De Amor (otra vez)

Donde vivo.
Donde vivo.

Hablar con el hígado me ha resultado siempre tan fácil. Lo extraigo con mis propias manos y escurriendo sangre, escribo. Siempre suelo estar en trance, al hacerlo. Las ideas se agolpan, atiborrando todo, matando al idioma y sobre todo, buscando el punto de la exacerbación de la indignación que siempre me corroe. Ya he explicado que es la voz de mis demonios, de aquellas muchas Dreampickers que viven en un mismo cuerpo y que viven pogueando en mi interior, donde sólo algunas miran hacia esa rendija de luz que es este blog. Unas pocas logran escalar y gritar. Los vecinos vienen, asustados por sus alaridos. Vienen los bomberos, la policía… viene todo el mundo, para intentar calmar los arañazos, los golpes entre ellas. Todo para que un texto pase por las gargantas de los que leen en voz alta, como ácido que corroe. Puede ser…

Hablar con el corazón me es extraño, entonces. El amor prefiere hablar en verso, con la secreta ilusión de hacerlo al oído de alguien. Ni siquiera tengo el valor para dejarle hablar por aquí. Lo mejor, entonces, siempre, es esconderse. En aquella esquina de la mazmorra que llevo adentro, hay alguien sentado, mirando el escándalo que hace mi Legión. No suele hablar, pero cuando lo hace, los demonios voltean a mirarla. Callan al instante, asustados. Saben que ella es la única que tiene la llave de la puerta. En el fondo, ellos no quieren irse; quieren que ella sea libre.

¿Sabes qué? Yo también.

Oda al mal humor

De mal, mal humor
De mal, mal humor

Hubo, hace mucho, una Oda al Papel Autocopiativo, de mucho éxito. Alguien se la llevó a su casa, escrita sobre –oh sorpresa- papel autocopiativo. Irrepetible, pese a que intento, de tanto en tanto, emularla sobre algunas facturas de Tottus.

Esta es una oda al mal humor. En minúsculas y en prosa. Porque estoy de mal humor, pues. Porque me revienta el inicio del otoño en Lima y me pareció que sería una buenísima idea, bajo este cielo panza de burro, donde puede ser las 6am o las 4pm, donde el frío se cala en los huesos y te hace sentir un estropajo sin exprimir, donde todo el mundo va a una revolución distinta y sólo los Monsters y un par de freaks pueden decir que “el día está lindícimo”; y eso me descomputa de hacha.

Sí, puro y genuino mal humor, porque yo a la playa no voy en verano ni muerta (y ahora tendré que hacerme el espacio para poder ir porque sino me falta algo), porque el frío es buen pretexto para ponerme botas largas (que me encantan) que embarraré, envolverme con guantes de cuero los puños siempre engarrotados (duele) y cubrirme hasta las cejas con un chuyito caliente que me haga ver como un escolar.

Malísimo humor. El sol se ha ido y me deprime la “mente positiva, mi hermano” de todos los que caminan deseando ser los mismos de siempre. Porque mis cosas se me van complicando, aunque nadie las sepa y encima, coordinadamente.  Al parecer, mi positivismo primario se ha ido pegado a ese sol que sale en otro hemisferio. Merde.

No, tampoco es culpa del clima solamente. Ni de las cosas que se me cruzan. La culpa es de las ausencias, que pesan como los yunques de las escenas de dibujos animados, que hunden hasta lo más profundo y no hay más que tragarse los mocos y seguir, pues, seguir. Con la extraña sensación que camino por la calle (o el mundo) con la bragueta abierta… y la gente me ve pasar, sin nadie que me diga “oie, súbete el cierre”; porque ese nadie está en otro lugar.

Lo curioso es que siempre ha sido así. En estos días, el asunto se exacerba nomás. Caracho, qué mal humor.

Para decir adiós

Iba a decir unas cuatro cosas y postear los videos, así, nomás. Luego me acordé de mi amigo Maxi, que decidió cerrar su blog porque se había quedado sin palabras, porque alguien se había llevado su corazón -y no lo había devuelto- y porque sus clases comenzaban.

Decir adiós cuando todo se te junta, es jodido. Más, cuando te dicen adiós y tú lo único que quieres es seguir pegado a la luna. Triste por Maxi y su silencio virtual. Para mí, siempre tuvo cosas qué decir, sólo que se tomaba muy a pecho todo esto. Luego, se borró.

