Category Archives: celibataire

Círculos

Círculos

Brevemente.

Todo es circular. El clima cambia, la gente cambia, los lugares son visitados por nuevas personas;  un día amanece luego de una noche y así, todo lo que se va, vuelve.

Se organizan las limpiezas, se echa lo que no sirve, se apresta para recibir lo bueno. Fotosintéticos (me incluyo) van intentando atrapar al sol, que se va a otro hemisferio…

Ultramar, entonces, tendrá los amaneceres que yo he compartido con mis sueños, durante todo este tiempo. Que sirvan para que las cosas sucedan. Bien con ellos. Sigue el dedo sobre la línea, sin salirse del texto, buscando las palabras y caminado -algo tímidamente- por donde nadie le ha llevado antes. Así es el camino, qué remedio.

En tanto, le pido a James que me abrace, mientras canta. Estamos mirando a la lluvia, comiendo chocolates y -si se deja- me pongo buena gente y le hago la calceta… y hasta la cena. La culpa es del primer frío. Me enternece. Enjoy.

Así nomás

Así nomás

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Es viernes. Otra vez, viernes. He salido corriendo con Chucky, al colegio. No es mi tarea usual: su madre ha decidido que se toma unas pequeñas vacaciones, sirviéndole el desayuno a otras personas y, bueno, he tenido que conformarme con recibir el grito usual de una adolescente, por despertarla para que no llegue tarde. Espero que la adolescencia le tome dos años o yo ya no esté para el resto de lo que queda de ella. Juramento con beso.

Es viernes, pues. La gente baja el ritmo, pero el mío está a mil. Salir corriendo por mi propio desayuno y darme cuenta que Lima anda más linda que nunca, eso sí, si miras al cielo (con canto de pajaritos incluido)… pero sólo en Lima Norte. Me rondan los pensamientos de siempre, pero sólo mientras amanece y hasta llego a creer que en ése exacto momento, soy pensada, también.

Mientras tanto, llego a la oficina, desayuno en el escritorio, toda vestida de celeste cerúleo y voy decidiendo que les comparto esta foto. Es el fin del mundo, definitivamente. Este cielo veraniego es sólo el preludio del infierno. ¿Cómo van vuestros corazones? Los mios se intentan acomodar al invierno.

Igual, haré mi danza ritual de la lluvia, mientras salto con un pan en la mano derecha… Feliz viernes.

April’s fool

April’s fool

Too lazy to be sad

Too lazy to be sad

Ya sabes cómo es, estoy echada en el sofá -que me queda pequeño- con la laptop y la tele prendida, mirando Star Wars, en pijamas, con el cabello en una trenza enredada e hirsuta. Hace unas horas desayuné indolentemente, mi cereal con yogurt y una religiosa cucharadita de Algarrobina, porque hay que echarle vitaminas al asunto. El ventilador está estratégicamente colocado para refrescarme y el sol entra a raudales por la ventana. Debería levantarme, ordenar el depa, recoger los papeles regados en mi mesa de dibujo, lavar la ropa sucia, sacar el polvo inclemente que se pega a todo por aquí. En vez de eso, tengo la mente en blanco impoluto y me llega absolutamente todo. Me encantan estos pequeños momentos de dejadez, donde nadie me friega y el abandono es absoluto. Sé que no es posible mantenerlos constantemente, porque, vamos, no soy una isla desierta y en algún momento nos conectaremos todos, como una gran sinapsis.

Mi sinapsis, aquella que comparto contigo, sigue vigente, aunque las palabras sobren. Sigo despertando y quedándome dormida con la misma imagen en mi mente. Tal vez es un ejercicio inútil para alguien que tiene la experiencia de las carencias tan grandemente grabada sobre la piel. Pero pensar en tu existencia no es nunca en vano, aunque no logre nada con ello. Me levanta en las mañanas saber que existes, en algún lugar, de algún modo. Entonces, en estas últimas frases de cierre vendría algo como “tal vez, algún día tú aparezcas” pero, la verdad sea dicha, ya lo hubieras hecho sin que yo lo pidiera, porque, como dicen los gringos, “it’s mean to be”. Luego, no hay más que hacer que seguir caminando lo mejor posible, del mejor modo, resignándose una a que la vida es así. Al fin, mi mente vuelve a estar en blanco y yo sigo pensando que es un lindo día feriado, donde no quiero hacer nada y nadie puede hacerme entristecer.

