
Las gracias a @fatimatv por el link.

Las gracias a @fatimatv por el link.
Ya es tradición en twitter y para mi es un refrito (lo he puesto en otros lugares) y me encanta. Fíjense en cómo se miran los que bailan…
Post pretexto para poner video que siempre me saca lagrimones. Es la voz de Andrea (soy una confianzuda, pero tiene un buen motivo que alguna vez contaré) desgañitándose en aquella canción. También es un post dedicado a la niña que me dio su parte de matrimonio hoy. Sus ojos brillaban tanto, que me conmovió. Ah, el Amor (siempre con mayúsculas) siempre tan milagroso, no puede menos que celebrarse…
El indignante video de arriba, objeto de algunos titulares, varias amenazas de muerte a los protagonistas y zafada de culpas de algunas autoridades sólo me hace caer en cuenta que el fracaso de un país se deberá siempre al fracaso de una sociedad educada mediocremente. Mal educada, pues.
Viví deprimida una época, cuando enseñaba en un instituto que, horondamente, se promociona ahora vía tele y que, en aquellos tiempos, no era más que una estafa para estudiantes que querían graduarse de cualquier cosa y para padres que no deseaban hacerse cargo de sus hijos. Jamás logré que ninguno de ellos pudiera leer media A4 comprensivamente. Tampoco logré hacer que entendieran el error que significaba plagiar. El concepto de responsabilidad les era extrañísimo; la puntualidad era algo que les estorbaba, espantosamente. Le enseñaba a una generación que era producto de las políticas educativas fujimoristas, donde la currícula había sufrido trasnsformaciones espantosas, que dejaban de lado a la historia del Perú, Educación Cívica y tal vez sólo Dios sabe cuántas más.
El asunto es que, vamos a ser sinceros, la mediocridad de nuestra educación no es culpa solamente de nuestros gobiernos. Lo es de nuestra clase política, lo es de nosotros mismos, como padres, como ciudadanos. Nuestro fracaso de no educar con el ejemplo. De pensar que el colegio lo hará todo. De creer que otro tiene la culpa y no cada uno de los miembros de nuestra sociedad, cada uno de nosotros, cuando permite una injusticia, cuando permite una malacrianza y no corrige, aunque el hijo no sea tuyo.
El fracaso es nuestro, cuando tiramos papeles, cáscaras de frutas a la calle. Cuando dejamos de limpiar la puerta de nuestra casa, para echarle la basura al vecino; cuando nos guardamos el vuelto de más, cuando permitimos que un adulto mayor no tenga su asiento en el bus, cuando nos parece graciosa la malcriadez de un hijo, cuando llegamos tarde a algún lugar y le echamos la culpa al tráfico…
Sí, yo sé, puras huevadas. Huevadas que hacen lo simple en trascendental… ¿o alguno de ustedes ha olvidado alguna vez que un desconocido les corrigió algo que hacían mal? Yo jamás.
Pero, qué conveniente es quedarse callado en los momentos cruciales y qué tranca es portarse valiente, asumir el papel que siempre debería tocarnos: el de protagonistas de nuestro propio cambio.
Estos pobres muchachos merecían un país menos hipócrita, unos padres menos alejados y unos maestros más dedicados. Ellos merecían resguardar esos lugares y no hacerles daño. Pero también merecen aprender con una sanción y -¡por Dios!- una mejor sociedad, una mejor educación. Ellos y nosotros.
Rapidísimo: viniendo a trabajar, en un cielo nublado de una ciudad donde el verano supuestamente ha llegado, pero sigue lloviendo y por poco traigo mi chompita… venía yo caminando, escuchando una de las tres radios decentes para escuchar música que nos ha dejado el libre mercado (el resto es una suerte de monstruosidades donde ronda el neollevafacilismo musical) y saltó Alain Delon (el cual fue un sófero cuero pero ya ven, hay gente que envejece tan mal que parece que se estuviera derritiendo) y Dalida (my love, caray, qué talentosa y que Dios guarde de ella) con una cancioncita que odiaba en mi infancia pero que -cómo son las cosas- ahora la adooooro en cuanto la escucho y que viene a pelo hoy…
(uff, trago saliva, continúo)
Entonces me dije “chale, pégala en el blog y causa un momento de sano esparcimiento” and here it is…
Nada de sublecturas (aunque podrían haberlas). He decidido que, por el momento, no le dejo a nadie, ningún rastro, ni por aquí. Por cierto, las otras dos radios que quedaron solitarias en el dial perucho son ésta y ésta. Lástima por los oyentes locales, que quedarán sinceramente embrutecidos por otros contenidos menos variados.
Caray, todo el mundo puede andar de un certísimo mal humor, porque se paran dando cuenta que sus resoluciones del año anterior no se cumplieron. En mi caso, ya dejé de hacerlas, porque no logro terminar con aquellas que hice en 1986, así que hacer algunas ahora me pondría el asunto realmente engorroso. Algunas de esas se han terminado convirtiendo en mantras que digo para darme valor, para levantarme cuando estoy aplastadísima, para sonreir en los malos momentos y vivir intensamente los buenos.
