Mudanza (otra vez)

La monotonía me aloca. Por eso me mudo. Porque, aunque no viajo tanto como otros lo hacen, estos viajes interiores me obligan siempre a estar en camino de algún lugar. Por ello, tengo lo mínimo. Guardo lo mínimo. Regalo todo. Y me mudo.

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Me tomo en serio algunas cosas y otras, simplemente me siguen llegando altamente. Pero de paso, la hago más fácil para los tres gatos que me leen y aprovecho un dominio que tenía hace siglos perdido. Mira pues.

Que este blog se convierta en archivo. Que nuestros sueños nos  encuentren. Que los míos vengan, cayéndose, por las calles, apresurados, porque están llegando tarde.  Que ya me he ganado la tinka, si me leen tres gatos y encima, coinciden conmigo en algo. Significa que no soy la única mutante.

Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido.

Un fin de semana de mudanzas, en secreto. Aún hay mucho por hacer.
Un fin de semana de mudanzas, en secreto. Aún hay mucho por hacer.

Camino de Damasco

Convento de San Francisco.
Convento de San Francisco.

Lima Monumental sigue teniendo sus encantos, pese a la muerte de Andrade y la no muerte de su aberrante alcalde actual.  Nada más adorable que levantarse una mañana de domingo y caminarla a ella, somnolienta, plena de pereza. Luego más tarde, caes por sus iglesias y te convences de que su encanto monstruoso no sólo se debe a que aún te grita desde sus edificios de fachadas elaboradas.  Su encanto está en que aún puedes encontrar secretos. Aquí, dejo uno. Aprovecharé mi fin de semana para ir a mirarlo.

Eternidad

La eternidad de MJ según Montt.
La eternidad de MJ según Montt.

Nadie lo podía decir mejor.  Esta semana promete ser jodida… y eso que empieza un martes.  Suerte.

Echale la culpa al tiempo


Bueno, se fue. Sorpresivamente, sorprendentemente. Causando controversia hasta el último momento. Todo el mundo le preparará homenajes. Las bromas al respecto de su vida, quedarán en el pasado. Ya vive la inmortalidad.

Bailemos.

Mundo Perplejo

Se defiende, con sangre y horror.
Se defiende, con sangre y horror.

Cuando me vi intentando enchufar mi cepillo de dientes de viaje, en lugar de mi usb en la pc, caí en la cuenta que había llegado a un punto crítico de ausencia mental.

Lo que hemos presenciado durante estos últimos meses de gobierno aprista ha sido puro deja vû. Memorias transportadas de hace un par de décadas, por causa de un egocéntrico que piensa que ha sido elegido –nuevamente- por su talento como estadista.

A ver, ¿cómo se lo decimos, para que le duela mucho? No, señor presidente, lo hicimos porque elegir entre Humala y un loco calato, medio Perú preferirá elegir al loco calato. El mal menor está siendo puesto en duda con su gestión más derecha que la derecha misma, más intransigente que un grupo de extremistas religiosos, más torpe que la torpeza misma.

Tas creyendo...
Tas creyendo...

Nos ha regalado un fin de semana de infierno, señor presidente. Porque a mí no me va a decir que tras cualquier cosa que se realice en el gobierno, no está usted detrás. No se olvide que yo he vivido el primero, con sus happenings de 2000% de crisis, sus apagones, las colas para comprar porquerías para alimentarme, el divertido temor de saber si volvería a ver a mi familia again… su indolencia hacia el sufrimiento de otros que no sea usted y su gente, vamos. Osea, le sé.

Luego, tenemos que aclararle, más bien, bajarle del carro de Apolo en el que usted vive subido (no sé si artificialmente y ése es su problema) con toda esa tira de inútiles que le sigue; que por las puras envía a sus vasallos a justificarse por la metidaza de pata de haberse bajado a la mayor cantidad de víctimas policiales y civiles en un incidente, de toda la historia peruana.  Tenemos que aclararle que sólo los que no quisieron ver no se dieron cuenta del espantoso problemón social que se venía con aquellos pueblos que están postergados por el siempre para siempre y que francamente, ya se hartaron de que sólo los visiten para intentar conseguirles votos y luego expropiarles la casa. Era cuestión de tiempo. Hasta yo tuve noticia de ellos, hace meses, cuando una compañera de trabajo hablaba dramáticamente por teléfono con otros colegas que llevaban un proyecto en la selva, casi rogándoles por que no permitieran que los estudiantes aguarunas dejaran las clases que con tanto esfuerzo llevaban, para irse a marchar “hasta la muerte”. ¿Cuántos de ellos no volverán a sus aulas?

