Category Archives: boys

Fútbol

Fútbol

Africa du Sud 2010

En casa, quienes hablan de fútbol son las mujeres. De eso, los hombres de por aquí no saben nada: Una de las poquísimas veces que mi padre jugó fútbol, lesionó al arquero (al parecer él era delantero)… con una chancleta… la suya… que salió disparada hacia el ojo del otro. Otra de las veces que se animó a ir con mi hermano a ver un clásico, regresó horrorizado por el lenguaje y los proyectiles que tuvo que esquivar (y eso que fue a a una tribuna neutral) durante todo el partido. A ambos les pareció barbárico. Mi hermano es algo más sportif, pues solía nadar y, habiendo sido bombero, era algo más propenso a las actividades físicas, pero nada agresivas; él siempre ha ido a su ritmo privado, donde todo se hace cuando a él se le pega. Los hombres de la casa son absolutamente inútiles para poner un clavo, pero pueden contarte la enrevesada mitología romana, en un tras. Tampoco les pidas que cambien un enchufe. Se demorarán siglos. Pero podrán narrarte, en perfecta cronología, los levantamientos precursores de la independencia… de toda latinoamérica, sin pestañear. Se saben quién compuso tal o cual zarzuela, o qué diablos es el Foie Gras, pero caerán muertos si les preguntas quién ganó la última copa mundial de fútbol.

En casa, las mujeres ven La Champions, los hombres ven las Olimpiadas de Invierno. Tienen la suerte de pertenecer al pequeño grupo de desapasionados por los cuadros locales y su presencia frente a la tele en épocas de campeonatos es incidental o de zapping. Sin embargo, digamos que las mujeres tampoco salen cual caras pintadas, a gritar en las calles por cualquier equipejo. Son, como dice mi madre “fans del mejor” y el mejor, en el fútbol, siempre es el que va ganando. Entonces, son otro tipo de espectador.

En casa, las mujeres ven buen fútbol, aclaramos. Un par de campeonatos internacionales y luego, se vienen en arcadas con las temporadas locales, por un buen motivo: ellas sí vieron a su propia selección un par de mundiales, por lo menos y saben qué es jugar bien y sin disfuerzos. Son mujeres que pertenecen al grupo privilegiado -que se va haciendo viejo- de aquellas generaciones que presenciaron algo que ahora parece ser mitología. Los niños malcriados no van a ningún lado, pues. Ellas viven rumiando esa insolencia ajena y se preguntan si es que aquellos mocosos que se juran ganadores porque juegan en otro idioma, cayeran en la cuenta de que hacen el ridículo con sus cojudeces, tal vez otro gallo cantaría…

Esta es la explicación de porqué me afana el mundial. La oportunidad de envidiar a los que se toman en serio lo que hacen, aunque sea el correr cojudamente tras una pelota, pero con mucha garra y más talento. De regalo, el gusto de ver tanta testosterona (alguna que otra, definitivamente hermosa) junta, en acción. Priceless.

No busco novio (igual que la otra, nomás que diferente)

No busco novio (igual que la otra, nomás que diferente)

Pucha, ya quedó establecido, para los 4 gatos que me leen desde hace poco más de 5 años, que no busco ciertas cosas… porque ciertas cosas me encuentran. Me la paso de malísimo humor haciendo compras de ropa, por ejemplo. Mi estilacho de moda (sin estilacho) me hace querer comprarme cosas que no están en temporada o que -cual Enrique el Antiguo- son parte de algún museo del vestuario vintage. Qué diablos, uno se queda congelado en la época en la que fue más feliz y yo creo que aún estamos en el 2003…

Lo único que he perseguido ha sido al empleo. Escurridísimo él, le he correteado, haciendo cosas -todas decentes, por siaca- que ahora no me apenaría volver a hacer, si fuera la necesidad. Por supuesto, recuerdo las entrevistas que me dejaban estupefacta: me llamaban para decirme que estaba sobrecalificada y que aún así, si quería el empleo, ganaría como un practicante (¿les pagan, aquí en Perú?) o que mi horario sería algo como de 3 a 7 am, o que tal vez me interesaría estar en el area de Marketing, luego de lo cual pasaba a una sala con un grupo de vendedores, a cantar el himno de la compañía y dar de saltitos, para vender algo parecido a la Tinka en kioskos. O tal vez pedirme 35 requisitos, entre académicos, documentarios y tal vez una prueba de Elisa, para un pago de 800 soles (ahora, algo como 250 dólares), con horario de entrada, pero no de salida, en una oficina que parecía un baño, atrás de una caldera. Oh yeah.

