Cuarto Deseo Culposo – Rock with you

A la Negra le dan arcadas, sólo de escuchar los acordes iniciales. A mí me recuerda las mañanas soleadas de diciembre, mis miradas ansiosas a la Barbie de ropa de baño roja en Oeschle, las galletas rellenas de la tienda que vendía a granel, media cuadra más adelante y el fin de las clases. Mis padres encendían la radio, se perdían el dial y entonces, nos dejaban escuchar, de tanto en tanto, esta música. Luego veían la transmisión de la Más Más; pero eso era porque no había más canales en la tele…


Me voy dando cuenta que casi todos mis deseos culposos son musicales… Lo siento, ahora me paro a bailar.

Sus mejores alumnos latinos

Pongamos que hablamos de Amor

Amor Eterno. Friki pero verdadero.
Amor Eterno. Friki pero verdadero.

La verdad, no suelo postear en fechas cercanas a este adefesio comercial que es el día de San Valentón -digo, para gastar tanta plata y complacer a los enamoradotes cursilones que abundan, el santo patrono bien puede ser también San Judas Tadeo- donde todo el mundo anda con el suspiro a flor de labios y la gente te asalta con las estupideces de que “también es el día de la amistad, ah”, sobre todo si te ven solano. A mí generalmente todo eso me pone de mal humor, así que imagínense nomás el mood de Dreampicker en esa fecha.

Ahora alguien puede alegar que es porque estoy más sola y olvidada que un ferro  en la esquina de un cajón de nuevo rico; que es porque “me han hecho sufrir mucho” y porque soy una reverenda estúpida que no entiende la relevancia de esta fecha y sobre todo, del amorrrrrrrrrrrrrrrrrrrr …

En la torre, again. El quid del asunto es que a mí me altera sobremanera el esperar una puta fecha para decir y hacer las cosas por las que uno debería estar en afán durante todo el año. Vamos, durante toda la vida.

Día de la madre, día del padre, día de la familia, día de los enamorados, navidad, fiestas patrias… osea, ¿no puedes querer a tu madre, a tu padre, a tus hijos, hermanos, primos, sobrinos, cuñados (y largo etc), a tu pareja, a la humanidad (entiendo si te cuesta hacerlo) y a tu país (menuda faena querer al Perú) todo el año y en cada momento? ¡Ajaaaaaaá!!!. Entonces  lamento decirte que eres un oportunista del amor (sep,con minúscula). Alguien que sólo espera esas fechas para pasarla lindo e impresionar al objeto del afecto.  Un ser que se cansa de querer y prefiere hacerlo un día al año, cronométricamente planificado para que salga perfecto y no jodan mañana.

Sí, es posible que alguien piense que soy una perfecta subnormal (lo de asocial ya lo saben hasta el hastío), pero es que no creo en fechas en las que haces “on/off” con un switch cerebral. Pese a mis rabietas, creo en la capacidad del ser humano para querer en muchos planos y sobre todo, de mantener una continuidad en sus sentimientos. Osea, creo en el AMOR. Ese que te hace convertirte en una mejor persona, que te muestra con simpleza la verdad del mundo y te marca, para siempre.  Me parece que San Pablo lo explicó mejor que yo (y algo dijo el oráculo a Neo, también) y ahí sí que me quedo muda.

Por mi parte, celebro mis efemérides cuando me pelan la gana de hacerlas. El AMOR debe vivir celebrándose, siempre. Por lo milagroso que va siendo últimamente, cuando nadie mira más que a su propio ombligo  y cree que se lo merece todo. Por que la eternidad no dura únicamente 30 minutos, cuando la verdad está vestida de los mejores afectos; y porque todavía hay gente que te da lecciones cuando ya pensabas que todo estaba dicho.

Beso, por aquí también; beso clarividente sobre el tercer ojo.

Recuerdos de Navidad

Poner play, como fondo musical de este post. El video no es gran cosa, pero el audio es lo importante.


Iba caminando con mi hermana por el Mercado Central, rumbo a Mesa Redonda, en todo el afán de hacer compras anticipadas para la cena de aniversario de mis viejos, cuando de una de las tiendas salió el alarido (ahora en MP3) de esos villancicos característicos peruchos.

 

No son los toribianitos, porque tengo más de 30 (mi hermana, la Negra, también) y porque ellos son invento de los curitas del Santo Tomás de Aquino, allá por los 80s.

 

No, estos son los niños cantores de Huaraz y que cantan a todo pulmón, cual si fuera su última navidad “♫ Somos los niños cantores!” o tal vez era ese otro coro de niños españoles, que también cantaban a gritos, de los cuales tampoco recuerdo los nombres… en fin.

 

La cosa es que ahí mero le dije a la Negra: oe, recién es navidad. Ella hizo un gesto afirmativo y yo añadí: esa música me trae recuerdos… como el pavo negro de mi abuela…

 

Mi abuela, norteñaza, chiflada y mujer de pantalones, cocinaba bastante mal, pero eso no nos excusaba de no ir a verla para esas fechas. Ella había nacido un 27 de diciembre y su marido (mi abuelo) el 28. Se llevaban exactamente 10 años. Se casaron en segundas, pues mi abuelo era viudo, algo que ella supo desde el inicio, porque fue ella quien cuidó a la moribunda en sus últimos días. Osea, más predestinado, con dirección exacta.

