Category Archives: música

Despierta

Despierta
Sleeping Beauty

Credit: www.sxc.hu

Es enero, tengo frío, y hoy dicen lo meteorólogos que nevará. Despierta, me toca hacer las compras, el saco será pesado y tomar un taxi es carísimo, me vendré en bus, tienes que ayudarme a cargar todo. Despierta, he hecho causa limeña, me ha quedado deliciosa y te podrás comer una tremenda tajada, si quieres. Despierta; saldremos caminando de la mano por las calles, a pesar de nuestro frío norteño. Iremos a aquel parque inmenso que queda a la vuelta de casa y veremos la ribera del río congelarse, en tiempo real. Te prometo que estaremos bien abrigados y no me quejaré en lo absoluto, del frío. Nos abrazaremos, para que no sientas frío tú, en todo caso. Estrenaré mis botas de nieve, inmensas. Parezco el abominable hombre de las nieves, tan cubierta; exageradamente abrigada. No me importa. Nos abrigaremos con palabras, también. Me vas a contar en qué diablos has estado haciendo toda tu vida. Nos reiremos, luego te quedarás pensando. Tus ojos, que tienen el color del caudal que se va helando, cambiarán de tonalidad mientras reflexionas. Yo haré que no me doy cuenta de nada, que las palabras sobran y tal vez te cuente algunos secretos.

Despierta, hombre, despierta. Tienes que leer mis textos, escucharme cantar por las mañanas, mientras lavo flojamente la vajilla de la noche anterior. Necesitas que alguien te sostenga los objetos que vas tirando, manos de mantequilla. Tengo buenos reflejos, me asombra darme cuenta. Nos dará risa al principio, luego nos enojaremos, finalmente volveremos a reír. Necesitas despertar aquí, en medio de éste silencio, que a veces relleno con mi propia voz. Necesitas cambiar de aires, escuchar otro idioma, mirar a otra gente. Tienes que despertar para ver mis dibujos, mis proyectos, para participar de ellos, como lo hubieras hecho, si no te hubieras quedado dormido, así, de repente. Despierta, chéri, despierta @cerati.

La forma como decimos adiós

La forma como decimos adiós
Comer Rezar Amar

Comer Rezar Amar

Copión título de peli, Comer Rezar, Amar. Tal vez por que hay una versión asiática, donde una familia vive su vida alrededor de una mesa y los deliciosos banquetes que en ella se realizaban, se intercalaban con la resolución de sus problemas o el surgimiento de otros. En éste cuasi extraño homónimo cinematográfico, el personaje de Julia Roberts, que pasa de relación en relación, decide tomarse un sabático de todo y “encontrarse”. Como buena gringa, no le es posible encontrarse entre sus rascacielos y sus rednecks, sino que viaja a Italia, India y Bali.

Yo me pregunto ¿cómo “se pierde” alguien? ¿un día despierta uno y dice “miércoles, dónde me dejé”? O simplemente un día uno se queda olvidado en algún micro, o tal vez en el baño de algún restaurante o hasta en una cama ajena. Y entonces empiezan las contrariedades; uno se empieza a rebuscar los bolsillos, revisa la mochila, la cartera que usó el miércoles pasado, comienza a hacer un remember de todo lo que hizo aquel último día en el que recordó haberse visto por última vez. “Cielos, debo haberme quedado en el taxi que tomé para llegar a tiempo al trabajo, el martes…”

Luego, si es desconsolable, la pérdida, andas como alma en pena, literalmente hablando. Estás perdidísimo, te echas de menos. Te recuerdas siendo como eras cuando “estabas” y ahora que “ya no estás”, sientes el vacío de tu propia ausencia. Ahora, si eras un maldito imbécil y al perderte se fue la parte fea de ti, puede ser un buen negocio haberte extraviado, porque al final lo que no necesitas puede irse yendo para donde quiera y que lo pille un tren, digo. Pero si realmente te echas de menos y quieres recuperarte, porque sólo tienes un “tú” y una vida y qué diablos, te necesitas para vivir los siguientes 40 años, es necesaria la búsqueda.

