Esperas y esperas

Esperas en curso de algo.
Esperas en curso de algo.

Hay esperas metafísicas y físicas. En las primeras, estás casi rezando, como quien dice, en plan-búsqueda-de-la-iluminación, para encontrar la nota verdadera o tal vez, una respuesta a tus cavilaciones. En las segundas, no te queda más que acomodarte en una posición cómoda en la cual soportar la venida de algo que necesitas, mientras entretienes a tu mente con otras cosas más o menos apremiantes, más o menos irrelevantes, más o menos opuestas a lo que estás haciendo. Tu cuerpo espera y puede hacerlo dormido en la posición más grotesca, en el límite de la inconsciencia o tal vez, sentado al borde del asiento, con el boletito en la mano, dispuesto a saltar al siguiente beep.

En las primeras, puedes repetir mantras, autoafirmaciones, reflexiones, visualizaciones de la respuesta o de lo que esperas. En esta espera metafísica, te duele el ama de tanto en tanto. Imagino que es el uso sostenido de la mente y sobre ello, sólo pesa tu capacidad para variar de afirmación y no distraerte con otros pensamientos menos importantes. Pero en este proceso, se reconoce al universo. No es un acto autómata, pues cada pregunta comienza a tener respuesta, cada afirmación se ve mostrada en una situación que la legaliza, cada verbalización del pensamiento es un parto inolvidable.

En las segundas, el poder de observación se agudiza, por segundos, para olvidarse luego por algo de más relevancia, que también se echará al olvido. Analizas todo, mirando a la gente que espera contigo, también. El cuerpo es un envase hueco en que las ideas fluyen y es por eso que mucha gente logra hacer cosas increíbles en esos espacios de tiempo muerto. Una flaca escribió una novela y se hizo millonaria. Otro patín encontró las primeras notas de una sinfonía inolvidable…

¿Y qué sucede cuando ambas esperas son una misma, van juntitas? ¿Conjunción de planetas, inicios de autismo, locura extrema? Tú esperas. Yo espero. Nosotros esperamos. Alguien habló de la espera dinámica. Debe ser ésta.

Post perdido: Luego de tanta cosa

Y ahí vamos.
Y ahí vamos.

Me he pasado un buen rato mirando la pantalla en blanco, pensando en cómo se dicen las cosas sin tener que llenarlas de lugares comunes.

En otras oportunidades, hubiera podido postear un par de videos que identifican mejor mi estado de ánimo, porque todo el mundo sabe que una imagen vale más de mil palabras (esta frase sí que es un lugar común) y si además, tiene musiquita, le cae super chévere a tutti.

De un tiempo a esta parte, estoy como debe sentirse un caballo en el partidor, con los músculos tensos antes de la salida, el jinete casi en vilo, ambos mirando la pista, visualizando la meta. Soy una dualidad (¡caray, soy legión!) que mira a lo desconocido con una insaciable curiosidad. Mira con ambición, con ansiedad, con fastidio por los procesos y sobre todo, en absoluto silencio, con los nervios tensos como debe estar jinete y caballo antes de salir disparados a la carrera.

De pronto, hay algo que nos distrae. Ambos miramos de reojo y sonreímos. Es un aroma, una palabra, una sonrisa que se quedan pegadas y que más que interrumpir, nos acompañan. La meta sigue ahí. La carrera se va a realizar indefectiblemente.

Luego, el caballo parpadea. Se agita y se queja. ¿Mucho aroma?, ¿Mucha sonrisa? Pobre caballito, pues. Tenemos demasiados malos recuerdos. Muchos tropezones como para tomárnosla deportivamente. Quiere irse corriendo, sin su propio jinete.

Lo bueno es que él sabe cómo calmarlo. Le acaricia, le dice que tal vez no sea nada, que, sea lo que sea, seguirán en la brega. Al final, ambos somos uno y así será siempre.

Me salió críptico este post. No era mi intención, pero la figura poética estaba linda. Tanta cosa para decir que sigo en mis trece, a pesar de todo. Hay lujos que no me puedo dar, como el cinismo. Se me caen los fustanes y con ellos, los pétalos de rosas que guardo escondidos, en afán de que no descubran lo tonta que soy. Sabrán perdonar, ustedes también.