Yo nunca digo adiós, by the way. Sólo desaparezco de los lugares usuales y aunque pareciera que los temas fueran olvidados, ahí están, latiendo como lo hace una herida que no se cura. Además, los escribientes no podemos poner el silencio, sólo lo trasladamos a otros sitios. Para que vuelvan a ser la cama donde se tienda ella.

Te echaré de menos, Maxi.

Modo “Faite” de decir adiós

Modo “Hora del Lonchecito” de decir adiós

Modo “Cool” de decir adiós

Modo “World Music” de decir adiós

Modo “Cursi” de decir adiós

Modo Dreampicker

Por cierto, Maxi no verá este post. Odia ver videos linkeados. Cosas del fútbol.

Lady of the flies

La amistad sincera entre hombre y mujer no existe. No importa cuánto te lloriquee tu “amigo” de turno, rejurándotelo. No importa cuándo lo desees tú. Obviamente te hablo a ti, muchacha (muchachota) distraída, cuasi liberada de traumas, que comes chocolate compulsivamente a escondidas, luego te torturas 3 horas en el gym, tas preocupada por la ecología (de verdad) y sueñas con que tu príncipe encantado tenga un BMW (mínimo), pero nunca le vas a decir a nadie nada de lo anterior.

A ti, babosa, para ti es este post. Las cosas como son. Más Sprite que nunca.

Lo escribo para ti, pero yo sé que también lo leerán ellos, en un afán esquizoide por querer cambiar la realidad y decir “no es cierto” y luego se morirán de roche, pero me darán las gracias por el asunto y saldrán silbando caleta de la escena.

Al menos, me libraré de las malas interpretaciones –sí, yo también- y eso ya es todo un asunto.

Sinceramente, yo no sé, si se ha comprobado científicamente que los hombres usan las zonas frontales cerebrales unicamente para pensar –con lo cual, eso quiere decir que sus funciones racionales son optimas y rápidas cual velocidad de la luz or more- no puedan ser capaces de observar si la mujer que tienen al frente es una candidata para colega o “culeguita”(o todo el resto de cosas para lo que te podrían querer). Digo, ¿porqué les toma tanto tiempo caer en la cuenta que ella “no es”? y simplemente, darle la palmadita al hombro de rigor y eructar, mientras miran a la flaca de la mesa del costado y te dejan tranquilita. No entiendo. Debe ser un problema de ADN, definitivamente.

Ayer, justo una persona me contaba que una chica con la que salía, no se resignaba a que él no la quisiera como “prospecto” y que se había convertido en una maniaca obsesiva que hackeaba las cuentas de mail y todas esas paginas de encuentros(hi5, badoo, feis etc) para dejarle mensajes ofensivos a él y sus contactos. Por supuesto, el patín se había tomado su tiempo para “darse cuenta” que la verdad, no estaba interesado, que ella tenía episodios de cambios de carácter que le asustaban, que le registraba las cosas y eso que ni siquiera habían tenido intimidad (yeah, sure, one more about cowboys)… en los 3 meses que “salían”.

Ese asunto de “salir” es algo así como un “prueba la mercadería, muestra gratis, sin derecho a reclamo porque otro también puede estarla probando, pero si de verdad quieres exclusividad, te va a costar” y bueno, algunas mujeres asumen (asumimos) que si estás “saliendo” pues ya algo existe y que luego de tanta cosa te salga con “es que, Dreampicker, yo sólo quiero ser tu amigo… “y tu ya pensabas en que podrías llevarlo a la clausura del nido de tu sobrinita, con la abuela y todo el mundo… no sé si me entienden. Osea, indignan estos tiempos modernosos, digan que no.

Me he desviado. Lo que quería decir es que si bien la amistad entre personas del mismo sexo (heterosexuales) es posible y puede durar toda una vida; entre sexos va a depender de la no-existencia de planes sentimentales entre sí y de las posibilidades del otro, de aceptar eso. No sólo significa que yo no quiera tener nada contigo. También significa que tú aceptes eso y me dejes de una puta vez en paz. Sorry por lo cruda, pero es para que entiendas, dear.

