He venido a decirte…que sigo viviendo.

Dreampicker

Anton Tchékhov 1890

"El gran Tolstói quiere conocerte..."
“El gran Tolstói quiere conocerte…”

Anton Tchékhov 1890 (2015)

 

Director:

René Féret

Guión:

René Féret

Reparto:

Nicolas Giraud, Lolita Chammah, Robinson Stévenin

 

Biopic de Anton Tchékhov, gran escritor ruso de finales del siglo XIX. Narra específicamente aquellos episodios especiales en la vida del escritor, como su descubrimiento por parte de dos importantes intelectuales rusos, su ascenso y posterior prestigio; así como el viaje que hace hacia una prisión rusa, con el fin de investigar y convivir, por un periodo breve, con aquellos a los que parece que la sociedad rusa ha olvidado. Escribir, que al inicio es un medio para ayudar a su familia a sobrevivir, se convierte en una fiebre que le ataca y le da réditos; pero que también sirve para acompañar a aquellos que no pueden evadirse de sus obligaciones… o del destino. Entonces, Anton regala historias para volar, para aprender o cambiar de ideas. En medio de todo, la vocación de servicio de Tchékhov (era médico de profesión), su búsqueda por proteger a su propia familia y su escepticismo en el amor. Buena ambientación de época y sobrecogedora fotografía de exteriores para su viaje trascendental. Hermoso retrato que apreciarán aquellos que buscan mirarse (sobre todo los aprendices de escritores) en el espejo de los maestros, quienes fueron, al final de todo, gente como uno… pero ahora inmortales.

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Lo que no cuentan los inmigrantes

Una aventura, lalala...
Una aventura, lalala…

Detrás de las historias de éxito, de fracaso (o cualquier otra historia más de inmigrantes, vamos) que todo el mundo conoce, hay otras historias, pormenores delicados, puntillosos y de las que muchos no hablan, sea porque no tienen intenciones de caer mal, porque simplemente les parece doloroso o han decidido ignorar porque a nadie le gustan las historias complicadas, salvo que sean para culebrones de Almodovar (donde, créanme, ahí sí que suelen funcionar). Tal vez valdría la pena hacer una lista detallada, pero en ello estarîa traicionando a muchas personas, incluso a mi misma, contando cosas que sólo se las he dicho a otro inmigrante como yo o a mi familia cercana. Tal vez convendría hablar, simplemente, generalmente, sin apuntar los asuntos…y a la vez, apuntarlos.  Esto son, básicamente, los topics generales que te hacen pensar como inmigrante y que no siempre resuelves satisfactoriamente. Qué remedio, éstos son:

 

La soledad

Dependiendo a dónde llegues, el golpe cultural empezará con la absoluta certeza de que no conoces a nadie, salvo a tus contactos primarios, si los tienes. Estos podrían ser la familia que te acoja y, en el peor de los casos, tu casera y -si son sociables- tus vecinos. Te puedes pasar los fines de semana y los feriados en la más absoluta soledad, con el fastidio sincero de reconocer que en tu país de origen estabas mejor en ése aspecto… (para algunos, en ése sólo aspecto). Te urgirá hacerte amistades, lo que me lleva al punto siguiente…

 

El amor

Un punto escabroso. Como sea, el decidir dejarlo todo y emigrar a otro país te pone el reto sentimental, el de encontrar una pareja. La distancia, inevitablemente, transforma los sentimientos. Si estás dejando a alguien, tus prioridades al establecerte en este nuevo lugar toman la delantera. Que un amor perdure, estando ambos separados, es una proeza; tienes que resolver problemas en el lugar en el que estás, sin él/ella. Si llegas emparejado, las costumbres culturales te pondrán a prueba de modo drástico, pues en el trabajo de adaptarte, tendrás que adaptar tu relación a esta nueva cultura: llevar la casa, hacer las compras, no es sólo de mujeres; de la misma manera, hacer trámites, pagar facturas, llevar el auto a revisar no es chamba del varón, y así. Las peleas van a surgir, oh sí. Un interesante porcentaje de parejas se separa y divorcia luego del esfuerzo de emigrar.  Si vienes solo, el peligro es que la soledad te aplaste al punto de prenderte de lo primero que pase; requiere un esfuerzo especial por no perder el norte al respecto. Tal vez uno debería hacerse las mismas preguntas sobre sus intereses sentimentales como si siguiera en casa y pensar si de verdad, en el proceso de adaptación es necesario tener una relación de pareja y cómo desearían que fuese. Si pasa tus filtros, vale la pena; si no sucede así, pues a volar, joven.

