Camino de Damasco

Convento de San Francisco.
Convento de San Francisco.

Lima Monumental sigue teniendo sus encantos, pese a la muerte de Andrade y la no muerte de su aberrante alcalde actual.  Nada más adorable que levantarse una mañana de domingo y caminarla a ella, somnolienta, plena de pereza. Luego más tarde, caes por sus iglesias y te convences de que su encanto monstruoso no sólo se debe a que aún te grita desde sus edificios de fachadas elaboradas.  Su encanto está en que aún puedes encontrar secretos. Aquí, dejo uno. Aprovecharé mi fin de semana para ir a mirarlo.

De Amor (otra vez)

Donde vivo.
Donde vivo.

Hablar con el hígado me ha resultado siempre tan fácil. Lo extraigo con mis propias manos y escurriendo sangre, escribo. Siempre suelo estar en trance, al hacerlo. Las ideas se agolpan, atiborrando todo, matando al idioma y sobre todo, buscando el punto de la exacerbación de la indignación que siempre me corroe. Ya he explicado que es la voz de mis demonios, de aquellas muchas Dreampickers que viven en un mismo cuerpo y que viven pogueando en mi interior, donde sólo algunas miran hacia esa rendija de luz que es este blog. Unas pocas logran escalar y gritar. Los vecinos vienen, asustados por sus alaridos. Vienen los bomberos, la policía… viene todo el mundo, para intentar calmar los arañazos, los golpes entre ellas. Todo para que un texto pase por las gargantas de los que leen en voz alta, como ácido que corroe. Puede ser…

Hablar con el corazón me es extraño, entonces. El amor prefiere hablar en verso, con la secreta ilusión de hacerlo al oído de alguien. Ni siquiera tengo el valor para dejarle hablar por aquí. Lo mejor, entonces, siempre, es esconderse. En aquella esquina de la mazmorra que llevo adentro, hay alguien sentado, mirando el escándalo que hace mi Legión. No suele hablar, pero cuando lo hace, los demonios voltean a mirarla. Callan al instante, asustados. Saben que ella es la única que tiene la llave de la puerta. En el fondo, ellos no quieren irse; quieren que ella sea libre.

¿Sabes qué? Yo también.

Oda al mal humor

De mal, mal humor
De mal, mal humor

Hubo, hace mucho, una Oda al Papel Autocopiativo, de mucho éxito. Alguien se la llevó a su casa, escrita sobre –oh sorpresa- papel autocopiativo. Irrepetible, pese a que intento, de tanto en tanto, emularla sobre algunas facturas de Tottus.

Esta es una oda al mal humor. En minúsculas y en prosa. Porque estoy de mal humor, pues. Porque me revienta el inicio del otoño en Lima y me pareció que sería una buenísima idea, bajo este cielo panza de burro, donde puede ser las 6am o las 4pm, donde el frío se cala en los huesos y te hace sentir un estropajo sin exprimir, donde todo el mundo va a una revolución distinta y sólo los Monsters y un par de freaks pueden decir que “el día está lindícimo”; y eso me descomputa de hacha.

Sí, puro y genuino mal humor, porque yo a la playa no voy en verano ni muerta (y ahora tendré que hacerme el espacio para poder ir porque sino me falta algo), porque el frío es buen pretexto para ponerme botas largas (que me encantan) que embarraré, envolverme con guantes de cuero los puños siempre engarrotados (duele) y cubrirme hasta las cejas con un chuyito caliente que me haga ver como un escolar.

Malísimo humor. El sol se ha ido y me deprime la “mente positiva, mi hermano” de todos los que caminan deseando ser los mismos de siempre. Porque mis cosas se me van complicando, aunque nadie las sepa y encima, coordinadamente.  Al parecer, mi positivismo primario se ha ido pegado a ese sol que sale en otro hemisferio. Merde.

No, tampoco es culpa del clima solamente. Ni de las cosas que se me cruzan. La culpa es de las ausencias, que pesan como los yunques de las escenas de dibujos animados, que hunden hasta lo más profundo y no hay más que tragarse los mocos y seguir, pues, seguir. Con la extraña sensación que camino por la calle (o el mundo) con la bragueta abierta… y la gente me ve pasar, sin nadie que me diga “oie, súbete el cierre”; porque ese nadie está en otro lugar.