 

Y hablo de mi abuela materna porque desde el ángulo que se mire, su vida es sorprendente. Se dio cuenta que el progreso de su familia era la educación y ella, con su pobre 3ero de primaria, se las ingenió para que sus hijos fueran a la escuela y a la universidad. Crió animales, dio pensión, fue ama  de pecho, peluquera… una mil oficios que se las jugaba por el futuro de sus hijos. Creo que de parte de mi padre, fue retribuida con creces y que su ejemplo vive pleno en nosotras, las que tuvimos la suerte de vivirla, sus nietas mayores. Ella nos congregaba, nos unía en pos de su sola presencia, poderosa, dinámica, positiva, creativa y algunas veces, mágica…

 

Nada, pese a hacer un pavo recocido (definitivamente lo hago mejor que ella), era un dynamo. La Negra se le parece un tanto (en lo chiflada, más) y yo soy un simple remedo… pero si tenemos que voltear hacia un recuerdo que nos haga arriesgarnos cuando tenemos miedo, nos la imaginamos, viniendo a Lima, cargando un atadito de ropas y jalando a cuatro niños, con los ojos brillantes, 60 años atrás…

Jumping martes

Ha acabado un mentecato y raro mes. Suele ser que noviembre es un mes de limbo, donde todo el mundo está dándole al trabajo, en plan fitness, juntando plata para convertirse en un pobre diablo más que correrá con la corriente consumista de fiestas. Ha finalizado, para convertirse en el mes fantasma, diciembre. En la práctica, de unos 15 días en los que nos la pasaremos haciendo cuentas, inventarios, intercambios de regalos y –en mi caso- un chupo de eventos que cubriré, con el dolor de mi alma y de aquellas eventuales várices que aparecen, puntuales, en esas fechas.



Tengo muchas cosas que contar, pero la verdad, me da pereza. En tanto, un villancico y luego nos pondremos filosóficos…pero en otro post.




Otro sí:

Los blogs que se despiden y otros que se presentan: Digo, si te largas, hazlo en silencio o con un espectáculo, luego del cual, no te veamos más. Algunos bloggers se están despidiendo… hace 5 posts, más o menos. No manchen. Debe ser que realmente muchos se los toman en serio y eso me parece loable, porque mi única preparación para esta cosa es escribir en un procesador y corregir algo (si tengo el tiempo), buscar los links, fotos y ya. No saben cuánto me estresa la sola idea de que cada posteo sea un pontificado sobre un tema. Por eso, cuando un post es largo (en mi caso) es porque hubo chorreo creativo y ya. Imagino que aquellos blogs que se cierran, es porque no tienen mi sistema y los admiro. Por otro lado –me toca hablar aquí sobre los que se abren- la democracia de la web permite que cualquiera escriba lo que se le pegue la gana. Sobre todo, permite la utilización de estos lares como herramientas de difusión de sus ideas, conceptos, vivencias, ideologías, etc. Me parece que no todo el mundo puede distinguir paja del trigo, y no tengo interés en ponérmelas de censor, pero creo que algunos oportunismos contribuyen a la estupidización de la Internet. Ni pego el link, porque para eso prefiero que me paguen, y si eso sucede, please, manden un cheque. Too much con más de 500 posteos que dicen básicamente las mismas idioteces de siempre “ay, ké lindoooo” vomito.


“No lo miren a los ojos”: osea, ¡noooo, no lo miren!!! Este tipejo es patético. Me refiero a Leon Alegría. Un verdadero berraco verborreico que mientras lo interrogan, está calculando cómo marear al respetable (vía canal N) y me pregunto:¿ Es que nada puede cambiar? Tamos jodidos con tanto palabreador… bien dicen los chistosos, que el tipo ése, te embruja… los congresistas que lo interpelan, deben estar sintiéndose mal por ello…

La verdadera navidad

En mi mente, la finalidad de la navidad como repaso espiritual de mi mente y mi corazón, ha quedado fichada en algun año de la década de los 80´s del siglo pasado (redundo, porque, conociendo a algunos despistados, es conveniente el reminder) mirando resignada la estantería de un Mercado del Pueblo, donde sólo habian bolsas de caramelos y menestras (no todo en el mismo estante, pero era lo único que habia) y el estado de contemplación familiar por el único panetón que iban a comer (yo los detesto, pero eso será tema de otro post), el cual consumirían como si fuera jamonada sin pan…

Y bueno, fue un año en el que nos quedamos mirando con un extraño cariño: estábamos a oscuras, sin corriente eléctrica, teniendo la suerte de ser una de las pocas familias de clase media que mantenía a sus miembros completos y con salud. Nos mirábamos desde el futuro, porque sabíamos que no siempre estaríamos juntos – la inevitabilidad de la vida es así- y que la pobreza y miseria que nuestro país sufría en ese momento, sólo nos pedía una sola cosa: rezar.

Creo que lo hicimos, esa navidad, a luz de lámparas a kerosene, velas. Mi madre horneó un pollito entero y mi padre, muerto de emoción, abrió el panetón. Los únicos regalos que nos hicimos mutuamente, fueron los dichosos caramelos del Mercado del Pueblo, que nadie parecia querer – o necesitar- comprar.

Pero ese día marcó nuestra vida para siempre. Nunca nos divertimos tanto, ni fuimos más unidos. Hablamos sobre lo que queriamos para nuestra familia, nuestro país y nuestro mundo. Mis padres y sus hijos adolescentes, en un extraño diálogo que nos hizo coincidir en que la desvirtualización y el consumismo de una fecha como esta, es una basura que no pocos pueden distinguir. ¿Lucharíamos contra ello? Seguimos haciéndolo.

Perdonen la cursilería de contar mi navidad misia clasemediera. Pero uno encuentra la presencia de Dios en cualquier sitio, aunque sea en los Olivos.

Felices Fiestas.