Aburrimiento

Apuesto que las pirámides se hicieron sólo para calmar el hastío de ver un paisaje plano como el desierto egipcio, pero ya no hay nadie a quién preguntarle.
Apuesto que las pirámides se hicieron sólo para calmar el hastío de ver un paisaje plano como el desierto egipcio, pero ya no hay nadie a quién preguntarle.

Anoche, mientras me debatía entre adelantarme a la efeméride del lunes o postear –otra vez- sobre actualidad, un twittero que nunca me lee, me dio una pista para este post. La verdad sea dicha, la pista la estaba dando yo, aburrida, mirando la pantalla de twitter desde casa y escribiendo cosas al aire, que me pintaban sinceramente hastiada. Él dijo algo como “¿qué pasa?” y yo dije “estoy aburrida”.

El aburrimiento es un estado interesante y controversial. Dependiendo del cristal con el que se mire. Cuando es vivido en un estado de debilidad, imagino que llevará al suicidio. Esa sensación de que nada puede sacarte de tu sopor diario, donde ya sabes qué sucederá y entonces, quieres terminar la historia de tu vida. Voilá, te abres la venas. Pero también está ese otro estado –y de paso, el más sugestivo- que busca convertir en algo utilitario ese tiempo perdido, haciendo que sirva para algo más que para mirar el techo de tu cuarto, mientras piensas en la inmortalidad de la zanahoria encurtida…

A mí me interesa ese estado, el positivo. El aburrimiento que tiene en medio la fracesita: “¿y qué pasaría si…?” que puede cambiarte la vida. Es un estado intermedio entre los descubrimientos. Como alguien que camina sin rumbo y se detiene, para mirar hacia otro lugar y suspirando, dice “ale, ahora vamos por aquí”. Entonces, con ese microsegundo de parálisis en el que estás detenido, mirando tus posibilidades, entiendes que sólo puedes pelear contra esa desidia que te puede llegar a atrapar.

Yo le decía al twittero en cuestión, que todo lo que yo hacía en mi vida era un simple truco para combatir al aburrimiento. Mi curiosidad, mis hobbies, mis estudios, mis relaciones sociales, mis extrañas ocupaciones de tanto en tanto… todo confabulaba para que el aburrimiento no me atrapara por menos que una hora. Es estresante, pero si leen con algo de regularidad este blog, ya saben que dentro de Dreampicker vive mucha gente y vamos, hay que tenerlas ocupadas a todas… Por supuesto que él me miró desde su trono de superioridad, hasta que lo entendió todo de mi, para escapársele un “oh” que me supo más a “chale, qué bien que ya no nos vemos más, oie!” Por supuesto, me reí mucho.

Lo único que no hago por aburrimiento, es amar. Pero eso ya no es tema de este blog, por mucho tiempo.

Camino de Damasco

Convento de San Francisco.
Convento de San Francisco.

Lima Monumental sigue teniendo sus encantos, pese a la muerte de Andrade y la no muerte de su aberrante alcalde actual.  Nada más adorable que levantarse una mañana de domingo y caminarla a ella, somnolienta, plena de pereza. Luego más tarde, caes por sus iglesias y te convences de que su encanto monstruoso no sólo se debe a que aún te grita desde sus edificios de fachadas elaboradas.  Su encanto está en que aún puedes encontrar secretos. Aquí, dejo uno. Aprovecharé mi fin de semana para ir a mirarlo.

De Amor (otra vez)

Donde vivo.
Donde vivo.

Hablar con el hígado me ha resultado siempre tan fácil. Lo extraigo con mis propias manos y escurriendo sangre, escribo. Siempre suelo estar en trance, al hacerlo. Las ideas se agolpan, atiborrando todo, matando al idioma y sobre todo, buscando el punto de la exacerbación de la indignación que siempre me corroe. Ya he explicado que es la voz de mis demonios, de aquellas muchas Dreampickers que viven en un mismo cuerpo y que viven pogueando en mi interior, donde sólo algunas miran hacia esa rendija de luz que es este blog. Unas pocas logran escalar y gritar. Los vecinos vienen, asustados por sus alaridos. Vienen los bomberos, la policía… viene todo el mundo, para intentar calmar los arañazos, los golpes entre ellas. Todo para que un texto pase por las gargantas de los que leen en voz alta, como ácido que corroe. Puede ser…

Hablar con el corazón me es extraño, entonces. El amor prefiere hablar en verso, con la secreta ilusión de hacerlo al oído de alguien. Ni siquiera tengo el valor para dejarle hablar por aquí. Lo mejor, entonces, siempre, es esconderse. En aquella esquina de la mazmorra que llevo adentro, hay alguien sentado, mirando el escándalo que hace mi Legión. No suele hablar, pero cuando lo hace, los demonios voltean a mirarla. Callan al instante, asustados. Saben que ella es la única que tiene la llave de la puerta. En el fondo, ellos no quieren irse; quieren que ella sea libre.

