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Luis Jaime Cisneros

Luis Jaime Cisneros


Brevemente: Absolutamente consternada por la pérdida de una de las mentes más claras que aún le quedaban al Perú. Consternadísima por que, a pesar de que las personas tienen fecha de vencimiento, una desea que algunas cosas buenas duren por siempre. Completamente agradecida de haberle leído-muchas veces con mi padre para comentarle- y con el éxtasis de haberle escuchado en vivo, una única vez.

No tuve la suerte de tenerle como alumna. Pero  el aprecio no puede dejar de ser menor que aquellos que le tuvieron en su cotidaneidad estudiantil. Luis Jaime Cisneros era una rara avis para Perú y eso apena. La coherencia, la honestidad y la capacidad para visionar objetivos para  crecer, es algo que no tenemos. Nos da pereza pensar, nos da pereza ser honestos, nos da pereza pelear por lo correcto. Ojalá, de sus cientos de alumnos, alguno le haya salido peleador y se le haya copiado lo bueno. Ojalá fuera un virus imparable. Que descanse en paz.

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Pendejadas de a pie

Pendejadas de a pie
peatones

Peatones imprudentes, serán multados. Las autoridades pretenden detener racha de accidentes, por ese lado también.

Pendejo, en peruano, significa sinverguenza, vivazo. Aquí nos creemos pendejazos. Evadimos chamba, pagado de impuestos, ordenanzas de todo tipo y le llamamos “criollada”. Nuestras autoridades (en las cuales, sin duda habrán hartos pendejos como nosotros) están intentando algo. Mostrar, con algunos indicadores, que ya estamos dejando de ser un país de informalidad y atraso. Se les ha ocurrido multar a los peatones que cometan imprudencias, que podrían generar accidentes. Mucha gente ha dicho “oie, pero qué genial, pero un poco exagerado, digooo” y otra habrá pensado bien bajito en que, es un fastidio y que probablemente no pase de una leguleyada que los policías no aplicarán. Yo estoy en el tercer grupo de los que suspiran diciendo “al fin”… pero con un “pero”.

No me explico porqué, el peruano tiene pegado al hueso la idea de que “hecha la ley, estará hecha la trampa” y justo por ello, podrá saltársela, olímpicamente. ¿Será un asunto local? Debe serlo, porque no me figuro a un perucho pasándole con el carro encima al pie de un policía de California, por ejemplo, sin convertirse en un episodio de Cops y tener su fotito con números en el pecho, de rigor. Claro, las posibilidades de que salgas bien librado, aquí en Perú son absolutamente grandes; allá te plantarían la pistola eléctrica si te pones faltoso y listo.

Todo este rollo para decir que, con esta currícula escolar de adefesio, donde la Educación Vial básica brilla por su ausencia (me parece que aún la enseñan en el kinder o el nido, si les parece), las autoridades han terminado aceptando que deben de regular con multas el asunto de pedirle a la gente que cuide su vida y no friegue al señor conductor- habida cuenta que él mismo es un chango con carné. Las multas no me molestan, pero, por la madafaca ¿Es que no pueden ser parte de una campaña furiosa de Educación, que no empiece con esos cojudos mimos que se paran en los cruces de esquina, sino con un lavado de cerebro en colegios, academias, institutos, clubes deportivos, clubes de madres, de jubilados y cuanta institución encuentres? Caray. La sanción debe llegar cuando, existiendo la educación y concientizacion, te saltas la norma; no con el afán de castigar lo que nunca se explicó.

No sé, pero pareciera que a nadie se le ocurrieran las cosas aquí. En lugar de tomar a los actores de una serie torreja de TV, como candidatos para funcionarios de un gobierno local, deberían pillarlos antes, para hacer campañas de bien social como “respeta las señales de tránsito” “no eches basura en la calle” “observa las leyes básicas de la urbanidad” “sé honesto en todo lugar” etc…

Es decir, que si a nuestra genética pendeja, se le añade la ignorancia, estamos perdidísimos si creemos que con sanciones económicas podremos hacer algo. Algo se hará, sin embargo, pero no será el optimo resultado y, sinceramente, como que ya harta el famoso “casi casi”, insignia de mediocridad que nos impide explotar todo el potencial que tenemos como país. A ver si la pendejada se nos aparece para mejorar en todo sentido. En todo caso, pendejada creativa es la que necesitamos. De esa hay también, pero no tan publicitada.

