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Dedo Ilustrado Online & Uncut: tipología masculina

Dedo Ilustrado Online & Uncut: tipología masculina

Aprovechando el día del Pisco Sour y el fin de semana en ciernes, @fatimatv y yo nos dimos el gusto de grabar ésta emisión donde tratamos de un tema de interés primordial para las señoritas en edad de merecer (y la verdad, de cualquier fémina que sea lista y aprenda de las metidas de pata de otras), una tipología masculina de mucha utilidad. Lo hicimos breve, porque ya estábamos acabándonos el primer pisco y queríamos seguirle dando al asunto. Cameraman, la Negra, que tiene un talento innato.

Disclaimer necesario: CUALQUIER parecido con la realidad es pura casualidad. El que pitea, pierde. El video se ha hecho con fines educativos. Avisados están los picones.

Foto

Foto

Venía de la clase de francés, con la radio en las orejas, la mente laxa y las ganas de teletrasportarme a casa. Una canción apareció en mi cerebro y no pude cambiar de estación. En mi mente, una fotografía antigua, de una revista alemana, anterior a la unificación. Dos jóvenes sentados en el privado de un tren, que corre por una llanura, casi al anochecer. Ella está pegada a la ventana. Está gestando. Él está sentado al lado de ella, abrazándola. No miran a la cámara.  Miran al horizonte. Ni recuerdo la leyenda de la foto. Ni recuerdo el rostro de ella. Hoy, recién recordé las facciones de él.

Durante años he evocado aquella foto, en una revista que debe aún guardar mi padre. Me hacía en el lugar de ella, en su misma actitud. Un gesto de temor a lo desconocido, pero nunca sola. Con el tiempo, una canción bien girly, apareció también, unido al recuerdo. Todo, en su conjunto, era -pensaba yo- una alucinación de borracha deprimida, que siempre he tratado de sacudir de mi cabeza, porque uno debe andar exorcizando todo. Subí a varios trenes y ahí estaba, la imagen dichosa y la canción relamida.

Esta vez, sin nada que perder-y absolutamente nada qué ganar- me dejé llevar por la música; me dejé llevar por las primeras memorias de aquella fotografía que también vi un par de veces,  cuya vivencia cotidiana se me hace un misterio. Es casi como que alguien quisiera comer caviar en Yunguyo, pal fondo. Una verdadera rareza. Hoy pues, me di el gusto. Abandonada al sonido, yo iba en aquel privado. Me miraba ir. Sentada ahí, veía anochecer en aquella llanura extraña y el corazón se me encogió, por todas las razones que siempre me atormentan, algunas tan femeninas y otras bastante menos risibles. Me sentí, como siempre me suelo sentir en aquella remembranza: añoranza de un futuro alterno, Dreampicker en otra dimensión desconocida; uno donde mi pasado no es aquel que ya no arrastro, pero que me curte, alguno donde los espejos son encontrados temprano y no mañana a más tardar.

Maldita sea, hoy recordé las facciones de él y me estuve riendo enojada, todo el resto del retorno a casa.

Ricardo Montaner, absolutamente contraindicado por mi psiquiatra…


Shámame

Shámame

Mujer en estado contemplativo dinámico: mujer escribiendo.

Mujer en estado contemplativo dinámico: mujer escribiendo.

Semana agitada, en varios sentidos. La mía terminó cantada y cantando, pues preferí escoger ir a un concierto de rock, que a cualquier celebración del Blog Day en Perú. No sé si ha sido una especie de declaración de principios ,en automático, o simplemente, que las cosas se dieron así. Lo cierto es que lo único que lamento es no haber visto a muchas personas a las que aprecio y que probablemente sólo las encontraría en aquella fecha. Pero ahí les pego el clip que amenizó la premiación, que está un cague de risa:

No sintiéndome Woody Allen, quien no suele ir a las entregas del Oscar, menos si sale nominado, pensé que ya sólo concursar en esos premios me resulta un despropósito para lo que yo hago. Tengo dos blogs, una cuenta en twitter y participo de algunas actividades (de preferencia culturales) que se organizan al respecto. Es que se debe entender que mi camino termina siendo individual, aunque por momentos parezca estar acompañada. No escribo para ser popular, lo hago porque no me queda más remedio, pues está en mis entrañas hacerlo. Escribo para que me quiera alguien, pero también lo hago porque es un ejercicio obsceno donde voy demostrando desnudez; una autoexaminación en la cara del respetable. Soy una fresca que lanza señales de humo, pero no desea que le respondan. No soy masa que se siente mejor por ser reconocida. Yo sólo deseo ser yo.