Sep, le interesa un pimiento. A quién le interesa un grupo de chunchos que estorba para los grandes negocios…A quién le importa el oportunismo político de aquellos que azuzan en la miseria, los que edifican en el odio, que victimizan en la ignorancia. Qué importa el mañana. El hoy es altamente rentable, reditualmente lógico… y usted sólo quiere engordar, en todos los sentidos.

Comprenderá, señor, que lo detestamos. Pero no nos queda más que seguir viviendo en esta imperfecta democracia. Es la que me está permitiendo decirle la vela verde hoy y la que nos hará mandarlo para su casa en el siguiente periodo, donde otro imbécil será elegido, para que Humala no logre hacerse de este pobre país.  Qué coraje.

Justificándonos

Imposible sacar cuerpo.
Imposible sacar cuerpo.

Un rasgo que suele definirnos es esa inefable capacidad para “sacar cuerpo” en las ocasiones más decisivas. El mejor medio para deslindar responsabilidades, en una manera sinvergüenza de demostrar que uno puede librarse de todo, si encuentra la forma. Tal vez, una manera esquizofrénica de no ver la realidad, aunque te pegue en la cara. Asusta y a la vez, demuestra “el cobre” del que se justifica.

Saca cuerpo el administrador judicial de un canal y no paga a sus acreedores y trabajadores; saca cuerpo un presidente regional sobre su incompetencia para prevenir una emergencia de salud; sacan cuerpo los ministros sobre el estudio de una ley que apremia; saca cuerpo una dirigencia indígena, sobre los excesos de comportamiento frente a la búsqueda de solución de su demanda; saca cuerpo un presidente que no entiende que vino a servir…

Saca cuerpo el funcionario público que atiende lentamente y sin ganas de servir, mientras tiene un colón de gente que espera ser servido; saca cuerpo el policía que cumple mal su deber y se deja corromper; saca cuerpo el maestro mediocre que culpa a su pobreza económica por su pésimo rendimiento; saca cuerpo el empresario que invierte diez lucas y quiere ganar mil, a costa de todos sus empleados mal pagados.

Saca cuerpo el padre que no protege al producto de su eyaculación feliz; saca cuerpo la mujer que decide dejarse vencer, por la razón que sea; saca cuerpo el que plagia en sus exámenes (en todo nivel educativo) y que pretende acceder a una acreditación feliz; saca cuerpo el que se hace dormido en el bus, mientras tiene a una persona mayor casi colgando a su lado…

Sacar cuerpo. Tan peruano. Tan latino, también. Tan humano. Qué difícil es asumir las culpas, adjudicarse las actitudes correctas y sobre todo, mantenerse clavado en el sitio. Allá los que se conforman con las justificaciones. Yo no me conformo, pues. Me joden las explicaciones. Me parece más honesto el reconocer los errores y con ello, sonarse los mocos de la realidad e ir adelante. ¿Tengo la culpa? La tengo, pues, carajo. Por no ser más honesta de lo que debo ser, por hacer malas elecciones y por no indignarme más seguido con aquellos que viven de modo autocomplaciente con sus vidas. Al final, soy igual que ellos. Me repugna, pero es la verdad.

A favor de todo, siempre habrá algunos que siempre tendrán los pantalones bien puestos. Por ellos, seguimos intentándolo. Seguiremos pateando a los pusilánimes, al menos por aquí.

Deja la inmovilidad, haciendo esto (si, seguimos insistiendo).

Frialdad que indigna.

Todos a una.
Todos a una.

Es decir, sólo para aquellos que escuchamos atentamente las noticias nos suele indignar la manera cómo se “escoge” lo que se quiere mostrar. Al parecer, los niños muertos de frío en el sur, no es noticia.  ¿Qué lo es? ¿El padre Cutié y su chamacona? ¿Magaly mirando la cana again? ¿la gresca vivaza de los apristas en plena expo de buenote de Simon? ¿Mi falda nueva a cuadritos?

Qué simple parece ser todo, luego, cuando se recuerda lo correcto. Por lo pronto, nos aunamos al coraje. Tal vez sirva de algo. Tal vez no.

Maestros

Luis Jaime Cisneros, compartiendo un momento de sano esparcimiento (y combate) con un grupo de profes, entre ellos uno al que dedicaremos otro post.
Luis Jaime Cisneros, compartiendo un momento de sano esparcimiento (y combate) con un grupo de profes, entre ellos uno al que dedicaremos otro post.

No suelo trabajar los sábados. Tengo la suerte de tenerlos libres para otras cosas que no puedo hacer en la semana, pero salió un evento qué cubrir y así acabé en la primera fila de una jornada docente, realizada en la UCSS, el día 16. Habían invitado a dos personalidades educativas, pero lo que dijo la primera de ellas, me dejó clavada en el asiento, de pies en punta y como sabueso que enseña a la presa, es decir, con todos los sentidos en ON.  No era para menos, pues; Luis Jaime Cisneros me hizo recordar aquellas conversaciones que tenía de pequeña con aquellos que ya no están y me felicité de haber caído por ahí.