A la sombra de un corto

A la sombra de un corto

Este iba a ser un post sobre el aprendizaje de los idiomas, el fraseo de cada uno de ellos y el temperamento que suelen tener aquellos que lo hablan, como una lógica característica de cada cultura que los genera. Iba a hablar sobre lo que- me parece a mí- es el centro del asunto de la enseñanza del idioma: estimular al alumno sobre la necesidad de aprenderlo, es decir, motivarlo directa o indirectamente.

También iba ser un post a modo de contestación a una pregunta con mala leche sobre porqué tuiteo en otros idiomas-además del nativo, lo hago en inglés, un poco de francés y muchísimo menos, en italiano- siendo que vivo en Perú. Lo cierto es que, de saber Quechua, lo hacía en esa magnífica lengua, también. Iba a explicar sobre lo relativo que van siendo algunas cosas últimamente, al respecto del intercambio de información y sobre la necesidad de poder expresar las ideas de manera que más gente pueda entenderlas. Intentar aprender varios idiomas es una forma. Intentar llegar…

Luego cambié de idea, que mejor hablara sobre esa estúpida incapacidad perucha por no ver más allá de lo evidente y focalizarse, siempre, en lo cercano. Una lacra que envuelve todas las acciones que se realizan y que es un mal endémico en las clases sociales altas, bajas, medias (un poco menos) y la clase política deprimente que nos intenta llevar al cadalso como nación. Hubiera disertado unas 2500 palabras sobre muchos ejemplos al respecto, sobre cómo me siento una extraterrestre por aquí y la verdad, me hubiera faltado tiempo para seguir.

También hubiera querido chismear sobre mis propósitos para estas minivacaciones que le he llegado a arrancar a mi chamba, pero luego me dio sincera pereza dar mi agenda personal, porque -humildemente- no soy cosmopolita y no la tengo tan recargada y la verdad, lo único que ansío es poder dormir hasta tarde y acostarme igual. Una ligera variante es que intento, eso sí, vivir con ansiedad (pero no mucha) el relax de hacer sólo las cosas que me gustan, comer lo que me gusta y pasar el tiempo con personas a las que no veo así nomás.

O podría lloriquear en más de 140 caracteres sobre las usuales penurias de una mujer como yo o como tú, muchacha estúpida que aún crees que lo sabes todo (ni yo) y te falta la estrellada fatal de la realidad. No, merci.

Pero.

Pero siempre está el otro topic que manejo soslayadamente; aquel que no trato por aquí, pero lo trato-benditas sublecturas- que me camina todos los días y que me tiempla, como el acero, para no decir las cosas y sin embargo, pensarlas consetudinariamente. Ahí anda. Siempre. Estoy embebida en él. C’est comme ça, mon chér loup.

Pucha, entonces me da pereza máxima, porque hay cosas que sólo se conversan en el calor de un acercamiento. Algo es algo y para mi, algunos “algos” han sido todo. Estoy en los lugares usuales, por si quieren charlar. Con permiso, me voy a recostar…

Nos leemos.

Me Sacan…

Me Sacan…

Bored With The Conversation - Scott Robinson

Bored with conversation – Scott Robinson

Bueno, este post iba a ser una lista. De hecho, algo larga y bastante ácida. Pero, prefiero hacerlo así, pegadito nomás, rabiando como siempre. Recuerdo que a muchos no les gustaba ése rasgo, de mi. Otros lo encuentran atractivo. Por mi parte no puedo decir más que así vienen en mis instrucciones: te chupas el limón o te largas. Es bueno decirlo.

¿Qué me jode últimamente? Sí, porque, si me lees con regularidad, sabes que paso del fastidio a la histeria, a la añoranza y casi nunca a la hilaridad -la que dejo para lo cotidiano, pero… wait, ahí hay tan poca gente- con lo que mis estados circulares sólo me pueden servir para que, de tanto en tanto, escriba algo que me salga de los ovarios y tu pienses que soy una loca de atar.