¿Sabes qué? Yo también.

Licencia

En estas semanas agitadas (por todo lugar) en las que, pese a que pones la cabeza en la almohada, no descansas y sigues pensando sobre lo estúpido que puede resultar tener que levantarse todos los días para hacer lo mismo y encima, que el resto de gente esté de tan mal humor como una, me tomo una licencia, con este post.

Sólo para jugar con las palabras, como siempre. Para decir que estoy cansada, que me siento aburrida de los lugares comunes y de tener que dejar que las cosas sucedan y no “hacerlas suceder”. Ya sé, debe ser un problema mental grave, esta sensación de “no tengo tiempo qué perder” y andar en esta carrera loca, casi sin mirar mientras se corre.

Pero hoy, estoy agotada, física y mentalmente, y me hubiera gustado tanto que las armonías fueran perfectas. Iba a decir algo como “tal vez no las merezca”, pero como cualquier hija de vecino, necesito apapacho y palabra de aliento de vez en cuando. Hoy me lo he ganado. Le he arañado tiempo a mis propias fuerzas, he jugueteado con las ensoñaciones y finalmente, he terminado con mis propias penas.

Me largo por ahí. Mientras, dejo canción al aire.

Justificándonos

Imposible sacar cuerpo.
Imposible sacar cuerpo.

Un rasgo que suele definirnos es esa inefable capacidad para “sacar cuerpo” en las ocasiones más decisivas. El mejor medio para deslindar responsabilidades, en una manera sinvergüenza de demostrar que uno puede librarse de todo, si encuentra la forma. Tal vez, una manera esquizofrénica de no ver la realidad, aunque te pegue en la cara. Asusta y a la vez, demuestra “el cobre” del que se justifica.

Saca cuerpo el administrador judicial de un canal y no paga a sus acreedores y trabajadores; saca cuerpo un presidente regional sobre su incompetencia para prevenir una emergencia de salud; sacan cuerpo los ministros sobre el estudio de una ley que apremia; saca cuerpo una dirigencia indígena, sobre los excesos de comportamiento frente a la búsqueda de solución de su demanda; saca cuerpo un presidente que no entiende que vino a servir…

Saca cuerpo el funcionario público que atiende lentamente y sin ganas de servir, mientras tiene un colón de gente que espera ser servido; saca cuerpo el policía que cumple mal su deber y se deja corromper; saca cuerpo el maestro mediocre que culpa a su pobreza económica por su pésimo rendimiento; saca cuerpo el empresario que invierte diez lucas y quiere ganar mil, a costa de todos sus empleados mal pagados.

Saca cuerpo el padre que no protege al producto de su eyaculación feliz; saca cuerpo la mujer que decide dejarse vencer, por la razón que sea; saca cuerpo el que plagia en sus exámenes (en todo nivel educativo) y que pretende acceder a una acreditación feliz; saca cuerpo el que se hace dormido en el bus, mientras tiene a una persona mayor casi colgando a su lado…

Sacar cuerpo. Tan peruano. Tan latino, también. Tan humano. Qué difícil es asumir las culpas, adjudicarse las actitudes correctas y sobre todo, mantenerse clavado en el sitio. Allá los que se conforman con las justificaciones. Yo no me conformo, pues. Me joden las explicaciones. Me parece más honesto el reconocer los errores y con ello, sonarse los mocos de la realidad e ir adelante. ¿Tengo la culpa? La tengo, pues, carajo. Por no ser más honesta de lo que debo ser, por hacer malas elecciones y por no indignarme más seguido con aquellos que viven de modo autocomplaciente con sus vidas. Al final, soy igual que ellos. Me repugna, pero es la verdad.

A favor de todo, siempre habrá algunos que siempre tendrán los pantalones bien puestos. Por ellos, seguimos intentándolo. Seguiremos pateando a los pusilánimes, al menos por aquí.

Deja la inmovilidad, haciendo esto (si, seguimos insistiendo).

Lo que aprendí de ti

Tú, intentando sostenerme, como siempre.
Tú, intentando sostenerme, como siempre.

A dibujar y a pintar.

A leer, justo cuando mis propios juguetes ya me aburrían.

A montar bicicleta (y tú no sabías montarla, nunca aprendiste, así que me sujetabas con ilusión)

A tomar micro.

A tener en cuenta que el dinero no da la felicidad y que en verdad es un medio para conseguir otras cosas.

A trabajar con humildad y a hacerlo bien, en una.