Tal vez este año haga otras cosas. Tal vez me alimente mejor, haga ejercicio, logre encontrarte again, pueda cambiar de empleo, hacer las cosas con más paciencia, leer más, estar menos en la internerd (y ustedes se lo pierden si ello sucede) y aprender de una vez el francés, el italiano y otra lengua más que me haga sinceramente inalcanzable…
Tal vez mil cosas; pero todo, todo va siempre vivido con los ojos abiertos, la mente reflexiva y esa necesidad de encontrarle el sentido a todo. Lo lamento, no puedo con el small talk. Sólo puedo divertirme, mientras pienso. Así que, que me lleve la chorreada, porque soy una irresoluta total….
Perturbador, pero qué diablos, es un la canción me cae como guante…
Estrenando nuevo diseño en El Dedo Ilustrado, imaginarme tendida de largo a largo en mi sofá de dos cuerpos. Las piernas cuelgan, estoy despeinada, sin zapatos, mirando filosóficamente una mancha recién aparecida en el techo del depa. Un gato curioso intenta entrar por una de las puertas y se detiene, porque Travieso (el perro de la Negra) le ha mirado con ganas de pocos amigos, pero tampoco quiere levantarse. Nos hemos cansado de todo: de los cohetones, de la gente que sigue celebrando ebria, a todo volumen, como si participara de una bailetón; de la tele y sus “especiales” por fiestas, de la misma música, de la internet (es que todos tienen una vida, mijita, ¿on tas tu?); de las charlas sin terminar (cómo jode que te dejen con la palabra en la boca, justo cuando quieres decir algo trascendental); de aquel anisado que te raspó la garganta hasta horadar la boca de tu estómago; de la ducha del depa (y tu quieres tina); del año de mierda que fue el anterior y lo que promete ser éste (mente positiva, mi hermana) porque así lo dijo el soyo y así lo quiero yo…
Como sea, como sea y como sea. Tengo una gran pizarra en blanco, en la pared que está a los pies de mi cama. He borrado todo, para escribir una sola frase: Hoy empieza el resto de tu vida. Vamos a ver qué podemos hacer con esta mente escandalosa y este envase que se viste.
Feliz año, amigos míos. Gracias por estar. Mis mejores deseos para ustedes y ciertamente, que la pasen mejor que yo…
Lo último del Hit Parade de mi cerebro, a causa de Said, un amigo del curso de francés… ya lo tuiteé antes, pero aquí lo planto, para que lo repitan infinidad de veces… (como lo estoy haciendo yo)
Esa preguntita de “qué harás para año nuevo” siempre me ha puesto nerviosa. Tal vez sea porque casi siempre la he pasado rarísimo y recién en estos años estoy pasándola serenamente, en casa. Justo hoy, mientras planeaba con Chucky, qué hacer, se vinieron a mi mente muchos recuerdos que no está mal compartir…


Dicen que los blogs son un ejercicio de egocentrismo. Es la pura verdad. Yo escribo lo que me pega en gana y el resto de la gente me lee. Me lee al que le pega la gana de hacerlo. Me lee el que me odia, me lee el que me quiere mucho, me lee el que cae de cazuela, al ver ese dichoso link en mi usuario twitter, me lee el que vino buscando a los Jonas Brothers o alguna otra cosa. El asunto es que me lee cualquiera y a la vez, no todo el mundo. Hasta me lees tú, a escondidas, sin saber que éste lugar rastrea tus ingresos. Tal vez sabes que, igual, dejas el rastro para que yo sepa que te afanas y bueno, haga posts como éstos y mientras las temperaturas de tu ciudad te convierten en un delicioso adoquín, yo aquí canto Hawaii – Bombay frente al ventilador, en tu nombre.
Lo haré todo el verano.
Vaya año. Ha estado agotador, estresante, sorprendente, ilusionado, desilusionado, distraidísimo, millonario en perdidas económicas, panfletario, aderezado, de miserere. Ha estado trascendental y me ha permitido mirarme en los reflejos de las pupilas de varios. Me ha permitido encontrar espejos, almas gemelas, amigas eternas. Me ha permitido afianzar lazos invaluables, inolvidables. Me han mirado desde lejos y tal vez, han sentido que han encontrado algo. Yo también.
La Negra, con su usual estilo para ver la realidad, piensa que necesito un baño de florecimiento, 15 monedas de cinco soles, un jarro transparente lleno de semillas y tal vez correr por toda la manzana con mi equipaje. Yo siento que necesito el silencio total. La posibilidad de no escuchar nada. Para empezar, a mi familia gritando desde el primer piso si es que “sigo viva”; al trafico que circula por la puerta de casa; a mis empleados, a mis jefes; a los prospectos que no me llenan; a la tele, con sus noticias amargas, inútiles, aberrantes: a mis amadas redes sociales (un poco de vergüenza, pero así es); a mis propios demonios que paran hablando en mi cabeza todo el tiempo.. requiero silencio. No sé cómo hacerlo. No sé cómo apagar este asunto. ¿Cómo hacemos para que Dreampicker se desenchufe de todo, se reinicie y de paso, olvide lo triste de este año de mierda? Mis soluciones son inmediatistas, sin impacto a largo plazo y sinceramente, adefesieras. No sirven de mucho, pero elaborarlas, distraen un tanto y como dicen, cambian un fastidio por otro. Al menos. Mientras, escribo para divertirte y que sepas que ahí ando, sobreviviendo otro año más. Otro siglo más, otra vida más. Aprendiendo, como debe ser.