Lo que aprendí de ti

Tú, intentando sostenerme, como siempre.
Tú, intentando sostenerme, como siempre.

A dibujar y a pintar.

A leer, justo cuando mis propios juguetes ya me aburrían.

A montar bicicleta (y tú no sabías montarla, nunca aprendiste, así que me sujetabas con ilusión)

A tomar micro.

A tener en cuenta que el dinero no da la felicidad y que en verdad es un medio para conseguir otras cosas.

A trabajar con humildad y a hacerlo bien, en una.

Esa exagerada honestidad que muchas veces juega en nuestra contra.

A amar a pesar de los errores de los otros y no tener miedo al “para siempre”

A ser puntual.

A considerar a la biblioteca de la casa como un mundo excitante para explorar.

Que el fervor religioso no necesita aspavientos, sólo una relación entre uno y Dios.

A tomar las propias decisiones en serio.

A que es preferible ser impopular a hacer cosas que no me parecen correctas.

A disfrutar del silencio, del reposo, de una buena comida.

A querer a mi país, más allá de los lugares comunes, por lo que ha sido, por lo que es y por lo que será. A tenerle fe.

A enseñar, más con actitudes, que con palabras.

A aprender todo lo que me sea posible.

A aceptar que los demás son diferentes y tienen algo qué enseñarme, por más negativos que puedan ser.

A disfrutar en la pobreza y en la abundancia.

A reír  sin miedo del propio ridículo.

A entender que nunca estaré sola…

Yo no busco que los hombres que ame, se te parezcan. Tienes muchos defectos que a veces me enervan. Sin embargo, quiero que tengan tus notables virtudes. Pero principalmente, quiero que vean lo que me has enseñado. Ahora que tu cinturón camina guiado por tus hijos, que vas por donde te decimos y no te gusta, te pedimos que confíes. Confía. Tan mal trabajo no hiciste.

Maestros

Luis Jaime Cisneros, compartiendo un momento de sano esparcimiento (y combate) con un grupo de profes, entre ellos uno al que dedicaremos otro post.
Luis Jaime Cisneros, compartiendo un momento de sano esparcimiento (y combate) con un grupo de profes, entre ellos uno al que dedicaremos otro post.

No suelo trabajar los sábados. Tengo la suerte de tenerlos libres para otras cosas que no puedo hacer en la semana, pero salió un evento qué cubrir y así acabé en la primera fila de una jornada docente, realizada en la UCSS, el día 16. Habían invitado a dos personalidades educativas, pero lo que dijo la primera de ellas, me dejó clavada en el asiento, de pies en punta y como sabueso que enseña a la presa, es decir, con todos los sentidos en ON.  No era para menos, pues; Luis Jaime Cisneros me hizo recordar aquellas conversaciones que tenía de pequeña con aquellos que ya no están y me felicité de haber caído por ahí.

Sólo posteo el video y pongo, a modo de fin, una cosa que dijo que me dejó pensando (en realidad, todo lo que dijo fue valiosísimo): “los textos nos ayudan a entender la batalla por buscar la verdad…” Amén.

Ausencia

Benedetti, mirándote.
Benedetti, mirándote.

Benedetti se fue despacito, pero nunca habló despacio. Ni siquiera cuando escribía poesía. Por alguna razón, era el favorito del imaginario masculino, junto con Sabina… pero ese es asunto de otros posts. Este, es para mostrarlo inmortal, infinito y clarividente. Genial.

Ausencia de Dios

Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Musas Desesperadas

La Musa del Silencio, Giorgio de Chirico.
La Musa del Silencio, Giorgio de Chirico.

Neblina al ras del pie, en Lima. Lápiz suspendido en la mano. Pensando en mujeres. Mujeres que escriben. Mujeres que mueren. Mujeres que escriben y se mueren. Mujeres que se matan, luego de escribir tanto. No son las mujeres que los hombres suelen esperar, ansiosos, para envejecer. Tampoco son aquellas que sonríen hablando de la confusión en high heels. Mucho menos las que mueren placenteramente, mirando su vida como un sunset.  Ni siquiera las que disfrutan del orgasmo merecido.

Mujeres – demonios. Conflictuadas, histéricas (aparentemente), hastiadas, ansiosas, obsesivas, dramáticas, intensas, clarividentes, sinceras, honestas, talentosas, incomprendidas. Mujeres heroínas que detestaron la rutina, que rompieron las formas y que pagaron las consecuencias de ser diferentes, con sus vidas.

