Category Archives: trabajo

Acá nos vemos.

Acá nos vemos.

invitacion la republica

Estimados, al parecer, aumentaremos el número de gatos. Ya no seremos tres… Espérenme desde el martes 06, semanalmente, en La República… ¿No es emocionante? Ahora casi todo el Perú se enterará que estoy loca…

Igual, seguimos manteniendo el blog, pero con otros temas… (intento imaginar cuáles…)

Saludos… y nos leemos en el diario.

Multilingüe

Multilingüe

multilingue

Aunque la palabra correcta en nuestro idioma español es Políglota, el multilingüismo no es algo que debería asombrarnos en la realidad actual. Para muchos de nosotros, sólo basta mirar en casa, para descubrir que el abuelo habla dos lenguas, donde una de ellas puede ser el Quéchua o tal vez alguna foránea, como el chino o el japonés. Hablo de la realidad peruana, donde, siendo un país bilingüe (por lo menos en el papel) la constante migración asiática durante el siglo XIX y parte del XX ha dado lo suyo.

 

Y es que aprender un idioma no es solamente un ejercicio memorístico y de traducción simultánea; es el aprendizaje de una cultura, de un modo de mirar al mundo, muchas veces opuesto a los valores que nuestra propia lengua madre tiene y así, la vista en perspectiva de todo lo que nos rodea. A éstas alturas de globalización, inmediatez desesperante de información a chorros, pretender vivir sólo con tu lengua de nacimiento no sólo es una locura, es una limitación. La posibilidad de poder acceder a entornos donde se maneja info privilegiada, el comprender los entornos en los que profesionalmente uno debería desarrollarse, comprender posibles mercados nuevos y estrategias de apertura, se pierden si nos quedamos en la isla del monoidioma.

 

Por otro lado, perder temor ante el reto de aprender aporta muchísimo a la autoestima, nos acerca a nuevas amistades y como dije, nos da la perspectiva invaluable de aquellos que ya son políglotas y ciudadanos del mundo. Nos favorece en la capacidad de adaptación a las situaciones imprevistas, nos regala momentos inolvidables, porque ¡¿a quién no le satisface “descubrir” finalmente lo que aquella canción quería decir o ver una película en v.o. (versión original), hasta el punto de corregir los subtítulos?! No me digan que no se siente genial poder entender (y hacerte entender) en una cultura distinta o con aquella persona con la que te sientes atraido y que, en alguna otra ocasión, te hubiera sido imposible contactar siquiera. Nomejo con éso de que el idioma del amor es universal, ligones. Luego terminan como el Yungay y ahí sí que hay roche. No es.

Entonces, a mandarse nomás. De entrada, el primer idioma- si es que no sabes ninguno- es el Inglés. Se le necesita casi para todo y es increíble que exista gente (educada) que pueda sobrevivir en el planeta sin saberlo. Por todo lado lo enseñan y a todos los costos. Para practicar tienes la Internet, el cable y el chat. Luego, aprendes lo que pida el cuerpo o las afinidades. ¿Te provoca aprender Coreano, porque te gusta ver las telenovelas? Mándate nomás. ¿Sientes que la cultura alemana tienen cosas que te afanan? ¡Al toque con el Alemán! ¿Te gustan las lenguas muertas? ¡Lánzate por el Latín y el Griego! Hazlo ahora, ahora mismo y enjoy the experience. Vraiment. Fai quello che ti piace…

Así que, más respeto con el abuelo quechuablante, que es un maestrazo. Kausachum tata!


 

¡Es el fin!

¡Es el fin!

 

equipaje

En tránsito.

Hace poco más de tres años, empecé una aventura, cuya primera parte ha terminado hoy. Decidí migrar.

 

Al igual que todos los que deben irse -de manera obligada- del país, el proceso empieza desde mucho antes de la acción de tomar un avión o cualquier otro transporte. Mucho antes, incluso, de decidirlo. A algunos pocos les sobreviene el asunto de manera tan rápida, que es como un trasplante salvaje y la adaptación es odiosa. No ha sido mi caso.