Lo curioso es que siempre ha sido así. En estos días, el asunto se exacerba nomás. Caracho, qué mal humor.

Para decir adiós

Iba a decir unas cuatro cosas y postear los videos, así, nomás. Luego me acordé de mi amigo Maxi, que decidió cerrar su blog porque se había quedado sin palabras, porque alguien se había llevado su corazón -y no lo había devuelto- y porque sus clases comenzaban.

Decir adiós cuando todo se te junta, es jodido. Más, cuando te dicen adiós y tú lo único que quieres es seguir pegado a la luna. Triste por Maxi y su silencio virtual. Para mí, siempre tuvo cosas qué decir, sólo que se tomaba muy a pecho todo esto. Luego, se borró.

Yo nunca digo adiós, by the way. Sólo desaparezco de los lugares usuales y aunque pareciera que los temas fueran olvidados, ahí están, latiendo como lo hace una herida que no se cura. Además, los escribientes no podemos poner el silencio, sólo lo trasladamos a otros sitios. Para que vuelvan a ser la cama donde se tienda ella.

Te echaré de menos, Maxi.

Modo “Faite” de decir adiós

Modo “Hora del Lonchecito” de decir adiós

Modo “Cool” de decir adiós

Modo “World Music” de decir adiós

Modo “Cursi” de decir adiós

Modo Dreampicker

Por cierto, Maxi no verá este post. Odia ver videos linkeados. Cosas del fútbol.

Nada de plancitos

Hace unos años me pasaron dos cosas al mismo tiempo: tuve que renunciar a un trabajo que realmente me gustaba y me dejó mi enamorado; todo con un par de semanas de diferencia. Me quedé, literalmente, en el aire, porque no tenía planes de renunciar (al menos, no tan inesperadamente) y porque pensaba que si, para el occiso, las cosas no funcionaban, me lo diría y todo terminaría mejor que con una llamada asombrada por la indiferencia, inesperada, también.

El asunto es que, algo que aprendí por aquellas épocas, fue a planificar las cosas que quería hacer con mi vida. Dejar de mirarla en plan estacionado, esperando los pasos lógicos en ella (como si no dependiera de mí), tal como lo hace alguien que sueña con ganarse la Tinka, pero eso nunca sucede y sigue esperando a que las oportunidades aparezcan y “lo que haría si…”.

Lo curioso es que, en este aprendizaje, mi ex tuvo mucho que ver. Me hacía reír tanto que siempre me preguntara “¿Y tienes plan B?”, a todo lo que yo le comentaba que esperaba hacer. Luego, me quedaba pensando que, justo, no tenía planes de contingencia, algo tan básico para poder hacer las cosas bien y no sentirme del pedo ante el fracaso. Bueno, no sentirme tan depre, en todo caso. Hice, entonces, planes A, B… X y Z. No siempre ha funcionado tan correctamente y muchas veces llegué hasta lloriquear de rabia porque la ley de Murphy puede llegar a colarse en todos los proyectos y entonces lo único que te queda es resignarte, esperar un rato y volver a darle al asunto. Puedo darle las gracias, entonces a Stan, por el consejito.

Sin embargo, hay algo sobre lo que nunca he podido tener un plan. Porque hay cosas que no se pueden prever, como encontrarse un bonito espejo que te mira desde lejos. No, pues, él no es una opción a cualquier plan de sobrevivencia en este valle de lágrimas. Es decir, que en cosas del corazón, no se puede decir: “osea, si me va mal, entonces hago esto o aquello. Si me va bien, haré eso o lo otro, luego”

Tal vez a otras mujeres les funcione “planificar” los cariños. Son capaces de tener plan A, B o C. Con verdaderos planes de contingencia del que suelen salir bien paradas. Yo las admiro porque muchas veces, pueden calcular tan fríamente sus pasos y lograr –incluso- salir de las dificultades económicas, ayudar a sus familias y hacer de tripas corazón en tierras lejanas. Valientes, por que con ello a veces sacrifican sus propios sueños y por eso, imagino que deben sufrir más.