¿Qué me jode? Uff. Para empezar, el tráfico de mierda de Lima. Tener que vivir en el Apartheid que nos impone la poca decisión de una clase política que es una cloaca, lo que me hace querer pensar varias veces antes de salir de Lima Norte (donde trabajo y vivo) para ir a cualquier otro sitio, porque todo me toma 1hora de viaje; lo mismo que toma un avión de la capital hacia Arequipa. Luego me jode el descaro de los políticos, la mala educación que recibe el peruano promedio (lo cual le hace ignorante, atrevido y estrecho de miras), la lucha para mantenerme en un mercado laboral (con estudios y todo) mientras un bailarina de tecnocumbia logra viajar un par de veces al año a Europa y yo saco mi cuenta para saber si podré viajar a Huacho sin desbalancear mis fondos. Me revienta la gente que legisla sin saber de lo que habla, el que se siente indispensable, el que envidia y sólo remarca los defectos de los otros, el acomplejado que en todo ve un problema y aquel que se siente feliz por saltarse las reglas, afectando al resto. Me pone de malas el que diserta sobre algo, como si dijera la verdad de la milanesa y me subestime en el interin, el que no se da cuenta que marca los corazones y que sinceramente no estoy para bromas, el que esconde su corazón para mi, pero se lo da a otra, el que jamás me ha de encontrar… me jode hasta cuando desaparece el teflón de las sartenes de casa, se acaba el papel higiénico, se acaba el capítulo de la serie que me bajé por torrent, no poder usar el puto bluetooth (y por ello tener que ir a servicio técnico), olvidar los tiempos verbales del francés, no poder ir al cine, ver como los peatones son imprudentes, no poder publicar un libro de poesía sin tener que dejar el pellejo, no tener el tiempo para pintar, tener que esperar a que los objetos que quiero comprar “me encuentren” porque, sencillamente, nunca encuentro lo que quiero hasta que ellos aparecen. Me saca de mis casillas que dejen las cajas vacías de cualquier cosa, en las estanterías o la refri, para que las eche yo a la basura, que la vecina barra todas las mañanas a la misma hora, con frenética fruición (para mi que tiene problemas sexuales) y que las mañanas empiecen a ponerse nubladas, resistiéndome a sacar las frazadas del closet, olvidar echar el insecticida todas las mañanas y recordarlo todas las noches, abrazar a mis dos almohadas y seguir sintiendo que estoy en la cama equivocada, en el año equivocado, con un absoluto LAG en esta vida que me alcanza, pero cuya canción no me gusta mucho, la verdad…

Caray, todo me enfada. Sólo unas pocas cosas me pueden hacer sonreír, por aquí; porque como ya te dije, lo cotidiano te es ajeno, siendo una proyección exagerada de lo que en verdad me da vueltas y el resto, que ya sabes siempre, se rellena. Deséame buena suerte, entonces.

Libertad

Libertad

Libertad para ser lo que deseo ser. Para cometer mis propios errores. Para sentirme orgullosa de mis propios logros. Para decir lo que pienso, siento y deseo. Libertad para mirar a la cara a los demás, sintiéndome orgullosa de mi devenir. Soy afortunada. Vivo en una democracia, que, aunque imperfecta, me permite el soberano derecho al piteo.

Cuba, no.

Yo sé que habrá gente que aún piense que Cuba es lo máximo, aunque la gente no pueda opinar, ni quejarse, ni soñar. Aunque vivan en una auténtica economía de guerra. Aunque los repriman y sean utilizados entre ellos, para vivir asustados por querer ser diferentes. Pero, piña, todo aquello bueno que logró aquella revolución que a tanta gente ilusionó, ha sido borrado por uno de los regímenes anti democráticos más longevos del paneta.

En fin, no estoy para ponerme panfletaria. Más bien, me uno a la iniciativa de varios bloggers, para que los presos de conciencia cubanos, sean libres. Vamos.

Por la libertad de los presos políticos cubanos
Por la excarcelación inmediata e incondicional de todos los presos políticos en las cárceles cubanas; por el respeto al ejercicio, la promoción y la defensa de los derechos humanos en cualquier parte del mundo; por el decoro y el valor de Orlando Zapata Tamayo, injustamente encarcelado y brutalmente torturado en las prisiones castristas, muerto en huelga de hambre denunciando estos crímenes y la falta de derechos y democracia en su país; por el respeto a la vida de quienes corren el riesgo de morir como él para impedir que el gobierno de Fidel y Raúl Castro continúe eliminando físicamente a sus críticos y opositores pacíficos, condenándolos a penas de hasta 28 años de cárcel por “delitos” de opinión; por el respeto a la integridad física y moral de cada persona; firmamos esta carta, y exhortamos a firmarla a todos los que han elegido defender su libertad y la libertad de los otros.

