Nuca

¿Qué hacía yo en aquel auditorio?
buscaba la salida.
la gente estaba atenta a lo que empezaría
y el auditorio se iba llenando.
y derrepente, buscaba tu
figura
entre la gente,
buscaba tu espalda,
para besarte la nuca

y la nostalgia
me abrazó.

me quedé así
prendida de algo que nunca hice
mezclando los idiomas
como una loca
y pensando en una conexión
que reververa
de vez
en cuando, soñando.

texto 6 de un día 6

Imagen de aqui
Sentada sobre un atardecer rojo, vestida de azul, pienso en el caer de la tarde, el aroma del pan recién hecho, la conversación de los amigos, el calor del medio día, las sorpresas, los ayunos, las barbas, los pájaros, las flores de cementerio, mi mantra de las mañanas, los patines en línea, los lápices de colores, los videos de música, los desayunos de café solitario, un primer plano de mis ojos cansados, látex para un vestido, la página en blanco, la cucharada perfecta, un plato cuadrado, argollitas de plata, los chisguetes de óleo de mi color favorito, un par de vírgenes, el olor del médium, besos en el cuello, almohadas, Petete, mis amigas, un par de propuestas, mis pies sucios, las fotografías familiares, todos mis antiguos cortes de cabello, el último beso que me dieron, la primera vez que me sentí poderosa, todos los besos que esquivé, la última caricia que di por compromiso, el último mail, el primer poema, la primera pequeña felicidad, el ornitorrinco que ya no tiene poder, el primer orgasmo sorprendido, todos los comienzos olvidables, mi tele de 21 pulgadas, el contenido de mi refrigerador, regar a Arthur, los centauros que nunca me dejan, aquel cuadro que me obligarán a llevarme, Firenzze, mi cartuchera, los retablos que pinté, el mejor cd que tengo, el vaso de agua helada que me apacigua, el carné de biblioteca del colegio, mis fotos tristes, sus fotos inolvidables, mi último dibujo sobre la piel, las papas fritas con mayonesa, los 17 mails ininterrumpidos, las porciones generosas de tortas de chocolate, la canción que cantaba cuando nadie me escuchaba, la imagen que se ve desde la entrada de mi kitchenet, los consuelos intermitentes de mi madre, el camino hacia el paradero, mis obligaciones contractuales, el verso retornado, mi última borrachera, ¿cómo me veo dormida?, la palabra gigante, la musa que me coquetea –pero se irá si no vuelves, las películas viejas, la luz indirecta de mi lámpara, mis caderas inmensas, la risa de mis hermanas cuando están contentas, el polvo sobre las cosas, la muerte, mi sexo solitario en la punta de un alfiler, la injusticia para el que no puede, sus (tus) ojos misericordiosos, esa cosecha de duraznos echada a perder, un lapicero suspendido al viento, el elevarse en trance por un verso, lo que nunca le diré a nadie, las frases en inglés que siempre repito, mi padre leyendo, esa manera que tiene la gente de asumir cosas de uno, mi mesa de dibujo, el sillón rojo sobre el cual antes escribía, el silencio en el que miro religiosamente todos los días…pienso en todo, en nada y en ti.

Una carta de amor para un caminante.

Ojos de sol:

El mundo es un pañuelo. Un panqueque, un wantán. Es un choripán y también un cuenco. En fin, comida. Ahí te he encontrado, caminando, algo agotado.

Abres las manos y las mentes florecen. Abres los ojos y yo los cierro. Mucha luz.

La Legión que en mí habita sólo puede amansarse con tus palabras. Has conseguido que canten en coro, mientras que yo sólo pude hacerles gritar. Sigo, eso sí, haciendo que fabulen, cargosos, para mí, para ti. Pero ahora, ellos susurran a tu oído, todos los versos del mundo. Aquellos que duran dos días enteros y cuya lengua desconozco, mayormente.

Mi mundo contradictorio, donde el techo es el piso y viceversa, sigue siendo el mismo. Pero ahora tú estás sentado en la salita azul- mi favorita- queriendo convertirte en mí. Te comes los chisguetes de Oreo, cultivas los pinceles dulces y me miras divertido. Me invades en silencio, cuando me quejo de tu tardanza, para responderme: ¡pero si siempre he estado aquí!

El centauro –que ahora tiene ojos- finalmente, ha volteado la cabeza para hablarte sobre mí y no calla nada. Es tu espía más dilecto. No puede ser, me digo, estás en demasiados sitios.

Luego te cuelas entre mis sueños, para lograr dar discursos desde ellos, burlarte de todo en lo que no creo y caminar de puntillas sobre esa olla vieja que tengo en el pecho. Te has convertido en un puente, en ángel y en un lienzo azul.

Angélico me darás la mano y recordaré absolutamente todo. Entonces, es probable que no entiendas mi murmuración. Serán letanías de agradecimiento, que desde el inicio del cosmos se cantan en tu honor.

Perdóname la tardanza…

Perdóname la tardanza

miraba tanto al cielo

buscándote

Estabas ahí, a media cuadra

encontrando hormiguitas en

todas las grietas Perdón

Me distrajeron mis silencios

el parque Salazar un día nublado

las frustraciones de mi adolescencia

otros deseos apremiantes

no pude verte, te dejé a la de Dios cuando

juntos pudimos haber ido de las manos

Hoy muerto en vida, príncipe encantado

lo lamento, lo lamento tanto

Perdóname las lágrimas a oscuras

Perdóname su boca insuficiente

el tiempo perdido

absolutamente todas ellas las que serán, después de

esto es demasiado

amor y pena

olvidarte solito con tus miedos ancestrales

me siento tan culpable al

encontrar tus escombros

Sabiendo que pude…

Pero no hice nada.