Esa exagerada honestidad que muchas veces juega en nuestra contra.

A amar a pesar de los errores de los otros y no tener miedo al “para siempre”

A ser puntual.

A considerar a la biblioteca de la casa como un mundo excitante para explorar.

Que el fervor religioso no necesita aspavientos, sólo una relación entre uno y Dios.

A tomar las propias decisiones en serio.

A que es preferible ser impopular a hacer cosas que no me parecen correctas.

A disfrutar del silencio, del reposo, de una buena comida.

A querer a mi país, más allá de los lugares comunes, por lo que ha sido, por lo que es y por lo que será. A tenerle fe.

A enseñar, más con actitudes, que con palabras.

A aprender todo lo que me sea posible.

A aceptar que los demás son diferentes y tienen algo qué enseñarme, por más negativos que puedan ser.

A disfrutar en la pobreza y en la abundancia.

A reír  sin miedo del propio ridículo.

A entender que nunca estaré sola…

Yo no busco que los hombres que ame, se te parezcan. Tienes muchos defectos que a veces me enervan. Sin embargo, quiero que tengan tus notables virtudes. Pero principalmente, quiero que vean lo que me has enseñado. Ahora que tu cinturón camina guiado por tus hijos, que vas por donde te decimos y no te gusta, te pedimos que confíes. Confía. Tan mal trabajo no hiciste.

Mala Noche

Lo mejor de la venta de merchandising: Protector bucal de los Jonas Bros. Oportunidad + creatividad...
Lo mejor de la venta de merchandising: Protector bucal de los Jonas Bros. Oportunidad + creatividad...

Anoche se despidieron los Jonas Brothers de Lima. Me parece que cuasi inmediatamente volaron a Chile, para su presentación al día siguiente. Algún titular dice algo como “se fueron llorando”, tal vez de felicidad, porque sólo con este par de presentaciones, se han hecho millonarios, ellos o los empresarios que los trajeron.

Por cierto que todo este jaleo tuvo sus víctimas: los adultos. Un vía crucis que empezó desde que dijeron que venían esos chiquillos. Colas en la venta de entradas, chiquitería ansiosa en casa, chiquitería en aeropuertos, en puertas de hoteles y acampando en estadio, todo ello bajo la anuencia de algunos padres irresponsables y ante el estrés de otros, que la verdad, se dejan vencer para que ya no jodan oie.

Me tuve que soplar una hora de cola (y fui afortunada), mocosas cantando a gritos en mi oreja, un infante de 7 años bailando a saltos a punto de darme un codazo en la cara, varias patadas de unas niñas saltando en la base de mi asiento y un par de golpes de las mismas. Eso sin contar con los vendedores del interior del estadio que cobraron una millonada por una coca cola y me privaron de comerme mis papitas fritas (a un precio de oro)… y todo por que prefiero pagar una entrada para ese concierto, que luego andar solventando una terapia a la Chiki, que siente que este es “el evento” de su vida y que, eso la convierte en una chica popular en su colegio (o por lo menos, la dejan de lornear), aunque hoy tenga ojeras y se duerma en clase.

Demi Lovato abrió el concierto Disney y lo hizo bien entrenada, con todo y desfuerzo que corresponde a una estrellita de su categoría. La hinchada gritaba y se sabía todas las letras, pero no entendía ni una palabra de lo que ella hablaba entre canción y canción. Al ratazo, en medio del griterío, aparecieron ellos. Locura total y yo preocupada por los movimientos peligrosos de mi vecinito, que empezó a saltar peligrosamente, a punto de caerse un par de veces mientras agitaba los codos hacia mi cara.  Miedo.

Estoy vieja. Tal vez por eso le encontré defectos al sonido, me parecieron exageradas las fans (un grupo de mocosas iba cantando las canciones de los chicos ésos en plena cola de ingreso, insufribles) me pareció espantoso el comercio generado al respecto, en todo el afán de arrancarles hasta el último centavo a las pobres chiquillas y sinceramente loable a todos los adultos (y varios enamoraditos) por acompañar a un grupo de locas que gritaba como si fuera el último día de sus vidas…

Qué cool son los Jonas Brothers, la verdad… pero la próxima, no me llamen; al único Jona que le permito esos difuerzos es a otro.

Preparada para la AH1N1, del modo más cool.  No me llamen para el siguiente.
Preparada para la AH1N1, del modo más cool. No me llamen para el siguiente.

Actualización: Voy corrigiendo este post.Le pongo un link a Demi y posteo la mejor canción del show, que me hizo recordar al rock de los 80’s.. al menos me compré mi polito con su escudo, que me parece simpático.  En el tintero, todo el rollo de los niños trabajando y el dinero que generan… Estamos cool (con reservas), tons.