Por mi parte, mis amigos (los que se han quedado, que son más que las pocas amigas que logro conservar), saben o presienten un par de cosas: primero, que pueden parecerme sexualmente interesantes, pero yo tengo la capacidad para discernir lo suficiente -bien y rápido- sobre lo quiero (y no soy influenciable); segundo, que si les ofrezco amistad, será de la beatífica y durará lo que ellos quieran que dure (si la echan a perder es problema de ellos, yo simplemente desapareceré) y que no les fallaré. For sure.

Luego, tú, muchacha, dulce… no te hagas bolas y ya que tú tienes la capacidad de usar tus dos hemisferios y hacer operaciones mentales que te toman mucho menos tiempo que las de ellos, date cuenta al tiro para qué vienen. Conviértete en mutante y sé feliz. Mientras, anda con tu matamoscas, que siempre es útil.


Viniendo de todas partes

Valle de Moche a las 4pm. Espectacular paisaje captado pobremente con una digital. Es para una cámara de cine.
Valle de Moche a las 4pm. Espectacular paisaje captado pobremente con una cámara digital. Es para una de cine.

Como Petete está agónico –y no puede salir a ninguna parte- he tenido que recurrir al asunto de sentarme a escribir “a la antigua”. Cuadernito en mano, por cualquier lugar que tenga a bien recibirme. Mil disculpas, entonces, por las pocas ganas de este texto (es que lele la mano) y sí, mucha intención.

El viaje.- Ningún viaje decente que se precie lo es, sin incidentes. Los míos incluyeron al único taxista que no sabía del concierto de Maiden, un amago de asalto, forcejeos inesperados en puertas cerradas a horarios inesperados, (era el personal de limpieza), amistades novísimas y casi tan distraídas como una; paisajes increíblemente bellos y oro, mucho oro.

Todo, unido a algunas certezas, a saber que viajar sola no es el big deal pero tienes que estar más mosca que nunca,; que siempre habrá alguien más asustado /atrevido que tú; que no hay nada más rico que estar a tu aire…

Por otro lado, debo decir que no pude elegir mejor destino. Chiclayo se perfila como el centro de una nueva ruta turística, que tranquilamente (sorry) puede competir con el ombligo del mundo (Cuzco). Según me han comentado los operadores turísticos, desde hace 3 años no dejan de recibir visitantes y los tours suelen salir repletos, salvo en temporada baja (increíblemente, Navidad), donde todo el mundo sigue pensando en otros destinos. Estos turistas son, en su mayoría, de origen interno; pero se están viendo llegar americanos y franceses. Ignoro el motivo.

Simulación del espectacular (y raro) enterramiento del antiguo señor, encontrado en Sicán. Para CSI.
Simulación del espectacular (y raro) enterramiento del antiguo señor, encontrado en Sicán. Para CSI.

El circuito turístico incluye las siguientes rutas (todas tienen link):

Huaca Rajada y museo de sitio

Pirámides de Túcume y museo de sitio

Museo Sicán

Museo Tumbas Reales de Sipán

Bosque –santuario de Pómac (incluye ruinas)

Museo Brunning

Por supuesto que hay otros circuitos “alternos” que incluyen Monsefú (artesanías), Zaña (ruinas de la antigua ciudad), Ferreñafe (y sus restaurantes espectaculares), el recontra viejo muelle de Pimentel (y sus caballitos de totora) y la obligada visita al gran mercado de la ciudad, sobre todo en su zona de herbolaria (“mercado brujo”), que siempre está repleta.

Harto, ¿verdad?

A Chiclayo le faltan servicios. Un par más de buenos restaurantes típicos, más cafés, una buena librería, más semáforos (estrenan unos pocos y el tráfico ya se pone caótico) y centros de información para el turista. Aquí me detengo un poco. El peruano no está acostumbrado al buen servicio. ¿Algún chiquitrauma? No lo sé, simplemente no lo está; ni para darlo, ni para recibirlo. Se come bien, se bebe mejor, pero con los ojos cerrados. Pimentel, por ejemplo, tiene unos restaurantes realmente chinganosos. Es probable que la comida se buena, pero yo no me tomo ni una chela ahí (bueno, sí me tomé una, pero me invitó el guía, ¿ok? Puristas…). Si el producto (la ruta turística) ya existe y es bueno ¿porqué no mejorarlo? Ojala la demanda creciente obligue a los operadores turísticos, los hoteleros y restauranteros, los gobiernos locales y el regional, a dar un mejor servicio y sobre todo, les haga caer en cuenta que esta industria huachafamente llamada “sin chimeneas” sea capaz de balancear movimiento económico con el caprichoso clima que tiene el norte y sobre todo, dar más chamba a más gente que depende únicamente de la agricultura para sobrevivir. Ganan todos pues. Ellos, que se llenan de ingresos y los turistas, que ven algo más que el trajinado Machu Picchu. C’est la verité.