Seguimos soñando

 

Her Morning Elegance / Oren Lavie

Algunos mails son como inyecciones a la vena. Algunos videos lo son también. Es época donde la tecnología rompe barreras y -como ya creo haber dicho por ahí- el mundo se convierte en un wantán. Es lunes y todo es posible. Ya seguiré fastidiando.

Cosas que no te pasan cuando estás en tus cinco sentidos

Dulcemente idiota. Here I am.
Dulcemente idiota. Here I am.

Caray, estoy muy distraída últimamente; y cuando eso sucede, me distraigo con todo.

Hace una semana me fui a recoger unas traducciones oficiales al centro de Lima. Regresaba, linda yo, cuasi desfilando por el Jr. Miroquesada. Era hora punta y la gente estaba full, caminando tan apurada como yo. Realmente mucha gente. No sé en qué momento de mi ensoñación, me tropecé con una barreta erguida, que pertenecía a uno de esos tachos de basura suspendidos (como la foto), pero sin el puto tacho.

Tacho de basura... sin tacho, como los de Lima. Tropecé con esas barretas. Ouch.
Tacho de basura... sin tacho, como los de Lima. Tropecé con esas barretas. Ouch.


Había tanta gente y yo estaba tan ensimismada en mis propios pensamientos, que no lo vi. Lo juro. Más que dolor, sorpresa. Asumo que si hubiera sido hombre, me hubiera dolido como la mella. Adiós catwalk de Dreampicker con cabellera suelta al viento, misma propaganda de tele. Hello a muchacha tonta que casi se saca la michi en la esquina de El Comercio. Escuché, como fondo, el usual efecto de sonido del rigor: un par de patas que dicen algo así como “uyyyyyyy” y luego de sentirme ridícula, seguí caminando, muy digna, como si nada hubiera pasado.

El moretón de mi pierna es parecido a la veta de una papa andina (ver foto, también) y está en una zona tan alta que no la puedo mostrar (los chicos de mi oficina se han sentido decepcionados de no poderlo ver) a nadie.

Mi moretón se ve como las hojuelas de el centro. Todo un poema.
Mi moretón se ve como las hojuelas de el centro. Todo un poema.

Mi madre llora de risa cada vez que le recuento el incidente. Ella, siempre, tan supportive.

Eso sin contar con que las traducciones hechas y pagadas deben ser rehechas, pero ese tema para otra conversa (y eso es algo que mi madre no sabe, tampoco) y otro coraje.

Ya son dos las veces que he estado a punto de caerme estrepitosamente, en menos de un mes, a la salida de mi trabajo. Ambas veces ha estado alguien lo suficientemente cerca –una de esas veces, mi jefe- para poder sostenerme. En ambas, el consabido “uyyyyyy” de los presentes.

Imagino que nos viene de familia. Chochi hizo una salida triunfal de una entrevista de trabajo en el Hilton de Québec, de la misma manera: con patinada de media cuadra. Hey, yo recuerdo que hice exactamente lo mismo, años atrás, cuando llegaba a otra entrevista de trabajo. Osea, genético. ¿Serán los “nervios”? ¿El dólar, que sigue subiendo? ¿La proporción entre cuerpo y los kilogramos que aguanta el pobrecito piececito de tamal? ¿La primavera, que ya pasó? Cómo saberlo.

A mí me suele dar una risa incontrolable cuando me pasan estas estupideces. Suelen ser tan raras, que inmediatamente hay una especie de efecto de desdoblamiento en mí: logro verme cayendo, en un efecto tan ridículo que sólo me provoca reír. Luego sobarme, adolorida, claro.

Es como si estuviera caminando, pero sin conciencia de dónde estoy, a dónde voy ni porqué estoy haciendo las cosas. Pero bueno, la risa me dura un tanto, últimamente. Me jode andar distraída. No tengo tiempo, no tengo tiempo, no tengo tiempo. Tengo que tomar un complicadísimo examen de inglés, licenciarme (luego de eso, por mi mare, tendrán que llamarme “licenciada Dreampicker” mínimo) y mil asuntos contractuales que deben morir sí o sí, antes de que el verano real termine.