¿Cómo se “encuentra” uno? Bastante roche hay en que se haya perdido, pero como anda de moda el asunto de “encontrarse”… Bueno, a algunos no les da tanta verguenza o tal vez se la han tragado y claro, se es necesario para sí mismo y etc. Otros, como el personaje de Roberts, se dan el viaje lejanísimo para descubrir que lo único que necesitan es vivir. Vivir, no es necesariamente terminar trabajando en el África o hacer ladrillos en Huachipa. Vivir es vivir, es hacer lo que tienes que hacer para que tu vida esté llena de las cosas que te gustan, de las que te hacen crecer. Con esa capacidad para decir “aunque no quiero, debo” y asumir, maldita sea, la madurez, sin perder el tercer ojo (mi favorito) que en verdad es mirar como un niño curioso, todo.

Encontrarse, curarse, vivir. El personaje de Roberts tiene el Spaghetti al Pomodoro con las penumbras deliciosas de Roma, el silencio de las meditaciones y el paisaje de Bali en los brazos de alguien que también tuvo un “encuentro” consigo mismo. Bastante fútil, bastante hollywoodense y bastante huequi. Al final, si te sientes perdido, te encuentras en cualquier lugar. Desde la orilla del mar más hermoso, hasta en el paisaje que muestra la ventana de tu propia oficina. A mí me queda el Metropolitano y tal vez, Huacho; palabras de @claudics que son absolutamente ciertas e hilarantes. Pero en verdad, me queda cualquier lugar, por mínimo que sea, me quedan los textos que no releeré, porque ahí di mi corazón, me quedan las fotografías que no borro aún, me quedan las costumbres. Me queda el futuro, que siempre me llama a vivir cada día, porque si algo que nunca pierdo, es la esperanza de mirarme al espejo que no tirará la toalla, que no me dirá “chau”. ¿Capici la idea?

En tanto, mi “encuentro” conmigo (contradictorio, porque nunca me perdí) , va lento, como siempre. Al menos tiene banda sonora y ahí te la dejo. A mí con pérdidas, coño. Siempre son hallazgos.

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Bailar

Bailar

Este post es con música. Antes de leerlo, poner play debes.

En aquella costumbre cultural, que permite la interacción, me siento una verdadera subnormal. Usual es el de preguntar, en plan de small talk, “¿te gusta bailar?” y bueno, siempre respondo dubitativamente con un sí que se desliza en tono de “pero…”

Me alucina la idea de empatar, mi mundo descoordinado, con el de otro. Es casi asunto de dimensiones que van paralelas y que justo por eso, no suelen ir nunca sincronizadas. Entonces, uno se encuentra con alguien que está al frente de uno, moviéndose, a su propio ritmo, mirándote de tanto en tanto. Tal vez, si quiere el contacto, se acercará, para intentar tocarte. Si es más atrevido, intentará llevarte al ritmo de su música, buscando meterte en su dimensión. Me ha pasado tantas veces con el mismo extraño resultado: o me parto de risa, peleando por dirigir el baile o simplemente, me ha desagradado toda la operación psicomotriz para la que parecemos no estar listos.

Tal vez sea que yo siempre he pensado que bailar es algo tan absolutamente íntimo – cual relación sexual políticamente correcta y socialmente apta- que sólo comparto con quien siento en mi corazón. Verle moverse a mi lado es un acto contemplativo de aprendizaje y luego, sincronizo mi mundo, con el suyo. Entonces, puedo tomarle o ser tomada. Siempre, mirando a los ojos. Siempre, intentando leerle y ser leída. Aspirando el aroma que despide aquel otro en el calor que le provoca el movimiento; sabiendo que él también hará lo mismo. Un baile providencial puede terminar, para mí, en amor, sorpresa, epifanía. A aquel movimiento va acompañado mi propio canto, que puede ser en susurros, sonriendo, siempre, como suelo hacer cuando estoy en armonía con el universo. ¡Qué desilusión, cuando compruebo que no puede anticiparse o yo no puedo yo! De entrada sé, entonces, que aquello no vale para seguir; que me importará un bledo si no le vuelvo a ver, aunque sea el ser más atractivo del planeta tierra y alrededores.

