Post pretexto para poner video que siempre me saca lagrimones. Es la voz de Andrea (soy una confianzuda, pero tiene un buen motivo que alguna vez contaré) desgañitándose en aquella canción. También es un post dedicado a la niña que me dio su parte de matrimonio hoy. Sus ojos brillaban tanto, que me conmovió. Ah, el Amor (siempre con mayúsculas) siempre tan milagroso, no puede menos que celebrarse…
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Paroles
Rapidísimo: viniendo a trabajar, en un cielo nublado de una ciudad donde el verano supuestamente ha llegado, pero sigue lloviendo y por poco traigo mi chompita… venía yo caminando, escuchando una de las tres radios decentes para escuchar música que nos ha dejado el libre mercado (el resto es una suerte de monstruosidades donde ronda el neollevafacilismo musical) y saltó Alain Delon (el cual fue un sófero cuero pero ya ven, hay gente que envejece tan mal que parece que se estuviera derritiendo) y Dalida (my love, caray, qué talentosa y que Dios guarde de ella) con una cancioncita que odiaba en mi infancia pero que -cómo son las cosas- ahora la adooooro en cuanto la escucho y que viene a pelo hoy…
(uff, trago saliva, continúo)
Entonces me dije “chale, pégala en el blog y causa un momento de sano esparcimiento” and here it is…
Nada de sublecturas (aunque podrían haberlas). He decidido que, por el momento, no le dejo a nadie, ningún rastro, ni por aquí. Por cierto, las otras dos radios que quedaron solitarias en el dial perucho son ésta y ésta. Lástima por los oyentes locales, que quedarán sinceramente embrutecidos por otros contenidos menos variados.
Irresolutos
Caray, todo el mundo puede andar de un certísimo mal humor, porque se paran dando cuenta que sus resoluciones del año anterior no se cumplieron. En mi caso, ya dejé de hacerlas, porque no logro terminar con aquellas que hice en 1986, así que hacer algunas ahora me pondría el asunto realmente engorroso. Algunas de esas se han terminado convirtiendo en mantras que digo para darme valor, para levantarme cuando estoy aplastadísima, para sonreir en los malos momentos y vivir intensamente los buenos.
Tal vez este año haga otras cosas. Tal vez me alimente mejor, haga ejercicio, logre encontrarte again, pueda cambiar de empleo, hacer las cosas con más paciencia, leer más, estar menos en la internerd (y ustedes se lo pierden si ello sucede) y aprender de una vez el francés, el italiano y otra lengua más que me haga sinceramente inalcanzable…
Tal vez mil cosas; pero todo, todo va siempre vivido con los ojos abiertos, la mente reflexiva y esa necesidad de encontrarle el sentido a todo. Lo lamento, no puedo con el small talk. Sólo puedo divertirme, mientras pienso. Así que, que me lleve la chorreada, porque soy una irresoluta total….
Perturbador, pero qué diablos, es un la canción me cae como guante…
El primer día
Estrenando nuevo diseño en El Dedo Ilustrado, imaginarme tendida de largo a largo en mi sofá de dos cuerpos. Las piernas cuelgan, estoy despeinada, sin zapatos, mirando filosóficamente una mancha recién aparecida en el techo del depa. Un gato curioso intenta entrar por una de las puertas y se detiene, porque Travieso (el perro de la Negra) le ha mirado con ganas de pocos amigos, pero tampoco quiere levantarse. Nos hemos cansado de todo: de los cohetones, de la gente que sigue celebrando ebria, a todo volumen, como si participara de una bailetón; de la tele y sus “especiales” por fiestas, de la misma música, de la internet (es que todos tienen una vida, mijita, ¿on tas tu?); de las charlas sin terminar (cómo jode que te dejen con la palabra en la boca, justo cuando quieres decir algo trascendental); de aquel anisado que te raspó la garganta hasta horadar la boca de tu estómago; de la ducha del depa (y tu quieres tina); del año de mierda que fue el anterior y lo que promete ser éste (mente positiva, mi hermana) porque así lo dijo el soyo y así lo quiero yo…
Como sea, como sea y como sea. Tengo una gran pizarra en blanco, en la pared que está a los pies de mi cama. He borrado todo, para escribir una sola frase: Hoy empieza el resto de tu vida. Vamos a ver qué podemos hacer con esta mente escandalosa y este envase que se viste.
