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Acá nos vemos.

Acá nos vemos.

invitacion la republica

Estimados, al parecer, aumentaremos el número de gatos. Ya no seremos tres… Espérenme desde el martes 06, semanalmente, en La República… ¿No es emocionante? Ahora casi todo el Perú se enterará que estoy loca…

Igual, seguimos manteniendo el blog, pero con otros temas… (intento imaginar cuáles…)

Saludos… y nos leemos en el diario.

Viviendo Sola

Viviendo Sola

dreampicker

Desde hace menos de un mes me he lanzado a la aventura de vivir sola. No sería gran cosa, si no fuera por que no estoy en mi país, porque aún no tengo empleo y porque aún se me hace difícil explicarme en aquel idioma que me va costando y que por momentos, mi cuerpo rechaza, como si fuera un miembro transplantado.

No intento justificarme de entrada, ser autocondescendiente como cualquier otra en mi lugar. Tal vez sólo escribo para contar lo jodido que está resultando, pero como dice mi amor @cerati, “ahí vamos”. Yo le añado “ahí vamos, pe”, bien peruanazo y me encojo de hombros, resignada, porque a mí nadie me pidió venir, porque yo escogí ésta vida y sé que se me vienen días meses y tal vez años jodidísimos.

Ahora, digamos que, en suma, nada de lo que viva acá puede ser más alucinante (en el mal sentido) que lo que ya viví en mi patria natal, a la que amo entrañablemente desde que tengo recuerdo y cuya infelicidad me ha golpeado desde siempre. Entonces, vamos aclarando que ya sé en qué me he embarcado y mil disculpas si piensan que soy una mala persona por que no estoy allá (porque estoy acá, claro), porque sigo opinando lo mismo (pero ahora sigo acá, insisto) y lo que es peor, pareciera que ando en otra (es que claro, estoy acá, again), hablando de coolhunters, música en francés y lo jodido que estuvo intentar entrar a ver el concierto de Metallica en el Festival del Été y como qué lejano me parece el tráfico de Lima, sus huelgas, su frío que cala los huesos (acá es verano, sorry, caray), sus marcas, sus políticos poláricos y toda la recatafila de cosas que hace el asunto pintoresco (y a mi la evasiva y mala de la peli), pero aparentemente intrascendente para una inmigrante como moi.

Pero vamos, qué jodido es vivirse sola éste asunto. Me han dicho “On fait comme ça ici” (así hacemos aquí) y me he tenido que resignar. De plano, porque si el ménage (mudanza) fuera en Lima, iba a casa de mis viejos a ser engreída un rato, tal vez corría al cine o planeaba darme una vuelta con las amistades usuales, o concertaba una cita -aunque sea por curiosidad- con algún prospecto que quisiera ofrecer una conversa interesante. Pero, ¡oh sorpresa! No estoy en Lima. Estoy en la villa de Québec, una linda ciudad, la verdad, con un clima loquísimo en cualquier estación, donde el ojo se te cae por todo lado (qué tal cantidad de cueros, santo dios) y donde la gente es gentil (al menos, he tenido siempre ésa suerte), pero no es casa.

Vivir sola es un reto que me he empeñado en vivir, para aprender. Más bien, para crecer de una vez, en el buen sentido. Hacerme responsable de mi misma, en todo el significado de la frase. Es decir, si una no ha tenido la suerte de matrimoniarse o siquiera encontrar perro que le ladre, es la opción más decente. Encargarse de una. Aunque a mi se me hace, que con compañía o no, es el asunto más digno, siempre. Y bueno, amore, ahí vamos, pe.

Multilingüe

Multilingüe

multilingue

Aunque la palabra correcta en nuestro idioma español es Políglota, el multilingüismo no es algo que debería asombrarnos en la realidad actual. Para muchos de nosotros, sólo basta mirar en casa, para descubrir que el abuelo habla dos lenguas, donde una de ellas puede ser el Quéchua o tal vez alguna foránea, como el chino o el japonés. Hablo de la realidad peruana, donde, siendo un país bilingüe (por lo menos en el papel) la constante migración asiática durante el siglo XIX y parte del XX ha dado lo suyo.

