Category Archives: idioteces

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Los posts que se me entrecruzan

Los posts que se me entrecruzan

Laberinto

Tenía ganas de ser políticamente incorrecta y lógicamente salvaje. Putamadrear a forro en varios idiomas y por muchos motivos. En vez de ello, me he quedado compartiendo links en Twitter, amaneciéndome haciendo tareas (cosa que odio sobremanera, no sabes) y durmiendo poquísimo.

Las noticias me despiertan de mala gana – es que la tolerancia al llanto de los entevistados en cualquier noticiero peruano, es cuasi absoluta (vende, pues) y eso se convierte en un mar- con su rosario de tragedias desde mis madrugadas, durante todos los días de mi semana. Me pregunto estúpidamente cómo es posible que algunos se la lleven fácil, otros se saquen el ancho y yo logre despertar aún cubierta por mi propia frazada, sin caer estrepitosamente al piso de la realidad. Literal y figurativamente.

Me he cansado de renegar de mi situación, de mi casa, de mi familia, de mi empleo, de mi barrio, de mi patria. Es sumamente fácil andarme fastidiando por todo lo que me rodea. Carajo, pareciera que uno volteara y viera una mala nueva, a cada instante. Es una epidemia. En vez de ello, me río a escondidas y observo lo mucho que necesitamos cambiar, si es que alguna vez deseamos llegar a alguna parte como nación, como especie, como planeta.

La vela de mi entierro, entonces, soy yo. De modo ridículo y cual granito de arena en playa de rocas, así de anémica va la cosa. En tal propósito tengo a la Quinua de los Dioses, mi bolsa de agua caliente, las canciones tuyas en mi reproductor portátil (novísimo, by the way), mis guantes de cuero, Petete Azul, el abrazo de Chucky por las tardes, el recuerdo de mi madre lavando los platos del almuerzo, los libros favoritos que dejaré en casa, el último beso que mi padre me dio en la frente, lo que en mi corazón guardo para ti, la carcajada de mi abuelo, todas aquellas frases en francés que nunca puedo olvidar, las divertidas groserías en italiano, la memoria de no autodefraudarme ni en pelea de perros…

Soy, pues, la dueña de mi propio destino y de mi propia cárcel. Tomaré, cual acrobacia cretense, al maldito toro de mi vida, por las astas y saltaré, para ser libre o morir en el intento. Deseo que todos puedan, en algún momento, hacer lo mismo.

Corre, Dream, corre

Corre, Dream, corre

Dove sei? www.no-miedo.com

Heme ahí, corriendo como loca, de un lado para el otro, pensando en toda la recargada agenda que se intenta cumplir sola, como si mi voluntad no fueran más que aquellas páginas garabateadas en las que las actividades se sobreponen, inclementes, para ser cumplidas, indefectiblemente. Los tiempos se me acortan para otras cosas. Ya no estoy en esperas interminables. Estoy al punto de correr, con los nervios tensos, mirando a los competidores, ajustando mi equipo, preparándome para una salida honrosa.

He dejado de ser quien era, para ser otra. Dejaré, luego, éste estado de tensión, también, para ser alguien que aún desconozco, pero que espero me dicte, con benevolencia, el futuro. Qué difícil es vivir consciente de todo, ¿no lo crees? Es peor, cuando sabes que, por más que te esfuerces, para algunas cosas, terminas quedándote en el mismo punto de inicio.

Y sin embargo, ahí estamos. Terquísimos, Legión. Cual Galileo (pero bien chafas, a decir verdad), dándole la contra a lo “políticamente correcto” para quedarme con el “sentido común” -tan venido a menos, últimamente- insistiendo en que hay cosas que no pueden ser de otra forma, más que de las que ya son. En ese dancing, donde el discernimiento pareciera ser un ejercicio cruel, sólo quedan un par de opciones: persisitir cual cojuda, o morir en el intento. Voy a lo primero, en camino a lo segundo.

Eppur si muove, lupo. Ci vediamo.