La enfermedad y la muerte

Te asusta enfermarte, aunque el sistema de salud sea magnífico. En tanto estás en un país extraño, donde los servicios te son ajenos o se te hacen complicados de acceder o simplemente, te aterra caer en cama sin tener quien te cuide, le prestarás atención a tu salud. Llegarás a lo hipocondriaco, a veces. Harás el esfuerzo por tener una vida saludable. La sola idea de que caigas enfermo te podría llevar al estrés. Imagínate la idea de morir, lejos de casa, en otro idioma, con gente desconocida cuidándote. No creo que haya un sólo inmigrante adulto que no haya sentido alguna vez ésa sensación de desamparo.

 

Las nuevas amistades

Cualquiera es un potencial amigo. El hambre de amistades se te nota en la cara y dependiendo donde caigas, puede agradar o simplemente producir rechazo. Sin embargo, sabes que la gente que te otorgue su afecto amical, y que este perdure, es porque realmente te aprecia. Aprenderás a no confundir cordialidad con afecto. Prácticamente cualquier persona puede ser cordial contigo. Te podrán preguntar sobre tu vida y decir que eres muy valiente por haber emigrado, tal vez se tomarán un trago contigo (en grupo es lo más probable) y hasta te mostrarán la foto de sus hijos (entre otras cosas tontas que los latinos consideramos como prueba de amistad) pero a veces no les vuelves a ver más o nunca sabes dónde viven. Sin resentimientos, hasta cierto punto. Porque también encontrarás a gente con la que compartirás modos de pensar, algunas ciertas costumbres claves y que empatizarán bastante contigo como para establecer verdaderas amistades. Toma más tiempo que nuestras calurosas culturas latinas, la verdad, pero luego son, como dije en un post anterior, a prueba de balas.

 

El concepto de bienestar

Caray, quién no se acostumbra a lo bueno. A vivirlo y a participar en su manutención. Te asombrarás primero e imitarás luego. A reciclar. A respetar las señales de tránsito, aunque seas peatón. A esperar tu turno pacientemente (en tanto no veas nada que te saque de tus casillas, claro) y a respetar ése turno asignado. Entiendes, entonces, que el bienestar no está pegado al dinero- aunque ello te permita tener un nivel de vida que jamás hubieras podido tener en tu país de orígen- sino en la calidad de vida. En la certeza de que el sistema funciona, porque todo el mundo participa para ello. No, no es la maravilla, pero para lo que viviste (sobre todo si eres peruano o colombiano y has vivido años de caos y barbarie), la tranquilidad es impagable. Impagable.

 

Relacionarse con la ley y el Estado

Te asusta, casi siempre. Casi siempre, sin motivo. Es tu trauma con el lugar desde donde vienes. Asumiendo que no tienes intenciones de quebrar la ley e ir metiéndote en problemas por todo lado, claro. Las comunicaciones oficiales te asustan lo suficiente como para responder al instante y tratas de resolver todo lo más pronto posible, siempre con cierto dolor en la boca del estómago: escuchas horribles historias de gente que no ha pagado sus impuestos, que ha recibido multas exorbitantes por una infracción, etc. y lo haces por una buena razón: De verdad sucede. Tratas de comportarte mucho mejor a como lo hacías donde viviste, porque no quieres irte. Y ya, pagas, cumples obedeces tranquilito nomás. Eso sí, las fuerzas de la ley te siguen asustando como para cambiar de acera si les tienes cerca. Caleta nomás.