 

Diré, como siempre he dicho, que mis ansias de cambio vienen desde 1988, año en el que me aburrí como nunca y pensé en que era una verdadera marciana viviendo en una caótica ciudad. Lo cierto es que era una post adolescencia contrariadísima y controladísima. Luego de aquella decisión, mi vida fue una búsqueda de vocación profesional y de modos de expresión de ésta Legión que es mi mente inconforme, educada sólo Dios sabe para qué tipo de sociedad o motivo, pero siempre ahí, mirando críticamente todo.

 

Sobreviví a las peores épocas económicas peruchas, donde tuve los empleos más mediocres que alguien pueda imaginar, pero también la experiencia de vida para valorar el hecho de poder cobrar un sueldo y felicitarme por cómo tu autoestima sube por ello. Tuve que soportar todos los tipos de jefes, de los que te ignoraban, a los que te insultaban, sin importar la edad o el sexo o tal vez la caridad humana inexistente.

 

Sobreviví a los pésimos amores (en parte, mi culpa por no saber escogerlos), a los pésimos “amigos” y a la depresión que sus pérdidas me producían. Aprendí a discernir, a proteger mis ansias, a observar.

 

Sobreviví a las enfermedades -felizmente pocas- a la búsqueda neurótica de la belleza, a las modas, a los panfletarios. Tuve suerte.

 

Hace tres años que he venido sacrificando los fines de semana (sábados y domingos por las mañanas, incluidos), las salidas con mis amigos, el acceso a algunos caprichos tecnológicos, gastronómicos, culturales. Hace tres años que vivo “proyectando” la escena en la que entrego mis documentos a la sección de migraciones de aquel aeropuerto y cruzaré los dedos para que todo salga bien.

 

En todo este tiempo, no sólo invertí el dinero que exige una cerebral preparación para cambio de locación; invertí mi tiempo y mi corazón. Todo, en búsqueda de éste sueño, en el que me he involucrado y en el que no quiero fallar.

 

Debo, entonces, disculparme de todos aquellos de los que no he podido despedirme; disculparme de aquel amor que me hizo dejarle; de no haber seguido luchando por labrarme un “futuro” en Perú, cuando eso fue en mis pasados veintes, pues estoy en puros “ahoras” y la verdad, ya no estoy para dancings. Pido perdón por irme, por no persistir cargosamente, pero es que así es cuando se hace lo que debe hacerse; uno se manda, con el alma en las entrañas y a ver qué pasa, pues una crece, intentará reproducirse y es inevitable que muera. Pero los que se quedan, están en mi mente.

 

Siendo más prosaica, es una joda emigrar. Perfeccionar un idioma, estudiar otros dos (a veces casi simultáneos) con sus respectivos exámenes de suficiencia (algunos, tomados un par de veces), conseguir todas tus constancias de empleo (I mean, all), hacer todos los trámites inimaginables para demostrar que no eres una oportunista, ni una mentirosa y mucho menos, delincuente. Traducir todo lo anterior en papelitos que les dice a “ellos” que es cierto… Hacerte todos los exámenes físicos que existen y juntar tus ahorros, al borde de parecer indigente, porque sabes que debes sobrevivir allá adonde vas.

 

Alguien dice que las oportunidades no caen del cielo. Se fabrican. Se lo creo, porque durante éstos 3 años, mientras me he privado de muchas cosas -entre ellas, mi sueño- he vivido pensando que me lo merezco, mella. Merezco dejar el sobresalto y la incertidumbre de toda mi vida hasta el momento. Sin embargo, les deseo a todos los que están luchando, que tengan mis mismas oportunidades; mi feliz suerte de poder hacer lo que me gusta y que ser valorada por ello.

 

Mis ojos mirarán otra realidad. Enfrentaré otros retos. La Dreampicker que, sentada en la cocina de sus padres hace más de tres años, decidió que “era el momento” no es, ni por asomo, la Dreampicker que les escribe ésto. Tampoco será la misma, aquella que escribirá desde Québec o desde donde el viento la lleve. Porque el objetivo, ahora más que nunca, es reinventarse. Es florecer.