Más fotos, aquí.

—–

El discurso.- yo, no sé ustedes, pero mis dosis de Ranitidina han subido ayer. Era previsible con el esperadísimo discurso del expresidenteaundelincuente, totalmente desfasado, propio de alguien que vive en una realidad alterna o probablemente en auténtica negación, sintiéndose el patriarca de una dinastía de gobernantes y dándole la contra a su propio abogado (sí, ese pelma que nos tuvo semanas escuchándole sus cantifladas) cuando él dice que se encargó de la lucha antisubversiva “personalmente”, mientras el piquichón trata de demostrar que su defendido era el jefecito, pero no sabía nada. Chale. Algo que me ha quedado en claro, al final; es que la justicia peruana se manda un porotazo si ese delincuente recibe todo el peso de la ley y con eso, que tiemble AGP, que está pasando piola (la gran mayoría de las víctimas de la violencia fueron de su gobierno) con tanto discurso demagógico que nos trae dejavus horripilantes con lonchera de pan popular y plátano aplastado en bolsa de leche Enci. No me jo…

Nos leemos.

Ps. No quiero ser reiterativa, pero TIENEN que visitar el museo Tumbas Reales. Sólo ésa travesía, merece el viaje completo a una ciudad ventosa y calurosa como Chiclayo. Ah por cierto, casi todos los hoteles tienen wifi… y para los cargosos capitalinos, hay un par de malls, con Starbucks incluido. Agora sim, chau.

Un viaje

Este iba a ser un post en plan panegírico a aquellos que se van. Otra vez. Pero como ya me cansé de andar en afanes necrológicos por alguien a quien conocí tan poco y sobre todo, porque ya quedó claro que hay excesos que fomentan otros, pues mejor uno se calla y le deja las discusiones a quienes sí se las quieren soplar.

 

Mi jefecito (y no lo digo porque él lea este asunto, pero buen puede) me preguntó algunas semanas atrás si es que me interesaba tomarme unos días libres, en plan “recargar baterías” y salir a cortar margaritas a otro jardín que no fuera el común. Me tomó por sorpresa, porque mi régimen laboral me permite flexibilidad de horario, pero vacaciones… no. Gracias Libre Mercado. Gracias.

 

Como sea, me encuentro armando maletas. Me largo. Súper influenciada por el Feng Shui, arranco para el norte. En mi psicosis por controlar todo, el asunto va planificado en lo modular (qué llevar, cómo llegar, dónde caer) y completamente informal en el resto. Por momentos, me siento el Niño Goyito, epítome de la ñañería limeña huachafaza, que alucina que va a tomar el Orient Express , cuando va a Huacho. Never mind.

 

Sin embargo, mi asunto va por otra vertiente. Es mi primer viaje sola. Antes lo he hecho con familiares, con amistades, con gente de la oficina, e incluso acompañando a autoridades gubernamentales, en plan sobón. Ahora no. No tengo a quien echarle la culpa si elijo un mal hotel, si me pierdo en la ciudad, si llego tarde a tomar el bus y me deja… Voy a ser positiva con todo, por supuesto. Viajar sola, siendo mujer, en el interior de Perú es casi como tener un letrero de neón que diga “Atácame” y con eso, las precauciones van dobles, entonces.

 

Pero, este viaje es de entrenamiento. Tengo que aprender a perderle el miedo a la gente, a encontrar cosas que no espero y sobre todo a solucionarme los problemas yo solita (algo que ya hago hace siglos, ok, pero no es lo mismo si no tengo a la family, pe) y a disfrutar esta soledad que yo misma me impongo y que me enseñará a caminar, para llegar a otros lugares (a donde definitivamente iré), en el futuro. Más vale tarde que nunca, digo.