 

Y es que aprender un idioma no es solamente un ejercicio memorístico y de traducción simultánea; es el aprendizaje de una cultura, de un modo de mirar al mundo, muchas veces opuesto a los valores que nuestra propia lengua madre tiene y así, la vista en perspectiva de todo lo que nos rodea. A éstas alturas de globalización, inmediatez desesperante de información a chorros, pretender vivir sólo con tu lengua de nacimiento no sólo es una locura, es una limitación. La posibilidad de poder acceder a entornos donde se maneja info privilegiada, el comprender los entornos en los que profesionalmente uno debería desarrollarse, comprender posibles mercados nuevos y estrategias de apertura, se pierden si nos quedamos en la isla del monoidioma.

 

Por otro lado, perder temor ante el reto de aprender aporta muchísimo a la autoestima, nos acerca a nuevas amistades y como dije, nos da la perspectiva invaluable de aquellos que ya son políglotas y ciudadanos del mundo. Nos favorece en la capacidad de adaptación a las situaciones imprevistas, nos regala momentos inolvidables, porque ¡¿a quién no le satisface “descubrir” finalmente lo que aquella canción quería decir o ver una película en v.o. (versión original), hasta el punto de corregir los subtítulos?! No me digan que no se siente genial poder entender (y hacerte entender) en una cultura distinta o con aquella persona con la que te sientes atraido y que, en alguna otra ocasión, te hubiera sido imposible contactar siquiera. Nomejo con éso de que el idioma del amor es universal, ligones. Luego terminan como el Yungay y ahí sí que hay roche. No es.

Entonces, a mandarse nomás. De entrada, el primer idioma- si es que no sabes ninguno- es el Inglés. Se le necesita casi para todo y es increíble que exista gente (educada) que pueda sobrevivir en el planeta sin saberlo. Por todo lado lo enseñan y a todos los costos. Para practicar tienes la Internet, el cable y el chat. Luego, aprendes lo que pida el cuerpo o las afinidades. ¿Te provoca aprender Coreano, porque te gusta ver las telenovelas? Mándate nomás. ¿Sientes que la cultura alemana tienen cosas que te afanan? ¡Al toque con el Alemán! ¿Te gustan las lenguas muertas? ¡Lánzate por el Latín y el Griego! Hazlo ahora, ahora mismo y enjoy the experience. Vraiment. Fai quello che ti piace…

Así que, más respeto con el abuelo quechuablante, que es un maestrazo. Kausachum tata!


 

¡Es el fin!

¡Es el fin!

 

equipaje

En tránsito.

Hace poco más de tres años, empecé una aventura, cuya primera parte ha terminado hoy. Decidí migrar.

 

Al igual que todos los que deben irse -de manera obligada- del país, el proceso empieza desde mucho antes de la acción de tomar un avión o cualquier otro transporte. Mucho antes, incluso, de decidirlo. A algunos pocos les sobreviene el asunto de manera tan rápida, que es como un trasplante salvaje y la adaptación es odiosa. No ha sido mi caso.

 

Diré, como siempre he dicho, que mis ansias de cambio vienen desde 1988, año en el que me aburrí como nunca y pensé en que era una verdadera marciana viviendo en una caótica ciudad. Lo cierto es que era una post adolescencia contrariadísima y controladísima. Luego de aquella decisión, mi vida fue una búsqueda de vocación profesional y de modos de expresión de ésta Legión que es mi mente inconforme, educada sólo Dios sabe para qué tipo de sociedad o motivo, pero siempre ahí, mirando críticamente todo.

 

Sobreviví a las peores épocas económicas peruchas, donde tuve los empleos más mediocres que alguien pueda imaginar, pero también la experiencia de vida para valorar el hecho de poder cobrar un sueldo y felicitarme por cómo tu autoestima sube por ello. Tuve que soportar todos los tipos de jefes, de los que te ignoraban, a los que te insultaban, sin importar la edad o el sexo o tal vez la caridad humana inexistente.

 

Sobreviví a los pésimos amores (en parte, mi culpa por no saber escogerlos), a los pésimos “amigos” y a la depresión que sus pérdidas me producían. Aprendí a discernir, a proteger mis ansias, a observar.