Cómo las admiro y cómo desdeño a ciertas opiniones autorizadas que dicen que la era del conflicto + poeta ya fue. Digo, sin el conflicto, no se puede decir algo auténtico. Sin la contrariedad, sólo llenas las páginas de lugares comunes, de tontorronadas, de estupideces parroquiales que nunca pasarán del boletín de estante. Escribir es esclarecer la mente desde los dedos. Pensar en simultáneo con las palabras deslizándose desde la boca al papel o la pantalla. Ordenar lo poco que puede ser ordenado en un mundo confuso como este.

Dije que admiro a esas mujeres que escribieron, pero también me maravillo por las que ahora lo hacen y por las que vendrán.  Por sus vidas que pueden pasar desapercibidas para el resto, pero para  ellas, cada día es una aventura y un reto… que no todas logran completar.

Nunca cuando debe ser, María Emilia, Sylvia, Alfonsina, Virginia (y siguen firmas)… nunca. Todo para poner este video como pretexto. Enjoy.

Te recuerdo, Blanca.

Así la veía Syzlo. Así me gusta recordarla.
Blanca Varela, en plena juventud. Así la veía Szyszlo. Así me gusta recordarla.

Al final, se fue en silencio. Como suelen irse los que ya vivieron tanto y tienen mucho equipaje en el corazón. Deja una estela de la mejor poesía y la suerte de haber vivido una vida espléndida.

Descanse en paz, Blanca Varela.

Dama de blanco

el poema es mi cuerpo
esto la poesía
la carne fatigada el sueño
el sol atravesando desiertos

los extremos del alma se tocan
y te recuerdo dickinson
precioso suave fantasma
errando tiempo y distancia

en la boca del otro habitas
caes al aire
eres el aire que golpea
con invisible sal mi frente

los extremos del alma se tocan
se cierra
se oye girar la tierra
ese ruido sin luz
arena ciega
golpeándonos

así será
ojos que fueron boca que decía
manos que se abren y se cierran
vacías

distante en tu ventana
ves al viento pasar
te ves pasar el rostro en llamas
póstuma estrella de verano
y caes hecha pájaro hecha nieve
en la fuente en la tierra
en el olvido

y vuelves
con falso nombre de mujer
con tu ropa de invierno
con tu blanca ropa de invierno
enlutado

Blanca Varela. Donde todo termina abre las alas. Poesía Reunida (1949-2000)

Blanca se lee a sí misma, cortesía de la Revista Prometeo y el  Pen Club Perú.

Vacaciones útiles

Los mejores veranos, los de la infancia.
Los mejores veranos, los de la infancia.

Mi madre es maestra. No es una profe, así, pacharacamente como cualquiera ahora puede serlo, si le falta la plata y si no encuentra chamba en su carrera. Sin quererlo, sin pensarlo y porque no se le ocurrió otra cosa mejor, es maestra. Le hubiera ido bien de analista política, de abogada o de publicista. Fue educada en una época donde serlo tenía una mística y sobre todo, dignidad. A su carrera le dedicaba casi todo el año. Se la pasaba educando a los hijos de los demás. Cansada de aguantarlos, venía a vernos y ya se imaginan que la pobre andaba sacada de quicio la mayor parte del tiempo. Agotada, intentando de poner disciplina cuando lo único que ella deseaba era una ducha y a la cama, luchaba porque entendiéramos el valor de la disciplina, el orden y la verdad.

Pero en verano, ella era nuestro mayor divertimento. Le encantaba leer. Le encanta leer. Se sentaba en el escalón de nuestra puerta principal, con nosotras, pequeñísimas, a contarnos historias y si era necesario, a leérnoslas. Nuestros primeros recuerdos (los de la Negra y Chochi también) son sentaditas, apretadas a ella, mientras nos leía Corazón, de Edmundo de Amicis. Iba deteniéndose, explicándonos lo que no comprendíamos. Ayudándonos a imaginar, con olor de mandarinas, uvas que se pelaban, manzanas heladas, que nos dieron los mejores efectos especiales de todos los tiempos; para que nada se nos olvidase.

Cada lectura era un viaje que en nuestras mentes, aparecían como películas apasionantes que ella interrumpía ex profeso en el mejor momento: siempre ha pensado que el truco para leer ininterrumpidamente es dejar la lectura cuando más se disfruta. Bastante masoquista, digo yo.

