Category Archives: Canada

Acá nos vemos.

Acá nos vemos.

invitacion la republica

Estimados, al parecer, aumentaremos el número de gatos. Ya no seremos tres… Espérenme desde el martes 06, semanalmente, en La República… ¿No es emocionante? Ahora casi todo el Perú se enterará que estoy loca…

Igual, seguimos manteniendo el blog, pero con otros temas… (intento imaginar cuáles…)

Saludos… y nos leemos en el diario.

Elogio a la locura de quererte

Elogio a la locura de quererte
weeki

Toni Frissell: Weeki Wachee spring, Florida, 1947. Some rights reserved by trialsanderrors

Veamos. Supongamos que es lunes (es lunes). Supongamos que estaba yéndome a estudiar, como todos los lunes, y apareciste en mi mente. Como una señal extraterrestre, que llega de improviso y me tiene, cual Judy Foster, mirando al cielo, extasiada. No puede ser, pero así sigue siendo. Tengo clavada tu mirada, que alumbra mi caminata nocturna (acá oscurece demasiado rápido en otoño) y me complica todo el resto de la semana, que promete ser brillante, lúcida y productiva. Me lo complicas todo, como siempre, Lobo.

Me visto de cínica todo éste tiempo para que los que no me conocen de verdad, supongan que soy la mala de la historia de los demás, la que levanta la ceja, hace la mueca cuando otro opina y se exaspera viendo la debilidad de los otros. Pero tú (creo) y yo (completamente segura) estamos de acuerdo que mi debilidad es tu mera existencia. Sip, he decidido escribirte aquí, a fuerza de hacerlo todo el tiempo, como siempre, para mis adentros. Fabularte ha sido vivir en un mundo alterno, aquel en el que compartimos palabras que juegan, que se acarician y que desean desesperadamente abrazarse. Me imagino que leerás y te fastidiará no poder entender el verdadero sentido de cada letra, porque soy mujer y las sublecturas me reinan; mirando a todos lados para que no te vean respingar por leerme acá, en la cara de todos. No poder preguntarle a nadie, qué diablos significa éste post. Obscenamente yo. Grazie.

Pero hoy, que me iba a estudiar, que me enfrentaba sonriente al mundo, recibí tu imagen, fuerte y clara. Me abracé a ella, como siempre lo hago, con los ojos entornados, imaginándote conmigo, al pie del cañón. No puedo decir que cada vez que apareces, Lobo, quedo deprimida. Puedo decir que me siento poderosa por el corazón pleno, que tiene el deleite secreto de pensar en ti. Aunque nuestra distancia siempre sea igualmente equidistante; aunque no hayas entendido la firmeza (o terquedad) de mi espíritu; aunque no te lo creas, porpiedaddeDiosnopuedesserreal. En fin.

Tal vez sea que nuestra habitual hiper conexión despertó hoy, como a las 6pm, hora de Lima. Tal vez sea que simplemente, la nostalgia me arrolla con tu imagen, tal vez sea que estoy loca, loquísima, como la dichosa caperuza, caminando por el bosque, invocándote, pero tú…

Update: Banda sonora, faltaba más

Nada y mucho

Nada y mucho
dawn

Image Base.com

Indisciplinada, me he dicho ésta misma noche, montada en el bus, de camino a casa, luego de una jornada de “relax y sano esparcimiento”. Mi malcriadez radica en la poca responsabilidad para poder escribir aquí, pese mis grandes ganas de contar todo lo que me está sucediendo. Bueno, no todo. Gran privilegio tiene mi Bitácora, que actúa como filtro de mis angustias, porque, a pesar de que “pienso en voz alta”, no puedo darme el lujo de gritarlo a los 4 vientos, sin meterme en verdaderos problemas con gente que amo, con gente que no amo, pero que me paga, con gente que ni amo, ni me pagan, pero tienen plata y podrían caerles recontra mal mis cabilaciones, e intentar meterme a la cárcel por que les pega. Signo de los tiempos. Sabrán disculparme.