Entonces, promesa: no soñar en horario de oficina… o de trámites. No quiero perder una cuenta o caer dentro de un buzón…le tengo miedo al agua.

Chau.

Exorcismos

Estaba a punto de cerrar los ojos, anoche, cuando se me ocurrió postear esto. Lamentablemente, estaba muy cansada, al borde de la inconsciencia y las fuerzas no me dieron para ir hasta Petete y golpearlo, pobrecito. Hoy, me la he pasado pensando en qué era lo que tenía que postear, y todo vino a mí, luego de algunos textos que estoy escribiendo. Tuve que irme a la volada de ellos y caer aquí.

Este post es de exorcismos. Aquellos que han leído esa increíble y divertida novela que se llama La Ley del Amor, saben que, para la autora, los objetos tienen memoria. A mí me gusta pensar mucho más: todo tiene un karma, objetos, palabras, lugares, comidas, películas, absolutamente todo con lo que uno se relaciona en este plano de la realidad.

Así, suelo ir sobre mis pasos, cuando mis lutos pasan. Son peregrinaciones donde todo es exorcizado, siendo llenado por sentimientos nuevos, sensaciones opuestas a aquellas que me hicieron sentir chancleta. Al “limpiarlos” de esa mala vibra inicial, todo regresa al feliz punto cero y es como si un espíritu (el del mal recuerdo) se fuera, aliviado.

He exorcizado ropas, muebles, cines, calles, textos, libros, relaciones, canciones, empleos… Cuando les vuelvo a ver, son distintos. Otros colores, formas, sonidos, olores que me son desconocidos, nuevos, felices.

Y hoy, en presencia de uds, exorcizo una poesía. Era –y es- hermosa. No es mía. Ahora tiene un significado diferente y es más que un regalo, es una ofrenda. Hoy merece la redención, para que otros ojos y otra boca distinta la lea, la repita y la guarde dentro, muy dentro.

Ven, Siempre Ven

No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,

las huellas de unos besos,

ese resplandor que aun de día se siente si te acercas,

ese resplandor contagioso que me queda en las manos,

ese río luminoso en que hundo mis brazos,

en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero.

No quiero que vivas en mí como vive la luz,

con ese ya aislamiento de estrella que se une con su luz,

a quien el amor se niega a través del espacio

duro y azul que separa y no une,

donde cada lucero inaccesible

es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza.

La soledad destella en el mundo sin amor.

La vida es una vívida corteza,

una rugosa piel inmóvil,

donde el hombre no puede encontrar su descanso,

por más que aplique su sueño contra un astro apagado.

Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata a la propia conciencia,

duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de morir,

de quemarme los labios con tu roce indeleble,

de sentir mi carne deshacerse contra tu diamante abrasador.

No te acerques, porque tu beso se prolonga como el choque imposible de las estrellas,

como el espacio que súbitamente se incendia,

éter propagador donde la destrucción de los mundos

es un único corazón que totalmente se abrasa.

Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte;

ven como la noche ciega que me acerca su rostro;

ven como los dos labios marcados por el rojo,

por esa línea larga que funde los metales.

Ven, ven, amor mío; ven, hermética frente, redondez casi rodante

que luces como una órbita que va a morir en mis brazos;

ven como dos ojos o dos profundas soledades,

dos imperiosas llamadas de una hondura que no conozco.

¡Ven, ven, muerte, amor; ven pronto, te destruyo;

ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo;

ven, que ruedas como liviana piedra,

confundida como una luna que me pide mis rayos!

Vicente Aleixandre

Boca Ancha

Watch your mouth.
Watch your mouth.

Por temporadas, meto la pata con sonido estéreo. Lo hago porque ando súper locuaz y creo que todo lo que digo es genial. Sure. Obviamente, todo ese asunto de pensar en voz alta es un problema, sobre todo si las cosas que dices te hacen quedar del pedo con algunas personas y el resto se cae de risa.

