Category Archives: Wonder Woman

Un Viaje (again)

Un Viaje (again)

danzarin

Cuando dije “Todo está perfectamente planificado” arrancaron en sonoras carcajas, mi hermana y mi madre. Evidentemente, les divertía mi neurosis para programar todos los eventos de un viaje sencillo al interior, que básicamente podrías hacer mochila al hombro, tomando bus en Fiori. Se partían de risa, literalmente, al verme coordinar hotel, taxi que nos llevaría a diversas partes de la ciudad, hoteles en otras ciudades, horarios en los que salían los buses y recontra revisar los horarios de la salida del avión. Me sentí ridículamente digna, pero todo tenía su explicación…

Para empezar, iba con mi padre que, en la práctica es como ir con un niño de 10 años. No, no es por que sea un inútil, es por que simplemente no le interesan las nimiedades como check in, arrastrar equipaje, registrarse en hoteles, echarse blockeador, etc. El va con su mayordomo/cuasi valet y ése soy yo.

Luego, está el asunto familiar de los viajes contrariados, bueno, no tanto. Aquello de “vamos a donde nos lleve al viento” es genial, cuando vas acompañada por un macgyver de los viajes, pero no por nosotros. Aún recuerdo aquella vez en la que di varias vueltas en el centro de Santiago de Chile, con mi madre, intentando encontrar un restaurante subterráneo de oficinistas.

-Okey, pero dime, ¿estás segura que es por aquí?- yo, por cuarta vez, con un fenomenal dolor de pies

-Bueno… si.. era por aquí…- entonces, mi cerebro tuvo un destello racional…
-Esteee… y hace cuándo no vienes a Santiago, ah?
-..hace unos 9 años…
-…!!!

Caigan en la cuenta que en todo ese tiempo, el fucking restaurante habría desaparecido o el lugar donde ella creía que estábamos era absolutamente random. Repetir el truco hasta desesperar a la acompañante, por favor.

Ergo, me dije, cual Scarlett O’Hara, mano en alto hecha puño y con cara de sufrimiento (y pendejazo dolor de pies que ni qué) que NEVER AGAIN salir por un lugar que desconozco, sin hacer mis previas averiguaciones antes. Eso incluye, por supuesto, revisar el boleto de bus/avión no vaya a ser que el asunto se friegue, como le pasó a la fabulosa Chochi, mi hermana. Parada ella y su marido en el mostrador de la aerolínea, no podían entender cómo carajos no figuraban en la lista de embarque, cuando era que habían llegado un día antes del esperado… osea, es genético.

Es decir, miré cuasi con desprecio a mi familia y encogiéndome de hombros, seguí con mis asuntos y de hecho, la pasamos lindo. Algo más de una semana, entre trámites y pequeños viajes en lo que el tiempo lo permitía. Con un calor descomunal, sin ventilador, con kilos de blockeador y repelente, al punto de pensar sinceramente en que, con tanto químico sobre la piel, estábame adobando o terminaría combustionando bajo el sol.

El viaje también presupuso un viaje interior. Una suerte de examinación en la que mi cabeza y mi corazón contemplaron un futuro alterno que no va a realizarse, pero que hubiera podido serlo, si yo me hubiera empeñado. Here we go again con aquel asunto de “hacer que las cosas sucedan”, en aquella terquedad por forzar lo que justo no debe ser forzado y dejar al abandono, lo que debe vigilarse. Miraba las cosas como si no existiera la línea que va marcando mi futuro inmediato y, en aquella burbuja temporal, me decidí a no perder el tiempo pensando en lo que dejo, pero viviendo cada instante, sabiendo que lo que viene es tan trascendental como el hoy. Encontré cosas buenas en todo lo que me rodeaba y logré disfrutar el estado contemplativo y la simpleza de aquellos que viven asombrados de las pequeñas cosas. Fue una experiencia feliz.

Entonces, cuando regresé, negra por el sol del Norte, miré a mi madre y a mi hermana y triunfante, dije “todo salió según lo planeado”. Esta vez no rieron. Me miraron un par de segundos y siguieron viendo Al Fondo Hay Sitio. En fin.

No estaba muerta…

No estaba muerta…
busy

Ocupadísima.