Ergo, venía diciendo que era indisciplinada, pero luego saqué cuentas sobre el tiempo que tendría disponible para poder hacer aquellas cosas que tanto me gustan (una de ellas es estar aquí, compartiendo textos) y otras cosas también importantes, como… comer, dormir… ya saben… sobrevivir.

Tengo casi seis meses en Québec. Me saben a siglos, francamente. A pesar de tener algo de familia, acá, me siento sola por momentos, pensando en lo que estaría haciendo en ése mismo momento, de estar en Lima. Extraño a mi familia, algunas cosas de mi caótica ciudad (como por ejemplo, que los negocios no cierren a las 5pm, llueva o truene), extraño a mis amigos (que parecen haberme olvidado, ocupados en el resto de sus vidas, pero se entiende), extraño el clima mamarrachiento que nunca llega a -2°C en una mañana soleada, el pan recién horneado de la panadería de la esquina de mi casa, el pollo a la brasa y la papa amarilla frita… Caray, también extraño otras cosas que ni puedo contar acá, por que ya no vienen al caso y sólo nos interesaba a un par, pero igual, que conste. Eppur si muove.

El asunto es que ando ocupada en arrancarle al destino, lo que siento que merezco. Me disculparán, entonces, el desamor de mantener cuasi abandonada ésta ventana. Pero entre mis clases de Francisation, de Réseaux Sociaux y mi primer empleo de verdad, me queda sólo el tiempo exacto para ir a quejarme a Twitter y ser el ama de casa de ensueño de un minidepa. Lo más duro no son los estudios, sinceramente; es el empleo, que es los fines de semana y que sinceramente, socaba mis fuerzas y ánimos, pero me animo diciendo que nunca volveré a tener los mismos horribles empleos que tuve en Perú, y que ésta primera experiencia laboral me servirá para llegar a donde deseo ir. Entonces, persisto en todo, con ésa terca convicción que el esfuerzo me hará llegar a un momento en el que lograré hacer lo que siempre deseé: Procastrinar con estilacho, a lo grande y que me paguen bien por ello; que es la nueva definición de “hacer lo que me gusta”.

En tanto, el camino va -por momentos- rápido, lento o término medio con papas, if you know what I mean. He conocido marcianos, nómades, inefables en todo el sentido de la palabra, inolvidables y he tratado de no establecer contacto visual con nadie que pueda meterme en problemas, por más encantador que pueda ser; porque estoy, de un tiempo a ésta parte, focalizada en andar un camino que me ha sido tan esquivo, que me desespera no lograr al instante el fucking éxito. No me tengan pena, no me admiren, no me digan nada; es lo que debe hacerse, le dije al Lobo, y se quedó mudo, porque él sabe, también. A nadie le pueden premiar por hacer lo que tiene que hacer. Nadie puede esperar, entonces, que le reconozcan en vida lo que en las entrañas lleva como motivación salvaje. Por éso mis niveles de autocomplacencia son absolutamente bajos: soy una indisciplinada… pero no tengo, por el momento, más remedio.

Detesto a las rubias

Detesto a las rubias
blond

blondies, what I hate.

Durante mi fabulosa estancia (léase con sarcasmo) en cierta facultad de arte de cierta universidad perucha, experimenté el fastidio de darme cuenta que la sociedad local no estaba preparada para la diversidad cultural, siendo un país en el que el color de la piel y el ingreso económico hace que la gente te acepte o te discrimine en todo lado. Desde aquella época las vi ya con sospecha, como se mira a aquello que no se conoce, por extraño, por lejano y por disforzado; porque, nenas, tienen que aceptarlo, las rubias son pocas, todas quieren serlo y por éso mismo, bien dijo Marilyn que se divierten más o las divierten, mientras el resto quedamos más bien como lo dijo La Loca de la Casa, haciendo un esfuerzo por lucir menos tontas…