Esta semana metí la pata dos veces, con dos prójimos diferentes. Estaba yo, rajando sobre aquel complejo habitacional que queda en la Av. Tomás Valle (¿han contado la cantidad de hostales que hay ahí?), hecho por una empresa que luego se lo vendió a otra y justo a los meses, las casas se empezaron a desmoronar. Pues resultó que el chofer que me llevaba a una locación, mientras yo soltaba mi discurso bobo, vive ahí. Fue la muerte cuando nos estacionó al sol,en la puerta del sitio, para buscar su billetera. Yo me quería morir. Por supuesto, se aseguró que yo me achicharrara, demorándose exprofeso.

La segunda metida de pata fue quejarme de un compañero de trabajo –que no estaba presente- quien es un soberano sinverguenza, que viene cuando le da la gana y que tiene buena estrella. Para mi suerte, no sabía que –nuevamente- el chofer asignado que nos llevaba a otra locación, era su amigo del alma. Me miró con odio toda la tarde, teniendo un gesto arisco cuando le pedía movilizarnos a otros lugares;

sentándose, a la hora del refrigerio, lo más lejos posible de mí.

Ahora que razono, debe ser que viajar largas distancias en auto me abre el afán por hablar como loro. No hay filtro que valga. La autocensura es un bien necesario.

Sin embargo…

Hay algunos silencios que no se rompen. Me ando mordiendo la lengua últimamente, frente a algunas personas a las que realmente quiero. Eso me demuestra que mi boca ancha es causada por mi necesidad de lugares comunes, de tonterías en las que pierdo mi tiempo para que alguien no se hostigue (o se asuste) de mi locura habitual (o la verdad, de la intensidad de todo en mí). Cuando eso sucede, sólo me siento a escribir. Petete se cae, pero aguanta el tacleteo que me impide alocarme. En absoluto y estricto privado.

Hum. Estas metidas de pata son únicamente síntomas hilarantes…de algo que no me da risa para nada.

Al pie.- No hay paisaje que me sobrecoja más que un bosque seco de algarrobos. En mi mente aparece una Dreampicker con medio cuerpo afuera de la ventana de uno de ésos taxis de Piura-Catacaos (see, como una mascota o Ace Ventura), sintiendo el aire de la carretera, mirando el paisaje extasiada al medio día y queriendo bajarse ahí, para salir corriendo hacia la dimensión desconocida. Me jode (para variar) ese afán de solucionar las cosas al caballazo, sin planificar y encima, a cargo de babosos. ¿Es que sólo hay ineptos en el gobierno? ¿La vida vale algo? ¿Cuánto, vive Dios? Es un fastidio ver que la clase política de mi país sólo ha pensado en sacar provecho en todo.  Por siempre y para siempre.

Algo sobre el Pomac, here

Virtualidad

foto, de aquí

He puesto el usb en mi pc, señal inequívoca que estoy escribiendo algo. Es un tema que me ha estado dando mucha vuelta por mi cabeza teñida y no es que queme mis naves por ello, pero igual lo posteo.

Me imagino parada frente a un grupo de marcianos como yo, diciendo: Hola, me llamo Dreampicker y soy converso-adicta virtual.

Todo empezó una tarde calurosa de 1996, en la flamante cabina Internet que el IPP acababa de habilitar para sus alumnos. Era un curso gratuito para saber sobre esta última tecnología y éramos cuatro gatos (bueno, éramos más gente, pero que con las justas superaba la decena) novatos, a cargo de la webmaster, que nos mostraba el uso del correo electrónico y –luego reconoció que fue una mala idea, pero era muy tarde- el Microsoft Comic Chat.

Hay que reconocer que cualquier tipo de Chat le lleva de encuentro al resto de la virtualidad del internerd. El asunto es que la capacidad de expresar una idea con la menor cantidad de palabras, símbolos o incluso dibujos a mano alzada – si tienes las últimas versiones del msn– requiere de más que emoticons. Hay gente que ha caído en crisis nerviosas por un par de palabras. Otras han decidido su futuro con ellas.