 

Sobreviví a las enfermedades -felizmente pocas- a la búsqueda neurótica de la belleza, a las modas, a los panfletarios. Tuve suerte.

 

Hace tres años que he venido sacrificando los fines de semana (sábados y domingos por las mañanas, incluidos), las salidas con mis amigos, el acceso a algunos caprichos tecnológicos, gastronómicos, culturales. Hace tres años que vivo “proyectando” la escena en la que entrego mis documentos a la sección de migraciones de aquel aeropuerto y cruzaré los dedos para que todo salga bien.

 

En todo este tiempo, no sólo invertí el dinero que exige una cerebral preparación para cambio de locación; invertí mi tiempo y mi corazón. Todo, en búsqueda de éste sueño, en el que me he involucrado y en el que no quiero fallar.

 

Debo, entonces, disculparme de todos aquellos de los que no he podido despedirme; disculparme de aquel amor que me hizo dejarle; de no haber seguido luchando por labrarme un “futuro” en Perú, cuando eso fue en mis pasados veintes, pues estoy en puros “ahoras” y la verdad, ya no estoy para dancings. Pido perdón por irme, por no persistir cargosamente, pero es que así es cuando se hace lo que debe hacerse; uno se manda, con el alma en las entrañas y a ver qué pasa, pues una crece, intentará reproducirse y es inevitable que muera. Pero los que se quedan, están en mi mente.

 

Siendo más prosaica, es una joda emigrar. Perfeccionar un idioma, estudiar otros dos (a veces casi simultáneos) con sus respectivos exámenes de suficiencia (algunos, tomados un par de veces), conseguir todas tus constancias de empleo (I mean, all), hacer todos los trámites inimaginables para demostrar que no eres una oportunista, ni una mentirosa y mucho menos, delincuente. Traducir todo lo anterior en papelitos que les dice a “ellos” que es cierto… Hacerte todos los exámenes físicos que existen y juntar tus ahorros, al borde de parecer indigente, porque sabes que debes sobrevivir allá adonde vas.

 

Alguien dice que las oportunidades no caen del cielo. Se fabrican. Se lo creo, porque durante éstos 3 años, mientras me he privado de muchas cosas -entre ellas, mi sueño- he vivido pensando que me lo merezco, mella. Merezco dejar el sobresalto y la incertidumbre de toda mi vida hasta el momento. Sin embargo, les deseo a todos los que están luchando, que tengan mis mismas oportunidades; mi feliz suerte de poder hacer lo que me gusta y que ser valorada por ello.

 

Mis ojos mirarán otra realidad. Enfrentaré otros retos. La Dreampicker que, sentada en la cocina de sus padres hace más de tres años, decidió que “era el momento” no es, ni por asomo, la Dreampicker que les escribe ésto. Tampoco será la misma, aquella que escribirá desde Québec o desde donde el viento la lleve. Porque el objetivo, ahora más que nunca, es reinventarse. Es florecer.

 

No es el fin, jamás. Es el glorioso comienzo. ¡Nos vemos, desde el otro lado!

 

Salud, hermanas

Salud, hermanas

 

Go, girls, go!

Nada más neurótico que la feliz búsqueda de la empírica salud. Siendo que no existe ése estado perfecto, más bien perverso, la gente se aloca en su consecución y conservación mediocre.

Ahí me encuentro, corriendo de consultorio en consultorio, sometiéndome a las examinaciones más invasivas, pareciera creadas con el fin de jodernos, señoras, porque no me digan que aceptar que alguien te abra las entrañas con una cuchara, para sacarte una muestra es la cosa más tranquila y normal. O tal vez, que te conviertan los pechereques en empanadas sin relleno, vista superior e inferior. No se queje, señorita, así no puedo tomarle el papanicolao…

¿Me van a decir que con toda la tecnología del siglo XXI, aún tenemos que aguantar la vejación anual de que prácticamente nos violen, en pos de prevenir el cáncer o llegar al borde de la lesión por conseguir una radiografía de una parte delicadísima de tu anatomía?

