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Desde la Silla Ecléctica

Desde la Silla Ecléctica
Desde la Silla Eclectica

Desde la Silla Eclectica

Bueno, desde el blog Silla Ecléctica, en el que también colaboro, viene este video que, al parecer, el editor wordpress no deja pegar. El post es bueno y el tema viene a colación, por la nominación de Claudia Llosa y su crew a un Oscar.

Iguales, nomás que diferentes

Iguales, nomás que diferentes

Giulia Sammarco, en su blog de Semana Económica, pone este video, como adelanto a su siguiente post. Me pareció recontraconveniente pegarlo aquí. El asunto es que es verdad, no somos iguales, pues (no me cansaré de decirlo); que si no ponemos estos manuales como los del post anterior, morimos en el intento de comprendernos mutuamente; y que ya pues, hagan su esfuerzo (a ambas partes) para que así sea.

Luego, a mi me recontra jode que un amigo siempre me responda que está haciendo “nada” cuando le encuentro en la internerd. Tal vez su cerebro siempre está en piloto automático cuando cae a casa. De la misma manera, bien podrían apreciarme algunos chamacones, cuando me muestro clara como el agua y con “cajitas”, como ellos. Una les hace el favor de hablarles en su idioma y se espantan…

Enjoy.

Dedo Ilustrado Online & Uncut: tipología masculina

Dedo Ilustrado Online & Uncut: tipología masculina

Aprovechando el día del Pisco Sour y el fin de semana en ciernes, @fatimatv y yo nos dimos el gusto de grabar ésta emisión donde tratamos de un tema de interés primordial para las señoritas en edad de merecer (y la verdad, de cualquier fémina que sea lista y aprenda de las metidas de pata de otras), una tipología masculina de mucha utilidad. Lo hicimos breve, porque ya estábamos acabándonos el primer pisco y queríamos seguirle dando al asunto. Cameraman, la Negra, que tiene un talento innato.

Disclaimer necesario: CUALQUIER parecido con la realidad es pura casualidad. El que pitea, pierde. El video se ha hecho con fines educativos. Avisados están los picones.

Haven’t Met You Yet

Haven’t Met You Yet

Antes, cuando tenía un discman, el unico CD que tenía puesto, era el suyo. Una y otra vez, repitiendo las mismas canciones y la verdad, tal vez era como la cafeína. Estuvo en SNL y bien girly, lo pongo aquí. No, aún no te he conocido. Es tu culpa, la verdad. Nos leemos, nos oyemos.

De cara al Oscar

De cara al Oscar

Dije en Twitter que uno debe estar preparado para el fracaso y más preparado, para el éxito. Una nominación al Oscar (descartando todos los cuestionamientos a esta premiación y que no vienen al caso para este post) se convierte en un Trampolín a la Fama instantánea. La cara de un trabajo fílmico suele ser el director y los actores, sin embargo, pocos aquilatan que es un trabajo de equipo. Un trabajo agotador, donde se tienen que conciliar visiones, tener muchísima humildad para aceptar que otros pueden tener mejores opiniones que la tuya y olfato para ver las oportunidades. La Teta Asustada, nominada en la categoría de “Mejor película en idioma extrajero” ha nacido fuera de los circuitos usuales peruchos y tal vez sea por ello que llega tan alto. Una se emociona y desea que estas oportunidades sean puertas para otros que van atrás, para que les levante la moral a los que siguen intentando cosas en las que nadie cree o les interesa o tal vez, despertar vocaciones en aquellos que sueñan. El equipo de Claudia Llosa se enfrenta a un monstruo más grande; la posibilidad de tener mejores financiamientos, acceder a grandes estudios y en contraparte, comprometer su capacidad creativa a manos de algunos. Veremos, veremos.

Me dirán huachafa, pes, por estar contenta. Pero no es sólo por nacionalismo, sino porque con este éxito se da de cachetada a una industria nacional que se irroga logros que no ha fomentado. Oseaaaaa, estoy contenta porque se demuestra que hay mucho por hacer y así con todo, se logra. Buena suerte.

Un Concierto

Un Concierto

Pero qué buena foto. No me hubiera gustado estar ahí, toda aplastada. Pero estuve ahí, aunque más lejitos. Qué alivio.

Pero qué buena foto. No me hubiera gustado estar ahí, toda aplastada. Pero estuve ahí, aunque más lejitos. Qué alivio.

Habiéndome perdido casi todos los conciertos del año pasado -salvo el de los Jonas Brothers, y eso por que no quiero que Chucky nos haga gastar una millonada en terapia, en el futuro- y siendo que Metallica venía a Lima, me animé, casi maniáticamente, a comprarme las entradas más baratas, porque mi experiencia -algo ya debo tener- en cuestión de conciertos, es que no es lo mismo ir que no ir. Así que, animé a la Negra (más bien, la conminé, porque me lo debía, por hacerme ir al de los JB y haberme dejado casi tullida, musicalmente hablando) a que me acompañara porque, como siempre digo, el Rock es cultura. No sé si me entienden la figura. En fin, sigo.

Compré las entradas más baratas por dos verdaderos buenos motivos: no soy archifan de Metállica como algunos (no me linchen) y porque ya no estoy para andarme apretujando, de pie, por gente que probablemente sólo se baña cuando hay luna llena. Ergo, mi expectativa era ver un buen concierto, tal vez pillar algunas canciones nuevas y esperar el momento de verles, bien sentadita en mi tribuna y no con el riesgo de asfixiarme o que me caiga un patadón por un pogueo intempestivo. So sorry, ya pasé por eso en los 80s.