Felicitaciones, sin embargo, a todos aquellos que están integrados a la comunidad blogueril y que se sienten felices de participar de las actividades sociales donde se les reconoce el esfuerzo de publicar. Deseo, de todo corazón, que logren mejorar la organización de los eventos (ya me contaron que hubo una sobredemanda y muchos se quedaron fuera del lugar) y que, de plano, ganen los más representativos. Mucho por hacer, pero no imposible.

En tanto, yo estuve enviando besos volados a Miguel Mateos –nunca tuve la oportunidad de verle  antes y esta vez estuve muy cerca- y cantando a gritos, como si volviese a mis 20s. Es evidente que eso no es posible y para ello estuvo él, recordándomelo, que tampoco está en sus 30s, pues ya la edad pesa. Pero la magia sigue, y me dormí pensando en ella.

So, Shámame (llámame)si me necesitas, sí.

Sí, no es del concierto de ayer, para colmo, es del 2008, en Santiago. Pero lo tocó tal cual (y creo que hasta con la misma ropa) y aún me hace saltar.  El otro, de cuando se presentó Esencia, en Limatanta. En cuando alguien de la gente que fue ayer, pegue su grabación, actualizo.

Update: En Weekend de los Olivos. Yo estoy al frente del camarógrafo, en el mezanine opuesto.

Hazme la Luz

Hazme la Luz

Benditas manos que te guían con su ejemplo, benditos maestros.

Benditas manos que te guían con su ejemplo, benditos maestros.


Nueva mudanza. Nuevos intentos por perder el tiempo con estilo. Sabrán disculpar. Bienvenidos

Esta efeméride la celebro por un solo motivo: mis padres son maestros, mi hermana es maestra y yo lo fui, ocasionalmente, hasta hace un par de años.

Decir que fui maestra es mucho lote. Fui profe. Hice lo que pude.

No puedo compararme con ellos. Con los primeros, que criaron con tanto fervor a los hijos de los otros, mientras nosotros teníamos que conformarnos. Veranos enteros, en casa, mientras escribían libros, daban charlas, elaboraban programas, hacían clases anticipadas. Con la segunda, esa marciana dedicación a las causas aparentemente perdidas y el cariño desbordante por los más débiles…

No, yo fui un mamarracho de maestra. Una profesorsucha al lado de ellos. Mi afán de hacer un mundo mejor se me chorreaba cuando un alumno zarrapastroso se negaba  hacer su tarea y yo sinceramente deseaba que cayera el infierno sobre él o que hiciéramos cambio de lugares (que para el caso era lo mismo) y viera lo “chévere” que era ser su profe…

Admiro a los que se afanan en desasnar al mundo. A los que tienen la verdadera vocación para dejarlo todo en un aula. Que no están mirando el reloj de salida, que preparan con creatividad sus clases y que te enseñan más allá de los textos, con su propia vida. Esos seres íntegros, incomprendidos por sus familias (soy una victimaria) y por aquellos que les emplean. Ellos me han conmovido toda mi existencia. Desde mis primeros años, cuando el primero de ellos me enseñó a leer una tarde (mi padre), pasando por todos aquellos que me abrieron el cerebro y el corazón; por los que vengan…

Tal vez me encante tanto estudiar por ellos; por ser partícipe de ese milagro constante que es la transmisión del conocimiento.  Como siempre, no sólo un día para ellos, el resto de tiempo para estar al lado, mientras reciben lo que merecen: la dignidad de un sueldo decente, la posibilidad de vivir holgadamente sin tener que ser mil oficios y sin gente que les intente manipular, de tanto en tanto.

Feliz día.


Sidney Poitier, el maestro emblemático. Imposible no ponerlo.