Pero he de reconocer que peor que las rubias fulminantes (y naturales) son las wanna be, osea castañitas y el resto de coloridas que aspiran a pillar un porcentaje de la torta que se morfan las rubias y al respecto, hay mucho qué decir. Nada más peligroso que una falsa rubia. Te venderá la idea de que lo es, que lograrás tener el paradiso de su blondor, el estilacho adjuntado a tu look y que, por supuesto, te hará feliz. Obviamente, a ti te hablo, ganso galán que no logras (o no quieres) diferenciar una blondissima de nacimiento y una cucarachita martina que ha coloreado sus antenas. Todo sea por pillarte. Ah, las mujeres somos así, pues, modificando, cambiando, reparando, reencauchando nuestro exterior para poder vernos diferentes, para poder reinventarnos y tal vez complacernos, complaciéndoles a ustedes.

Recuerdo aquel día en el que decoloré mi cabello en búsqueda del rubio espectacular que me llevaría a experimentar aquellas situaciones increíbles que sólo les acontecen a las blondas, pero la madre naturaleza (que vive en mi cuero cabelludo, también) insistió en que yo llegaba a peliroja, nomás, casi el mismo color que Monica Delta (pero oh Dios, no su mismo peinado thermoformado) y yo me resigné amargamente a no verme cual Madonna en Papa dont preach, para verme más bien como una zanahoria que tenía que pintarse las cejas de marrón. Never again. Mis resentimientos por rubias y castañas (ya, vamos a incluirlas) llegaron a niveles incómodos, donde el recelo y la incomodidad al tenerlas cerca rallaba en la paranoia, dado mi impedimento en ser como ellas. Agarro mi cartera con ansiedad. Básicamente me había vuelto una racista, espectacular para detectar a las “producidas” y amando a la única rubia que no me sacaba de quicio, Lucha Reyes, por que, claro, ella no era una aspirante, pero lo era todo, sólo con un mal coffiure.

Entonces, asumido mi problema, entendí que mi urticaria mental venía de aquellas épocas universitarias en las que los profes preferían a aquellas privilegiadas que nada de culpa tenían, y les daban las oportunidades y el buen trato que yo tanto ansiaba (y que teniendo en cuenta mis accidentes posteriores, tanto necesitaba) con todo el descaro que les era posible, por que aquellos cabellos iban acompañados de apellidos nada peruchos y bueno, así es la hipocresía y qué culpa tenía yo tampoco. Luego, de entrada, me resigné a ser tordillo por el resto de mi vida (no es cierto, lucho contra las canas, pero va para otro post), me esforcé por mirar por encima de tintes y dizque tinkas genéticas, porque si así era mi fastidio por ellas, sólo Dios sabía a quiénes otros discriminaría por otros motivos por los que no me daba cuenta y vamos, así no juega Perú.

Entonces caí por Québec, una ciudad pequeña, repleta de ellas y no me quedó más que mirar dentro de sus mentes… la verdad, ninguna me ha defraudado hasta ahora. Estoy curada, señor psiquiatra. Deme de alta.

Epítome de las rubias listas. Blondie.

Viviendo Sola

Viviendo Sola

dreampicker

Desde hace menos de un mes me he lanzado a la aventura de vivir sola. No sería gran cosa, si no fuera por que no estoy en mi país, porque aún no tengo empleo y porque aún se me hace difícil explicarme en aquel idioma que me va costando y que por momentos, mi cuerpo rechaza, como si fuera un miembro transplantado.

No intento justificarme de entrada, ser autocondescendiente como cualquier otra en mi lugar. Tal vez sólo escribo para contar lo jodido que está resultando, pero como dice mi amor @cerati, “ahí vamos”. Yo le añado “ahí vamos, pe”, bien peruanazo y me encojo de hombros, resignada, porque a mí nadie me pidió venir, porque yo escogí ésta vida y sé que se me vienen días meses y tal vez años jodidísimos.