La Negra parecía exagerada, cuando me hizo arrastrarle un casacón y una pashmina. Yo pensaba que me bastaba con mi misia chompita la esperanza de que el “calor humano” de la multitud hiciera el resto. Lo cierto es que fue previsor, sobre todo cuando un concierto termina a más de las 11:30pm.

Instalada en mi tribuna Norte, puedo decir que vi el concierto, tranquilita y si lo hubiera querido, zapateado a gusto. Lo más divertido fue observar a la gente que iba llegando a mi locación: por ahí un tios con sobrinos, enamorados sobones que le ha pagado las entradas a la novia y a la cuñada, resbalosos que afanan a compañeras de asiento, guatones recurseros que realmente han juntado para su entrada, oficinistas a los que el jefe no les dio permiso para salir temprano, pandillas reposadas (por la edad y por las ganas, tal cual yo) y algún que otro desubicado que está volando por todo el estadio. Uno de éstos últimos le preguntó a la Negra si es que ella vendía algo, al verla con su mochila puesta adelante, para que nadie le arranchara sus pertenencias; lo cual trajo a nuestra mente aquella anécdota de un compadre suyo, usando la mochila en la misma posición y siendo expulsado del micro, en one, porque creían que vendía caramelos, mientras él sólo quería llegar a su instituto… pero me estoy desviando…

Metallica sacó lágrimas a sus fans. A los que entraron y los que no lograron ingresar, que estaban sobre los techos vecinos, gritando como locos. Abajo de ellos, un happening seguía sucediendo, porque aquella gente que no tenía ni para pagarle a los dueños de los edificios, se encontraba en las veredas, tomando cerveza, comiendo panchos e hígado frito con yuca. Ni me digan que no se divirtió il popolo. Yo me fui a mi casa, convencida de que fue un feriado en medio de mi semana de mierda… pero eso ya es para otro post.

Posdata: La Negra se quedó dormida tres veces, en pleno concierto, al más puro estilo de Chochi.,quien solía dormirse a pierna suelta en las discotecas, pero esa es otra historia, también. Nadie se dio cuenta. Ni yo.

Video: Metallica en Lima. La favorita de Chucky y mía. Bien grabada, gracias.

Amores así

Amores así

Post pretexto para poner video que siempre me saca lagrimones. Es la voz de Andrea (soy una confianzuda, pero tiene un buen motivo que alguna vez contaré) desgañitándose en aquella canción. También es un post dedicado a la niña que me dio su parte de matrimonio hoy. Sus ojos brillaban tanto, que me conmovió.  Ah, el Amor (siempre con mayúsculas) siempre tan milagroso, no puede menos que celebrarse…

Un fracaso más, sí importa

Un fracaso más, sí importa

El indignante video de arriba, objeto de algunos titulares, varias amenazas de muerte a los protagonistas y zafada de culpas de algunas autoridades sólo me hace caer en cuenta que el fracaso de un país se deberá siempre al fracaso de una sociedad educada mediocremente. Mal educada, pues.

Viví deprimida una época, cuando enseñaba en un instituto que, horondamente, se promociona ahora vía tele y que, en aquellos tiempos, no era más que una estafa para estudiantes que querían graduarse de cualquier cosa y para padres que no deseaban hacerse cargo de sus hijos. Jamás logré que ninguno de ellos pudiera leer media A4 comprensivamente. Tampoco logré hacer que entendieran el error que significaba plagiar. El concepto de responsabilidad les era extrañísimo; la puntualidad era algo que les estorbaba, espantosamente. Le enseñaba a una generación que era producto de las políticas educativas fujimoristas, donde la currícula había sufrido trasnsformaciones espantosas, que dejaban de lado a la historia del Perú, Educación Cívica y tal vez sólo Dios sabe cuántas más.

El asunto es que, vamos a ser sinceros, la mediocridad de nuestra educación no es culpa solamente de nuestros gobiernos. Lo es de nuestra clase política, lo es de nosotros mismos, como padres, como ciudadanos. Nuestro fracaso de no educar con el ejemplo. De pensar que el colegio lo hará todo. De creer que otro tiene la culpa y no cada uno de los miembros de nuestra sociedad, cada uno de nosotros, cuando permite una injusticia, cuando permite una malacrianza y no corrige, aunque el hijo no sea tuyo.

El fracaso es nuestro, cuando tiramos papeles, cáscaras de frutas a la calle. Cuando dejamos de limpiar la puerta de nuestra casa, para echarle la basura al vecino; cuando nos guardamos el vuelto de más, cuando permitimos que un adulto mayor no tenga su asiento en el bus, cuando nos parece graciosa la malcriadez de un hijo, cuando llegamos tarde a algún lugar y le echamos la culpa al tráfico…

Sí, yo sé, puras huevadas. Huevadas que hacen lo simple en trascendental… ¿o alguno de ustedes ha olvidado alguna vez que un desconocido les corrigió algo que hacían mal? Yo jamás.

Pero, qué conveniente es quedarse callado en los momentos cruciales y qué tranca es portarse valiente, asumir el papel que siempre debería tocarnos: el de protagonistas de nuestro propio cambio.

Estos pobres muchachos merecían un país menos hipócrita, unos padres menos alejados y unos maestros más dedicados. Ellos merecían resguardar esos lugares y no hacerles daño. Pero también merecen aprender con una sanción y -¡por Dios!- una mejor sociedad, una mejor educación. Ellos y nosotros.