Feliz año, amigos míos. Gracias por estar. Mis mejores deseos para ustedes y ciertamente, que la pasen mejor que yo…
Lo último del Hit Parade de mi cerebro, a causa de Said, un amigo del curso de francés… ya lo tuiteé antes, pero aquí lo planto, para que lo repitan infinidad de veces… (como lo estoy haciendo yo)
Todo un año, hablando de ti
Dicen que los blogs son un ejercicio de egocentrismo. Es la pura verdad. Yo escribo lo que me pega en gana y el resto de la gente me lee. Me lee al que le pega la gana de hacerlo. Me lee el que me odia, me lee el que me quiere mucho, me lee el que cae de cazuela, al ver ese dichoso link en mi usuario twitter, me lee el que vino buscando a los Jonas Brothers o alguna otra cosa. El asunto es que me lee cualquiera y a la vez, no todo el mundo. Hasta me lees tú, a escondidas, sin saber que éste lugar rastrea tus ingresos. Tal vez sabes que, igual, dejas el rastro para que yo sepa que te afanas y bueno, haga posts como éstos y mientras las temperaturas de tu ciudad te convierten en un delicioso adoquín, yo aquí canto Hawaii – Bombay frente al ventilador, en tu nombre.
Lo haré todo el verano.
Vaya año. Ha estado agotador, estresante, sorprendente, ilusionado, desilusionado, distraidísimo, millonario en perdidas económicas, panfletario, aderezado, de miserere. Ha estado trascendental y me ha permitido mirarme en los reflejos de las pupilas de varios. Me ha permitido encontrar espejos, almas gemelas, amigas eternas. Me ha permitido afianzar lazos invaluables, inolvidables. Me han mirado desde lejos y tal vez, han sentido que han encontrado algo. Yo también.
La Negra, con su usual estilo para ver la realidad, piensa que necesito un baño de florecimiento, 15 monedas de cinco soles, un jarro transparente lleno de semillas y tal vez correr por toda la manzana con mi equipaje. Yo siento que necesito el silencio total. La posibilidad de no escuchar nada. Para empezar, a mi familia gritando desde el primer piso si es que “sigo viva”; al trafico que circula por la puerta de casa; a mis empleados, a mis jefes; a los prospectos que no me llenan; a la tele, con sus noticias amargas, inútiles, aberrantes: a mis amadas redes sociales (un poco de vergüenza, pero así es); a mis propios demonios que paran hablando en mi cabeza todo el tiempo.. requiero silencio. No sé cómo hacerlo. No sé cómo apagar este asunto. ¿Cómo hacemos para que Dreampicker se desenchufe de todo, se reinicie y de paso, olvide lo triste de este año de mierda? Mis soluciones son inmediatistas, sin impacto a largo plazo y sinceramente, adefesieras. No sirven de mucho, pero elaborarlas, distraen un tanto y como dicen, cambian un fastidio por otro. Al menos. Mientras, escribo para divertirte y que sepas que ahí ando, sobreviviendo otro año más. Otro siglo más, otra vida más. Aprendiendo, como debe ser.
¿No sería adorable?
¿… Que todo siempre fuera, como dice esa canción rallada, bonito? Digo, no siempre. Tal vez en nuestro interior, nos aburriríamos de tanta felicidad y terminaríamos, todos gelatinosos, por algún lado, tirados. Es el conflicto constante el que nos hace sobrevivir como especie. Uff, demasiado profunda, porque estos periodos de fiestas me ponen cruzada y así como tomo mis respectivos relajantes, para no parecer una loca de la calle, escribo lo que se me ocurre y pego canciones como esta, que vienen al propósito de mi último post en La Silla Ecléctica. Enjoy.