Ni muerta, ni de parranda. Sólo ocupada. En algún momento debo contar el porqué; pero, siendo que no quiero poner en autos a todo el mundo, salvo cuando sea adecuado y pertinente, sólo quiero decir que estoy al borde del stress.

Pero igual van las ganas y las palabras, guardadas, pero no olvidadas. Ahí está todo, como siempre.

La forma como decimos adiós

La forma como decimos adiós
Comer Rezar Amar

Comer Rezar Amar

Copión título de peli, Comer Rezar, Amar. Tal vez por que hay una versión asiática, donde una familia vive su vida alrededor de una mesa y los deliciosos banquetes que en ella se realizaban, se intercalaban con la resolución de sus problemas o el surgimiento de otros. En éste cuasi extraño homónimo cinematográfico, el personaje de Julia Roberts, que pasa de relación en relación, decide tomarse un sabático de todo y “encontrarse”. Como buena gringa, no le es posible encontrarse entre sus rascacielos y sus rednecks, sino que viaja a Italia, India y Bali.

Yo me pregunto ¿cómo “se pierde” alguien? ¿un día despierta uno y dice “miércoles, dónde me dejé”? O simplemente un día uno se queda olvidado en algún micro, o tal vez en el baño de algún restaurante o hasta en una cama ajena. Y entonces empiezan las contrariedades; uno se empieza a rebuscar los bolsillos, revisa la mochila, la cartera que usó el miércoles pasado, comienza a hacer un remember de todo lo que hizo aquel último día en el que recordó haberse visto por última vez. “Cielos, debo haberme quedado en el taxi que tomé para llegar a tiempo al trabajo, el martes…”

Luego, si es desconsolable, la pérdida, andas como alma en pena, literalmente hablando. Estás perdidísimo, te echas de menos. Te recuerdas siendo como eras cuando “estabas” y ahora que “ya no estás”, sientes el vacío de tu propia ausencia. Ahora, si eras un maldito imbécil y al perderte se fue la parte fea de ti, puede ser un buen negocio haberte extraviado, porque al final lo que no necesitas puede irse yendo para donde quiera y que lo pille un tren, digo. Pero si realmente te echas de menos y quieres recuperarte, porque sólo tienes un “tú” y una vida y qué diablos, te necesitas para vivir los siguientes 40 años, es necesaria la búsqueda.

¿Cómo se “encuentra” uno? Bastante roche hay en que se haya perdido, pero como anda de moda el asunto de “encontrarse”… Bueno, a algunos no les da tanta verguenza o tal vez se la han tragado y claro, se es necesario para sí mismo y etc. Otros, como el personaje de Roberts, se dan el viaje lejanísimo para descubrir que lo único que necesitan es vivir. Vivir, no es necesariamente terminar trabajando en el África o hacer ladrillos en Huachipa. Vivir es vivir, es hacer lo que tienes que hacer para que tu vida esté llena de las cosas que te gustan, de las que te hacen crecer. Con esa capacidad para decir “aunque no quiero, debo” y asumir, maldita sea, la madurez, sin perder el tercer ojo (mi favorito) que en verdad es mirar como un niño curioso, todo.

Encontrarse, curarse, vivir. El personaje de Roberts tiene el Spaghetti al Pomodoro con las penumbras deliciosas de Roma, el silencio de las meditaciones y el paisaje de Bali en los brazos de alguien que también tuvo un “encuentro” consigo mismo. Bastante fútil, bastante hollywoodense y bastante huequi. Al final, si te sientes perdido, te encuentras en cualquier lugar. Desde la orilla del mar más hermoso, hasta en el paisaje que muestra la ventana de tu propia oficina. A mí me queda el Metropolitano y tal vez, Huacho; palabras de @claudics que son absolutamente ciertas e hilarantes. Pero en verdad, me queda cualquier lugar, por mínimo que sea, me quedan los textos que no releeré, porque ahí di mi corazón, me quedan las fotografías que no borro aún, me quedan las costumbres. Me queda el futuro, que siempre me llama a vivir cada día, porque si algo que nunca pierdo, es la esperanza de mirarme al espejo que no tirará la toalla, que no me dirá “chau”. ¿Capici la idea?