Ahora, digamos que, en suma, nada de lo que viva acá puede ser más alucinante (en el mal sentido) que lo que ya viví en mi patria natal, a la que amo entrañablemente desde que tengo recuerdo y cuya infelicidad me ha golpeado desde siempre. Entonces, vamos aclarando que ya sé en qué me he embarcado y mil disculpas si piensan que soy una mala persona por que no estoy allá (porque estoy acá, claro), porque sigo opinando lo mismo (pero ahora sigo acá, insisto) y lo que es peor, pareciera que ando en otra (es que claro, estoy acá, again), hablando de coolhunters, música en francés y lo jodido que estuvo intentar entrar a ver el concierto de Metallica en el Festival del Été y como qué lejano me parece el tráfico de Lima, sus huelgas, su frío que cala los huesos (acá es verano, sorry, caray), sus marcas, sus políticos poláricos y toda la recatafila de cosas que hace el asunto pintoresco (y a mi la evasiva y mala de la peli), pero aparentemente intrascendente para una inmigrante como moi.

Pero vamos, qué jodido es vivirse sola éste asunto. Me han dicho “On fait comme ça ici” (así hacemos aquí) y me he tenido que resignar. De plano, porque si el ménage (mudanza) fuera en Lima, iba a casa de mis viejos a ser engreída un rato, tal vez corría al cine o planeaba darme una vuelta con las amistades usuales, o concertaba una cita -aunque sea por curiosidad- con algún prospecto que quisiera ofrecer una conversa interesante. Pero, ¡oh sorpresa! No estoy en Lima. Estoy en la villa de Québec, una linda ciudad, la verdad, con un clima loquísimo en cualquier estación, donde el ojo se te cae por todo lado (qué tal cantidad de cueros, santo dios) y donde la gente es gentil (al menos, he tenido siempre ésa suerte), pero no es casa.

Vivir sola es un reto que me he empeñado en vivir, para aprender. Más bien, para crecer de una vez, en el buen sentido. Hacerme responsable de mi misma, en todo el significado de la frase. Es decir, si una no ha tenido la suerte de matrimoniarse o siquiera encontrar perro que le ladre, es la opción más decente. Encargarse de una. Aunque a mi se me hace, que con compañía o no, es el asunto más digno, siempre. Y bueno, amore, ahí vamos, pe.

Multilingüe

Multilingüe

multilingue

Aunque la palabra correcta en nuestro idioma español es Políglota, el multilingüismo no es algo que debería asombrarnos en la realidad actual. Para muchos de nosotros, sólo basta mirar en casa, para descubrir que el abuelo habla dos lenguas, donde una de ellas puede ser el Quéchua o tal vez alguna foránea, como el chino o el japonés. Hablo de la realidad peruana, donde, siendo un país bilingüe (por lo menos en el papel) la constante migración asiática durante el siglo XIX y parte del XX ha dado lo suyo.

 

Y es que aprender un idioma no es solamente un ejercicio memorístico y de traducción simultánea; es el aprendizaje de una cultura, de un modo de mirar al mundo, muchas veces opuesto a los valores que nuestra propia lengua madre tiene y así, la vista en perspectiva de todo lo que nos rodea. A éstas alturas de globalización, inmediatez desesperante de información a chorros, pretender vivir sólo con tu lengua de nacimiento no sólo es una locura, es una limitación. La posibilidad de poder acceder a entornos donde se maneja info privilegiada, el comprender los entornos en los que profesionalmente uno debería desarrollarse, comprender posibles mercados nuevos y estrategias de apertura, se pierden si nos quedamos en la isla del monoidioma.