O sea, protesto, ¿ya? Lo hago por tres buenos motivos, que ya he ido mostrando:

1.- Por la neurosis de mantenerse con salud y todo el stress que conlleva
2.- Por las pruebas invasivas a las mujeres, en plena era tecnológica
3.- Por tener que gastar un dineral en ésta persecución frenética, a menos que tengas todo el tiempo del mundo o la paciencia celestial o simplemente, estés misia.

Ploptesto, mujeres del mundo. Es decir que, encima, en la profundidad del machismo arraigado de algunas otras (aquí entiéndase la ginecóloga de turno), les jode que una proteste, se queje, diga ¡Auuuu! Desde lo más profundo de su humanidad y odiando al género propio, por poco empático y al opuesto, porque sólo tienen que hacerse un tacto rectal cuando van ancianos, nos lleva la que nos trajo, si pudiera dejarnos entrar a su vientre, again. No se lo sugiero.

Aún así, qué bravo asunto es el estar saludable, o por lo menos, intentarlo. Más bravo asunto va si eres mujer, pobre, ignorante y tercermundista. Con razón los porcentajes de pobreza, van casi repletos de varias de ellas, cabezas de familia que muchas veces se olvidan de sus cuerpos y con ello, de sus futuros, empeñados a la ruleta rusa de la enfermedad. Entonces, tomo valor y sigo haciéndome el fucking chequeo médico del año, felicitándome de la suerte que tengo. Háganselo ustedes también.

Algunos comienzos, pero ningún final

Algunos comienzos, pero ningún final
Amazing Manufactured Totems by Alain Delorme

Amazing Manufactured Totems by Alain Delorme

And here we are, en un nuevo dominio (algo provisional, la verdad), con una nueva fachada y un videillo. La motivación es la misma, obscenidad por que me sepas, así, críptica y extrañamente. Mi periodicidad depende de lo que tenga que decir, o del tiempo para decirlo. Mi corazón, mi hígado, en los textos que lees. Lo hago para acompañarte, lo hago para que me acompañes, mostrándote las cosas que me sacan de mis casillas, que me conmueven, que me llenan. Es cierto, para la inmediatez de mis pensamientos, está Twitter (que, seamos francos, no tiene desperdicio, pues te comparto mis lecturas y si lees tan rápido como yo, pues no pararías nunca); para todo lo demás está Mastercard, mis bitácoras anuales y éste lugar.

Luego, tenía que empezar ésta nueva etapa, con un videito grabado exprofeso, a modo de homenaje, para la noticia del año, que me echó literalmente de la cama: Mario Vargas Llosa y su Nobel. Una adolescente, leyéndole por primera vez, un primer texto. Una adolescente que me ha dicho un par de veces “yo quiero ser escritora” y ala, ahí la ponemos a prueba. Es un encuentro de dos dimensiones: el novel escritor, que empieza a plantearse el tema de narrar y el aprendiz, que comienza a llenarse los ojos, de todo. El entorno, mi paraíso de infancia. La sensación… deja vu, sinceramente.

Los premios sirven, no al escritor; sirven al lector, para motivarle a buscar los textos, analizarlos y encontrar en ellos, la calidad y el mundo del otro. Mi pequeña lectora acaba de toparse con ello. Modestísimamente, homenaje desde El Dedo Ilustrado.

PD. Se les agradece a @CarmenRosita y a Chucky, por su invaluable colaboración.

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Tráfico, tráfico y más tráfico

Tráfico, tráfico y más tráfico

Por la madafaca: ahora no necesito despertador para levantarme temprano, porque el tráfico se desencadena en mi puerta, todas las madrugadas, allá por las 6:00am y cuasi a oscuras. Algún imbécil conductor da el bocinazo inicial y el resto le sigue, sin caer en la cuenta que va por un barrio residencial y a ésa hora. Un par de veces me he parado en medio de la pista, para que me dejen pasar a la vereda de al frente de mi propia casa. En esos felices momentos, es cuando recuerdo a los ancestros femeninos de todos los alcaldes locales y al burgomaestre de ésta tres veces coronada villa de Lima; deseándoles que vayan al infierno, el cual debe parecerse a la av. Javier Prado o al cruce de Tomas Valle con Panamericana Norte. En ambos casos, a las 6:00pm; ellos, de pie en una coaster de 2da mano, japonesa, de ésas que eran para transportar niños y que tiene el techo bajo.

