El problema es de la inmediatez de la internet. Ya no me leen tres gatos, me leen cinco. Entonces, algunos no saben quién michi es ésta loca que habla con la nada -aparentemente- y sobre todo, no entienden de qué va este lugar.
La verdad, ni yo.
En tanto me voy dando cuenta si son peras o son manzanas, intento explicar que mi vida está cambiando vertiginosamente, espero, para bien. Luego, salga pato o gallareta, todo va saliendo como debe salir: a lo macho, nomás. Me puedo quejar del trabajo, me puedo quejar de los chamacones (la verdad ya me está dando pereza hablar de ellos) y puedo quejarme de la ciudad en la que vivo, pero en vez de ello, me involucro en otras empresas más satisfactorias que agarrar mi cachiporra y repartir guamazos. Ya tu ve. Ya tu sabe.
Seeeeee… hay veces que hay días increíblemente coordinados, donde te sientes parte del planeta, del universo, en fin; todo te sale chévere, llegas exacto al paradero cuando pasa el micro que debes tomar, casi vacío, tu jefe está en sus cosas y te deja hacer las tuyas, ponen todas tus canciones favoritas en la radio, te encuentras plata, logras terminar ése trámite interminable y encima te dicen que estás reguapa…
Pero hoy, hoy no ha sido un día de éstos. Más bien digamos que es una semana fatídica donde todos los días son de miércoles (y recién estamos lunes), hasta el mero viernes (y ni te ilusiones, porque el fin de semana será peor). Te levantas antes de que el despertador despierte, preocupada por los pendientes y no pegas ojo hasta que decides vestirte, para no encontrar por ningún lado lo que tenías planeado ponerte, descubres que hay lo que realmente se te ha antojado tomar de desayuno (pero que venció el mes pasado); tus ojeras están incontenibles (lo que no impide que el guachimán te lance un piropo: él no está viendo tu cara, precisamente); el hombre que te gusta se dispara en la pata, diciéndote algo realmente estúpido; tu jefe te llama por millonésima vez para preguntarte por qué no entregaste tal o cual informe; tus empleados encuentran un pretexto más (perfectamente válido, encima) para atrasar todo el trabajo de la oficina; te tomas unas fotos para un documento que debes (sí o sí) entregar antes del viernes y en el sales como si estuvieras a punto de llorar (y se supone que sonríes); han hecho de almorzar algo que detestas y aquel trámite interminable debe comenzar again. No sin razón, entonces, se te cae el cabello a mechones y tu humor es de mierda.
Si pudiera haber un amuleto para esos momentos de pesadilla, en los que una siente -literalmente- una nube negra con rayos y truenos que va paseando contigo, mientras el resto vive en armonía con un planeta que no entiendes nunca, pero que a veces, parece que sí.
La ley de Murphy en todo su esplendor. Algo que tendré que explicar en la sgte emisión de El Dedo Ilustrado Online & Uncut... en cuanto me deje el destino.
Templarios, caballeros. Así es la figura que me viene a la mente, siempre.
Las situaciones extremas suelen sacar lo más escondido de ti. Te avivan los sentidos, te hacen atrevida, te impulsan a realizar cosas que nunca en tu vida harías, si te lo pidieran. Te llevan al borde mismo de ti y encima, te ponen en peligro, siempre.
Sin embargo (y siempre me gusta esta lesera de quebrar tesis) el beneficio a posteriori es priceless y generalmente una termina absolutamente lejos de donde empezó; y ya que es un asunto ir hacia adelante y no en retroceso, como el cangrejo, cualquier movimiento hacia algún sitio que se desconoce es una experiencia. Me gusta pensar que luego de aquella duda inicial, lanzarse por algo es como el detenerse frente a la venida de un huracán. Siempre pongo a colación la figura de aquel caballero medieval que ha clavado su espada en el piso reseco y dice, al más puro estilacho de Gandalf “You shall not pass” y ahí, parado, para lo que venga. Pero es ése dichoso salto, el que funde el plan. Hacerlo, sólo hacerlo. Lo que yo siempre defino con una frase: “tú mándate nomás” y que luego, algunos me siguen el consejo y otros simplemente salen corriendo. Me gustan los que saltan, a lo macho, con todo y encima, con una sonrisa en la boca. De ellos es mi reino
Día del Periodista (ok, sólo por hoy en mayúscula) en Perú, y yo siempre reflexiono las mismas cosas, todo el tiempo: Que si somos únicamente transmisores, que si los egos nos ahogan algunas veces, que si ser “objetivos” nos cuesta un chorro otras tantas, etc.
Esta vez, ya no digo nada. Tal vez sólo les deseo lo mejor a los que se la juegan, siempre. A los que piensan que pueden cambiar el mundo con una sencilla nota y a aquellos que hacen docencia, sin tener que pisar un aula, muchas veces. Mérito para los soñadores.
Dejo videito de Adam Curtis. Odiado, incomprendido, pero nunca ignorado. Feliz día, coleguitas.