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Crónicas de Montréal 5.- Las que somos, incluso aquí

13 Agosto, 2016
Andrés Edery, explicando sencillamente cómo nos ven a las mujeres en Perú. #NiUnaMenos

Andrés Edery, explicando sencillamente cómo nos ven a las mujeres en Perú. #NiUnaMenos #Facebook

No me considero especialmente iluminada. No tengo ideas geniales, ni siquiera opinones que lleven mover a las masas. De hecho, me siento como aquel impedido físico de nacimiento que, sin esperarlo, descubre que no puede hacer las mismas cosas que otros. Siempre pues, me maravilla aquella gente que puede expresar ideas con claridad y síntesis, que es capaz de resumir sentimientos y sensaciones que los otros tenemos pero que nos es difícil explicar. Me parece que es un don poder descubrir, también, nuevas maneras de pensar, nuevos caminos o lineas de razonamiento y llegar a conclusiones a las que no todo el mundo puede arrivar, que cualquier otro simplemente vislumbra dificultosamente. Aquel que logra ver algo de la entrada de aquella cueva en la que nos encontramos todos. Un visionario, un ser especial. No, no llego a ello.

En contra, puedo decir que mi curiosidad por saber siempre más me ha llevado a seguir de cerca a aquellos del párrafo anterior y escucharles, entenderles, razonar con sus descubrimientos u opiniones y poder, gracias a ellos, ampliar mi panorama. Siempre recuerdo aquel dicho que aprender de los errores del otro es un signo de inteligencia: se ahorra el guamazo del ensayo y encima se puede mejorar la experiencia.

Habiendo dicho todo ésto, diré que muchas de las cosas que he aprendido sobre vivir las he hecho a través de las personas que han pasado por mi vida. De las buenas y malas experiencias. De mi educación, en una gran parte y del vivir siendo una mujer latina, soltera y (ahora) inmigrante. En mi ignorancia, ya desde niña, intuía que mi educación sería insuficiente para poder valerme por mi misma en mi vida en mi país de orígen. Mi educación, no mi instrucción. Fui educada católica, desde el kinder hasta la universidad. En una burbuja donde se esperaba que una mujer fuera un ser que sirviera completamente al otro sexo. Donde era sinceramente desagradable que tuvieras opiniones, lecturas, deseos. En ello se fundamentaba toda mi educación y aquellas metas estaban siempre enfocadas a fundar una familia, a criar hijos y a morir con nietos. Sin embargo, botada a la calle en el primer año de universidad, mis supuestas metas se fueron al carajo. Yo no quería agradar a nadie. No quería servir a nadie. No quería ir a la universidad para conseguirme un marido. No quería dar a cualquiera mi corazón y mucho menos tenerle en mi cama. Me sentía frustrada, deprimida, incompleta. Dejé de callar mi descontento, porque ni siquiera era capaz de encajar con aquella sociedad en la que el color de la piel era “el pase” hacia otro tipo de trato, al igual que con el dinero. Y yo no tenía ambos. Pero tampoco era estúpida, por cierto. Más bien tontona, porque una va con la inocencia por ahi chorreando y la pierde, no en un acto sexual, sino en situaciones que te quitan la esperanza y te escriben el descaro o desencanto en la cara.

Regreso entonces a la idea que ser mujer, es la cosa más recontrajodida del mundo. Sin importar en qué siglo se nace, se tienen sus retos. En el periodo en el que vivo, en el país en el que nací, tener opiniones siendo mujer, es de muy mal gusto. Tener más lecturas es sinceramente excluyente. Si pasan los años, no tienes derecho ni a amar, ni a tu sexualidad. Ser mujer en el tercer país con mayor cantidad de agresiones sexuales en el mundo es una desgracia. De hecho, no tienes derecho a tu sexualidad casi toda tu vida, a menos que quieras exponerte a una agresión, en varios niveles, que van desde el insulto, pasando por la discriminación, la agresión sexual o -si tienes verdadera mala suerte- la muerte. Es renunciar a ser lo que pudieras ser, para esconderte dentro de tu propia concha. Es aprender desde muy pequeña que tu cuerpo no es tuyo, sino del que quiera y que no hay nada que puedas hacer para que no te agredan. Es competir intelectualmente para ir siempre perdiendo porque “nunca serás capaz” y créertelo, encima. Es desear sinceramente ser hombre para poder tener las mismas ventajas y poder que ellos obstentan. Es, sin embargo, saber que puedes ser mucho más fuerte que muchos de ellos, y tener que disimular tus capacidades para poder ser aceptada. Es tener que cuidar cómo vistes, cómo bebes, dónde caminas, a qué horas circulas, con quién socializas o qué comportamiento debes tener en tal o cual circunstancia. Es racionalizar la agresión de un novio, un jefe o un padre o de cualquier extraño. Tal vez te lo merezcas, te dices. Tal vez no eres cuidadosa. Tal vez no es la gran cosa, porque a todas les pasa. Tal vez eres un bicho que no cuesta nada eliminar.