Tráfico, tráfico y más tráfico

Tráfico, tráfico y más tráfico

Por la madafaca: ahora no necesito despertador para levantarme temprano, porque el tráfico se desencadena en mi puerta, todas las madrugadas, allá por las 6:00am y cuasi a oscuras. Algún imbécil conductor da el bocinazo inicial y el resto le sigue, sin caer en la cuenta que va por un barrio residencial y a ésa hora. Un par de veces me he parado en medio de la pista, para que me dejen pasar a la vereda de al frente de mi propia casa. En esos felices momentos, es cuando recuerdo a los ancestros femeninos de todos los alcaldes locales y al burgomaestre de ésta tres veces coronada villa de Lima; deseándoles que vayan al infierno, el cual debe parecerse a la av. Javier Prado o al cruce de Tomas Valle con Panamericana Norte. En ambos casos, a las 6:00pm; ellos, de pie en una coaster de 2da mano, japonesa, de ésas que eran para transportar niños y que tiene el techo bajo.

Con decir que mis vecinos evangélicos han dejado de oirse, del tremendo tránsito. Cosas de la vida, como siempre decía mi hermana menor; lo que viene, seguro que será peor.

En tanto, para que lloriqueen conmigo y se la juren uds también a su alcalde favorito (no se olviden del alcalde provincial, mudo y futuro candidato a nuestra charcherosa presidencia, don Luis Castañeda Losio), les dejo con esta joya del videoreportaje; espero ganar el pulitzer, pero que a mí me premien con un saco de roscas de yuca, que no soy exigente.

Ci vediamo.

Las 3 Maldiciones

Las 3 Maldiciones

Je ne sais pas.

Je ne sais pas

Dentro de las múltiples estupideces que me suelen acontecer con regularidad, están un par de cosas que suelen ser consetudinarias y por lo mismo, son como una pauta alucinante, puntual y que debería aprender a sobrevivir con ellas. Las cuento, con el afán de poder advertir, a todos los que tengo contacto, de que son sinceramente contagiosas, o que toman variaciones, dependiendo de la condición de mis seres queridos, conocidos o túyasabesenquéandamos. Avisados, pues, las enumero.

El vendedor de bus.- Es casi inevitable, que, sin importar lugar en el que me encuentre en bus, micro o transporte masivo que sea, siempre tendré al vendedor, parado a mi costado. Sin importar qué venda, si es que desea protestar por algo o solicitar una donación, sin interesar si está vivo, enfermo, si quiere hacer un espectáculo, compartirte “la palabra”, cantar una canción, si el medio de transporte está lleno, vacío, si hay más espacio en otro lugar, simplemente para dejar su punto de vista en claro o por el motivo que sea. Inevitablemente, se detendrá a mi lado y me tomará de ejemplo para un chiste o me dirigirá su speech, o tal vez me se empeñará en que yo logre tener el ejemplar de lo que está vendiendo o lo que sea que diablos quiera decir. Siempre empezará conmigo. Aprovechará que estoy dormida, para despertarme o insistirá en que soy una salvaje por que no quiero “colaborarle”, e incluso intentará arrancharme la cartera, los lentes o tal vez, bolsiquearme. Aún recuerdo, que en mi psicosis, he hecho sinceramente el ridículo, como aquella vez en la que aquel vendedor de caramelos subió a la coaster en la que me encontraba, para dar su speech. Aprovisionadísima, me puse los audífonos y decidi que le ignoraba olímpicamente, pero el muy cachasiento me miraba -yo no le oía- y gesticulaba, mirándome. Exagerada como suelo ser, cuando algo me llega a la pepa del alma, le mandé a la sincera mierda y me quejé amargamente por que no me dejaba viajar en paz. Todo para descubrir que el pobre tipo estaba recitando un verso y había hecho contacto visual conmigo, símplemente por que yo le hacía recordar los textos. “pero señorita, si yo no le he dicho nada…”

Mención aparte -para que no me digan que soy una insensible snob- diré que al final, la culpa no es de ellos, pues tienen que ganarse el pan y francamente, la calle está recontra dura, teniendo en cuenta que encontrarse con gente que los ignora, o los maltrata o hasta les hace daño, pues qué soy una raya más al tigre de su búsqueda del pan de cada día. Eso me hace conformarme, mientras, consetudinariamente again etc, se paran a mi costado, para hacer su espectáculo y me gasto fortunas colaborándoles…