Con decir que mis vecinos evangélicos han dejado de oirse, del tremendo tránsito. Cosas de la vida, como siempre decía mi hermana menor; lo que viene, seguro que será peor.

En tanto, para que lloriqueen conmigo y se la juren uds también a su alcalde favorito (no se olviden del alcalde provincial, mudo y futuro candidato a nuestra charcherosa presidencia, don Luis Castañeda Losio), les dejo con esta joya del videoreportaje; espero ganar el pulitzer, pero que a mí me premien con un saco de roscas de yuca, que no soy exigente.

Ci vediamo.

Pendejadas de a pie

Pendejadas de a pie
peatones

Peatones imprudentes, serán multados. Las autoridades pretenden detener racha de accidentes, por ese lado también.

Pendejo, en peruano, significa sinverguenza, vivazo. Aquí nos creemos pendejazos. Evadimos chamba, pagado de impuestos, ordenanzas de todo tipo y le llamamos “criollada”. Nuestras autoridades (en las cuales, sin duda habrán hartos pendejos como nosotros) están intentando algo. Mostrar, con algunos indicadores, que ya estamos dejando de ser un país de informalidad y atraso. Se les ha ocurrido multar a los peatones que cometan imprudencias, que podrían generar accidentes. Mucha gente ha dicho “oie, pero qué genial, pero un poco exagerado, digooo” y otra habrá pensado bien bajito en que, es un fastidio y que probablemente no pase de una leguleyada que los policías no aplicarán. Yo estoy en el tercer grupo de los que suspiran diciendo “al fin”… pero con un “pero”.

No me explico porqué, el peruano tiene pegado al hueso la idea de que “hecha la ley, estará hecha la trampa” y justo por ello, podrá saltársela, olímpicamente. ¿Será un asunto local? Debe serlo, porque no me figuro a un perucho pasándole con el carro encima al pie de un policía de California, por ejemplo, sin convertirse en un episodio de Cops y tener su fotito con números en el pecho, de rigor. Claro, las posibilidades de que salgas bien librado, aquí en Perú son absolutamente grandes; allá te plantarían la pistola eléctrica si te pones faltoso y listo.

Todo este rollo para decir que, con esta currícula escolar de adefesio, donde la Educación Vial básica brilla por su ausencia (me parece que aún la enseñan en el kinder o el nido, si les parece), las autoridades han terminado aceptando que deben de regular con multas el asunto de pedirle a la gente que cuide su vida y no friegue al señor conductor- habida cuenta que él mismo es un chango con carné. Las multas no me molestan, pero, por la madafaca ¿Es que no pueden ser parte de una campaña furiosa de Educación, que no empiece con esos cojudos mimos que se paran en los cruces de esquina, sino con un lavado de cerebro en colegios, academias, institutos, clubes deportivos, clubes de madres, de jubilados y cuanta institución encuentres? Caray. La sanción debe llegar cuando, existiendo la educación y concientizacion, te saltas la norma; no con el afán de castigar lo que nunca se explicó.

No sé, pero pareciera que a nadie se le ocurrieran las cosas aquí. En lugar de tomar a los actores de una serie torreja de TV, como candidatos para funcionarios de un gobierno local, deberían pillarlos antes, para hacer campañas de bien social como “respeta las señales de tránsito” “no eches basura en la calle” “observa las leyes básicas de la urbanidad” “sé honesto en todo lugar” etc…

Es decir, que si a nuestra genética pendeja, se le añade la ignorancia, estamos perdidísimos si creemos que con sanciones económicas podremos hacer algo. Algo se hará, sin embargo, pero no será el optimo resultado y, sinceramente, como que ya harta el famoso “casi casi”, insignia de mediocridad que nos impide explotar todo el potencial que tenemos como país. A ver si la pendejada se nos aparece para mejorar en todo sentido. En todo caso, pendejada creativa es la que necesitamos. De esa hay también, pero no tan publicitada.