 

No es el fin, jamás. Es el glorioso comienzo. ¡Nos vemos, desde el otro lado!

 

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

El Mundo Alterno

El Mundo Alterno

imagination

Fantaseo mucho, para desesperación de algunas personas cercanas. El fantaseo me permite abstraerme, concentrarme y pasar los momentos desagradables, de modo más rápido. Así, por ejemplo, si estoy atracada en un tráfico de pesadilla en Lima, tengo los audífonos puestos y me la paso creando videoclips para las canciones que van apareciendo, random. Otras veces, miro a la gente a mi alrededor y voy imaginando a qué se dedican, dónde viven, el estado civil, etc.

Estos ejercicios mentales, que malamente algunos confunden como “ensoñaciones”, han sido los recursos que han utilizado, incluso personas en situaciones en las que sus vidas han estado en peligro. No voy a continuar con ejemplos al respecto, porque el tema de éste post no es ése. Es la capacidad de visualizar lo que últimamente me aqueja y cómo la realidad es mucha mejor maestra que los esfuerzos de la mente. O algo así.

El asunto es que, de un tiempo a esta parte, observo a la gente de otra manera. Observo cómo serían en otro estrato económico, habiendo tenido – o dejado de tener- oportunidades en sus vidas y cómo éstas le han afectado. En mi cabeza, las visualizaciones y luego la comprensión de que las oportunidades no son más que una suerte de situaciones concatenadas, que vienen a dar en una notoria oportunidad para ponerte a prueba, con todo el camino recorrido atrás: lo tomas o dejas pasar. Si pierdes la cita con el destino, vendrá otra y otra más. Porque, me disculpan, pero si has de llegar a un lugar, lo harás indefectiblemente; aunque sea a trompicones.

Entonces, pues, miro a un empresario próspero y le imagino en sus inicios o cómo sería sin un puto centavo; de la misma manera lo hago con el que barre mi oficina y calculo cómo sería su vida si hiciera otra cosa distinta que sacar la basura de los tachos. ¿Llegaría, el empresario, a pillar el mismo destino, si sus oportunidades hubieran sido diferentes? ¿El operario sería mejor jefe que el suyo propio? Wait, no creo en el determinismo. Creo en las misiones. Creo en que hay que llegar, a dónde sea que lleguemos, con la plana hecha. Me muero de la risa con la figura; yo, viejita en mi cama, teniendo un segundo de lucidez, diciendo “mierda! Para éso vine!!” y estirar la pata al segundo siguiente. Humor negro pour moi.

En éstos años, he visto cambiar la vida de tanta gente. He visto que las acciones de muchas personas confluían en situaciones en las que, visto desde mi tarima de espectadora, califiqué como “inevitables”. Pero también las he calificado de benditas, de milagrosas y de providenciales. El acceso a la educación de muchos jóvenes que, sin algunas oportunidades realmente caritativas, no hubieran podido acceder a una educación, a un empleo, a que sus familias dejen de vivir en la precariedad o que ellos mismos caigan en las drogas o la delincuencia, quebrando el círculo que para otros es inevitable, es conmovedor, siempre. ¡Cómo desearía que mi país, mi raza, pudiera replicar, poquito a poquito aquellas vidas salvadas, aquellos ojos brillantes al ser reconocidos, al conseguir un empleo digno, al poder dormir en paz, sabiendo que mañana podrán vivir dignamente en un mundo que les respeta y valora…!

Bueno pues, me pongo sentimental, mirando a la gente. Deseo que todos puedan tener las mismas oportunidades que tuve yo (y eso que considero que he tenido pocas, pero trascendentales), deseo que puedan aprovecharlas y vivir vidas plenas…

Luego me acuerdo de aquel personaje de película brasileña que decía, contenta.”Ay, es que yo creo en la igualdad entre los seres humanos. Eso sí, todos a lo Rockefeller…” Caray, qué cool sería éso.