Las historias se me acumulan y yo misma he sido parte de algunas de ellas. Las iré contando cuando otras lleguen, porque creo que al mostrarlas, dejan de ser mías, para dejar espacios que no podré cubrir…

Y ése es el tema, finalmente, la virtualidad. La capacidad para creer y confiar en alguien que te escribe desde un lugar en el que no estás. El in extremis epistolar de la era digital, sólo que con respuesta inmediata. A más de diez años de sorprenderme por la primera conversación virtual, puedo decir (tímidamente) algunas cosas:

  1. Nada supera a la realidad. No es lo mismo mirar a una persona en vivo, que mirarla en webcam. Una waa simplista, pero igual, la noticiamos.
  2. En la virtualidad, somos lo que siempre queremos ser. Somos más lindos, mejores conversadores que en vivo (créanme, he conocido seres verborreicos online que frente a uno no son capaces de decir su nombre completo, sin tartamudear) y más audaces.
  3. La verdad puede maquillarse, mejorarse, implementarse. La realidad duele así nomás. Si puede exagerarse o disminuirse, ten la seguridad que eso es lo que será hecho.
  4. La creatividad es una brisa de aire fresco, que atrae inmediatamente. Si alguien inicia una conversación con la clásica “ola linda, onde vives?” ten la seguridad que te aburrirás.
  5. Una mujer bonita sigue siendo bonita en la red y no se espera nada de ella más que mande fotos (afán fetichista de coleccionar fotos, masculino) y se deje ver en webcam (si se puede, sin ropa, pero pocos lo aceptarán como truth). Un hombre guapo deja de ser guapo si es un queso que no sabe ni hablar (y peor si tiene faltas ortográficas). Ni el webcam le salva. Somos diferentes, no hay duda.
  6. Todos los que chatean tienen carencias sociales. Les cuesta socializar, suelen ser trabajo adictos o viven en lugares inaccesibles. Me llega lo que piensen de mí, por siaca: soy tímida, trabajo como burro y vivo en la punta de un cerro.
  7. El choque entre virtualidad y realidad puede llegar a ser insuperable. Es un hecho de la vida, pero si no has dicho la verdad y encima sufres del punto 6, las posibilidades de que le gustes a ese pata son realmente pocas.
  8. Las relaciones que nacieron en el Chat NO FUNCIONAN. Si eres normal, claro. Tengo una amiga que se casó con un pata que conoció chateando en el Yahoo. Ambos estaban locos de remate, pero es una historia larga. Antes de dejarse llevar por el asunto, estaría bien tomarse el tiempo para meditar las cosas. Osea, puede ser que conozcas al hombre de tu vida, que escriba como Bryce (antes de los plagios) y que se vea regio en foto y webcam… date la oportunidad de dudar de todo y haz que la realidad se les aparezca. Conócelo.


Luego, este post está dedicado especialmente a mis queridos amigos virtuales, sobre todo a Giovanni (que se congela en Nápoles y hasta ahora no tiene novia), a Jason en Liverpool (que finalmente consiguió una que lo aguante, ¡valor mujer!), a Eva en Chile (que vive soñando como yo, con las oportunidades) a Gabriel en el D.F. (que ahora le recita poemas a su mujer y su hijo), a Mashall en Canadá (cuyas soledades invernales fueron llenadas por mi charla tonta) y a todos con los que me quedo conversando virtualmente cuando me siento triste, sola o aburrida y me hacen, por algunos instantes, feliz.

Updating en WordPress:  Esta es la gente que conocí, cuando entré a chatear, por primera vez a la internerd. Tantos amigos (los conozco a casi todos) que no he vuelto a ver…


Otro viernes

Imagen de aqui

Mi semana no ha sido tan agitada como yo pensaba. Pese a que me he tenido que lavar los dientes mientras me duchaba, un par de veces, mientras sacaba las cuentas de los gastos del mes. No. Nada agitada. Tengo un mes para crearproducirrealizar una pieza audiovisual de 30 segundos que justifique mi sueldo y la verdad, mi mente anda volando en cualquier lugar, menos donde debe estar. Mi mal humor vuelve a ser pan de cada día, pero no es el temeroso síndrome de abstinencia sentimental al que le tengo miedo (terror) si no la conciencia que me pide que me espabile, que me ponga a hacer los dichosos trámites, que me prepare mejor para dar mis exámenes, que cargosee para lograr las cosas que necesito y que sólo dependen de mis ganas. Pero yo, soñando aún.