Pero… yo no. Mala, soy. No hago plan, porque he estado intentando mis propios asuntos, desde antes de que sus palabras aparecieran en mis ojos; porque es la única manera que yo me sienta preparada para mirarme en él, con dignidad. Digo, es el único modo de ser capaz de comprometerme y sustentar mis acciones, siendo lo absolutamente franca y sincera, como para decirle “así, no te necesito” y sin embargo, vivir sonriendo con la posibilidad de mí misma, llenándole el plato de comida. Loca total.

Por eso, el espejo no es un plan. Menos, un plancito. Me es imposible contenerlo en un proyecto, en el que no participe activamente. Es decir, no puedo tomarme conchamente la atribución de planificar, sobre eso; sobre mí en eso… sin él. Para todo lo demás está Mastercard ™ y tantos planes como letras en el alfabeto, pero para él…

Qué complicado y simple.

Lady of the flies

La amistad sincera entre hombre y mujer no existe. No importa cuánto te lloriquee tu “amigo” de turno, rejurándotelo. No importa cuándo lo desees tú. Obviamente te hablo a ti, muchacha (muchachota) distraída, cuasi liberada de traumas, que comes chocolate compulsivamente a escondidas, luego te torturas 3 horas en el gym, tas preocupada por la ecología (de verdad) y sueñas con que tu príncipe encantado tenga un BMW (mínimo), pero nunca le vas a decir a nadie nada de lo anterior.

A ti, babosa, para ti es este post. Las cosas como son. Más Sprite que nunca.

Lo escribo para ti, pero yo sé que también lo leerán ellos, en un afán esquizoide por querer cambiar la realidad y decir “no es cierto” y luego se morirán de roche, pero me darán las gracias por el asunto y saldrán silbando caleta de la escena.

Al menos, me libraré de las malas interpretaciones –sí, yo también- y eso ya es todo un asunto.

Sinceramente, yo no sé, si se ha comprobado científicamente que los hombres usan las zonas frontales cerebrales unicamente para pensar –con lo cual, eso quiere decir que sus funciones racionales son optimas y rápidas cual velocidad de la luz or more- no puedan ser capaces de observar si la mujer que tienen al frente es una candidata para colega o “culeguita”(o todo el resto de cosas para lo que te podrían querer). Digo, ¿porqué les toma tanto tiempo caer en la cuenta que ella “no es”? y simplemente, darle la palmadita al hombro de rigor y eructar, mientras miran a la flaca de la mesa del costado y te dejan tranquilita. No entiendo. Debe ser un problema de ADN, definitivamente.

Ayer, justo una persona me contaba que una chica con la que salía, no se resignaba a que él no la quisiera como “prospecto” y que se había convertido en una maniaca obsesiva que hackeaba las cuentas de mail y todas esas paginas de encuentros(hi5, badoo, feis etc) para dejarle mensajes ofensivos a él y sus contactos. Por supuesto, el patín se había tomado su tiempo para “darse cuenta” que la verdad, no estaba interesado, que ella tenía episodios de cambios de carácter que le asustaban, que le registraba las cosas y eso que ni siquiera habían tenido intimidad (yeah, sure, one more about cowboys)… en los 3 meses que “salían”.

Ese asunto de “salir” es algo así como un “prueba la mercadería, muestra gratis, sin derecho a reclamo porque otro también puede estarla probando, pero si de verdad quieres exclusividad, te va a costar” y bueno, algunas mujeres asumen (asumimos) que si estás “saliendo” pues ya algo existe y que luego de tanta cosa te salga con “es que, Dreampicker, yo sólo quiero ser tu amigo… “y tu ya pensabas en que podrías llevarlo a la clausura del nido de tu sobrinita, con la abuela y todo el mundo… no sé si me entienden. Osea, indignan estos tiempos modernosos, digan que no.

Me he desviado. Lo que quería decir es que si bien la amistad entre personas del mismo sexo (heterosexuales) es posible y puede durar toda una vida; entre sexos va a depender de la no-existencia de planes sentimentales entre sí y de las posibilidades del otro, de aceptar eso. No sólo significa que yo no quiera tener nada contigo. También significa que tú aceptes eso y me dejes de una puta vez en paz. Sorry por lo cruda, pero es para que entiendas, dear.