Cada Vez

Cada Vez

El problema es de la inmediatez de la internet. Ya no me leen tres gatos, me leen cinco. Entonces, algunos no saben quién michi es ésta loca que habla con la nada -aparentemente- y sobre todo, no entienden de qué va este lugar.

La verdad, ni yo.

En tanto me voy dando cuenta si son peras o son manzanas, intento explicar que mi vida está cambiando vertiginosamente, espero, para bien. Luego, salga pato o gallareta, todo va saliendo como debe salir: a lo macho, nomás. Me puedo quejar del trabajo, me puedo quejar de los chamacones (la verdad ya me está dando pereza hablar de ellos) y puedo quejarme de la ciudad en la que vivo, pero en vez de ello, me involucro en otras empresas más satisfactorias que agarrar mi cachiporra y repartir guamazos. Ya tu ve. Ya tu sabe.

Necesito vacaciones.

Paradero

Paradero

Paradero

Paradero

Estoy aburrida de las situaciones fallidas que me rodean. Me he prometido sólo aceptar lo que viene de la manera que quiero. Es como pararte a esperar una linea de bus determinada. Todos vienen llenos. Algunos no, pero no van por donde quieres. Tu esperas y esperas a que venga el correcto. Van pasando todos, te provoca subirte a cualquiera. Sabes que ninguno, salvo el que esperas, te llevará a casa. El resto va a otros lugares, te pueden dejar cerca, pero ninguno, salvo ése, llega a donde quieres ir. Entonces, cuando esperas mucho, si te impacientas, tomas otro y te conformas. Vas jodidamente contrariada, porque no puedes esperar más y te resignas. O bien, te vas caminando, valientemente, hasta tu destino.

Hoy, me conformé y tomé otro, para darme cuenta que el que esperaba, venía detrás. Pero me quedé pensando en eso. Voy a pie.

Un año después

Un año después
No, entre gitanos no nos leemos las manos.

No, entre gitanos no nos leemos las manos.

Creo que nunca olvidaré la intención con la que lo dije. Tampoco olvidaré el porqué dije todo aquello. Tampoco echo al olvido a aquel que me hizo escribir éso. Las cosas como son. Uno se mueve, aunque no se mueva. La mente, poderosa mente, a veces nos juega pasadas (me he pasado todo el año olvidando cosas y pagando por ello) y otras veces, es como un tatuaje interno, indeleble. Pero uno sigue en lo suyo. Así es la vida. La mía cambia, porque, como dije en twitter, cambio yo; entonces, cambia todo. Para bien, siempre.

Odiándo como odio las efemérides, este año no haré nada más que poner, entonces, un misio link, desde los archivos. de El Dedo Ilustrado: Pongamos que hablamos de Amor. Y al carajo el resto.

Dedo Ilustrado Online & Uncut: tipología masculina

Dedo Ilustrado Online & Uncut: tipología masculina

Aprovechando el día del Pisco Sour y el fin de semana en ciernes, @fatimatv y yo nos dimos el gusto de grabar ésta emisión donde tratamos de un tema de interés primordial para las señoritas en edad de merecer (y la verdad, de cualquier fémina que sea lista y aprenda de las metidas de pata de otras), una tipología masculina de mucha utilidad. Lo hicimos breve, porque ya estábamos acabándonos el primer pisco y queríamos seguirle dando al asunto. Cameraman, la Negra, que tiene un talento innato.

Disclaimer necesario: CUALQUIER parecido con la realidad es pura casualidad. El que pitea, pierde. El video se ha hecho con fines educativos. Avisados están los picones.

Haven’t Met You Yet

Haven’t Met You Yet

Antes, cuando tenía un discman, el unico CD que tenía puesto, era el suyo. Una y otra vez, repitiendo las mismas canciones y la verdad, tal vez era como la cafeína. Estuvo en SNL y bien girly, lo pongo aquí. No, aún no te he conocido. Es tu culpa, la verdad. Nos leemos, nos oyemos.