Petete y la musa. La musa y Petete. Me andan empujando hacia la practicidad y la verdad, tienen muchísima razón. Creo en todo, como siempre. No creo en nada, también. Creo en los milagros, pero no que se me acercarán. Es probable que ellos (los milagros) tampoco crean en mí. Sucede cuando pasa. L´histoire de ma vie.


El pesimismo siguió esta mañana, mientras intentaba arrancarle mi título de bachiller a la oficina de Grados y Títulos de mi facultad. Tuve que hacer 3 viajes dentro de Lima calurosa del medio día, sólo para hacer 3 cosas idiotas que se pueden hacer en un mismo local, si es que se les prendiera el foco…Lo peor de todo es que me adobo como un pavo de navidad, con bloqueadores factor 70, sólo para salir a comprar el pan. Osea, el sol sale con punta. Quisiera usar una burka, para caminar en paz. Deseo el anonimato y que el sol no me achicharre…

¿Se nota que estoy de mal humor?


Luego, la normalidad vuelve a aparecer, por lo menos en la superficie. A dentro, el volcán sigue prudentemente en reposo.


Hoy ando en este mood. Sorry.

Una deseada presencia.

Erato, musa de la Poesía. De aquí.


Volvió mi colon irritable. Había desaparecido milagrosamente (eso quiero creer) en fiestas, y apareció ayer, nuevamente. Igual, para animarme, me senté a fastidiar a Petete, actualizar de fotos el feis, ver videos, mientras el martes terminaba, solitario, con una oferta virtual y una mirada con barrido de piso. Ninguna de ambas me interesa, pero es halagador. Merci beacoup.


Mi musa ha vuelto, también. No tengo ni la más remota idea de cuánto tiempo se quede. Ayer me pellizcaba mientras regresaba caminando a casa y tuve que memorizar lo que ella quería decirme. Para mi suerte, siguió en mi memoria, hasta que pude escribirlo en Petete. Me fui a dormir sin comer, ansiosa por lo que me había dicho.


Antes hablé de ella. De lo difícil que es tener un meeting, siguiera. Por épocas ha sido generosa y me ha dictado todo lo que le pegaba en gana. Muchas veces he escrito con mi propia sangre. Otras, amorosamente abrazada, en inicios de sueño, deliciosa modorra que sólo producía dulces frases antes de caer en la inconsciencia.


No es celosa y me sorprende su generosidad, porque yo sí siento celos de cualquiera que se apropie de ella. Envidio a aquellos que logran atraparla y sobre todo –perdón- a los que notan su presencia en los demás, y los ensalzan. Pero no, la fama no me serviría de nada, salvo para ligar. La póstuma me jode, porque los homenajes son premios consuelo que no se pueden recibir en el más allá. Me he desviado del tema, yo hablaba de ella…


Dije que ha venido. La tengo asida de mi mano, le hablo, susurro al oído todo lo que siempre quiso. Luego aparento que no tengo tiempo, que estoy decepcionada, que me importa un bledo y que lo mejor sería seguir con mi vida. Ella nunca me ha creído. Sabe que no puedo vivir sin ella. Es mi amiga, mi cómplice, la única a quien escribo mis bitácoras. La única de la que no pestañeo cuando se burla de mis traspiés constantes. Ella es yo, vista desde otros ojos, los míos o – como dijo una vez un actor- ella es yo, con otra piel.


No pensaba contarlo, pero ya está. Ahora viene el video de hoy.


Tomoyito, un amigo virtual que siempre me cargosea que la vida sería diferente para mí, si yo le hiciera caso, me envió un video que me pareció genial. Eso sí, puede herir susceptibilidades. Con esto le doy en la yema del gusto a un colorado que se cree el mismo, perverted. Naaada, papito… curioso, nomás. Ya les avisé.

Posteo para el primer lunes del olvido.

imagen de aquí


¡Vaya fiestas!. ¡Vaya fin de semana final de ellas!.

 

La he pasado agarrada con uñas y dientes a una carretilla vieja de montaña rusa que estuvo por desplomarse. Cuando finalmente se detuvo, bastante abollada, por cierto, miré asustada a todo lado. No había muerto, pero tampoco nadie me estaba esperando. Triste, como siempre.