Diría yo que todo ésto que cuento, lo fui masticando desde mis frustraciones universitarias y lo sigo pensando mientras estoy viviendo en éste país al que migré. Desear vivir plenamente fue una de las razones fundamentales por las cuales me atreví a dejar todo y venir a Canadá. Sigue siendo uno de los motivos por los cuales he cambiado de ciudad; probarme a mi misma que ser mujer no tiene nada que ver con mis posibilidades de crecer. ¡Que ser mujer no debe ser un maldito handicap, coño! Que puedo ser capaz de grandes cosas, con todo y ovarios. Me ha costado sangre reaprender a vivir. No es una sociedad perfecta y es más, creo que hay algunas gracias de las latinas que las canadienses han perdido y que deberían retomar. Sin embargo, miro con sincera envidia a las mujeres que nacieron aquí, que, pese a los limitamientos de los que ellas se quejan, son capaces de alzar la voz por sus derechos sin que aparezca la avalancha de huevones pidiéndoles que “vayan a cocinar”. Que viven sus vidas libres, sin complejos, sin prejuicios. Qué sus cuerpos son suyos, solamente. Que son capaces de hacer las mismas cosas que los hombres, muchas veces mejor que ellos. Que no se amilanan ante nada y van por ahí, enseñando a otras como yo, que tenemos aquel miedo traído de nuestros países de origen, a vivir.

No estaré en casa para el evento del 13 de agosto, el #NiUnaMenos. Pero créanme, estoy ahí en alma, en sangre y con toda la esperanza que aquellas que se han quedado luchando, logren cambiar la manera de pensar de todo un país. Bravas. Bravas, siempre.

Nacido Feminista

9 Julio, 2015

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Me doy el lujo de traducir entera ésta columna, porque lo amerita. Es hermosa, a pesar de todo. Es el testimonio de un músico, sobre la broma infame de un conocido comediante quebequense, quien dijo :

 

«Vestirse sexy y moverse de modo sugestivo en una discoteca para luego quejarse de las miradas insistentes de los hombres es un poco como comer helado en una villa etíope y decir “ Joder, no hay modo de comerse un helado sin que te estén mirando!”… »

Le Gros Cave

 

El comediante dice que no se desdice de lo que escribió… y alguien le responde…

 

Nacido feminista

Por Koriass

Conocî a una chica a la que violaron.

De hecho, era su primera relación sexual, ella tenía poco menos que 17 años.

El tipo tenía 27 años.

 

Ella hacía un curso de circo en el Club Med a donde ella iba de vacaciones con su familia. El tipo era su instructor.

 

Coqueteaban un poco entre las clases. Ella le encontraba a su gusto, él también. Una noche, el la citó en la sala de entrenamiento. Intrigada y excitada por la idea de que el muchacho le pida verse en privado, fue a verle. Desde que ella entró en el lugar, el instructor apagó las luces y bruscamente puso su propio sexo en la boca de ella. Luego le bajó la truza y la penetró de pie, hiriéndola. Ella no quería. Ella no decía nada.

 

El continuó.

 

Ella sufría todo eso en silencio, sin colaborar ni mostrar placer, sentía hacer el papel de idiota, de decepcionarle a él.

 

Cuando se acabó y él prendió la luz, había un hilo de sangre en el piso. El primer reflejo del instructor fue decirle que no se lo contara a nadie, sobre todo a su novia. Nada de reconfortarla o saber si todo estaba ok. Soy el único al que ella le ha contado esto. Ella está a la mitad de su treintena, ahora.

 

Mi amiga se siente aún culpable, casi 20 años luego del incidente. Aùn tiene problemas para entender que no fue su culpa, que era la responsabilidad de un tipo el saber que ella estuviera 100% segura antes de mandarse. Que era ciertamente una violación, porque hubo una parte que no consintió. Ella se dice aún que debe ser su culpa, que ella no debió jamás ir, que nunca debió mostrarle interés desde el comienzo, que ella se lo buscó.

 

Sé que cuento la historia de millones de chicas que en este momento han vivido esto y que siguen con estos efectos a largo plazo… y que ellas creen que es su culpa.

 

Y sé que hay muchos tipos que leen esto y se dicen que mi amiga tiene razón en decir que es su culpa, porque no fue una violación, finalmente, ella se lo buscó, que hacía ahí si no quería nada?

 

Lo sé, porque, sinceramente, cuando escuché esta historia hace 5 años, tampoco estaba seguro de que fuera realmente una violación.