For the Freedom of Cuban Political Prisoners
For the immediate and unconditional release of all political prisoners in Cuban jails; for respect for the exercise, promotion and defense of human rights anywhere in the world; for the honor and courage of Orlando Zapata Tamayo, unjustly incarcerated and brutally tortured in Castro’s prisons, who died while on a hunger strike denouncing these crimes and the lack of rights and democracy in his country; for respect for the life of those who risk death such as Zapata Tamayo to prevent Fidel and Raúl Castro’s government from vanquishing their critics and peaceful opponents by sentencing them to up to 28 years in prison for “crimes” of opinion; for respect for the physical and moral integrity of each person; we sign this letter and invite to sign it all those who have chosen to defend their freedom and the freedom of others.

Pour la liberté des prisonniers politiques cubains
Pour la libération immédiate et inconditionnelle de tous les prisonniers politiques dans les prisons cubaines; pour le respect à l’exercice, à la promotion et à la défense des droits de l’homme partout dans le monde; pour la dignité et le courage d’Orlando Zapata Tamayo, injustement incarcéré, brutalement torturé dans les prisons castristes et décédé pendant une grève de la faim en dénonçant ces crimes et l’absence de droits et de démocratie dans son pays ; pour le respect à la vie de ceux qui sont sur le point de mourir, comme lui, pour empêcher que le gouvernement de Fidel et de Raúl Castro continue d’éliminer physiquement leurs critiques et adversaires pacifiques en les condamnant à des peines de jusqu’à 28 ans de prison pour des “délits” d’opinion; pour le respect à l’intégrité physique et morale de chaque personne; nous signons cette lettre et nous exhortons ceux qui ont choisi de défendre leur liberté et la liberté des autres à la signer.

Firma aquí, sign here, signez ici
Por la libertad de los presos políticos cubanos

Gracias a @aguayaberlin por su motivación.

Un Viaje

Un Viaje

Todo cerca.

Todo cerca.

Hace unos 25 años poco más o menos, un especialista del Ministerio de Educación viajó a Egipto, invitado por una institución local, para asistir a un seminario sobre un tema que, la verdad, desconozco mayormente. El tipo, contentísimo, viajó con toda la pompa que solía (y suele) requerir la investidura que tenía, pues era ni más ni menos que el representante del gobierno peruano en aquel evento, que tendría poco más de una semana en realizarse.

El asunto es que el patín se registró en el inicio del evento y luego arrancó a conocer todos los encantos de la ciudad (el Cairo) y alrededores, convencido de que nadie haría le echaría de menos y que su registro inicial sería suficiente para sustentar la asistencia a esas conferencias que le parecían de lo más pelmas y que de plano no entendía, porque él no hablaba ni inglés. ¿Porqué lo enviarían? Tal vez por lo mismo que siguen enviando incompetentes a estas cosas, porque los susodichos(as) son más chinchosos que mocoso hambriento en supermercado o porque era la única manera de premiarlos por su desempeño, en vez de darles alguna grati or else. Luego, estamos claros que rara vez iba alguien que entendía el asunto del que se trataba o por lo menos, era honesto como para quedarse cabeceando todas las charlas.

Digamos que el tío en cuestión, vivazo él, se fue a conocer las pirámides, la tumba de tutti li mundi (o el rey Tut, qué cuernos) y luego regresó horondo a la última charla del asunto, dispuesto a recoger su papelito que lo acreditara como asistente a la misma. Tal vez por señas le habrían dicho que sí recibiría una especie de constancia y que eso sucedería al final de todo. Efectivamente, al final, le hicieron entrega de un documento, el cual estaba en árabe y que él exhibió luego en Lima, haciendo aspavientos sobre el evento, sobre el país y el viajecito que se había empujado, gracias a nuestros impuestos.

Para su mala suerte (creo que así sigue la historia) estando en uno de esos discursos, fue escuchado por la entonces ministra de Educación, famosa por caerles de sorpresa a toda la gente de los despachos a momentos realmente alucinantes. Inmediatamente, ese maldito sexto sentido femenino le hizo detenerse y quedarse mirando las musarañas, pensando. Yéndose caleta nomás, llamó al jefe inmediato del panudo y le pidió informe sobre el viaje. El jefecito le contó que sí, si había ido al congreso y que, es más, había traido un documento que lo avalaba. Genial dijo ella, quiero verlo. Ah, caraca, está en árabe. Tradúzcalo, dijo ella, con los ojillos entrecerrados.