Corre, Dream, corre

Corre, Dream, corre

Dove sei? www.no-miedo.com

Heme ahí, corriendo como loca, de un lado para el otro, pensando en toda la recargada agenda que se intenta cumplir sola, como si mi voluntad no fueran más que aquellas páginas garabateadas en las que las actividades se sobreponen, inclementes, para ser cumplidas, indefectiblemente. Los tiempos se me acortan para otras cosas. Ya no estoy en esperas interminables. Estoy al punto de correr, con los nervios tensos, mirando a los competidores, ajustando mi equipo, preparándome para una salida honrosa.

He dejado de ser quien era, para ser otra. Dejaré, luego, éste estado de tensión, también, para ser alguien que aún desconozco, pero que espero me dicte, con benevolencia, el futuro. Qué difícil es vivir consciente de todo, ¿no lo crees? Es peor, cuando sabes que, por más que te esfuerces, para algunas cosas, terminas quedándote en el mismo punto de inicio.

Y sin embargo, ahí estamos. Terquísimos, Legión. Cual Galileo (pero bien chafas, a decir verdad), dándole la contra a lo “políticamente correcto” para quedarme con el “sentido común” -tan venido a menos, últimamente- insistiendo en que hay cosas que no pueden ser de otra forma, más que de las que ya son. En ese dancing, donde el discernimiento pareciera ser un ejercicio cruel, sólo quedan un par de opciones: persisitir cual cojuda, o morir en el intento. Voy a lo primero, en camino a lo segundo.

Eppur si muove, lupo. Ci vediamo.


A la sombra de un corto

A la sombra de un corto

Este iba a ser un post sobre el aprendizaje de los idiomas, el fraseo de cada uno de ellos y el temperamento que suelen tener aquellos que lo hablan, como una lógica característica de cada cultura que los genera. Iba a hablar sobre lo que- me parece a mí- es el centro del asunto de la enseñanza del idioma: estimular al alumno sobre la necesidad de aprenderlo, es decir, motivarlo directa o indirectamente.

También iba ser un post a modo de contestación a una pregunta con mala leche sobre porqué tuiteo en otros idiomas-además del nativo, lo hago en inglés, un poco de francés y muchísimo menos, en italiano- siendo que vivo en Perú. Lo cierto es que, de saber Quechua, lo hacía en esa magnífica lengua, también. Iba a explicar sobre lo relativo que van siendo algunas cosas últimamente, al respecto del intercambio de información y sobre la necesidad de poder expresar las ideas de manera que más gente pueda entenderlas. Intentar aprender varios idiomas es una forma. Intentar llegar…

Luego cambié de idea, que mejor hablara sobre esa estúpida incapacidad perucha por no ver más allá de lo evidente y focalizarse, siempre, en lo cercano. Una lacra que envuelve todas las acciones que se realizan y que es un mal endémico en las clases sociales altas, bajas, medias (un poco menos) y la clase política deprimente que nos intenta llevar al cadalso como nación. Hubiera disertado unas 2500 palabras sobre muchos ejemplos al respecto, sobre cómo me siento una extraterrestre por aquí y la verdad, me hubiera faltado tiempo para seguir.

También hubiera querido chismear sobre mis propósitos para estas minivacaciones que le he llegado a arrancar a mi chamba, pero luego me dio sincera pereza dar mi agenda personal, porque -humildemente- no soy cosmopolita y no la tengo tan recargada y la verdad, lo único que ansío es poder dormir hasta tarde y acostarme igual. Una ligera variante es que intento, eso sí, vivir con ansiedad (pero no mucha) el relax de hacer sólo las cosas que me gustan, comer lo que me gusta y pasar el tiempo con personas a las que no veo así nomás.

O podría lloriquear en más de 140 caracteres sobre las usuales penurias de una mujer como yo o como tú, muchacha estúpida que aún crees que lo sabes todo (ni yo) y te falta la estrellada fatal de la realidad. No, merci.

Pero.

Pero siempre está el otro topic que manejo soslayadamente; aquel que no trato por aquí, pero lo trato-benditas sublecturas- que me camina todos los días y que me tiempla, como el acero, para no decir las cosas y sin embargo, pensarlas consetudinariamente. Ahí anda. Siempre. Estoy embebida en él. C’est comme ça, mon chér loup.