Sólo posteo el video y pongo, a modo de fin, una cosa que dijo que me dejó pensando (en realidad, todo lo que dijo fue valiosísimo): “los textos nos ayudan a entender la batalla por buscar la verdad…” Amén.

Musas Desesperadas

La Musa del Silencio, Giorgio de Chirico.
La Musa del Silencio, Giorgio de Chirico.

Neblina al ras del pie, en Lima. Lápiz suspendido en la mano. Pensando en mujeres. Mujeres que escriben. Mujeres que mueren. Mujeres que escriben y se mueren. Mujeres que se matan, luego de escribir tanto. No son las mujeres que los hombres suelen esperar, ansiosos, para envejecer. Tampoco son aquellas que sonríen hablando de la confusión en high heels. Mucho menos las que mueren placenteramente, mirando su vida como un sunset.  Ni siquiera las que disfrutan del orgasmo merecido.

Mujeres – demonios. Conflictuadas, histéricas (aparentemente), hastiadas, ansiosas, obsesivas, dramáticas, intensas, clarividentes, sinceras, honestas, talentosas, incomprendidas. Mujeres heroínas que detestaron la rutina, que rompieron las formas y que pagaron las consecuencias de ser diferentes, con sus vidas.

Cómo las admiro y cómo desdeño a ciertas opiniones autorizadas que dicen que la era del conflicto + poeta ya fue. Digo, sin el conflicto, no se puede decir algo auténtico. Sin la contrariedad, sólo llenas las páginas de lugares comunes, de tontorronadas, de estupideces parroquiales que nunca pasarán del boletín de estante. Escribir es esclarecer la mente desde los dedos. Pensar en simultáneo con las palabras deslizándose desde la boca al papel o la pantalla. Ordenar lo poco que puede ser ordenado en un mundo confuso como este.

Dije que admiro a esas mujeres que escribieron, pero también me maravillo por las que ahora lo hacen y por las que vendrán.  Por sus vidas que pueden pasar desapercibidas para el resto, pero para  ellas, cada día es una aventura y un reto… que no todas logran completar.

Nunca cuando debe ser, María Emilia, Sylvia, Alfonsina, Virginia (y siguen firmas)… nunca. Todo para poner este video como pretexto. Enjoy.

Oda al mal humor

De mal, mal humor
De mal, mal humor

Hubo, hace mucho, una Oda al Papel Autocopiativo, de mucho éxito. Alguien se la llevó a su casa, escrita sobre –oh sorpresa- papel autocopiativo. Irrepetible, pese a que intento, de tanto en tanto, emularla sobre algunas facturas de Tottus.

Esta es una oda al mal humor. En minúsculas y en prosa. Porque estoy de mal humor, pues. Porque me revienta el inicio del otoño en Lima y me pareció que sería una buenísima idea, bajo este cielo panza de burro, donde puede ser las 6am o las 4pm, donde el frío se cala en los huesos y te hace sentir un estropajo sin exprimir, donde todo el mundo va a una revolución distinta y sólo los Monsters y un par de freaks pueden decir que “el día está lindícimo”; y eso me descomputa de hacha.

Sí, puro y genuino mal humor, porque yo a la playa no voy en verano ni muerta (y ahora tendré que hacerme el espacio para poder ir porque sino me falta algo), porque el frío es buen pretexto para ponerme botas largas (que me encantan) que embarraré, envolverme con guantes de cuero los puños siempre engarrotados (duele) y cubrirme hasta las cejas con un chuyito caliente que me haga ver como un escolar.

Malísimo humor. El sol se ha ido y me deprime la “mente positiva, mi hermano” de todos los que caminan deseando ser los mismos de siempre. Porque mis cosas se me van complicando, aunque nadie las sepa y encima, coordinadamente.  Al parecer, mi positivismo primario se ha ido pegado a ese sol que sale en otro hemisferio. Merde.

No, tampoco es culpa del clima solamente. Ni de las cosas que se me cruzan. La culpa es de las ausencias, que pesan como los yunques de las escenas de dibujos animados, que hunden hasta lo más profundo y no hay más que tragarse los mocos y seguir, pues, seguir. Con la extraña sensación que camino por la calle (o el mundo) con la bragueta abierta… y la gente me ve pasar, sin nadie que me diga “oie, súbete el cierre”; porque ese nadie está en otro lugar.

Lo curioso es que siempre ha sido así. En estos días, el asunto se exacerba nomás. Caracho, qué mal humor.