Pucha, es que nadie como ella para pensar mal. Hasta ahora recuerdan a su guardia personal, un grupo de mujeres fortachonas, que guardaban fierros de construcción en sus canastas de mercado, merodeando por los pasillos del ministerio, cuando habían amenazas de huelga…

El documento decía, más o menos así: “Fulanito de tal, se ha registrado en el congreso de xyz, pero NO HA ASISTIDO a más del 30% de las charlas, razón por lo cual se entrega esta constancia, para los fines que estime conveniente. Fecha, firma”

Uy, la gritadera que siguió fue de la puta madre. Hubiera pagado por verle la cara al tipo.

Si hay que dejar este asunto con moraleja, podría decir que no es sólo parecer honesto. Hay que serlo. Tal vez sea un consejo anacrónico, huachafón, decimonónico, tal vez el que te daría tu abuela… luego, ¿cómo sabes que yo no soy ella? Algún día, algún funcionario perucho será 100% decente. Mi sueño.

Nota1.- Sí, hablo de aquella ministra que, 20 años después no logró resolver otro problema.

Nota 2.- Sí, este post es por aquellas autoridades que nos siguen regalando sus mejores actuaciones. “yo no fui, fue Teté…” (dejen en paz a Tere).

Nota 3.- Yo también quiero conocer las pirámides. ¿En qué ministerio me apunto?

Un fracaso más, sí importa

Un fracaso más, sí importa

El indignante video de arriba, objeto de algunos titulares, varias amenazas de muerte a los protagonistas y zafada de culpas de algunas autoridades sólo me hace caer en cuenta que el fracaso de un país se deberá siempre al fracaso de una sociedad educada mediocremente. Mal educada, pues.

Viví deprimida una época, cuando enseñaba en un instituto que, horondamente, se promociona ahora vía tele y que, en aquellos tiempos, no era más que una estafa para estudiantes que querían graduarse de cualquier cosa y para padres que no deseaban hacerse cargo de sus hijos. Jamás logré que ninguno de ellos pudiera leer media A4 comprensivamente. Tampoco logré hacer que entendieran el error que significaba plagiar. El concepto de responsabilidad les era extrañísimo; la puntualidad era algo que les estorbaba, espantosamente. Le enseñaba a una generación que era producto de las políticas educativas fujimoristas, donde la currícula había sufrido trasnsformaciones espantosas, que dejaban de lado a la historia del Perú, Educación Cívica y tal vez sólo Dios sabe cuántas más.

El asunto es que, vamos a ser sinceros, la mediocridad de nuestra educación no es culpa solamente de nuestros gobiernos. Lo es de nuestra clase política, lo es de nosotros mismos, como padres, como ciudadanos. Nuestro fracaso de no educar con el ejemplo. De pensar que el colegio lo hará todo. De creer que otro tiene la culpa y no cada uno de los miembros de nuestra sociedad, cada uno de nosotros, cuando permite una injusticia, cuando permite una malacrianza y no corrige, aunque el hijo no sea tuyo.

El fracaso es nuestro, cuando tiramos papeles, cáscaras de frutas a la calle. Cuando dejamos de limpiar la puerta de nuestra casa, para echarle la basura al vecino; cuando nos guardamos el vuelto de más, cuando permitimos que un adulto mayor no tenga su asiento en el bus, cuando nos parece graciosa la malcriadez de un hijo, cuando llegamos tarde a algún lugar y le echamos la culpa al tráfico…

Sí, yo sé, puras huevadas. Huevadas que hacen lo simple en trascendental… ¿o alguno de ustedes ha olvidado alguna vez que un desconocido les corrigió algo que hacían mal? Yo jamás.

Pero, qué conveniente es quedarse callado en los momentos cruciales y qué tranca es portarse valiente, asumir el papel que siempre debería tocarnos: el de protagonistas de nuestro propio cambio.

Estos pobres muchachos merecían un país menos hipócrita, unos padres menos alejados y unos maestros más dedicados. Ellos merecían resguardar esos lugares y no hacerles daño. Pero también merecen aprender con una sanción y -¡por Dios!- una mejor sociedad, una mejor educación. Ellos y nosotros.