En tanto, mi “encuentro” conmigo (contradictorio, porque nunca me perdí) , va lento, como siempre. Al menos tiene banda sonora y ahí te la dejo. A mí con pérdidas, coño. Siempre son hallazgos.

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Bailar

Bailar

Este post es con música. Antes de leerlo, poner play debes.

En aquella costumbre cultural, que permite la interacción, me siento una verdadera subnormal. Usual es el de preguntar, en plan de small talk, “¿te gusta bailar?” y bueno, siempre respondo dubitativamente con un sí que se desliza en tono de “pero…”

Me alucina la idea de empatar, mi mundo descoordinado, con el de otro. Es casi asunto de dimensiones que van paralelas y que justo por eso, no suelen ir nunca sincronizadas. Entonces, uno se encuentra con alguien que está al frente de uno, moviéndose, a su propio ritmo, mirándote de tanto en tanto. Tal vez, si quiere el contacto, se acercará, para intentar tocarte. Si es más atrevido, intentará llevarte al ritmo de su música, buscando meterte en su dimensión. Me ha pasado tantas veces con el mismo extraño resultado: o me parto de risa, peleando por dirigir el baile o simplemente, me ha desagradado toda la operación psicomotriz para la que parecemos no estar listos.

Tal vez sea que yo siempre he pensado que bailar es algo tan absolutamente íntimo – cual relación sexual políticamente correcta y socialmente apta- que sólo comparto con quien siento en mi corazón. Verle moverse a mi lado es un acto contemplativo de aprendizaje y luego, sincronizo mi mundo, con el suyo. Entonces, puedo tomarle o ser tomada. Siempre, mirando a los ojos. Siempre, intentando leerle y ser leída. Aspirando el aroma que despide aquel otro en el calor que le provoca el movimiento; sabiendo que él también hará lo mismo. Un baile providencial puede terminar, para mí, en amor, sorpresa, epifanía. A aquel movimiento va acompañado mi propio canto, que puede ser en susurros, sonriendo, siempre, como suelo hacer cuando estoy en armonía con el universo. ¡Qué desilusión, cuando compruebo que no puede anticiparse o yo no puedo yo! De entrada sé, entonces, que aquello no vale para seguir; que me importará un bledo si no le vuelvo a ver, aunque sea el ser más atractivo del planeta tierra y alrededores.

No me malinterpreten, mi sentido del ritmo es sensacional. Pero lo suelo guardar para unos pocos – en general, en privado- y prefiero, entonces, bailar sola. Sola, como en todo el resto de cosas en las que me veo obligada a hacer.

Pd. Mil perdones, pero estoy pegadísima a Los Amigos Invisibles, por culpa de una promo del canal Sony. Pero bah, siempre me han encantado. Enjoy.

Tráfico, tráfico y más tráfico

Tráfico, tráfico y más tráfico

Por la madafaca: ahora no necesito despertador para levantarme temprano, porque el tráfico se desencadena en mi puerta, todas las madrugadas, allá por las 6:00am y cuasi a oscuras. Algún imbécil conductor da el bocinazo inicial y el resto le sigue, sin caer en la cuenta que va por un barrio residencial y a ésa hora. Un par de veces me he parado en medio de la pista, para que me dejen pasar a la vereda de al frente de mi propia casa. En esos felices momentos, es cuando recuerdo a los ancestros femeninos de todos los alcaldes locales y al burgomaestre de ésta tres veces coronada villa de Lima; deseándoles que vayan al infierno, el cual debe parecerse a la av. Javier Prado o al cruce de Tomas Valle con Panamericana Norte. En ambos casos, a las 6:00pm; ellos, de pie en una coaster de 2da mano, japonesa, de ésas que eran para transportar niños y que tiene el techo bajo.

Con decir que mis vecinos evangélicos han dejado de oirse, del tremendo tránsito. Cosas de la vida, como siempre decía mi hermana menor; lo que viene, seguro que será peor.

En tanto, para que lloriqueen conmigo y se la juren uds también a su alcalde favorito (no se olviden del alcalde provincial, mudo y futuro candidato a nuestra charcherosa presidencia, don Luis Castañeda Losio), les dejo con esta joya del videoreportaje; espero ganar el pulitzer, pero que a mí me premien con un saco de roscas de yuca, que no soy exigente.

