Por muchos, motivos, Sinatra. Hoy, bajo el cielo soleado de Lima. Mañana, porque será viernes. Pasado, porque será sábado y así. En verdad, Sinatra, porque me da la gana. No es necesario explicartelo todo. Nunca lo fue.
Mi Playlist. Enjoy.
Por muchos, motivos, Sinatra. Hoy, bajo el cielo soleado de Lima. Mañana, porque será viernes. Pasado, porque será sábado y así. En verdad, Sinatra, porque me da la gana. No es necesario explicartelo todo. Nunca lo fue.
Mi Playlist. Enjoy.
El fin de semana, le pedí que me enseñara sus manos. Eran delgadas, nervudas, blancas como las de una nena. No son virginales. No creo que se abran como flores. Ni que mi vida cambie 180°, sólo porque no dormimos en el mismo huso horario. Tampoco creo mucho en las palabras que no diga yo.
Beware the writer.
Lo que me place pensar, es que las personas llevan vidas que los preparan, para irse cruzando con las nuestras. Hasta el momento, ninguna desea mirarme más de un par de veces. Imagino que así debe ser. Hasta que la persistencia llegue a su destino: el de permitirme sonreír, satisfecha; y a aquel, que yo siempre le diga sí.
Esto es un récord. En menos de 6 meses, pongo la misma canción, en una distinta versión, en el mismo lugar y con el mismo fin. Yo imagino que el tema te gusta -a mí me encanta- pero me revelo al significado de mismo, porque creo que uno hace lo que quiere y como le pega la gana, sobre todo si las ganas están ahí. Uno dice “no sé, ni idea” pero por dentro cruza los dedos, deseando siempre que los planes se le cumplan, que el timming sea perversamente perfecto y que sobre todo, que dure, maldita sea. Ya pues, verano, aparece de una vez.
Me adelanto al post que pretendo pegar este FDS en la Silla Ecléctica. Nadie como Billie, para decir exactamente lo que siempre quiero decir. Ahí van las respuestas. Al menos, algunas.
Soy una consumidora impenitente de todo tipo de música. No soy tan intelectual para elegirla, simplemente caigo en ella, como un comprador se guia por el olor de un horno que se abre, listo. Así, volando por los aires, siguiendo el rastro, como en los dibujitos animados de mi infancia que ya parece lejana. Me gusta decir que tengo gustos caprichosos y que son el equivalente al antojo alimenticio de embarazada, algo como comer tallarines y arroz en el mismo plato o carapulcra con papas fritas… Todo de acuerdo a mi estado de ánimo y fines. Por eso, acumulo listas de reproducciones en mi mente, donde los contenidos van sujetos al momento o a las sensaciones. Algunas van recolectadas, dinámicas, de acceso veloz a mi mente. Otras aparecen en momentos cruciales, como la banda sonora de una escena en la que la cámara, montada en una pluma, va alejándose de mi presencia, mientras llueve…
En unas semanas dejaré la treintena. Se supone que seré una mujer adulta. Una que no se entra en vainas, que se supone ya no debe ser caprichosa, que ya tiene las cosas claras (o al menos bastante) con su vida y su futuro. Una que sueña cosas realizables y más prácticas (pagar tus deudas, llegar a fin de mes ahorrando, leseras) y que, de tanto en tanto, se asombra de no tener la razón en todo. Pero esta fachada que me esconde, para que sólo los que están cerca vean bien cómo es la cosa conmigo; no siempre está empañada. A veces, vuelve a tener 20 años y cuando eso sucede, me la paso escuchando estas tonterías. Tal vez sea la añoranza de la inocencia, el fastidio de no haber tenido este cerebro en ése cuerpo, la tristeza de no poder regresar y hacer otras cosas bien. En mi mente, sin embargo, estoy ahí, bailando con la escoba (mi pareja de baile de ésas épocas), sueño con las posibilidades que el futuro me ofrece; mi vida vuelve a tener color rosa y me ilusiono en creer que vendrás.