 

Tu espiritualidad

Depende mucho de la que tuviste al emigrar. Muchos siguen con sus raíces y rituales: inmediatamente descubren los lugares de culto, los horarios, si es que hay rituales en su idioma, etc.. Otros lo usarán a modo de terapia, con éxito; nada como un templo para que, en silencio, seas capaz de clarificarte sobre tu estancia en un nuevo lugar. Otros vendrán a descubrir cosas nuevas, si les apetece. Otros estarán en el “ni chicha, ni limonada”, si consideran que tal asunto no es importante, buscarán el apoyo religioso según el estado de ánimo del momento. Descubres, finalmente, que no existe ya la presión social de practicar la religión, pues se convierte en algo que queda en tu intimidad. Sorry, pero es genial que puedas creer en el Señor de las coladoras de tallarines si te pega, con cero remordimiento, además.

 

Tus valores y los valores que encuentras

Una de las primeras cosas que te hacen incapié al emigrar, de alguna u otra manera, es que, para que puedas integrarte, aceptes y abraces los valores locales. Para muchos es un shock completo, sobre todo, comprobando (en Canadá), que el aborto es permitido, el matrimonio entre personas del mismo sexo también y la libertad religiosa es pues… libertad. Para algunos otros es como que abran la puerta de un jardín y te digan que puedes ir a pasar todo el tiempo que quieras, sin hora de retorno. Si tienes problemas con las libertades descritas, tienes un problema para adaptarte. Si, tal vez algunas te parezcan chocantes o progresistas (sorry, a mi nop), y tal vez quieras conservar algunas de tus ideas, pero, realmente, ¿has hecho tanto esfuerzo para emigrar, adaptarte y no vas a ser lo suficientemente abierto como para no aceptar que la gente tiene derecho a amar, creer en lo que le venga en gana y ser propietario de su propio cuerpo? Think about it.

 

El racismo y la discriminaciôn

Espinoso. Sobre todo porque habrá quien te diga que “no existe” y sin embargo, te percatarás de él sutilmente (si realmente tienes ganas de mirar), dependiendo del lugar donde vivas. Tal vez decidas ignorarlo y ello será una bendición. Tal vez, al percibirlo, persistirás o intentarás apartarte lo más posible. El racismo es una realidad inevitable en cualquier lugar. Generalmente viene de gente que no ha tenido oportunidad de conocer inmigrantes o que ha tenido pésimas experiencias con ellos , o en el peor de los casos, gente ignorante. En todo caso, no es tu culpa que ellos existan. Ni tienes por qué esforzarte en relacionarte con ellos, salvo que sea inevitable. No tienes nada que demostrarles, porque no has venido a ello. Has venido a hacer una nueva vida, a mejorar, a revisar todo lo que aprendiste en casa y a descartar lo que no sirve, para abrazar lo nuevo. Again, sin remordimientos.

 

Para completar: emigrar es la misma jarana en donde te encuentres. Requiere que te reinventes y te hace formidable contendiente ante aquel que no haya tenido que hacerlo. Sólo hay que estar abierto a aprender.Checa esta lista màs dinàmica y menos florera que la mîa, con dibujitos que se mueven, como le gusta a la gente…

Sin título

Empezando
por donde todo termina
con la estúpida impaciencia
de tu espera
que simplemente,  es eterna.

Vamos,
voy perdiendo por mucho,
tu ventaja es de millas
y la mía,
            pobre
sólo es de sueños.

Plenos, todos ellos
de poesía idiota
   que se encadena, impoluta
a lo mejor de mis recuerdos.

Hazme un solo favor;
permíteme el olvido perverso
como una lesión,
               tal que en un cuento.

jakefogelnest:

Whitney Houston’s isolated vocal track on “How Will I Know.” 

Puro punch. Hace tiempo que se había ido…