Por mi parte, mis amigos (los que se han quedado, que son más que las pocas amigas que logro conservar), saben o presienten un par de cosas: primero, que pueden parecerme sexualmente interesantes, pero yo tengo la capacidad para discernir lo suficiente -bien y rápido- sobre lo quiero (y no soy influenciable); segundo, que si les ofrezco amistad, será de la beatífica y durará lo que ellos quieran que dure (si la echan a perder es problema de ellos, yo simplemente desapareceré) y que no les fallaré. For sure.

Luego, tú, muchacha, dulce… no te hagas bolas y ya que tú tienes la capacidad de usar tus dos hemisferios y hacer operaciones mentales que te toman mucho menos tiempo que las de ellos, date cuenta al tiro para qué vienen. Conviértete en mutante y sé feliz. Mientras, anda con tu matamoscas, que siempre es útil.


Esperas y esperas

Esperas en curso de algo.
Esperas en curso de algo.

Hay esperas metafísicas y físicas. En las primeras, estás casi rezando, como quien dice, en plan-búsqueda-de-la-iluminación, para encontrar la nota verdadera o tal vez, una respuesta a tus cavilaciones. En las segundas, no te queda más que acomodarte en una posición cómoda en la cual soportar la venida de algo que necesitas, mientras entretienes a tu mente con otras cosas más o menos apremiantes, más o menos irrelevantes, más o menos opuestas a lo que estás haciendo. Tu cuerpo espera y puede hacerlo dormido en la posición más grotesca, en el límite de la inconsciencia o tal vez, sentado al borde del asiento, con el boletito en la mano, dispuesto a saltar al siguiente beep.

En las primeras, puedes repetir mantras, autoafirmaciones, reflexiones, visualizaciones de la respuesta o de lo que esperas. En esta espera metafísica, te duele el ama de tanto en tanto. Imagino que es el uso sostenido de la mente y sobre ello, sólo pesa tu capacidad para variar de afirmación y no distraerte con otros pensamientos menos importantes. Pero en este proceso, se reconoce al universo. No es un acto autómata, pues cada pregunta comienza a tener respuesta, cada afirmación se ve mostrada en una situación que la legaliza, cada verbalización del pensamiento es un parto inolvidable.

En las segundas, el poder de observación se agudiza, por segundos, para olvidarse luego por algo de más relevancia, que también se echará al olvido. Analizas todo, mirando a la gente que espera contigo, también. El cuerpo es un envase hueco en que las ideas fluyen y es por eso que mucha gente logra hacer cosas increíbles en esos espacios de tiempo muerto. Una flaca escribió una novela y se hizo millonaria. Otro patín encontró las primeras notas de una sinfonía inolvidable…

¿Y qué sucede cuando ambas esperas son una misma, van juntitas? ¿Conjunción de planetas, inicios de autismo, locura extrema? Tú esperas. Yo espero. Nosotros esperamos. Alguien habló de la espera dinámica. Debe ser ésta.

Post perdido: Luego de tanta cosa

Y ahí vamos.
Y ahí vamos.

Me he pasado un buen rato mirando la pantalla en blanco, pensando en cómo se dicen las cosas sin tener que llenarlas de lugares comunes.

En otras oportunidades, hubiera podido postear un par de videos que identifican mejor mi estado de ánimo, porque todo el mundo sabe que una imagen vale más de mil palabras (esta frase sí que es un lugar común) y si además, tiene musiquita, le cae super chévere a tutti.

De un tiempo a esta parte, estoy como debe sentirse un caballo en el partidor, con los músculos tensos antes de la salida, el jinete casi en vilo, ambos mirando la pista, visualizando la meta. Soy una dualidad (¡caray, soy legión!) que mira a lo desconocido con una insaciable curiosidad. Mira con ambición, con ansiedad, con fastidio por los procesos y sobre todo, en absoluto silencio, con los nervios tensos como debe estar jinete y caballo antes de salir disparados a la carrera.

De pronto, hay algo que nos distrae. Ambos miramos de reojo y sonreímos. Es un aroma, una palabra, una sonrisa que se quedan pegadas y que más que interrumpir, nos acompañan. La meta sigue ahí. La carrera se va a realizar indefectiblemente.

Luego, el caballo parpadea. Se agita y se queja. ¿Mucho aroma?, ¿Mucha sonrisa? Pobre caballito, pues. Tenemos demasiados malos recuerdos. Muchos tropezones como para tomárnosla deportivamente. Quiere irse corriendo, sin su propio jinete.