Con mi padre metido en la escritura de sus libros, nuestro tiempo libre era cubierto por ella. Nos llevó de viaje con sus lecturas, nos enseñó a cocinar a cada una, nos enseño a coser, a limpiar de verdad, a que “cada cosa tiene un lugar en el espacio”, a que “vive el que se decide”, a que “el mundo es de los audaces”, que “el brillante atrae al brillante”… le aprendimos hasta los trucos. Nos llevó algunas veces a la playa, mientras nos aferrábamos con las uñas al viejo wolkswagen que conducía como primeriza.

De tanto en tanto, la veíamos con un libro inmenso en las faldas, y de tanto en tanto mirar al cielo también; un atlas del mundo, ilustrado, en el cual viajaba con la mente. Con ella aprendimos a hacer itinerarios, a caminar por calles imaginarias en tours imposibles, conocer historias diferentes. Con ella aprendimos a fantasear.

Luego llegaba la temporada pre inicio de clases y todo este conciliábulo de mujeres y niñas, quedaban postergado para algunas pocas épocas durante el año; se cerraban las puertas de los patios y mi madre dejaba de soñar.

Cuento todo esto porque ayer, no tuve luz en casa. Sin internerd ni cable, Chucky (hija de la Negra y mi sobrina) no tuvo más remedio que sentarse conmigo a escuchar lo que les acabo de contar y otras historias más… y no pudo desengancharse. Hoy la voy a encontrar subida en un banco, buscando algunos libros que ya nadie lee, en la biblioteca, muerta de la curiosidad.

Las vacaciones útiles, no son por los cursitos en los que te enchufaron tus viejos, ni si pagaron un dineral para que Satriani te enseñara a tocar guitarra, por ejemplo. Fueron cuando el tiempo libre compartido con ellos fue de calidad, y viviste los mejores veranos de tu vida.

Diciembre Infernal


Este fin de semana ha estado bastante surtido. Mucha actividad extracurricular (que incluyó cocinar un par de cuyes) y sufrir del estress de weekend que ataca cuando quieres ir al Mercado Central a comprar un par de waas, a chequear la chamba en la Feria del Libro Ricardo Palma…

 

Lima Centro: Horrible oye. Si tienes mucha urgencia, buenas zapatillas (para correr tras el choro o huyendo), sóplate el viaje. Sugiero que hagas tu lista de compras, calculando dónde se puede comprar y cuánto quieres gastar; y vayas en grupo, porque aunque hay serenazgo, la cantidad de gente es infernal y por ahí que te puedes perder… Me la pasé caminando toda Mesa Redonda, en el afán (ajeno) de encontrar la “mejor oferta”, lo cual es cuasi imposible, porque todos los vendedores se han puesto de acuerdo, para terminar comprando en el primer lugar en el que preguntamos. Aún me duelen los pies.

 

 

Miraflores y Feria del Libro Ricardo Palma: Qué te puedo decir… Miraflores es el nuevo centro de Lima, pero de una ciudad alterna, la que hubiéramos podido ser. Un amigo británico me dijo que detestaba esta parte de la ciudad, porque era lo menos “Lima” de Lima. Imagino que es la cantidad de turistas, los KFC. McDonalds, Starbucks y etc., por todos lados o tal vez, la ausencia (no tanto, tampoco) de los “verdaderos peruanos” (Alan dixit). Ejem, ejem… para que no se sientan mal (y en parte por todo el roche de los Malditos de Larcomar) han aparecido sendos letreritos caletas en las puertas de Saga Falabella:


 

Mmm ya.  Igual no me lo creo.

 

En la Feria del Libro Ricardo Palma, todo va…  como va. No está la editorial Norma y hay varios stands de libros tontos y caros, encima. El más lleno, el de los libros usados, Aleph. Por cierto, se agotó el libro de Fernando Vivas… Ninguna novedad, salvo el usual desfile de vacas sagradas; el viernes ví a Thays (qué terrible, casi sin pelo y resistiéndose al rape) y el domingo estaba desfilando (como siempre) Alonso Cueto & friends. Preferí quedarme con las chicas del Pen Club. Estuvo surtido y han mostrado su blog poetico (el que no encuentro). En el interin, les dejo con este.

 

Otro sí: Ligue de navidad.  Mujer caminando agitada rumbo al Mercado Central, por la calle lateral de la Catedral. Hombre que camina al costado y que intenta abordarla…

 

         ¡Qué hermosas son las mujeres peruanas!