No me malinterpreten, mi sentido del ritmo es sensacional. Pero lo suelo guardar para unos pocos – en general, en privado- y prefiero, entonces, bailar sola. Sola, como en todo el resto de cosas en las que me veo obligada a hacer.

Pd. Mil perdones, pero estoy pegadísima a Los Amigos Invisibles, por culpa de una promo del canal Sony. Pero bah, siempre me han encantado. Enjoy.

Lo que hay

Lo que hay

Una estimada amiga tiene un blog con ese nombre. Como todos los blogs de aquel género, va escribiendo lo que le va sucediendo. Igual que yo, con la salvedad que vive una realidad ligeramente diferente, vive en otro lugar y le pasan otras cosas. Tal vez, en algún momento le suceden cosas similares, pero en realidad, qué mujer vive algo que no sea el trabajo, la búsqueda del amor y el desarrollo de una vida en donde se multiplican las obligaciones, incluyendo la maternidad y el exito profesional…

En mi mente venía el nombre de su blog, porque su título me suena resignado, tan notablemente sumiso a una realidad que pareciera no cambiar. Sin embargo cambia. He ahí el asunto. Tal vez nada cambia, sólo uno; y es por eso, que todo deja de ser lo mismo de siempre. Igual, hay momentos en lo que hay es lo que hay y qué mierda, hay que hacer lo posible para sobrevivir; tal vez no sea el momento, tal vez no sean las personas, tal vez no sean los lugares. Te aguantas, porque lo que hay es un adefesio y pasas de ello. Te quedas ahí, en casa; te ahorras las explicaciones, te pones en silencio.

Hoy, mi mejor amiga me hacía notar que soy un imán para los hombres no disponibles. Creo, para felicidad de alguno, que mejoré al escogerlos, pero algunos se acercan, extrañamente atraidos por mi resolución a no tomarlos en cuenta y suelen insistir. ¿Es necesario hacer un statement al respecto? ¿Debo hacer una nota de prensa para que caigan en la cuenta que el requisito principal para alucinarme es ESTAR COMPLETAMENTE LIBRE?. Claro, otro requisito puede ser que tengan su propio cabello en el cráneo y dentadura original, pero eso ya es como que algo obvio y snob, teniendo en cuenta que no deseo llevarlos a la clínica geriátrica hasta dentro de unos 10 años, por lo menos. Entonces, ser legal y mentalmente available no es una cosa funny y anecdótica que puedan saltarse, conmigo, alguna “rareza” mía. Ya pues. No. No guarden esperanzas. Mi cara cortés sólo es una máscara, pero ya salí corriendo. Hace muchísimo.

Digo, todo esto, porque la verdad, estoy agotada de esquivarlos. También, porque ando despertándome con la absurda sensación de que alguien me espera, en otro lugar. Tal vez sea simplemente un espejismo de mi mente que siente que busco imposibles y no se resigna.

PS. Miércoles. Yo quería hablar sobre otra cosa, al propósito del video. Envidio a la gente que encuentra al amor a edades tempranas. A mi paso, será un amor otoñal. Aunque la historia de la cancioncita es triste, me bacila la idea. Una muchacha de barrio, se llama…

Círculos

Círculos

Brevemente.

Todo es circular. El clima cambia, la gente cambia, los lugares son visitados por nuevas personas;  un día amanece luego de una noche y así, todo lo que se va, vuelve.

Se organizan las limpiezas, se echa lo que no sirve, se apresta para recibir lo bueno. Fotosintéticos (me incluyo) van intentando atrapar al sol, que se va a otro hemisferio…

Ultramar, entonces, tendrá los amaneceres que yo he compartido con mis sueños, durante todo este tiempo. Que sirvan para que las cosas sucedan. Bien con ellos. Sigue el dedo sobre la línea, sin salirse del texto, buscando las palabras y caminado -algo tímidamente- por donde nadie le ha llevado antes. Así es el camino, qué remedio.

En tanto, le pido a James que me abrace, mientras canta. Estamos mirando a la lluvia, comiendo chocolates y -si se deja- me pongo buena gente y le hago la calceta… y hasta la cena. La culpa es del primer frío. Me enternece. Enjoy.