 

¿Nos leemos? Claro. Pronto.

Post perdido: Luego de tanta cosa

Y ahí vamos.
Y ahí vamos.

Me he pasado un buen rato mirando la pantalla en blanco, pensando en cómo se dicen las cosas sin tener que llenarlas de lugares comunes.

En otras oportunidades, hubiera podido postear un par de videos que identifican mejor mi estado de ánimo, porque todo el mundo sabe que una imagen vale más de mil palabras (esta frase sí que es un lugar común) y si además, tiene musiquita, le cae super chévere a tutti.

De un tiempo a esta parte, estoy como debe sentirse un caballo en el partidor, con los músculos tensos antes de la salida, el jinete casi en vilo, ambos mirando la pista, visualizando la meta. Soy una dualidad (¡caray, soy legión!) que mira a lo desconocido con una insaciable curiosidad. Mira con ambición, con ansiedad, con fastidio por los procesos y sobre todo, en absoluto silencio, con los nervios tensos como debe estar jinete y caballo antes de salir disparados a la carrera.

De pronto, hay algo que nos distrae. Ambos miramos de reojo y sonreímos. Es un aroma, una palabra, una sonrisa que se quedan pegadas y que más que interrumpir, nos acompañan. La meta sigue ahí. La carrera se va a realizar indefectiblemente.

Luego, el caballo parpadea. Se agita y se queja. ¿Mucho aroma?, ¿Mucha sonrisa? Pobre caballito, pues. Tenemos demasiados malos recuerdos. Muchos tropezones como para tomárnosla deportivamente. Quiere irse corriendo, sin su propio jinete.

Lo bueno es que él sabe cómo calmarlo. Le acaricia, le dice que tal vez no sea nada, que, sea lo que sea, seguirán en la brega. Al final, ambos somos uno y así será siempre.

Me salió críptico este post. No era mi intención, pero la figura poética estaba linda. Tanta cosa para decir que sigo en mis trece, a pesar de todo. Hay lujos que no me puedo dar, como el cinismo. Se me caen los fustanes y con ellos, los pétalos de rosas que guardo escondidos, en afán de que no descubran lo tonta que soy. Sabrán perdonar, ustedes también.

Seguimos soñando

 

Her Morning Elegance / Oren Lavie

Algunos mails son como inyecciones a la vena. Algunos videos lo son también. Es época donde la tecnología rompe barreras y -como ya creo haber dicho por ahí- el mundo se convierte en un wantán. Es lunes y todo es posible. Ya seguiré fastidiando.

Cosas que no te pasan cuando estás en tus cinco sentidos

Dulcemente idiota. Here I am.
Dulcemente idiota. Here I am.

Caray, estoy muy distraída últimamente; y cuando eso sucede, me distraigo con todo.

Hace una semana me fui a recoger unas traducciones oficiales al centro de Lima. Regresaba, linda yo, cuasi desfilando por el Jr. Miroquesada. Era hora punta y la gente estaba full, caminando tan apurada como yo. Realmente mucha gente. No sé en qué momento de mi ensoñación, me tropecé con una barreta erguida, que pertenecía a uno de esos tachos de basura suspendidos (como la foto), pero sin el puto tacho.

Tacho de basura... sin tacho, como los de Lima. Tropecé con esas barretas. Ouch.
Tacho de basura... sin tacho, como los de Lima. Tropecé con esas barretas. Ouch.


Había tanta gente y yo estaba tan ensimismada en mis propios pensamientos, que no lo vi. Lo juro. Más que dolor, sorpresa. Asumo que si hubiera sido hombre, me hubiera dolido como la mella. Adiós catwalk de Dreampicker con cabellera suelta al viento, misma propaganda de tele. Hello a muchacha tonta que casi se saca la michi en la esquina de El Comercio. Escuché, como fondo, el usual efecto de sonido del rigor: un par de patas que dicen algo así como “uyyyyyyy” y luego de sentirme ridícula, seguí caminando, muy digna, como si nada hubiera pasado.

El moretón de mi pierna es parecido a la veta de una papa andina (ver foto, también) y está en una zona tan alta que no la puedo mostrar (los chicos de mi oficina se han sentido decepcionados de no poderlo ver) a nadie.