Pucha, entonces me da pereza máxima, porque hay cosas que sólo se conversan en el calor de un acercamiento. Algo es algo y para mi, algunos “algos” han sido todo. Estoy en los lugares usuales, por si quieren charlar. Con permiso, me voy a recostar…

Nos leemos.

Me Sacan…

Me Sacan…

Bored With The Conversation - Scott Robinson

Bored with conversation – Scott Robinson

Bueno, este post iba a ser una lista. De hecho, algo larga y bastante ácida. Pero, prefiero hacerlo así, pegadito nomás, rabiando como siempre. Recuerdo que a muchos no les gustaba ése rasgo, de mi. Otros lo encuentran atractivo. Por mi parte no puedo decir más que así vienen en mis instrucciones: te chupas el limón o te largas. Es bueno decirlo.

¿Qué me jode últimamente? Sí, porque, si me lees con regularidad, sabes que paso del fastidio a la histeria, a la añoranza y casi nunca a la hilaridad -la que dejo para lo cotidiano, pero… wait, ahí hay tan poca gente- con lo que mis estados circulares sólo me pueden servir para que, de tanto en tanto, escriba algo que me salga de los ovarios y tu pienses que soy una loca de atar.

¿Qué me jode? Uff. Para empezar, el tráfico de mierda de Lima. Tener que vivir en el Apartheid que nos impone la poca decisión de una clase política que es una cloaca, lo que me hace querer pensar varias veces antes de salir de Lima Norte (donde trabajo y vivo) para ir a cualquier otro sitio, porque todo me toma 1hora de viaje; lo mismo que toma un avión de la capital hacia Arequipa. Luego me jode el descaro de los políticos, la mala educación que recibe el peruano promedio (lo cual le hace ignorante, atrevido y estrecho de miras), la lucha para mantenerme en un mercado laboral (con estudios y todo) mientras un bailarina de tecnocumbia logra viajar un par de veces al año a Europa y yo saco mi cuenta para saber si podré viajar a Huacho sin desbalancear mis fondos. Me revienta la gente que legisla sin saber de lo que habla, el que se siente indispensable, el que envidia y sólo remarca los defectos de los otros, el acomplejado que en todo ve un problema y aquel que se siente feliz por saltarse las reglas, afectando al resto. Me pone de malas el que diserta sobre algo, como si dijera la verdad de la milanesa y me subestime en el interin, el que no se da cuenta que marca los corazones y que sinceramente no estoy para bromas, el que esconde su corazón para mi, pero se lo da a otra, el que jamás me ha de encontrar… me jode hasta cuando desaparece el teflón de las sartenes de casa, se acaba el papel higiénico, se acaba el capítulo de la serie que me bajé por torrent, no poder usar el puto bluetooth (y por ello tener que ir a servicio técnico), olvidar los tiempos verbales del francés, no poder ir al cine, ver como los peatones son imprudentes, no poder publicar un libro de poesía sin tener que dejar el pellejo, no tener el tiempo para pintar, tener que esperar a que los objetos que quiero comprar “me encuentren” porque, sencillamente, nunca encuentro lo que quiero hasta que ellos aparecen. Me saca de mis casillas que dejen las cajas vacías de cualquier cosa, en las estanterías o la refri, para que las eche yo a la basura, que la vecina barra todas las mañanas a la misma hora, con frenética fruición (para mi que tiene problemas sexuales) y que las mañanas empiecen a ponerse nubladas, resistiéndome a sacar las frazadas del closet, olvidar echar el insecticida todas las mañanas y recordarlo todas las noches, abrazar a mis dos almohadas y seguir sintiendo que estoy en la cama equivocada, en el año equivocado, con un absoluto LAG en esta vida que me alcanza, pero cuya canción no me gusta mucho, la verdad…

Caray, todo me enfada. Sólo unas pocas cosas me pueden hacer sonreír, por aquí; porque como ya te dije, lo cotidiano te es ajeno, siendo una proyección exagerada de lo que en verdad me da vueltas y el resto, que ya sabes siempre, se rellena. Deséame buena suerte, entonces.