Here goes the music. No en ése orden, pero casi todas. So girly that you can die. Beware.

Firenze
Sep, ando con ganas de decir nada. Para ello, protesto sobre nimiedades, me quejo de lo cotidiano, me molesto en la virtualidad, en la realidad y en algún par de dimensiones más. Mi mesa de trabajo anda desordenada, hecha un caos. En el caballete se entierra el último cuadro que logré pintar. Me hago de obligaciones contractuales, para no hacer las cosas que debería hacer y me digo “mañana, mañana lo hago”. En uno de los sofás de la sala, la ropa limpia sin guardar. Firenzze me mira desde su marco, esperanzado en que vuelva a los azules. A favor diré que todo se ordena, tarde o temprano. Pero no volveré a limpiar mi depa entero con una esponjita doble de Scotch Brite. Prefiero morir.
Música, maestro.
Mi hombre perfecto es un Frankenstein. Un Golem. Un ser que vive danzando en mi mente, desde el uso de razón. Alguien que me mira perturbado desde la distancia y azorado en la cercanía. Quien, con sólo mirarme, puede entender a este monstruo que soy. Mi atracción por él vuela distancias enormes, cruzando océanos, sólo para que él esté seguro de lo que hay. Mi hombre perfecto, viene de lejos, si saber porqué. No tiene idea que existo y por ello, al encontrarme, se siente agradecido de llegar. Tira todo, deja todo, olvida todo, por mi. Porque no hay otras. No han habido otras. Nunca habrán más. Mi hombre perfecto ha conocido, en su mente, mi cuerpo, desde niño. Ha soñado conmigo, sin saber mi nombre, siquiera. Ensayaba sus respuestas a mis peleas, con otras. Aprendía a ser tolerante, por mí. Me gobierna y se somete, con una mirada. Me permite tener sus hijos, educarlos conmigo. Me dejará peinar sus canas. Me quiere, con todos sus sentidos, con todas sus fuerzas. Mi hombre perfecto se mata por mí, no a mí.
Mi golem. Lo imagino. Me camino las calles con la mano extendida, sujetándole. Pareciendo loca, siempre.

Porque está en los ojos de los demás y aquel reflejo me ayuda a existir. No me dice jamás “a ver, espérate un ratito” o “ahí te quedas”. No me pregunta lo obvio, para no ofenderme. Todo lo que hace, todo lo que dice, es verdad. Porque es mío, desde sus pensamientos más simples, hasta la raíz de su cabello. Mi pertenencia a él es completa. Es imposible que me haga sentir triste, pues con él todo es risa, todo es descubrimiento. El siempre es yo, en otra versión. No es un viaje egocéntrico, es encontrar algo que te completa, que te hace entera y lo hace pleno a él. Así es. Es tal vez, el deseo más entrañable de toda mi vida. Lo único que siempre he necesitado, para estar en armonía, para calmar esta maldita fiebre que no cesa nunca… esa fiebre existencial de su ausencia.
Por eso, en estas noches en la que el frío no quiere irse, me duelen las heridas de guerra. Me duelen todas, porque se convierten en estadísticas fallidas que quiero olvidar y no puedo; no puedo ya. Aprendo lo que debe ser aprendido e imagino que un día, él me encontrará, porque ya no le busco.
(Ya, tú, lector consetudinario, pensabas seguro, que yo iba a pegar esto. Ni hablar. Prefiero una buena película y una mejor música. Lo otro lo dejo como banda sonora de mis historias fallidas.)