Entonces, lo único que he buscado ha sido empleo. ¿Quedó clarísimo? Dale, continuamos.

Luego, no he buscado nada más. Ni el reconocimiento de los pobres diablos sin más talento aparente que saber relacionarse con otros, ni el odio de los que se alucinan delincuencialmente asociales, ni tampoco convertirme en objeto de culto (lo cual no es mala idea, en estas épocas), objeto de estudio y psicoanálisis. Obviamente, tampoco en el amor.

Eso es algo que enfurece a mi madre. Lo juro.

¿Cómo se le encuentra? No se puede, salvo ponerte en circulación. Como dice Pedrito Infante: “No me des, ponme donde hay” Es decir, asegurar la Plaza. Cero autopublicidad; aunque este blog hace su parte, pero no todo el planeta está in the search; entonces, la Promoción va limitada a una Plaza limitada, también. Y ya que hablamos de Marketing, diremos que el Producto está algo usadito, algo añoso y mejor lo llamamos Vintage, también, para no deprimirnos. Pero es un Producto para conocedores y por eso, el Precio es variable, dependiendo del postor. Es gratis para el que lo encuentra, subrepticia y sorprendentemente. Es caro -carísimo- para el que está acostumbrado a encontrar cosas y la neta, que compre otra cosa.

No busco novio. No hago publicidad al respecto. No comento por aquí mis aventuras torrejísimas, aunque siempre hay negociaciones. No vale la pena usar esta ventana para aporrearlos, cuando las experiencias que les tocan vivir luego de echarme por la borda, hacen esa chambita por mi. No me gusta hacer estadísticas sobre ellos, ni hacerme la víctima de sus metidas de pata, porque creo que algo de culpa tengo en aquellos tropezones. Tampoco me levanto triunfante, gilera, amazona. Bueno fuera. Todo me duele; con el tiempo, mucho más que cuando era adolescente. Lo único mejor aprendido es que ahora he dejado el lloriqueo por ello y la procesión va por otros lugares. No busco nada, salvo ser encontrada y nunca abandonada, por que un terno ya fue comprado, porque un roche de autoestima impide superarlo, porque el amor no está clarísimo en sus corazones. No habiendo pretexto para no quedarse, salvo el milagro del amor desnudo, no vale la pena ir corriendo tras los que se van; de la misma manera, no hay sentido salir en exploración insana, para no encontrar nada.

No, no busco. Sé que él me va a encontrar. Lo he sabido siempre. Lo sabe él. Mientras, que siga engañándose con todo el planeta, si es posible. Donde esté, llegará. Yo estoy donde debo de estar y hago lo que debe hacerse. Entonces, no puede haber error. Espero que haya quedado claro.

Lo que hay

Lo que hay

Una estimada amiga tiene un blog con ese nombre. Como todos los blogs de aquel género, va escribiendo lo que le va sucediendo. Igual que yo, con la salvedad que vive una realidad ligeramente diferente, vive en otro lugar y le pasan otras cosas. Tal vez, en algún momento le suceden cosas similares, pero en realidad, qué mujer vive algo que no sea el trabajo, la búsqueda del amor y el desarrollo de una vida en donde se multiplican las obligaciones, incluyendo la maternidad y el exito profesional…

En mi mente venía el nombre de su blog, porque su título me suena resignado, tan notablemente sumiso a una realidad que pareciera no cambiar. Sin embargo cambia. He ahí el asunto. Tal vez nada cambia, sólo uno; y es por eso, que todo deja de ser lo mismo de siempre. Igual, hay momentos en lo que hay es lo que hay y qué mierda, hay que hacer lo posible para sobrevivir; tal vez no sea el momento, tal vez no sean las personas, tal vez no sean los lugares. Te aguantas, porque lo que hay es un adefesio y pasas de ello. Te quedas ahí, en casa; te ahorras las explicaciones, te pones en silencio.