Mi moretón se ve como las hojuelas de el centro. Todo un poema.
Mi moretón se ve como las hojuelas de el centro. Todo un poema.

Mi madre llora de risa cada vez que le recuento el incidente. Ella, siempre, tan supportive.

Eso sin contar con que las traducciones hechas y pagadas deben ser rehechas, pero ese tema para otra conversa (y eso es algo que mi madre no sabe, tampoco) y otro coraje.

Ya son dos las veces que he estado a punto de caerme estrepitosamente, en menos de un mes, a la salida de mi trabajo. Ambas veces ha estado alguien lo suficientemente cerca –una de esas veces, mi jefe- para poder sostenerme. En ambas, el consabido “uyyyyyy” de los presentes.

Imagino que nos viene de familia. Chochi hizo una salida triunfal de una entrevista de trabajo en el Hilton de Québec, de la misma manera: con patinada de media cuadra. Hey, yo recuerdo que hice exactamente lo mismo, años atrás, cuando llegaba a otra entrevista de trabajo. Osea, genético. ¿Serán los “nervios”? ¿El dólar, que sigue subiendo? ¿La proporción entre cuerpo y los kilogramos que aguanta el pobrecito piececito de tamal? ¿La primavera, que ya pasó? Cómo saberlo.

A mí me suele dar una risa incontrolable cuando me pasan estas estupideces. Suelen ser tan raras, que inmediatamente hay una especie de efecto de desdoblamiento en mí: logro verme cayendo, en un efecto tan ridículo que sólo me provoca reír. Luego sobarme, adolorida, claro.

Es como si estuviera caminando, pero sin conciencia de dónde estoy, a dónde voy ni porqué estoy haciendo las cosas. Pero bueno, la risa me dura un tanto, últimamente. Me jode andar distraída. No tengo tiempo, no tengo tiempo, no tengo tiempo. Tengo que tomar un complicadísimo examen de inglés, licenciarme (luego de eso, por mi mare, tendrán que llamarme “licenciada Dreampicker” mínimo) y mil asuntos contractuales que deben morir sí o sí, antes de que el verano real termine.

Entonces, promesa: no soñar en horario de oficina… o de trámites. No quiero perder una cuenta o caer dentro de un buzón…le tengo miedo al agua.

Chau.

Otro viernes

Imagen de aqui

Mi semana no ha sido tan agitada como yo pensaba. Pese a que me he tenido que lavar los dientes mientras me duchaba, un par de veces, mientras sacaba las cuentas de los gastos del mes. No. Nada agitada. Tengo un mes para crearproducirrealizar una pieza audiovisual de 30 segundos que justifique mi sueldo y la verdad, mi mente anda volando en cualquier lugar, menos donde debe estar. Mi mal humor vuelve a ser pan de cada día, pero no es el temeroso síndrome de abstinencia sentimental al que le tengo miedo (terror) si no la conciencia que me pide que me espabile, que me ponga a hacer los dichosos trámites, que me prepare mejor para dar mis exámenes, que cargosee para lograr las cosas que necesito y que sólo dependen de mis ganas. Pero yo, soñando aún.


Petete y la musa. La musa y Petete. Me andan empujando hacia la practicidad y la verdad, tienen muchísima razón. Creo en todo, como siempre. No creo en nada, también. Creo en los milagros, pero no que se me acercarán. Es probable que ellos (los milagros) tampoco crean en mí. Sucede cuando pasa. L´histoire de ma vie.


El pesimismo siguió esta mañana, mientras intentaba arrancarle mi título de bachiller a la oficina de Grados y Títulos de mi facultad. Tuve que hacer 3 viajes dentro de Lima calurosa del medio día, sólo para hacer 3 cosas idiotas que se pueden hacer en un mismo local, si es que se les prendiera el foco…Lo peor de todo es que me adobo como un pavo de navidad, con bloqueadores factor 70, sólo para salir a comprar el pan. Osea, el sol sale con punta. Quisiera usar una burka, para caminar en paz. Deseo el anonimato y que el sol no me achicharre…

¿Se nota que estoy de mal humor?


Luego, la normalidad vuelve a aparecer, por lo menos en la superficie. A dentro, el volcán sigue prudentemente en reposo.


Hoy ando en este mood. Sorry.