 

Por otro lado, perder temor ante el reto de aprender aporta muchísimo a la autoestima, nos acerca a nuevas amistades y como dije, nos da la perspectiva invaluable de aquellos que ya son políglotas y ciudadanos del mundo. Nos favorece en la capacidad de adaptación a las situaciones imprevistas, nos regala momentos inolvidables, porque ¡¿a quién no le satisface “descubrir” finalmente lo que aquella canción quería decir o ver una película en v.o. (versión original), hasta el punto de corregir los subtítulos?! No me digan que no se siente genial poder entender (y hacerte entender) en una cultura distinta o con aquella persona con la que te sientes atraido y que, en alguna otra ocasión, te hubiera sido imposible contactar siquiera. Nomejo con éso de que el idioma del amor es universal, ligones. Luego terminan como el Yungay y ahí sí que hay roche. No es.

Entonces, a mandarse nomás. De entrada, el primer idioma- si es que no sabes ninguno- es el Inglés. Se le necesita casi para todo y es increíble que exista gente (educada) que pueda sobrevivir en el planeta sin saberlo. Por todo lado lo enseñan y a todos los costos. Para practicar tienes la Internet, el cable y el chat. Luego, aprendes lo que pida el cuerpo o las afinidades. ¿Te provoca aprender Coreano, porque te gusta ver las telenovelas? Mándate nomás. ¿Sientes que la cultura alemana tienen cosas que te afanan? ¡Al toque con el Alemán! ¿Te gustan las lenguas muertas? ¡Lánzate por el Latín y el Griego! Hazlo ahora, ahora mismo y enjoy the experience. Vraiment. Fai quello che ti piace…

Así que, más respeto con el abuelo quechuablante, que es un maestrazo. Kausachum tata!


 

Bienvenue au Canada

Bienvenue au Canada


 

Me encuentro en posición de ventaja, con respecto a muchos migrantes, de cualquier lugar del mundo. De entrada, no huyo de nada, no voy con lo que tengo puesto, con sólo el pasaje del bus, sin saber el idioma o poca instrucción general. Me lo recuerdo a cada momento, a pesar de la gentileza de los canadienses con los que me he cruzado y que -sin excepción- me han dicho la fracesita del título de éste post y que siempre me sonríen y me desean los mejores parabienes para mi estancia aquí. Pareciera que me dan las gracias y aquello me desconcierta.

 

He dicho en mis cuentas de Twitter y Facebook, que me siento suertudísima, pero también bastante desorientada por caer en una sociedad tan organizada en algunas cosas y tan perdida en otras. Por ser logísticamente competente para que uno pueda desarrollarse y lograr la felicidad (si ello dependiera de la bonanza económica), pero que a veces les cuesta saber que justo aquello que te llena no es necesariamente obtener absolutamente todo…

 

Como sea, sólo estoy un par de semanas, aún pensando que “es temporal”, cuando bien sé que me quedaré por muchísimo tiempo (al menos éso es lo que se supone), intentando hacerme entender en un idioma que no es el mío y que -por momentos- me desesperanza, por que creo que nunca podré hablarlo (nonsenses, yo sé) correctamente; asustada como provinciana perucha ante una Lima de mil cabezas, pero helada, ordenadísima y puntual hasta la enajenación. Ahora entiendo todo lo que sufrió mi padre, hace ya muchos años, cuando tuvo que dejar su pueblito norteño, para venirse a la capital, una ciudad señorial y elegantosa, distinta a la que ahora es.

 

La adaptación a Québec es, pues, rápida y con la ayuda de los que me hospedan, menos dolorosa. Se vienen las capacitaciones, los entrenamientos, las nuevas experiencias, las pruebas al temple y a la paciencia. Me encomiendo a mis Páter Familias, a los santos y a todo aquel que quiera enviarme sus buenos deseos, pues soy sincera, me asusta todo; pero me lo banco, como los meros machos. De plano, las gracias a los que me han enviado mensajitos de apoyo, por todo lado. Son mi combustible, en éstos días. Espero contarles más, pronto.

 

Mil besos.