Hoy, mi mejor amiga me hacía notar que soy un imán para los hombres no disponibles. Creo, para felicidad de alguno, que mejoré al escogerlos, pero algunos se acercan, extrañamente atraidos por mi resolución a no tomarlos en cuenta y suelen insistir. ¿Es necesario hacer un statement al respecto? ¿Debo hacer una nota de prensa para que caigan en la cuenta que el requisito principal para alucinarme es ESTAR COMPLETAMENTE LIBRE?. Claro, otro requisito puede ser que tengan su propio cabello en el cráneo y dentadura original, pero eso ya es como que algo obvio y snob, teniendo en cuenta que no deseo llevarlos a la clínica geriátrica hasta dentro de unos 10 años, por lo menos. Entonces, ser legal y mentalmente available no es una cosa funny y anecdótica que puedan saltarse, conmigo, alguna “rareza” mía. Ya pues. No. No guarden esperanzas. Mi cara cortés sólo es una máscara, pero ya salí corriendo. Hace muchísimo.

Digo, todo esto, porque la verdad, estoy agotada de esquivarlos. También, porque ando despertándome con la absurda sensación de que alguien me espera, en otro lugar. Tal vez sea simplemente un espejismo de mi mente que siente que busco imposibles y no se resigna.

PS. Miércoles. Yo quería hablar sobre otra cosa, al propósito del video. Envidio a la gente que encuentra al amor a edades tempranas. A mi paso, será un amor otoñal. Aunque la historia de la cancioncita es triste, me bacila la idea. Una muchacha de barrio, se llama…

Me Sacan…

Me Sacan…

Bored With The Conversation - Scott Robinson

Bored with conversation – Scott Robinson

Bueno, este post iba a ser una lista. De hecho, algo larga y bastante ácida. Pero, prefiero hacerlo así, pegadito nomás, rabiando como siempre. Recuerdo que a muchos no les gustaba ése rasgo, de mi. Otros lo encuentran atractivo. Por mi parte no puedo decir más que así vienen en mis instrucciones: te chupas el limón o te largas. Es bueno decirlo.

¿Qué me jode últimamente? Sí, porque, si me lees con regularidad, sabes que paso del fastidio a la histeria, a la añoranza y casi nunca a la hilaridad -la que dejo para lo cotidiano, pero… wait, ahí hay tan poca gente- con lo que mis estados circulares sólo me pueden servir para que, de tanto en tanto, escriba algo que me salga de los ovarios y tu pienses que soy una loca de atar.

¿Qué me jode? Uff. Para empezar, el tráfico de mierda de Lima. Tener que vivir en el Apartheid que nos impone la poca decisión de una clase política que es una cloaca, lo que me hace querer pensar varias veces antes de salir de Lima Norte (donde trabajo y vivo) para ir a cualquier otro sitio, porque todo me toma 1hora de viaje; lo mismo que toma un avión de la capital hacia Arequipa. Luego me jode el descaro de los políticos, la mala educación que recibe el peruano promedio (lo cual le hace ignorante, atrevido y estrecho de miras), la lucha para mantenerme en un mercado laboral (con estudios y todo) mientras un bailarina de tecnocumbia logra viajar un par de veces al año a Europa y yo saco mi cuenta para saber si podré viajar a Huacho sin desbalancear mis fondos. Me revienta la gente que legisla sin saber de lo que habla, el que se siente indispensable, el que envidia y sólo remarca los defectos de los otros, el acomplejado que en todo ve un problema y aquel que se siente feliz por saltarse las reglas, afectando al resto. Me pone de malas el que diserta sobre algo, como si dijera la verdad de la milanesa y me subestime en el interin, el que no se da cuenta que marca los corazones y que sinceramente no estoy para bromas, el que esconde su corazón para mi, pero se lo da a otra, el que jamás me ha de encontrar… me jode hasta cuando desaparece el teflón de las sartenes de casa, se acaba el papel higiénico, se acaba el capítulo de la serie que me bajé por torrent, no poder usar el puto bluetooth (y por ello tener que ir a servicio técnico), olvidar los tiempos verbales del francés, no poder ir al cine, ver como los peatones son imprudentes, no poder publicar un libro de poesía sin tener que dejar el pellejo, no tener el tiempo para pintar, tener que esperar a que los objetos que quiero comprar “me encuentren” porque, sencillamente, nunca encuentro lo que quiero hasta que ellos aparecen. Me saca de mis casillas que dejen las cajas vacías de cualquier cosa, en las estanterías o la refri, para que las eche yo a la basura, que la vecina barra todas las mañanas a la misma hora, con frenética fruición (para mi que tiene problemas sexuales) y que las mañanas empiecen a ponerse nubladas, resistiéndome a sacar las frazadas del closet, olvidar echar el insecticida todas las mañanas y recordarlo todas las noches, abrazar a mis dos almohadas y seguir sintiendo que estoy en la cama equivocada, en el año equivocado, con un absoluto LAG en esta vida que me alcanza, pero cuya canción no me gusta mucho, la verdad…