Ausencia

Benedetti, mirándote.
Benedetti, mirándote.

Benedetti se fue despacito, pero nunca habló despacio. Ni siquiera cuando escribía poesía. Por alguna razón, era el favorito del imaginario masculino, junto con Sabina… pero ese es asunto de otros posts. Este, es para mostrarlo inmortal, infinito y clarividente. Genial.

Ausencia de Dios

Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Musas Desesperadas

La Musa del Silencio, Giorgio de Chirico.
La Musa del Silencio, Giorgio de Chirico.

Neblina al ras del pie, en Lima. Lápiz suspendido en la mano. Pensando en mujeres. Mujeres que escriben. Mujeres que mueren. Mujeres que escriben y se mueren. Mujeres que se matan, luego de escribir tanto. No son las mujeres que los hombres suelen esperar, ansiosos, para envejecer. Tampoco son aquellas que sonríen hablando de la confusión en high heels. Mucho menos las que mueren placenteramente, mirando su vida como un sunset.  Ni siquiera las que disfrutan del orgasmo merecido.

Mujeres – demonios. Conflictuadas, histéricas (aparentemente), hastiadas, ansiosas, obsesivas, dramáticas, intensas, clarividentes, sinceras, honestas, talentosas, incomprendidas. Mujeres heroínas que detestaron la rutina, que rompieron las formas y que pagaron las consecuencias de ser diferentes, con sus vidas.

Cómo las admiro y cómo desdeño a ciertas opiniones autorizadas que dicen que la era del conflicto + poeta ya fue. Digo, sin el conflicto, no se puede decir algo auténtico. Sin la contrariedad, sólo llenas las páginas de lugares comunes, de tontorronadas, de estupideces parroquiales que nunca pasarán del boletín de estante. Escribir es esclarecer la mente desde los dedos. Pensar en simultáneo con las palabras deslizándose desde la boca al papel o la pantalla. Ordenar lo poco que puede ser ordenado en un mundo confuso como este.

Dije que admiro a esas mujeres que escribieron, pero también me maravillo por las que ahora lo hacen y por las que vendrán.  Por sus vidas que pueden pasar desapercibidas para el resto, pero para  ellas, cada día es una aventura y un reto… que no todas logran completar.

Nunca cuando debe ser, María Emilia, Sylvia, Alfonsina, Virginia (y siguen firmas)… nunca. Todo para poner este video como pretexto. Enjoy.

Oda al mal humor

De mal, mal humor
De mal, mal humor

Hubo, hace mucho, una Oda al Papel Autocopiativo, de mucho éxito. Alguien se la llevó a su casa, escrita sobre –oh sorpresa- papel autocopiativo. Irrepetible, pese a que intento, de tanto en tanto, emularla sobre algunas facturas de Tottus.

Esta es una oda al mal humor. En minúsculas y en prosa. Porque estoy de mal humor, pues. Porque me revienta el inicio del otoño en Lima y me pareció que sería una buenísima idea, bajo este cielo panza de burro, donde puede ser las 6am o las 4pm, donde el frío se cala en los huesos y te hace sentir un estropajo sin exprimir, donde todo el mundo va a una revolución distinta y sólo los Monsters y un par de freaks pueden decir que “el día está lindícimo”; y eso me descomputa de hacha.

Sí, puro y genuino mal humor, porque yo a la playa no voy en verano ni muerta (y ahora tendré que hacerme el espacio para poder ir porque sino me falta algo), porque el frío es buen pretexto para ponerme botas largas (que me encantan) que embarraré, envolverme con guantes de cuero los puños siempre engarrotados (duele) y cubrirme hasta las cejas con un chuyito caliente que me haga ver como un escolar.

Malísimo humor. El sol se ha ido y me deprime la “mente positiva, mi hermano” de todos los que caminan deseando ser los mismos de siempre. Porque mis cosas se me van complicando, aunque nadie las sepa y encima, coordinadamente.  Al parecer, mi positivismo primario se ha ido pegado a ese sol que sale en otro hemisferio. Merde.

No, tampoco es culpa del clima solamente. Ni de las cosas que se me cruzan. La culpa es de las ausencias, que pesan como los yunques de las escenas de dibujos animados, que hunden hasta lo más profundo y no hay más que tragarse los mocos y seguir, pues, seguir. Con la extraña sensación que camino por la calle (o el mundo) con la bragueta abierta… y la gente me ve pasar, sin nadie que me diga “oie, súbete el cierre”; porque ese nadie está en otro lugar.

Lo curioso es que siempre ha sido así. En estos días, el asunto se exacerba nomás. Caracho, qué mal humor.