música. Antes de leerlo, poner play debes.

En aquella costumbre cultural, que permite la interacción, me siento una verdadera subnormal. Usual es el de preguntar, en plan de small talk, “¿te gusta bailar?” y bueno, siempre respondo dubitativamente con un sí que se desliza en tono de “pero…”

Me alucina la idea de empatar, mi mundo descoordinado, con el de otro. Es casi asunto de dimensiones que van paralelas y que justo por eso, no suelen ir nunca sincronizadas. Entonces, uno se encuentra con alguien que está al frente de uno, moviéndose, a su propio ritmo, mirándote de tanto en tanto. Tal vez, si quiere el contacto, se acercará, para intentar tocarte. Si es más atrevido, intentará llevarte al ritmo de su música, buscando meterte en su dimensión. Me ha pasado tantas veces con el mismo extraño resultado: o me parto de risa, peleando por dirigir el baile o simplemente, me ha desagradado toda la operación psicomotriz para la que parecemos no estar listos.

Tal vez sea que yo siempre he pensado que bailar es algo tan absolutamente íntimo – cual relación sexual políticamente correcta y socialmente apta- que sólo comparto con quien siento en mi corazón. Verle moverse a mi lado es un acto contemplativo de aprendizaje y luego, sincronizo mi mundo, con el suyo. Entonces, puedo tomarle o ser tomada. Siempre, mirando a los ojos. Siempre, intentando leerle y ser leída. Aspirando el aroma que despide aquel otro en el calor que le provoca el movimiento; sabiendo que él también hará lo mismo. Un baile providencial puede terminar, para mí, en amor, sorpresa, epifanía. A aquel movimiento va acompañado mi propio canto, que puede ser en susurros, sonriendo, siempre, como suelo hacer cuando estoy en armonía con el universo. ¡Qué desilusión, cuando compruebo que no puede anticiparse o yo no puedo yo! De entrada sé, entonces, que aquello no vale para seguir; que me importará un bledo si no le vuelvo a ver, aunque sea el ser más atractivo del planeta tierra y alrededores.

No me malinterpreten, mi sentido del ritmo es sensacional. Pero lo suelo guardar para unos pocos – en general, en privado- y prefiero, entonces, bailar sola. Sola, como en todo el resto de cosas en las que me veo obligada a hacer.

Pd. Mil perdones, pero estoy pegadísima a Los Amigos Invisibles, por culpa de una promo del canal Sony. Pero bah, siempre me han encantado. Enjoy.

El Mundo Alterno

El Mundo Alterno

imagination

Fantaseo mucho, para desesperación de algunas personas cercanas. El fantaseo me permite abstraerme, concentrarme y pasar los momentos desagradables, de modo más rápido. Así, por ejemplo, si estoy atracada en un tráfico de pesadilla en Lima, tengo los audífonos puestos y me la paso creando videoclips para las canciones que van apareciendo, random. Otras veces, miro a la gente a mi alrededor y voy imaginando a qué se dedican, dónde viven, el estado civil, etc.

Estos ejercicios mentales, que malamente algunos confunden como “ensoñaciones”, han sido los recursos que han utilizado, incluso personas en situaciones en las que sus vidas han estado en peligro. No voy a continuar con ejemplos al respecto, porque el tema de éste post no es ése. Es la capacidad de visualizar lo que últimamente me aqueja y cómo la realidad es mucha mejor maestra que los esfuerzos de la mente. O algo así.

El asunto es que, de un tiempo a esta parte, observo a la gente de otra manera. Observo cómo serían en otro estrato económico, habiendo tenido – o dejado de tener- oportunidades en sus vidas y cómo éstas le han afectado. En mi cabeza, las visualizaciones y luego la comprensión de que las oportunidades no son más que una suerte de situaciones concatenadas, que vienen a dar en una notoria oportunidad para ponerte a prueba, con todo el camino recorrido atrás: lo tomas o dejas pasar. Si pierdes la cita con el destino, vendrá otra y otra más. Porque, me disculpan, pero si has de llegar a un lugar, lo harás indefectiblemente; aunque sea a trompicones.