Caray, todo me enfada. Sólo unas pocas cosas me pueden hacer sonreír, por aquí; porque como ya te dije, lo cotidiano te es ajeno, siendo una proyección exagerada de lo que en verdad me da vueltas y el resto, que ya sabes siempre, se rellena. Deséame buena suerte, entonces.

April’s fool

April’s fool

Too lazy to be sad

Too lazy to be sad

Ya sabes cómo es, estoy echada en el sofá -que me queda pequeño- con la laptop y la tele prendida, mirando Star Wars, en pijamas, con el cabello en una trenza enredada e hirsuta. Hace unas horas desayuné indolentemente, mi cereal con yogurt y una religiosa cucharadita de Algarrobina, porque hay que echarle vitaminas al asunto. El ventilador está estratégicamente colocado para refrescarme y el sol entra a raudales por la ventana. Debería levantarme, ordenar el depa, recoger los papeles regados en mi mesa de dibujo, lavar la ropa sucia, sacar el polvo inclemente que se pega a todo por aquí. En vez de eso, tengo la mente en blanco impoluto y me llega absolutamente todo. Me encantan estos pequeños momentos de dejadez, donde nadie me friega y el abandono es absoluto. Sé que no es posible mantenerlos constantemente, porque, vamos, no soy una isla desierta y en algún momento nos conectaremos todos, como una gran sinapsis.

Mi sinapsis, aquella que comparto contigo, sigue vigente, aunque las palabras sobren. Sigo despertando y quedándome dormida con la misma imagen en mi mente. Tal vez es un ejercicio inútil para alguien que tiene la experiencia de las carencias tan grandemente grabada sobre la piel. Pero pensar en tu existencia no es nunca en vano, aunque no logre nada con ello. Me levanta en las mañanas saber que existes, en algún lugar, de algún modo. Entonces, en estas últimas frases de cierre vendría algo como “tal vez, algún día tú aparezcas” pero, la verdad sea dicha, ya lo hubieras hecho sin que yo lo pidiera, porque, como dicen los gringos, “it’s mean to be”. Luego, no hay más que hacer que seguir caminando lo mejor posible, del mejor modo, resignándose una a que la vida es así. Al fin, mi mente vuelve a estar en blanco y yo sigo pensando que es un lindo día feriado, donde no quiero hacer nada y nadie puede hacerme entristecer.

Soñando

Soñando

El ejercicio de soñar, una actividad en la que debes ocupar una parte de tu día. Podría ser terapéutico dejar volar a tu mente, e imaginar que las cosas pasarán de un modo o cómo serían otras situaciones.

Mi madre piensa que es un acto inútil, que me hace daño. Piensa que eso me impide ser más concreta con mi vida, con las cosas que -según ella- yo ya debería haber logrado. Yo siempre le respondo que la realidad ya es bastante necia como para no poder evitarla, soñando, despierta o dormida. Otros se empujan sustancias o se atiborran de trabajo, pero yo escojo soñar despierta o dormida. ¿porqué lo hago? Por que mis sueños me suelen divertir tanto, me suelen aliviar tanto, que es imposible no desear estar en ellos. No son, necesariamente, placenteros, pero son proyecciones de mi mente y de mi corazón. Termómetros de mis sentimientos, de mis problemas, de mis logros.