Prado
Aquí las imágenes en mi mente, corriendo por los prados de la creatividad. Los desiertos se van. No quieren quedarse las musas (o los musos) pero les obligo a estar; y yo sigo mirando desconfiada todo. Me echo a mirar el cielo y lo imagino estrellado. Estoy mirando hacia arriba, demasiado. Ya digo que puedo caerme en cualquier momento, por andar así. Cambio de radio y ahora, las palabras y los colores juegan en mi cabeza, ensimismados per sé. Tal vez sea el preludio de otro inicio.
La modorra sigue.
El numero 1 en mi Hit Parade mental. No soy la única, ¿verdad Miguel?
Siestas
En las tardes soleadas de Lima, cuando no voy a trabajar, la siesta se impone. Me pongo tal cual serpiente ondulada, sobre mi cama, con la cabeza mirando al norte, las ventanas abiertas y las cortinas echadas, salvo para poder ver el cielo azul… A veces, la música me acompaña, a veces la desnudez sobre una toalla que me resisto a dar de baja. Todas las veces, los sueños de teletrasportarme a lugares distantes, en la misma posición. No soy buena para subsistir en una sociedad como la actual. Sueño demasiado, quiero demasiado y me frustra la prisión de mi mente y de mi cuerpo. Tal vez, el ser humano evolucione de una maldita vez, con una mutación espantosa y rápida; tal vez un día nos miraremos uno al otro y los sexos, las condiciones sociales, económicas y culturales desaparecerán, para ser felices simbióticos. Sueño, completamente fotosintética, porque el sol me gobierna hoy. Sueño contigo, en la modorra que da el calor de las tardes ardientes, pero en mis tarareos, siempre esta canción…
Ni una palabra
Se quejaba Wagner que, al amar una canción, sólo por sus armonías, más no por el significado de su letra, era un acto mediocre: uno terminaba queriendo solamente una parte, desconociendo la otra, que daba la unidad a la obra. Lo que él tal vez nunca quiso aceptar es que las ondas sonoras pueden llegar a tener similitudes con las cerebrales y establecer conexiones, en las que las palabras no son necesarias.En cristiano, la música, sana. Bueno, él no tenía porqué saberlo, pues es un estudio de finales del s. XX.
La cosa es que, sólo así explico mi fascinación – mediocre, también – por la música que suele rondar mi cabeza, en idiomas que no entiendo y que suenan armónicamente conmigo. Por otro lado, siempre es rico llenarte de ella, también, aunque tú tampoco entiendas una palabra. Por algunos momentos, estamos en el mismo estado de fascinación…
Hummm. Creo que debo dejar de escribir estos posts tan girlys y empezar a comportarme como la adulta que soy…
Mi adorable Sam Soon. Dicen que el éxito de las novelas coreanas en Perú, radica en la forma en la que se relacionan los personajes, que recuerda mucho a las antiguas costumbres andinas, tan perdidas en medio de la migración y las modas foráneas. Será, pues.
Juramentos
Juro que tenía un buen título para este post. Juro que también tenía un buen tema: la sequía artística, que me tiene loca, obsesionada; me tiene seca por dentro y – lo peor- por fuera. Lo juro de rodillas sobre chapitas. Juro que a mí también me ha aburrido la tristeza. También juro que me apenan las distancias, que a veces las veo absolutamente insalvables. Juro que no hay noche en la que no piense que mi vida hubiera podido ser diferente, si me conformara, si tomara los caminos que algunos suelen terminar tomando, por cansancio. Juro que detesto la monotonía, la tierra, el silencio obligado, las esperas, los putos procesos. Juraré -hasta el hartazgo- que siempre valdrá la pena. Juro que estoy harta de decir lo mismo, siempre. Juro que no dejaré de decirlo, por mucho tiempo más.
Juro que te quiero.