Entonces, pues, miro a un empresario próspero y le imagino en sus inicios o cómo sería sin un puto centavo; de la misma manera lo hago con el que barre mi oficina y calculo cómo sería su vida si hiciera otra cosa distinta que sacar la basura de los tachos. ¿Llegaría, el empresario, a pillar el mismo destino, si sus oportunidades hubieran sido diferentes? ¿El operario sería mejor jefe que el suyo propio? Wait, no creo en el determinismo. Creo en las misiones. Creo en que hay que llegar, a dónde sea que lleguemos, con la plana hecha. Me muero de la risa con la figura; yo, viejita en mi cama, teniendo un segundo de lucidez, diciendo “mierda! Para éso vine!!” y estirar la pata al segundo siguiente. Humor negro pour moi.

En éstos años, he visto cambiar la vida de tanta gente. He visto que las acciones de muchas personas confluían en situaciones en las que, visto desde mi tarima de espectadora, califiqué como “inevitables”. Pero también las he calificado de benditas, de milagrosas y de providenciales. El acceso a la educación de muchos jóvenes que, sin algunas oportunidades realmente caritativas, no hubieran podido acceder a una educación, a un empleo, a que sus familias dejen de vivir en la precariedad o que ellos mismos caigan en las drogas o la delincuencia, quebrando el círculo que para otros es inevitable, es conmovedor, siempre. ¡Cómo desearía que mi país, mi raza, pudiera replicar, poquito a poquito aquellas vidas salvadas, aquellos ojos brillantes al ser reconocidos, al conseguir un empleo digno, al poder dormir en paz, sabiendo que mañana podrán vivir dignamente en un mundo que les respeta y valora…!

Bueno pues, me pongo sentimental, mirando a la gente. Deseo que todos puedan tener las mismas oportunidades que tuve yo (y eso que considero que he tenido pocas, pero trascendentales), deseo que puedan aprovecharlas y vivir vidas plenas…

Luego me acuerdo de aquel personaje de película brasileña que decía, contenta.”Ay, es que yo creo en la igualdad entre los seres humanos. Eso sí, todos a lo Rockefeller…” Caray, qué cool sería éso.

Los posts que se me entrecruzan

Los posts que se me entrecruzan

Laberinto

Tenía ganas de ser políticamente incorrecta y lógicamente salvaje. Putamadrear a forro en varios idiomas y por muchos motivos. En vez de ello, me he quedado compartiendo links en Twitter, amaneciéndome haciendo tareas (cosa que odio sobremanera, no sabes) y durmiendo poquísimo.

Las noticias me despiertan de mala gana – es que la tolerancia al llanto de los entevistados en cualquier noticiero peruano, es cuasi absoluta (vende, pues) y eso se convierte en un mar- con su rosario de tragedias desde mis madrugadas, durante todos los días de mi semana. Me pregunto estúpidamente cómo es posible que algunos se la lleven fácil, otros se saquen el ancho y yo logre despertar aún cubierta por mi propia frazada, sin caer estrepitosamente al piso de la realidad. Literal y figurativamente.

Me he cansado de renegar de mi situación, de mi casa, de mi familia, de mi empleo, de mi barrio, de mi patria. Es sumamente fácil andarme fastidiando por todo lo que me rodea. Carajo, pareciera que uno volteara y viera una mala nueva, a cada instante. Es una epidemia. En vez de ello, me río a escondidas y observo lo mucho que necesitamos cambiar, si es que alguna vez deseamos llegar a alguna parte como nación, como especie, como planeta.

La vela de mi entierro, entonces, soy yo. De modo ridículo y cual granito de arena en playa de rocas, así de anémica va la cosa. En tal propósito tengo a la Quinua de los Dioses, mi bolsa de agua caliente, las canciones tuyas en mi reproductor portátil (novísimo, by the way), mis guantes de cuero, Petete Azul, el abrazo de Chucky por las tardes, el recuerdo de mi madre lavando los platos del almuerzo, los libros favoritos que dejaré en casa, el último beso que mi padre me dio en la frente, lo que en mi corazón guardo para ti, la carcajada de mi abuelo, todas aquellas frases en francés que nunca puedo olvidar, las divertidas groserías en italiano, la memoria de no autodefraudarme ni en pelea de perros…

Soy, pues, la dueña de mi propio destino y de mi propia cárcel. Tomaré, cual acrobacia cretense, al maldito toro de mi vida, por las astas y saltaré, para ser libre o morir en el intento. Deseo que todos puedan, en algún momento, hacer lo mismo.