El cine.- las posibilidades de encontrar a alguien que me malogre la proyección, es directamente proporcional al interés de ver la película. Es decir, a más interés, más jodería. Sin importar si fui a ver un estreno, o un refrito o tal vez un cine club, mi timming para encontrar un imbécil que patee mi silla o hable mientras se muestra la película o tal vez se dedique a cantarse toda la banda sonora, es un hecho, sin importar a dónde esté. Una vez fuimos sólo tres personas solitarias en una sala de proyección, pero eso fue un mediodía en un mall de Mendoza (Argentina) y eso no cuenta, porque no era en Perú. Aquí es la cosa, parece. Mi usual es encontrar sabelotodos que se anticipan a la trama, niños que patean mi silla, parejitas cojudas que llegan al último, para chancarme los pies al pasar, niños en pecho que lloran insoportablemente a menos de 5 metros, familias enteras que se hablan a gritos de fila a fila, gente que ronca desaforadamente y parejas que no tienen plata para un telo. Quisiera decir, a favor de esta gente, algo, pero sólo se me ocurre que debería haber un virus selectivo, que sólo elimine al que no deja ver una pinche peli en paz y que espero que ya CIA los localice en one, porque no creo ser la única que sufra de esta desgracia que es el espectador chancho. Mueran por favor y déjenme ver la película en cuestión, en paz.

La caída.- Así como hay SPM, como el clima afecta el carácter de las personas, como el stress ataca a los trabajoadictos, así, aparece en mi, el famoso “síndrome de la caída”. Empieza con los habituales tropezones, para terminar con comprobaciones espectaculares de la ley de la gravedad del planeta tierra -nada graves, felizmente- en los que siempre mi reacción es la misma: me cago de risa. Sufro un desdoblamiento, que me permite observar mi ridículo espectáculo y es inevitable la risotada, así esté en el piso de Palacio de Gobierno. Este evento, va ligado a aquel pánico por hacer trámites, tratado en un post con anterioridad. De hecho, va encadenado a cualquier tipo de estado nervioso, con lo cual, si me ven tropezando por algún lugar de la gran Lima, sólo ténganme mucha pena, me ayudan a levantar y sacudirme el polvo, recogiendo mis pertenencias y, caletamente, cambien de tema, porque me choca como los demonios que se la pasen riéndose de mis tropezones, porque aquí la única que se bacila por ellos soy yo. ¿De qué otra manera podría ser, sino?

No hay más que decir al respecto, que si, también te suceden esas maravillas, alza la mano si tú estás gozando y resígnate a pertenecer a ese grupo selecto de cojudos a los que la vida nos tienen reservados más eventos ridículos, que trataremos de pasar con dignidad y buen humor, a pesar de todo. Beso en la yaya.

La Vida Exagerada

La Vida Exagerada

Nos alocamos. Nos alocamos.

No me animo. No me animo a narrar mis usuales cojudeces cotidianas. No las virtuales, que para éso sólo tienes que leer mi timeline. Claro, ya sé que, de entrada me vas a mirar con el labio superior levantado en ángulo y la fracesita “eso no me dice nada de ti” y luego cerrarás la ventana. Ufff. No sabes lo que te pierdes, chéri.

Como sea, el asunto es que ya llegué a la conclusión de que me desequilibran a morir los trámites, sobre todo cuando vienen acompañados de un papelito que dice algo como “tiene usted 60 días para…” y me aloco. Incluso luego de escribir la frase anterior, corrí como insana desatada a ver los plazos de algunos trámites pendientes – me asaltó la duda de que alguno se haya vencido- y luego, al baño. Cosas de la angustia.