Ci vediamo.

Las 3 Maldiciones

Las 3 Maldiciones

Je ne sais pas.

Je ne sais pas

Dentro de las múltiples estupideces que me suelen acontecer con regularidad, están un par de cosas que suelen ser consetudinarias y por lo mismo, son como una pauta alucinante, puntual y que debería aprender a sobrevivir con ellas. Las cuento, con el afán de poder advertir, a todos los que tengo contacto, de que son sinceramente contagiosas, o que toman variaciones, dependiendo de la condición de mis seres queridos, conocidos o túyasabesenquéandamos. Avisados, pues, las enumero.

El vendedor de bus.- Es casi inevitable, que, sin importar lugar en el que me encuentre en bus, micro o transporte masivo que sea, siempre tendré al vendedor, parado a mi costado. Sin importar qué venda, si es que desea protestar por algo o solicitar una donación, sin interesar si está vivo, enfermo, si quiere hacer un espectáculo, compartirte “la palabra”, cantar una canción, si el medio de transporte está lleno, vacío, si hay más espacio en otro lugar, simplemente para dejar su punto de vista en claro o por el motivo que sea. Inevitablemente, se detendrá a mi lado y me tomará de ejemplo para un chiste o me dirigirá su speech, o tal vez me se empeñará en que yo logre tener el ejemplar de lo que está vendiendo o lo que sea que diablos quiera decir. Siempre empezará conmigo. Aprovechará que estoy dormida, para despertarme o insistirá en que soy una salvaje por que no quiero “colaborarle”, e incluso intentará arrancharme la cartera, los lentes o tal vez, bolsiquearme. Aún recuerdo, que en mi psicosis, he hecho sinceramente el ridículo, como aquella vez en la que aquel vendedor de caramelos subió a la coaster en la que me encontraba, para dar su speech. Aprovisionadísima, me puse los audífonos y decidi que le ignoraba olímpicamente, pero el muy cachasiento me miraba -yo no le oía- y gesticulaba, mirándome. Exagerada como suelo ser, cuando algo me llega a la pepa del alma, le mandé a la sincera mierda y me quejé amargamente por que no me dejaba viajar en paz. Todo para descubrir que el pobre tipo estaba recitando un verso y había hecho contacto visual conmigo, símplemente por que yo le hacía recordar los textos. “pero señorita, si yo no le he dicho nada…”

Mención aparte -para que no me digan que soy una insensible snob- diré que al final, la culpa no es de ellos, pues tienen que ganarse el pan y francamente, la calle está recontra dura, teniendo en cuenta que encontrarse con gente que los ignora, o los maltrata o hasta les hace daño, pues qué soy una raya más al tigre de su búsqueda del pan de cada día. Eso me hace conformarme, mientras, consetudinariamente again etc, se paran a mi costado, para hacer su espectáculo y me gasto fortunas colaborándoles…

El cine.- las posibilidades de encontrar a alguien que me malogre la proyección, es directamente proporcional al interés de ver la película. Es decir, a más interés, más jodería. Sin importar si fui a ver un estreno, o un refrito o tal vez un cine club, mi timming para encontrar un imbécil que patee mi silla o hable mientras se muestra la película o tal vez se dedique a cantarse toda la banda sonora, es un hecho, sin importar a dónde esté. Una vez fuimos sólo tres personas solitarias en una sala de proyección, pero eso fue un mediodía en un mall de Mendoza (Argentina) y eso no cuenta, porque no era en Perú. Aquí es la cosa, parece. Mi usual es encontrar sabelotodos que se anticipan a la trama, niños que patean mi silla, parejitas cojudas que llegan al último, para chancarme los pies al pasar, niños en pecho que lloran insoportablemente a menos de 5 metros, familias enteras que se hablan a gritos de fila a fila, gente que ronca desaforadamente y parejas que no tienen plata para un telo. Quisiera decir, a favor de esta gente, algo, pero sólo se me ocurre que debería haber un virus selectivo, que sólo elimine al que no deja ver una pinche peli en paz y que espero que ya CIA los localice en one, porque no creo ser la única que sufra de esta desgracia que es el espectador chancho. Mueran por favor y déjenme ver la película en cuestión, en paz.