Últimamente me siento como el personaje principal de American Psyco, que luego de matar calculada y despiadamente a alguien, empieza a disertar sobre música, en un pasaje de completa disociación entre la realidad y su propia verborreica narrativa. Sí, porque la nación se debate entre leyes que despenalizarían el aborto, los feminicidios en alza y la usual andanada de accidentes de tránsito que siguen enlutando las carreteras, eso sin contar el recontraroche de nuestra selección de fútbol. Mientras tanto, al más puro estilo de Patrick Bateman, yo diserto sobre Presuntos Implicados y digo que, para mí, se fueron a la mierda cuando Sole Giménez decidió arrancarse, luego de ir musicalmente viento en popa, pero interpersonalmente no tanto. Como sea, así como digo que no hay nada más sexy que un hombre que hable francés (con acento europeo, se entiende, porque el quebeco es fatal, pero eso es asunto de otro post), igual puedo comentar que Sol es… el sol en mis orejas. Pocas voces femeninas me logran conmover tanto como algunas, que cuento con los dedos de la mano. Sol Giménez es una de ellas. Es como si susurrase siempre, sin que ello le impida alzar la voz y el tono, para llegar a su objetivo. Sea pues, la voz que me acompaña esta noche de octubre, noche de un día asoleado y no muy satisfactorio, donde yo extraño a morir y no llueve afuera, porque ya lo hace adentro. Sea.
Como con ella no se puede terminar triste, ahí va otra. Sugiero buscar su versión de “Vivir sin aire”, de Maná. Les hace tremendo favor a esos adefesieros. No, ella sueña que se compara con Diana Krall… es otro tipo de diosa… En fin…
Lo que siempre conmueve es la verdad. Porque en ella van las palabras, hechas acción. Porque la verdad es, a veces, tan escasa, que uno la echa de menos. Vivir en ella es como buscar un iluminado estado de gracia y por eso, la santidad no puede estar lejana. Loor a los que se fueron, porque fueron- creo que todos- veraces, aunque fuera en su llegada o partida. A todos nos da por estar desnudos, en algún momento.
Mercedes Sosa:
Basilio:
Arturo “Zambo” Cavero:
Luis Aguilé:
El aburrimiento me agobia. Sólo quiero hablar impersonalmente. Tal vez quejarme del peruanismo snob que ha chancado a todo el mundo últimamente. Como dicen por aqui: “estamos cayendo bajo” y no me asombra. Siempre se puede ser peor. Identidad nacional pegada a simplezas, a actitudes puestas a último momento. A oportunismos figuretis, que no levantarán a las masas, más que para pedir pan y circo. De lo primero, mucho; de lo anterior, yo no sé. Me parece que no. Es decir, ¿soy menos peruana por que no quise soplarme la covertura a la muerte del cantate criollo? Chale.
Dale, diré que me recontrajodió ver al canal del estado y al de noticias del cable; trasmitiendo la payasada orquestada por nuestro presidente bipolar. Porque era una payasada. Me pregunto cuántas personalidades culturales o culturosas (qué diablos) habrán tenido la misma suerte de tener un entierro con rango de jefe de estado or else. Es decir, cuántos han sido friends del presidente. Es más, cuántos han tenido un entierro digno, multitudinario y con panegírico de Raúl Vargas (el cual causó náusea a Hildebrandt) en puntitas de pies.
Me molesta que la gente no se de cuenta de que aquí el asunto es que todos somos Perú. Yo, criollaza, limeña de 5ta generación, igual que un huancaíno o que un asháninca con pie pelao en la tierra. Entonces, molesta que se juegue con la emotividad de un electarado que cae redondito con el espectáculo. Las radios estaban peor. Hubo una que se dedicó a entrevistar únicamente a la gente que lloraba…
Como sea, no se niega el talento del Zambo Cavero. Nica. Lo que se piensan son 2 cosas puntuales: La música criolla no se ha muerto, como decía golosamente, Daniel F. Símplemente se mueren los intérpretes. La muerte de ellos y el no hacer escuela es una jarana que la gente del medio debe examinar y mejorar, en lugar de andarse puñaleando entre ellos. Por otro lado, hay personas más notables que no obtienen ningún puto reconocimiento y siguen haciendo patria. So sorry, no son los amigos del presidente. No son noticiables. No valen para ocupar las primeras planas de los diarios. No hacen microndas espectaculares, desgarradoras, masivas. Las cosas como son.
Ahí les dejo, con un secreto que ya fue. Descanza en paz, pe.
Dale, murió más gente, pero eso va para otro post.