Mi madre me dice “¿te muñequeas, no?”, mientras me ve sostener, temblorosa, los papelitos de los dichosos trámites que parecieran no tener fin. Haciendo un flashback, sí, me muñequeo como la madafaca. Ya era mi costumbre, en mis épocas universitarias, equivocarme de aula los primeros días de clase, porque simplemente no había leido mi matrícula y horarios. Eso sin contar que solía olvidar las fechas de inscripción, entrega de documentos o tareas, recojo de credenciales y exámenes de todo tipo. Aún tiemblo, recordando a aquella funcionaria del Británico, que me trató con la punta de su taba, por llegar tarde a la entrevista del IELTS y que nunca me creyó que yo en verdad soy una nerviosa consetudinaria, que se olvida de absolutamente todo, hasta de que tenía que llegar un par de horas antes para dar un speech a una gringa. Por supuesto, de nada iba a servir alegar -tal cual hago en este post- y empezar a contarle, con lujo de detalles, cómo es que me recontra descomputan los trámites de todo tipo e intentar, ahí mismo, de sacar alguna conclusión al respecto. Claro que no, pues. Me fui derrotada (perdí el examen, perdí el caro pago y perdí mi autoestima) e intentando autokickearme como no tienes idea.

A veces pienso que el asunto de olvidar las cosas es como un aspecto suicida de mi personalidad. Algo que todos suelen tener en una medida, poco o más. Algunas veces he coincidido con otras personas que piensan lo mismo. Aquella actitud suicida que te hace esperar el último momento para hacer las cosas, para pagar impuestos; salir con las justas, de casa rumbo a una reuna a la que debes de llegar puntual; ir por aquella ruta, pensando “tal vez hoy esté menos congestionada”… entonces, los plazos vencen minutos antes; haces mal los trámites de los impuestos y tienes que pagar multa porque no tendrás más tiempo; no encuentras taxi o bus y llegas impuntualísimo a la reunión; caes en un atracadero de miércoles… Luego piensas que es la Ley de Murphy y no pues, es el Merovingio lo que resuena en tu cascada cabeza de huevo frito. Puta causa, puto efecto.

Entonces, intento establecer estrategias de vida para recordar lo cotidianamente necesario para no colapsar en el limbo de incompetentes. Me compro agenda, pongo notas en los calendarios, me cambio de posición los anillos de las manos, hago que los demás (cuando es una pena compartida) apunten los mismos acontecimientos o tareas o simplemente, me despierto a media noche para hacer aquel pendiente que, estoy segura, olvidaré al amanecer, cuando me despierte soñándote, como todos los días.

En tanto, esta exagerada vida de una exagerada mujer que exagerándolo todo, exageradamente cuenta lo que exageradamente viene a bien sucederle. Nada más, ni nada menos. Te dejo, que tengo que tramitar esta publicada, antes que venza el plazo o me olvide de hacerlo. Chau.

Pd. Le robo el título a Bryce. Lo mío sí es homenaje, no copia. Digo.

Aquí iba a haber un post

Aquí iba a haber un post
francesc Zaragoza Blanes

Les petjades del passat i la mirada cap al futur francesc Zaragoza Blanes (Empùries)

En serio. Iba a hablar sobre mi dilema de éstos últimos días: seguirme pintando las canas o simplemente desistir y verme cual jeune María Kodama, pero sin Borges- con todas sus implicancias intelectuales y estéticas (creo que las segundas, más importantes).  En vez de eso, hay esto, pues; un post sobre lo que querría y no tengo.

Tiempo y dinero. Tiempo para hacer todas las cosas que me gustan (entre ellas, dormir) y dinero para pagarlas, en su justiprecio. Tiempo para decir todas las cosas que siempre me gustan decir, como regalitos escritos y dinero, para poder estar en todos los lugares donde me gustaría estar (con sol y sin zapatos, se entiende)  con una sonrisa de oreja a oreja y el olor a mar en la cara.

En vez de éso, ésto.  Lo lamento. Para la siguiente, seguro.

Pendejadas de a pie

Pendejadas de a pie
peatones

Peatones imprudentes, serán multados. Las autoridades pretenden detener racha de accidentes, por ese lado también.