Lo bueno es que él sabe cómo calmarlo. Le acaricia, le dice que tal vez no sea nada, que, sea lo que sea, seguirán en la brega. Al final, ambos somos uno y así será siempre.

Me salió críptico este post. No era mi intención, pero la figura poética estaba linda. Tanta cosa para decir que sigo en mis trece, a pesar de todo. Hay lujos que no me puedo dar, como el cinismo. Se me caen los fustanes y con ellos, los pétalos de rosas que guardo escondidos, en afán de que no descubran lo tonta que soy. Sabrán perdonar, ustedes también.

Seguimos soñando

 

Her Morning Elegance / Oren Lavie

Algunos mails son como inyecciones a la vena. Algunos videos lo son también. Es época donde la tecnología rompe barreras y -como ya creo haber dicho por ahí- el mundo se convierte en un wantán. Es lunes y todo es posible. Ya seguiré fastidiando.

Exorcismos

Estaba a punto de cerrar los ojos, anoche, cuando se me ocurrió postear esto. Lamentablemente, estaba muy cansada, al borde de la inconsciencia y las fuerzas no me dieron para ir hasta Petete y golpearlo, pobrecito. Hoy, me la he pasado pensando en qué era lo que tenía que postear, y todo vino a mí, luego de algunos textos que estoy escribiendo. Tuve que irme a la volada de ellos y caer aquí.

Este post es de exorcismos. Aquellos que han leído esa increíble y divertida novela que se llama La Ley del Amor, saben que, para la autora, los objetos tienen memoria. A mí me gusta pensar mucho más: todo tiene un karma, objetos, palabras, lugares, comidas, películas, absolutamente todo con lo que uno se relaciona en este plano de la realidad.

Así, suelo ir sobre mis pasos, cuando mis lutos pasan. Son peregrinaciones donde todo es exorcizado, siendo llenado por sentimientos nuevos, sensaciones opuestas a aquellas que me hicieron sentir chancleta. Al “limpiarlos” de esa mala vibra inicial, todo regresa al feliz punto cero y es como si un espíritu (el del mal recuerdo) se fuera, aliviado.

He exorcizado ropas, muebles, cines, calles, textos, libros, relaciones, canciones, empleos… Cuando les vuelvo a ver, son distintos. Otros colores, formas, sonidos, olores que me son desconocidos, nuevos, felices.

Y hoy, en presencia de uds, exorcizo una poesía. Era –y es- hermosa. No es mía. Ahora tiene un significado diferente y es más que un regalo, es una ofrenda. Hoy merece la redención, para que otros ojos y otra boca distinta la lea, la repita y la guarde dentro, muy dentro.

Ven, Siempre Ven

No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,

las huellas de unos besos,

ese resplandor que aun de día se siente si te acercas,

ese resplandor contagioso que me queda en las manos,

ese río luminoso en que hundo mis brazos,

en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero.

No quiero que vivas en mí como vive la luz,

con ese ya aislamiento de estrella que se une con su luz,

a quien el amor se niega a través del espacio

duro y azul que separa y no une,

donde cada lucero inaccesible

es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza.

La soledad destella en el mundo sin amor.

La vida es una vívida corteza,

una rugosa piel inmóvil,

donde el hombre no puede encontrar su descanso,

por más que aplique su sueño contra un astro apagado.

Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata a la propia conciencia,

duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de morir,

de quemarme los labios con tu roce indeleble,

de sentir mi carne deshacerse contra tu diamante abrasador.

No te acerques, porque tu beso se prolonga como el choque imposible de las estrellas,

como el espacio que súbitamente se incendia,

éter propagador donde la destrucción de los mundos

es un único corazón que totalmente se abrasa.

Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte;

ven como la noche ciega que me acerca su rostro;

ven como los dos labios marcados por el rojo,

por esa línea larga que funde los metales.

Ven, ven, amor mío; ven, hermética frente, redondez casi rodante

que luces como una órbita que va a morir en mis brazos;

ven como dos ojos o dos profundas soledades,

dos imperiosas llamadas de una hondura que no conozco.

¡Ven, ven, muerte, amor; ven pronto, te destruyo;

ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo;

ven, que ruedas como liviana piedra,

confundida como una luna que me pide mis rayos!

Vicente Aleixandre