 

Sólo me percato que sigo viva, que sigo en mis trece con respecto a lo que quiero de mí y del resto y sobre todo, he vuelto a escribir kilos de poesía. Eso es de agradecerse. Bonito conforte.

 

Pero como siempre, es un ejercicio individual que no puedo evitar. El amar, el soñar, el lamentar, el esperar, el entender, el disfrutar, el aceptar, todo junto y mirando la pantalla de un Petete que se deshace entre mis dedos. Too much para alguien que no suele creer en nada, más que en sí misma y en lo que puede hacer.

 

Como premio consuelo de weekend, me fui al cine. Esta vez sí que necesitaba compañía (ya saben lo que me encanta ir sola) e invité a mi amigo Luchito. El es, ahora, tan muñeco roto como lo soy yo: se está divorciando de su esposa, quien ahora está con su ex mejor amigo, una mexicanada total. En el afán de ver cualquier cosa, terminamos en esa pela para quinceañeras, Twilight. Nos dimos a la gula – ninguno de nosotros había almorzado- para contamos las desgracias, mientras nos empujamos el sándwich de hot dog más grande que logramos encontrar, con un litro de gaseosa light (hay que cuidar la línea) cada uno, porque somos conscientes que una pena entre dos es menos atroz (Esmeralda Checa, famosa filósofa perucha, dixit). Claro que las nuestras eran un par, pero cabían en la misma variedad.

 

La cantidad de chiquillas que asiste a ver la película es impresionante. Impresionante es no morirse de risa de la cara del galán y sus sufrimientos a lo James Dean. Mucho ruido y poquísimas nueces, que al menos servirán para que Lucho torture a su hija Zuu sobre la suerte que tuvo él de ver la pela que ella tanto ansía (está paseando fuera de Lima, con la mamá y el nuevo novio de ésta).

 

En la última escena, la protagonista quiere compartir el mismo destino que este doliente galán. Se ofrece en sacrificio. El se niega. Él no entiende que es una prueba de amor –saltar a tu abismo- en la que sólo demuestra lo que él ya sabe. El se niega, again. Supongo que es amor, también. Protección para una inocencia que puede perderse. También es miedo a que luego, ella se sienta defraudada de tanta inmolación sin réditos…

 

Ella insiste. Insistirá, parece, hasta que todo caiga por su propio peso. ¿Quién le ha dado a él la potestad de decidir sobre el corazón de ella? Cada quien realiza sus propios sacrificios, de acuerdo a sus fuerzas. Cada quien lucha con las armas que tiene. Cada quien sabe cuándo rendirse, cuándo echar la última bala… Al final, ella puede tener sus misterios, también. Luego, las frustraciones son puertas. Nos llevan a otros lados, o se convierten en atajos que van directo… y ahí lo dejo, para que no sigan hirviendo cerebros…

 

Lucho y yo nos miramos, entonces, en silencio. Muchas sublecturas para atacarlas con un par de frases de cierre. Ahí lo hemos intentado.

 

Feliz primera semana de Enero. Como la pases, será un reflejo de cómo será tu año. A mí ya me entró la depre, entonces.

 

 

El (los) video (s) del post: No sé si será algo que pegue seguido. Ni siquiera puedo decir que tendrá continuidad. Algunas veces será una instantánea sentimental. Otras veces serán cosas que encontré y que me gustaron. Eso sí, siempre serán botellas con mensajes, echadas al mar. 

Luego, no estoy ebria, pero ando entre Pisco y Nazca. Entre este video y el siguiente. Sabrán perdonar, ustedes también.

Al cierre: No creo que a nadie no le escandalicen los bombardeos a la franja de Gaza. Parece una maleada manera de desalojar a un inquilino que no se quiere ir, aferrándose con uñas y dientes a un trozo de tierra que ya es un hoyo. La ayuda humanitaria escasea y asombra el silencio de todos los que suelen cacaraquear (el más rochoso es el zambito), para horror del resto del mundo, que poco puede hacer ante la intransigencia de algunos que siempre se han sentido los elegidos…