Pendejo, en peruano, significa sinverguenza, vivazo. Aquí nos creemos pendejazos. Evadimos chamba, pagado de impuestos, ordenanzas de todo tipo y le llamamos “criollada”. Nuestras autoridades (en las cuales, sin duda habrán hartos pendejos como nosotros) están intentando algo. Mostrar, con algunos indicadores, que ya estamos dejando de ser un país de informalidad y atraso. Se les ha ocurrido multar a los peatones que cometan imprudencias, que podrían generar accidentes. Mucha gente ha dicho “oie, pero qué genial, pero un poco exagerado, digooo” y otra habrá pensado bien bajito en que, es un fastidio y que probablemente no pase de una leguleyada que los policías no aplicarán. Yo estoy en el tercer grupo de los que suspiran diciendo “al fin”… pero con un “pero”.

No me explico porqué, el peruano tiene pegado al hueso la idea de que “hecha la ley, estará hecha la trampa” y justo por ello, podrá saltársela, olímpicamente. ¿Será un asunto local? Debe serlo, porque no me figuro a un perucho pasándole con el carro encima al pie de un policía de California, por ejemplo, sin convertirse en un episodio de Cops y tener su fotito con números en el pecho, de rigor. Claro, las posibilidades de que salgas bien librado, aquí en Perú son absolutamente grandes; allá te plantarían la pistola eléctrica si te pones faltoso y listo.

Todo este rollo para decir que, con esta currícula escolar de adefesio, donde la Educación Vial básica brilla por su ausencia (me parece que aún la enseñan en el kinder o el nido, si les parece), las autoridades han terminado aceptando que deben de regular con multas el asunto de pedirle a la gente que cuide su vida y no friegue al señor conductor- habida cuenta que él mismo es un chango con carné. Las multas no me molestan, pero, por la madafaca ¿Es que no pueden ser parte de una campaña furiosa de Educación, que no empiece con esos cojudos mimos que se paran en los cruces de esquina, sino con un lavado de cerebro en colegios, academias, institutos, clubes deportivos, clubes de madres, de jubilados y cuanta institución encuentres? Caray. La sanción debe llegar cuando, existiendo la educación y concientizacion, te saltas la norma; no con el afán de castigar lo que nunca se explicó.

No sé, pero pareciera que a nadie se le ocurrieran las cosas aquí. En lugar de tomar a los actores de una serie torreja de TV, como candidatos para funcionarios de un gobierno local, deberían pillarlos antes, para hacer campañas de bien social como “respeta las señales de tránsito” “no eches basura en la calle” “observa las leyes básicas de la urbanidad” “sé honesto en todo lugar” etc…

Es decir, que si a nuestra genética pendeja, se le añade la ignorancia, estamos perdidísimos si creemos que con sanciones económicas podremos hacer algo. Algo se hará, sin embargo, pero no será el optimo resultado y, sinceramente, como que ya harta el famoso “casi casi”, insignia de mediocridad que nos impide explotar todo el potencial que tenemos como país. A ver si la pendejada se nos aparece para mejorar en todo sentido. En todo caso, pendejada creativa es la que necesitamos. De esa hay también, pero no tan publicitada.

Oportunidades Futboleras

Oportunidades Futboleras

gourcuff

Yoann Gourcuff, tremendo lomo de la selección francesa (a estas fechas, eliminada sin asco, pero ese es otro tema). Nuestro favorito. Si no ven la oportunidad de negocio aquí, pues no ven nada de nada.

Soy curiosa, antes que publicista. Últimamente, más futbolera que mi propio padre (ya traté un par de post atrás) y me he dado cuenta de un par de cosas que podrían cambiar en este campeonato mundial. No son en ese orden, pero dale, van interesantes.