Haven’t Met You Yet

Haven’t Met You Yet

Antes, cuando tenía un discman, el unico CD que tenía puesto, era el suyo. Una y otra vez, repitiendo las mismas canciones y la verdad, tal vez era como la cafeína. Estuvo en SNL y bien girly, lo pongo aquí. No, aún no te he conocido. Es tu culpa, la verdad. Nos leemos, nos oyemos.

Un Concierto

Un Concierto

Pero qué buena foto. No me hubiera gustado estar ahí, toda aplastada. Pero estuve ahí, aunque más lejitos. Qué alivio.

Pero qué buena foto. No me hubiera gustado estar ahí, toda aplastada. Pero estuve ahí, aunque más lejitos. Qué alivio.

Habiéndome perdido casi todos los conciertos del año pasado -salvo el de los Jonas Brothers, y eso por que no quiero que Chucky nos haga gastar una millonada en terapia, en el futuro- y siendo que Metallica venía a Lima, me animé, casi maniáticamente, a comprarme las entradas más baratas, porque mi experiencia -algo ya debo tener- en cuestión de conciertos, es que no es lo mismo ir que no ir. Así que, animé a la Negra (más bien, la conminé, porque me lo debía, por hacerme ir al de los JB y haberme dejado casi tullida, musicalmente hablando) a que me acompañara porque, como siempre digo, el Rock es cultura. No sé si me entienden la figura. En fin, sigo.

Compré las entradas más baratas por dos verdaderos buenos motivos: no soy archifan de Metállica como algunos (no me linchen) y porque ya no estoy para andarme apretujando, de pie, por gente que probablemente sólo se baña cuando hay luna llena. Ergo, mi expectativa era ver un buen concierto, tal vez pillar algunas canciones nuevas y esperar el momento de verles, bien sentadita en mi tribuna y no con el riesgo de asfixiarme o que me caiga un patadón por un pogueo intempestivo. So sorry, ya pasé por eso en los 80s.

La Negra parecía exagerada, cuando me hizo arrastrarle un casacón y una pashmina. Yo pensaba que me bastaba con mi misia chompita la esperanza de que el “calor humano” de la multitud hiciera el resto. Lo cierto es que fue previsor, sobre todo cuando un concierto termina a más de las 11:30pm.

Instalada en mi tribuna Norte, puedo decir que vi el concierto, tranquilita y si lo hubiera querido, zapateado a gusto. Lo más divertido fue observar a la gente que iba llegando a mi locación: por ahí un tios con sobrinos, enamorados sobones que le ha pagado las entradas a la novia y a la cuñada, resbalosos que afanan a compañeras de asiento, guatones recurseros que realmente han juntado para su entrada, oficinistas a los que el jefe no les dio permiso para salir temprano, pandillas reposadas (por la edad y por las ganas, tal cual yo) y algún que otro desubicado que está volando por todo el estadio. Uno de éstos últimos le preguntó a la Negra si es que ella vendía algo, al verla con su mochila puesta adelante, para que nadie le arranchara sus pertenencias; lo cual trajo a nuestra mente aquella anécdota de un compadre suyo, usando la mochila en la misma posición y siendo expulsado del micro, en one, porque creían que vendía caramelos, mientras él sólo quería llegar a su instituto… pero me estoy desviando…

Metallica sacó lágrimas a sus fans. A los que entraron y los que no lograron ingresar, que estaban sobre los techos vecinos, gritando como locos. Abajo de ellos, un happening seguía sucediendo, porque aquella gente que no tenía ni para pagarle a los dueños de los edificios, se encontraba en las veredas, tomando cerveza, comiendo panchos e hígado frito con yuca. Ni me digan que no se divirtió il popolo. Yo me fui a mi casa, convencida de que fue un feriado en medio de mi semana de mierda… pero eso ya es para otro post.

Posdata: La Negra se quedó dormida tres veces, en pleno concierto, al más puro estilo de Chochi.,quien solía dormirse a pierna suelta en las discotecas, pero esa es otra historia, también. Nadie se dio cuenta. Ni yo.

Video: Metallica en Lima. La favorita de Chucky y mía. Bien grabada, gracias.