         Esteee, gracias…

–      No soy de aquí, ¿sabe?

–      ¿Ah, no?  ¿de dónde es usted? -la mujer camina casi corriendo, para perderlo, mientras le mira de reojo.

         De Chiclayo.

         ¡!!

         Es que me siento solito… no conozco a nadie…

         No se preocupe, va a conocer harta gente… ¡guardiaaaa!!

 

Lo dicho, los peruanos no saben ni ligar. 

American Elections and MAD

Gracias al inmejorable regalo de Cecilia y Pedro (quienes estuvieron en plan hueving por NY en octubre) recibí el último número de mi adorada revista MAD.

Me he tomado el trabajo de scanear un especial de esta revista, sobre la “gran experiencia en política” de McCain. Luego de ese sesudo trabajo de investigación,  por mi mare que le creo que el cochocho ése, puede que conozca como nadie la historia americana… pero Obama es más cool, más benetton y mucho mejor orador…
clickear sobre ellos con el boton derecho del mouse “ver imagen”

Y luego de toda esa parodia (y en plan más serio), si yo estuviera en las tabas del zambuco Obama, estaría muerta de angustia, por todas las razones del mundo. Su elección será fundamental, por ser el primer presidente que representa a una minoría, por su la visión que aporta al resto del mundo, porque no gobierna a USA only… y nada, como esperando que no sea el fin del mundo, me quedo con lo que dijo el muñecón de CNN: “Sea quien sea quien gane, lo único seguro es que Bush no se quedará en la Casa Blanca”

AMEN!

Busco Musa

Sin Corazón (Oleo, circa 2004)


Estuve dándole vueltas y vueltas a la página en blanco. Lo hice con varias líneas de texto, párrafos enteros de cosas que tienen sentido, pero no el que realmente quiero. No le tengo miedo al silencio textual. Me jode no poder entrar en trance y empezar a escribir lo que mis dedos flacuchentos me exigen. Ya he dicho que no soy yo quien escribe, son ellos. 

 

También he dejado de pintar. Más que por falta de tiempo, porque  no me gusta lo que estoy haciendo y porque cuando aquello pierde su gusto, pues mejor no debe hacerse y ya. Mi último cuadro está enterrándose sobre mi caballete y tengo sinceramente ganas de patearlo escaleras abajo. No me gusta.

 

Desdeñosa con eso que la gente llama “sequía”, he visto que ahora, el cambio climático también me afecta a mí. Es probable que sea porque mi mente anda ocupada de cosas triviales, o tal vez porque no “sufro lo suficiente” como para escribir sobre ello. Tal vez, en el caso de la pintura, sea porque no me siento motivada visualmente a rellenar ninguna pared de mi depa, ya bastante llena de mis cuadros que no me podré llevar cuando emigre.

 

Pero de un tiempo a esta parte, me estoy dando cuenta de que mi sequía está basada en cosas más profundas. Es una especie de luto mental sobre el que tejo mi paso a la jodida adultez. Adquirir responsabilidades que ocupan tu mente mucho más que buscar el azul perfecto en tu paleta. Lo peor de todo ello es que con la adultez, mueren las musas (o musos, no sé si existe un género masculino para ello) perfectos y aparecen sólo fantasmas que transitan por un par de versos, para volverse a ir. Yo escribía poesía para alguien a quien amaba, un ideal alter-ego y, a quien creía, conquistaría con ellas. Era buena. Sé que lo sigo siendo, pero ya no tengo a quién sacar roncha con ellas. Ergo, mi inspiración alpinchista se ha quedado en silencio, mirándome desde otro lado, para aparecer como un espejismo, en momentos puntuales.

 

¿Desde la Prosa?

 

No, tampoco me ilusiono. No tengo a quién enviarle mis cuentos, tampoco. Luego, creo que probablemente, mi corazón se encuentra perfectamente drenado para ser utilizado como monedero o algo así. Acepto propuestas de uso alternativo.

 

Mi resquicio de palabra se encuentra pegado a estos posts y a mi bitácora personal. Y con este texto, le doy en la torre al post anterior. Pero así soy yo. Todo un rollo.

 

Pd. Últimas noticias: Dedo Medio le ha echado –para variar- la culpa a Toledo, en uno de sus conteos. Mi madre (a la que le suelo leer la revista, porque ha sido operada de la vista) ha llorado de risa, como siempre. Yo lamento que tenga tan pocas páginas, porque me la leo en menos de hora y media. Leo muy rápido, chsss.