El personaje femenino en el panel de narradores de un partido. Wait, no existe. Estúpidamente no existe. ¿acaso no se han dado cuenta que un gran porcentaje de televidentes son mujeres? Lo ven obligadas por que tutti li mundi ve correr a 22 locos por un pampón; o lo ven porque se han enterado que hay más cueros que Beckam o Cristiano Ronaldo, jugando. Who cares, la cosa es que LO VEN. Estadísticamente las mujeres aventajan mundialmente a los hombres, en cantidad. ¿Por qué no ofrecerles info relevante para ellas en los partidos y coberturas? Imagínense una vocecita que comenta sobre un jugador:

“y bueno, Pepito Pérez, que ahora juega por el equipo ABC, antes estaba en el deportivo NN. Una lástima, es casado con una fulanita que le ha puesto los cuernos con un antiguo entrenador, pero él la perdonó, porque la tipa es reeegia. Ella fue novia de Juanito Lopez, otro que también juega en el equipo de Pepito y la verdad, se llevan pésimo. ¿Han visto los uniformes del equipo? Los diseñó Lagerfeld. La tela la mandaron a hacer a la NASA… “

etc.

Los uniformes pegaditos y los cueritos. Vamos, pues. Esos niños están haciendo ejercicio constante. Estan absolutamente saludables. Perfectamente cuidaditos, merecen mostrar todas sus gracias al público femenino. Cual gladiadores modernos (y en eso sí que les lleva ventaja el Rugby) se sacarán la madre, con prendas que dejen ver su soberano esfuerzo y sus músculos. Con tal fin, los entrenadores les harán sufrir horas extras en el gym, porque hay que rellenar los uniformes. Éxito total. Las damas estarán comprando palcos en estadios como poseídas, haciéndose socias de cualquier club que promocione lomos que jueguen los 90 minutos completitos y cualquier tiempo reglamentario y por normar.

Con esas dos pequeñas ideas, les aseguro que el siguiente mundial podría convertirse en pandemia. Que luego no se la pasen preguntando cómo hacer para vender más. Ahí les dejo el inicio de la madeja. Hagan su chamba, por favor.

Domingos

Domingos

Ester Resting on Arm

Ester Resting on Arm - Laura Smith

Siendo que cada post aquí viene a ser como una pequeña página de bitácora, debo contar que tengo ciertos rituales, para ciertas circunstancias. Como debe suceder, aquellas acciones que se realizan una y otra vez, mejorando -eso sí- el tiempo de realización y la significancia de las mismas, cubren necesidades básicas que deben ser cubiertas, a como dé lugar. Manías de solter(on)a.

Por ejemplo, los domingos no me levanto de cama, sino hasta las 10am. Puedo despertar antes, pero doy vueltas como tequeño sobre aceite hirviendo, en mi cama. Luego abro un ojo, me cubro cual momia y sigo dormitando. Algunas veces alguien llama al celular (al cual respondo si es que olvidé apagarlo la noche anterior) o simplemente grita bajo mi ventana, para saber si no he muerto. Pero no puede ser más tarde, pues tengo una iglesia evangélica a la espalda de casa (oh, no pregunten), cuyo servicio principal empieza a poco más de las 10:15am, con el consiguiente derrame histérico, que me pone histérica a mi también. Hasta que encuentre una bazooca a buen precio, no me queda más remedio que cambiar de locación, ipso facto.

Los domingos me siguen angustiando un poco, por un par de asuntos opuestos: el fin de semana corto (los domingos deberían tener un par de horas más, por lo menos, de luz) que me compromete a vivir, indefectiblemente, una semana siguiente en la que agradeceré por tener empleo, salud y gente a la que aún le preocupe, pero que me sacará canas verdes; aunque también solía enfrentarme a la usual búsqueda de chamba y autolevantarme la moral para enfrentar el tour de entrevistas, dejada/volanteada de Cvs y viajes cuasi interprovinciales a lugares donde -probablemente- escogieran a otro más barato, menos problemático (entiéndase, pisable) y que no llegue a la veintena. Es decir, uno salta de la pesadilla escolar, a la laboral, en un tris y en él se queda, para toda la eternidad.

Sin embargo, los domingos parecieran modelar el carácter. Te hacen enfrentarte a lo inevitable y así, te lanzas a vivirlo. ¿cuál futuro, oie, cuál mañana? Eso no existe. En unas horas será mañana y será tu hoy. Despelote pues, el asunto de entender que, a la merde, saltamos a la semana que viene, con el cinturón ajustado. Ya se encargará el viernes, de abrirse, soñador, sobre el siguiente weekend y así, vivir, viviendo.