La caída.- Así como hay SPM, como el clima afecta el carácter de las personas, como el stress ataca a los trabajoadictos, así, aparece en mi, el famoso “síndrome de la caída”. Empieza con los habituales tropezones, para terminar con comprobaciones espectaculares de la ley de la gravedad del planeta tierra -nada graves, felizmente- en los que siempre mi reacción es la misma: me cago de risa. Sufro un desdoblamiento, que me permite observar mi ridículo espectáculo y es inevitable la risotada, así esté en el piso de Palacio de Gobierno. Este evento, va ligado a aquel pánico por hacer trámites, tratado en un post con anterioridad. De hecho, va encadenado a cualquier tipo de estado nervioso, con lo cual, si me ven tropezando por algún lugar de la gran Lima, sólo ténganme mucha pena, me ayudan a levantar y sacudirme el polvo, recogiendo mis pertenencias y, caletamente, cambien de tema, porque me choca como los demonios que se la pasen riéndose de mis tropezones, porque aquí la única que se bacila por ellos soy yo. ¿De qué otra manera podría ser, sino?

No hay más que decir al respecto, que si, también te suceden esas maravillas, alza la mano si tú estás gozando y resígnate a pertenecer a ese grupo selecto de cojudos a los que la vida nos tienen reservados más eventos ridículos, que trataremos de pasar con dignidad y buen humor, a pesar de todo. Beso en la yaya.

Ese difícil ejercicio de complacerte

Ese difícil ejercicio de complacerte

Ando debatiéndome, como siempre, entre las ganas de darte en la yema del gusto y decirte siempre la verdad. Ando, como siempre, al borde de mi abismo y el tuyo, intentando, como equilibrista, de poder hacer lo imposible, posible y abrir ventanas entre nos. Me azoto contra las paredes que nos encierran, nos separan, por encontrar las respuestas que sean las correctas. Luego entiendo, que lo correcto, debe ser siempre lo verdadero. Te saca de quicio que te diga lo que me falta, lo que te falta, lo que nos falta. Me intento conjugar contigo, como siempre, pero tanto ejercicio es infravalorado y me canso.

Me canso.

Vamos caminando, como de casualidad, mientras el sol está saliendo, caprichoso, en Lima, dándose se alma contra la neblina, en empecinada carrera por alumbrar. Igual, en estos intentos de descifrarnos, de saber si de verdad somos lo que decimos ser o simplemente nos hemos idealizado el uno al otro, seguimos en lo nuestro. Todo conspira, como siempre. Todo vale la pena. Sin embargo, facilidad no es mi palabra favorita… y me aburriría tanto que fuera la tuya. Tan difícil es todo, ¿verdad?. Las relaciones deberían ser más simples. Paz, chocolates, y tal vez SPM.

Domingos

Domingos

Ester Resting on Arm

Ester Resting on Arm - Laura Smith

Siendo que cada post aquí viene a ser como una pequeña página de bitácora, debo contar que tengo ciertos rituales, para ciertas circunstancias. Como debe suceder, aquellas acciones que se realizan una y otra vez, mejorando -eso sí- el tiempo de realización y la significancia de las mismas, cubren necesidades básicas que deben ser cubiertas, a como dé lugar. Manías de solter(on)a.

Por ejemplo, los domingos no me levanto de cama, sino hasta las 10am. Puedo despertar antes, pero doy vueltas como tequeño sobre aceite hirviendo, en mi cama. Luego abro un ojo, me cubro cual momia y sigo dormitando. Algunas veces alguien llama al celular (al cual respondo si es que olvidé apagarlo la noche anterior) o simplemente grita bajo mi ventana, para saber si no he muerto. Pero no puede ser más tarde, pues tengo una iglesia evangélica a la espalda de casa (oh, no pregunten), cuyo servicio principal empieza a poco más de las 10:15am, con el consiguiente derrame histérico, que me pone histérica a mi también. Hasta que encuentre una bazooca a buen precio, no me queda más remedio que cambiar de locación, ipso facto.