Buenos Blogs de dibujitos, que ha aparecido (o ke he descubierto) de un tiempo a esta parte: El Cuy, Rotting, Roudoudou et Petite Bouclée. Otro blog que me ha hecho llorar de risa: El Ultimo Pelo


Posteo tardío de un día de feria.

foto de aquí

Como siempre, leyendo cosas por ahí, me quedé pensando en las cosas que suelo ver, algunas sumamente trascendentes para mi estancia en este planeta, que suelen pintar a la especie humana de manera que sólo puede ser descrita como desconcertante… osea, que me descomputan, caray.


 Ese domingo me armé de valor y crucé media Lima para llegar a la Feria Internacional del Libro de Lima. Era el último día y yo iba por dos buenos motivos: primero, para ver las “nuevedades” de la feria, segundo, para intentar inculcarle a Danigot el amor a los “libracos”, y despegarla de una puta vez del Disney Chanel y de la página web de Panfu (que voy a investigar más detenidamente), donde pasa la mayor parte del tiempo. Hasta  ahora, a los 10 años, le cuesta recitar decentemente la tabla de multiplicar del 7.

 

Asi que, en plan pedagógico y con mi padre (mi otro niño asignado), los tres nos trepamos a la 49 y nos acomodamos lo mejor posible para que pudiéramos despegar nuestros traseros al final de la av. Arenales, en plan trasbordo, rumbo al Jockey. Aún no cobraba e iba dispuesta a “romper” mi tarjeta de crédito…


 La FIL, de entrada, me dio un deja vu con la antigua Feria del Pacifico: todo el mundo paseando, todo el mundo exponiendo lo mismo que puedes encontrar en las librerías más conocidas…


 Pero bueno, yo no iba a hablar de la feria, la verdad. Iba a hablar de lo que me pasó ahí.


 Luego de arrastrar a Chucky (Danigot) hacia los stands de literatura infantil, rogándole que mirara más libros que aquellos que estaban asignados para las edades preescolares,   y que mi padre se pasara la mañana entera mirando tres puestos de venta, pudimos visitar –corriendo, con Danigot- un promedio de 40 puestos de los 200 de la FIL.


 Cuando nos comenzó a sonar la panza, nos alegramos de caer en el restaurante, armado especialmente en la FIL. Por un precio asombrosamente decente (para el Jockey, se entiende) almorzamos relativamente tranquilos. Todos, con nuestras recientes compras, casi sin mirarnos, íbamos comiendo. Y entonces, los ví.


 Llegaron, miraron al resto con sus caras de autosuficiencia, es decir, con una alta línea de horizonte, mientras un piquichón les pasaba los platos de comida. Se sentaron en una esquina apartada, pero lo suficientemente visible como para que nadie dejara de verlos. En sus caras, esas expresiones de “soy famoso, salúdame”, desconcertaban a la mayoría de la gente, que no los conocía (la mitad de Lima va a la FIL a comprar diccionarios, y estaban en rebaja) que veía a un grupo de tíos de aspecto culturoso, mirando a la distinguida concurrencia, sonrientes y con los ojos bien abiertos.

 

Yo, en medio de mi almuerzo, esforzándome porque Chucky comiera todo, mi padre no metiera la manga de su camisa en su ají de gallina y autobolsiqueándome para saber si había traído una Ranitidina, me los quedé mirando un instante, para reconocer a varios de ellos y me reí, entre colérica y aliviada, de no conocerles in person y no haber leído ni sus artículos en los diarios que dan cabida, como siempre, a la misma gente de todo el tiempo y sobre todo, a la gente que cree que tiene talento, sólo porque tiene ventana. Esa gente, que cree que porque conoce a fulano y a perengano, tiene la capacidad para decir “quién sí” o “quién no” es “Cultura”. Esa gente, endiosa a mediocres y ningunea genios. Esa gente, cuyo más grande esfuerzo ha sido pedirles a los amigos de papi que les den una oportunidad en sus diarios y medios de comunicación. Esa gente, que permite el embrutecimiento del resto y que gana reconocimientos por ello. Esa gente.


 Odio a las multitudes. Ergo, me fui antes de que llegara MVLL – ni idea que iba a ir- mientras todo el mundo esperaba entrar.


 Mi colon, irritado, reaccionó tardíamente, camino a casa.