Así nomás

Así nomás

DSC03833

Es viernes. Otra vez, viernes. He salido corriendo con Chucky, al colegio. No es mi tarea usual: su madre ha decidido que se toma unas pequeñas vacaciones, sirviéndole el desayuno a otras personas y, bueno, he tenido que conformarme con recibir el grito usual de una adolescente, por despertarla para que no llegue tarde. Espero que la adolescencia le tome dos años o yo ya no esté para el resto de lo que queda de ella. Juramento con beso.

Es viernes, pues. La gente baja el ritmo, pero el mío está a mil. Salir corriendo por mi propio desayuno y darme cuenta que Lima anda más linda que nunca, eso sí, si miras al cielo (con canto de pajaritos incluido)… pero sólo en Lima Norte. Me rondan los pensamientos de siempre, pero sólo mientras amanece y hasta llego a creer que en ése exacto momento, soy pensada, también.

Mientras tanto, llego a la oficina, desayuno en el escritorio, toda vestida de celeste cerúleo y voy decidiendo que les comparto esta foto. Es el fin del mundo, definitivamente. Este cielo veraniego es sólo el preludio del infierno. ¿Cómo van vuestros corazones? Los mios se intentan acomodar al invierno.

Igual, haré mi danza ritual de la lluvia, mientras salto con un pan en la mano derecha… Feliz viernes.

Dias como éstos

Dias como éstos
Todos los días de la semana que pasó, me dejaron con los pies (y los pelos) de punta. El resultado, la espalda adolorida, un chinchón en la rodilla, otro en la pura espinilla y las lágrimas a flor de piel. El viernes caí ridícula y teatralmente en el pavimento, cuando intentaba jalar una maleta de 20kg en una rampa resbalosa. Luego, me di un super golpe al entrar en la ducha, en la misma pierna con la que había respondido a mi caída huachafa. Desperté en pésima posición, contorsionada, abrazando a mis dos almohadas, perpendicular al colchón…
La Negra ha estado con cara de tragedia y con eso me di cuenta que realmente las cosas estuvieron para el pedo, porque su visión positiva del mundo suele ser huachafamente contagiosa. Yo tuve que echarle barra, para que empezara a “pensar positivo mi hermano”, con una ciega certeza de que lo que viene, será mejor. Lo de temer es que vendrían algunas semanas de conteos finales, donde habrá que vivir las cosas inevitables. Sin embargo, algunas buenas noticias flotaron en mi ambiente y en mi mente, en mi corazón, la misma espera: La de aquel espejo que no quiere ser visto, que vive empañado y empeñado en no creerlo todo, pero amadísimo, amadísimo hasta el delirio.  Dios mío, que sólos se sienten los muertos…

Todos los días de la semana que pasó, me dejaron con los pies (y los pelos) de punta. El resultado, la espalda adolorida, un chinchón en la rodilla, otro en la pura espinilla y las lágrimas a flor de piel. El viernes caí ridícula y teatralmente en el pavimento, cuando intentaba jalar una maleta de 20kg en una rampa resbalosa. Luego, me di un super golpe al entrar en la ducha, en la misma pierna con la que había respondido a mi caída huachafa. Desperté en pésima posición, contorsionada, abrazando a mis dos almohadas, perpendicular al colchón…

La Negra ha estado con cara de tragedia y con eso me di cuenta que realmente las cosas estuvieron para el pedo, porque su visión positiva del mundo suele ser tontamente contagiosa. Yo tuve que echarle barra, para que empezara a “pensar positivo mi hermano”, con una ciega certeza de que lo que viene, será mejor. Lo de temer es que vendrían algunas semanas de conteos finales, donde habrá que vivir las cosas inevitables. Sin embargo, algunas buenas noticias flotaron en mi ambiente y en mi mente, en mi corazón, la misma espera: La de aquel espejo que no quiere ser visto, que vive empañado y empeñado en no creerlo todo, pero amadísimo, amadísimo hasta el delirio. Dios mío, que solos se sienten los muertos…