Tengo mis sueños favoritos, debes saberlo. Recuerdo aquel sueño, en el que Manolo iba en bicicleta, por el desierto y a su paso, florecía todo. También aquel en el que estábamos en la semi oscuridad de un sunset de verano, mi madre y mi abuela y mis hermanas, y E aparecía, para acompañarnos. Probablemente también se encuentre aquel en la que caminaba por un laberinto blanco, hasta encontrarte, tordillo, en el centro, pensando en nada. Puede ser éste otro, cuando me encontraste en la playa y me dijiste que te esperara. O aquel en el que… bueno… ese sueño aún no puedo contártelo aún…

Hace dos noches, soñé con aquel que ya no está. Era una tremenda fiesta, en un lugar que no conocía, al aire libre. Estábamos todos cansados, a punto de irnos. El estaba sonriente, auto suficiente, como siempre había sido. Era su imagen residual en mi mente, no la debilitada y enferma, que vi la última vez y que me hizo no querer regresar -era demasiado para mi. Me acerqué a despedirme, me iba a casa. Le abracé En ese momento, recordé que estaba soñando, y le dije “¿Sabes?, no he sido lo que esperabas. Pero te deseo buen viaje” El me dijo “no pues” y empezó a reírse, cachasiento como era. La gente se acercó a despedirse y yo me fui, como todo el mundo se irá, en algún momento.

Soñar pues, me permite sobrevivirme al día a día, donde la rutina te hace olvidar para qué te despiertas todas las mañanas. ¿Lo recuerdas? Yo nunca puedo echarlo al olvido.

Dígame Ingeniero…

Dígame Ingeniero…

Cuántos recuerdos. No soy ingeniero. Soy publicista. Recuerdo a algunos ex (no con cariño, no se ilusionen, estúpidos) que pensaban más o menos así. Otros tiempos, tal vez más divertidos. Luego uno cae en la cuenta que cada época tiene su encanto. Desde El perro Mistetas (sep, así se llama el blog de marras, pero es divertidísimo).

Cada Vez

Cada Vez

El problema es de la inmediatez de la internet. Ya no me leen tres gatos, me leen cinco. Entonces, algunos no saben quién michi es ésta loca que habla con la nada -aparentemente- y sobre todo, no entienden de qué va este lugar.

La verdad, ni yo.

En tanto me voy dando cuenta si son peras o son manzanas, intento explicar que mi vida está cambiando vertiginosamente, espero, para bien. Luego, salga pato o gallareta, todo va saliendo como debe salir: a lo macho, nomás. Me puedo quejar del trabajo, me puedo quejar de los chamacones (la verdad ya me está dando pereza hablar de ellos) y puedo quejarme de la ciudad en la que vivo, pero en vez de ello, me involucro en otras empresas más satisfactorias que agarrar mi cachiporra y repartir guamazos. Ya tu ve. Ya tu sabe.

Necesito vacaciones.

Paradero

Paradero

Paradero

Paradero

Estoy aburrida de las situaciones fallidas que me rodean. Me he prometido sólo aceptar lo que viene de la manera que quiero. Es como pararte a esperar una linea de bus determinada. Todos vienen llenos. Algunos no, pero no van por donde quieres. Tu esperas y esperas a que venga el correcto. Van pasando todos, te provoca subirte a cualquiera. Sabes que ninguno, salvo el que esperas, te llevará a casa. El resto va a otros lugares, te pueden dejar cerca, pero ninguno, salvo ése, llega a donde quieres ir. Entonces, cuando esperas mucho, si te impacientas, tomas otro y te conformas. Vas jodidamente contrariada, porque no puedes esperar más y te resignas. O bien, te vas caminando, valientemente, hasta tu destino.

Hoy, me conformé y tomé otro, para darme cuenta que el que esperaba, venía detrás. Pero me quedé pensando en eso. Voy a pie.

Un año después

Un año después
No, entre gitanos no nos leemos las manos.

No, entre gitanos no nos leemos las manos.

Creo que nunca olvidaré la intención con la que lo dije. Tampoco olvidaré el porqué dije todo aquello. Tampoco echo al olvido a aquel que me hizo escribir éso. Las cosas como son. Uno se mueve, aunque no se mueva. La mente, poderosa mente, a veces nos juega pasadas (me he pasado todo el año olvidando cosas y pagando por ello) y otras veces, es como un tatuaje interno, indeleble. Pero uno sigue en lo suyo. Así es la vida. La mía cambia, porque, como dije en twitter, cambio yo; entonces, cambia todo. Para bien, siempre.

Odiándo como odio las efemérides, este año no haré nada más que poner, entonces, un misio link, desde los archivos. de El Dedo Ilustrado: Pongamos que hablamos de Amor. Y al carajo el resto.