Flash Forward

Flash Forward

Aquella pequeña e insuficiente primera vez, estábamos de pie, unas cinco personas, en una habitación llena de ventanales. Era una tarde de Julio, me parece. En el centro, un gran enredo de guirnaldas del año anterior. Todos estábamos en el afán de recoger alguno de los inicios y tratar de poner algo de orden. La puerta sonó y entró Gabriel. En aquel momento, al sostener él, aquel trozo de guirnalda enredada que había recogido del bolondrón ése, me lo quedé mirando, algo contrariada. Por algún extraño motivo, yo sabía que el extremo que él sujetaba, correspondía al mismo que sostenía yo. No era justo, pues. Yo trataba de que Gabriel no supiera que realmente me gustaba. Esta circunstancia estúpida estaba a punto de arruinar mis planes para hacerle sufrir como realmente se lo merecen los chicos de 16 años (yo tenía 15), que te ven linda y feliz. A los pocos minutos, él se acercaba, sonrojadísimo, para entregarme su parte (exactamente la misma guirnalda) y yo pensaba en lo asombrosa que era la mente, para anticiparse a las cosas o tal vez, para programarlas directamente.

A lo largo del tiempo, he visto en muchas ocasiones, aquellos ejemplos en los que la gente que me rodea, se anticipa a las cosas que pueden suceder. No, no hablo de causa y efecto; hablo de la completa casualidad, porque es realmente imposible prevenir ciertas reacciones, ciertas situaciones que acontecen. Algunas veces, he visto situaciones portentosas, otras, me he partido de risa porque es como si una ley de Murphy cumpliera con su objetivo, de la peor manera posible, y ante aquello, sólo queda reír, aunque no haga gracia.

Sin embargo, a mí, muy pocas veces me sucede. Pese a que siempre digo que detesto tener la razón, me es casi extraña aquella sensación de certeza. De hecho, tengo razón en algunas cosas, en base a mi pobre experiencia. No es un acto paranormal. Mi cerebro razona rápidamente y puede decirle a alguien “te vas a caer”, pero no veo más que aquella consecuencia de una acción que se puede repetir una y otra vez. Lo lamento, no soy cartomántica, no tengo el talento de algunas para ver más allá de lo evidente.

Pero una mañana, tuve la única certeza de toda mi vida. Me quedé ahí, congelada en el acto. Mi mente voló y regresó. Aún hoy, habiendo pasado tanto tiempo, sigo repitiendo esa sensación en mi cerebro; sintiendo el mismo escalofríos que tuve aquel día. Yo sabía qué sucedería, maldita sea, algún día. Yo sabía que, de alguna manera, ya no podía escaparme. Yo, que siempre estoy huyendo de todo lado. Aunque no me mueva. De hecho, huí. Pero vamos, cuando las cosas son inevitables, no importa cuánto corras, te siguen alcanzando. Caray, qué difícil es explicar aquello… saber el que el futuro te costaría la piel entera y aún así, hacerlo suceder… Y sin embargo, sé que no cambiaría absolutamente nada de lo hecho. ¿Es eso el Destino? (así, con mayúsculas) Pucha, ya ni sé.

I, Robot

I, Robot

El verano se pinta casi sin sol. El trabajo se pinta casi sin creatividad. Mi vida sentimental se pinta aburridísima. Mi vida intelectual sigue en lo mismo. Vuelve a su cauce mi mala crianza, mis malísimos pensamientos con respecto a la humanidad, mi colon irritable, aquella coherencia que no suele gustarle a nadie, salvo a mi. Me camino las calles, de regreso de todos lados, con mi fabulosa mente en blanco, con mi disco duro formateado, y el back up guardado en el mueble de la tele. Yo diría que me encanta este estado sereno, tranquilo, donde se ven todas las cosas claras, las metas dejan de tener esa neblina y hasta mis jefes me piden consejos. Lo único que se me ocurre es comer un helado bajo la garúa e ir en chompada a trabajar. Pensando que cada día puede ser el inicio del resto de esta vida loca. Vamos, hagamos que cada día pareza distinto… aunque no lo sea.