Los domingos me siguen angustiando un poco, por un par de asuntos opuestos: el fin de semana corto (los domingos deberían tener un par de horas más, por lo menos, de luz) que me compromete a vivir, indefectiblemente, una semana siguiente en la que agradeceré por tener empleo, salud y gente a la que aún le preocupe, pero que me sacará canas verdes; aunque también solía enfrentarme a la usual búsqueda de chamba y autolevantarme la moral para enfrentar el tour de entrevistas, dejada/volanteada de Cvs y viajes cuasi interprovinciales a lugares donde -probablemente- escogieran a otro más barato, menos problemático (entiéndase, pisable) y que no llegue a la veintena. Es decir, uno salta de la pesadilla escolar, a la laboral, en un tris y en él se queda, para toda la eternidad.

Sin embargo, los domingos parecieran modelar el carácter. Te hacen enfrentarte a lo inevitable y así, te lanzas a vivirlo. ¿cuál futuro, oie, cuál mañana? Eso no existe. En unas horas será mañana y será tu hoy. Despelote pues, el asunto de entender que, a la merde, saltamos a la semana que viene, con el cinturón ajustado. Ya se encargará el viernes, de abrirse, soñador, sobre el siguiente weekend y así, vivir, viviendo.

A la sombra de un corto

A la sombra de un corto

Este iba a ser un post sobre el aprendizaje de los idiomas, el fraseo de cada uno de ellos y el temperamento que suelen tener aquellos que lo hablan, como una lógica característica de cada cultura que los genera. Iba a hablar sobre lo que- me parece a mí- es el centro del asunto de la enseñanza del idioma: estimular al alumno sobre la necesidad de aprenderlo, es decir, motivarlo directa o indirectamente.

También iba ser un post a modo de contestación a una pregunta con mala leche sobre porqué tuiteo en otros idiomas-además del nativo, lo hago en inglés, un poco de francés y muchísimo menos, en italiano- siendo que vivo en Perú. Lo cierto es que, de saber Quechua, lo hacía en esa magnífica lengua, también. Iba a explicar sobre lo relativo que van siendo algunas cosas últimamente, al respecto del intercambio de información y sobre la necesidad de poder expresar las ideas de manera que más gente pueda entenderlas. Intentar aprender varios idiomas es una forma. Intentar llegar…

Luego cambié de idea, que mejor hablara sobre esa estúpida incapacidad perucha por no ver más allá de lo evidente y focalizarse, siempre, en lo cercano. Una lacra que envuelve todas las acciones que se realizan y que es un mal endémico en las clases sociales altas, bajas, medias (un poco menos) y la clase política deprimente que nos intenta llevar al cadalso como nación. Hubiera disertado unas 2500 palabras sobre muchos ejemplos al respecto, sobre cómo me siento una extraterrestre por aquí y la verdad, me hubiera faltado tiempo para seguir.

También hubiera querido chismear sobre mis propósitos para estas minivacaciones que le he llegado a arrancar a mi chamba, pero luego me dio sincera pereza dar mi agenda personal, porque -humildemente- no soy cosmopolita y no la tengo tan recargada y la verdad, lo único que ansío es poder dormir hasta tarde y acostarme igual. Una ligera variante es que intento, eso sí, vivir con ansiedad (pero no mucha) el relax de hacer sólo las cosas que me gustan, comer lo que me gusta y pasar el tiempo con personas a las que no veo así nomás.

O podría lloriquear en más de 140 caracteres sobre las usuales penurias de una mujer como yo o como tú, muchacha estúpida que aún crees que lo sabes todo (ni yo) y te falta la estrellada fatal de la realidad. No, merci.

Pero.

Pero siempre está el otro topic que manejo soslayadamente; aquel que no trato por aquí, pero lo trato-benditas sublecturas- que me camina todos los días y que me tiempla, como el acero, para no decir las cosas y sin embargo, pensarlas consetudinariamente. Ahí anda. Siempre. Estoy embebida en él. C’est comme ça, mon chér loup.

Pucha, entonces me da pereza máxima, porque hay cosas que sólo se conversan en el calor de un acercamiento. Algo es algo y para mi, algunos “algos” han sido todo. Estoy en los lugares usuales, por si quieren charlar. Con permiso, me voy a recostar…

Nos leemos.