 

Porque, según mis recuerdos, una mujer que es violada corre, grita por su vida, le han arrancado su ropa interior y le han golpeado a morir antes de dejarla tirada en una playa de estacionamiento subterránea luego de cerrar. Es violento, desagradable, hecho de noche, rápidamente, por un desconocido horrible que ha salido de sorpresa.

 

Esta historia me ha abierto un poco los ojos sobre lo que es verdaderamente una violación. Me hizo salir de mis certezas.

 

Yo crecí con Piment Fort (programa de tele Qc) )  , los chistes sobre las diferencias entre hombres y mujeres de Peter Macleod, las bromas sexuales de los albunes de música gangsta rap, el porno suave de Bleu Nuit, el porno duro del canal Indigo del 51 al 63 (tuve tele en mi cuarto y me iba a dormir realmente tarde), la idea general de que una mujer se queda en casa y un hombre trabaja, y mi tío Richard, quien me dió “el buen consejo” de relación de pareja cuando tenîa 7 años: «cuando escojas a tu mujer, tiene que ser linda y sucia». En serio.

 

Extrañamente, en la primaria, mi mejor amiga era una chica, Jade. En secundaria, me encantaba hacer reír a las chicas antes que seducirlas. ¿Mi primer empleo? trabajaba con 8 chicas, ningún chico. Era el amigo de mis colegas. Mi primera experiencia sexual -a los 14- fue un desastre, así que esperé a mi primera novia de verdad para hacer el amor, a los 18. Fue su primera vez, también, estuvo bien.

 

Crecí siendo programado para ser un imbécil. Para cultivar y engendrar ese comportamiento de dominaciôn hacia las mujeres, esa posición de autoridad ante el sexo femenino. Todo aquello que es perpetrado por nuestros valores sociales fundamentales, anclados en nuestro modo de vida, igual que en nuestro humor.

 

Pero yo jamás fui así. ¿Porque soy gay? Nada de éso. Yo quería ver a las chicas en mi cama, como cualquier otro. Pero jamás quise jalarles del cabello o darles de nalgadas como aquel otro fulano hipersexuado que ve mucho porno. ¿Porque soy timido y me da vergüenza? Nada, tenía muchísimas amigas con las que conversaba libremente sobre muchos temas, en las que me confiaba y que confiaban en mí.

 

Me di cuenta porqué jamás fui así.

 

Porque siempre vi a las chicas como mis iguales.

 

Veo a los hombre y las mujeres iguales desde mi infancia. Salgo del closet: soy un Feminista natural.

 

Me van a lanzar a las rocas porque digo que soy feminista. Porque la palabra «feminista» hoy, es peyorativa. Porque escuchamos que mujeres enojadas incendian sus brasieres o las FEMEN que rompen las vitrinas o chancan los autos de la F1. Esas mujeres que ven a todos los hombres como violadores, cochinos, eyaculadores crónicos.

 

Pero el feminismo, y yo cito la definición, es «un conjunto de movimientos e ideas políticas, filosóficas y sociales que comparten un objetivo común: definir, establecer y esperar la igualdad política, económica, cultural, personal, social y jurídica entre las mujeres y los hombres ».

 

Entonces, a la franca, si tu eres feminista es porque quieres que la mujer sea igual al hombre, en todas las esferas sociales.

 

Puedo decir, entonces, sin ninguna vergüenza, que soy feminista.

 

Pero hoy tengo un poco de vergüenza de ser un hombre. Porque hay un humorista llamado Le Gros Cave (la gran cueva) – que no lo es para nada- que ha hecho una broma desagradable sobre las mujeres y a la cual los hombres se han manifestado, de manera violenta, acusando a las mujeres de feminazis, de putas frustradas, porque se oponen a una broma que hable sobre la cultura de la violación. Negar esta “broma” busca desconocer la definición exacta de esta expresión, convirtiéndose en una gracia para muchos, creyendo que es un término usado para hablar de todos los hombres que osan abordar a una mujer, tratàndoles sistemáticamente de violadores.

 

Ahî estâ el problema. Esa ausencia de profundidad. Ni dos segundos son necesarios para entender que es verdaderamente la cultura de la violación.

 

Lo que se quiere es darle culpabilidad de las víctimas, en un último esfuerzo por mostrar la superioridad sexual masculina y el natural servilismo (impuesto) a la mujer, ambos presentes en certezas retrógradas sobre las relaciones hombre-mujer. ¿La mujer es hermosa? ES INEVITABLEMENTE PARA AGRADAR AL HOMBRE. ¿Ella baila de forma sugestiva? ELLA BUSCA DEFINITIVAMENTE QUE SE LA TIREN.

 

Esta ilusión es creada por la forma en la que la naturaleza es hecha, el macho penetra a la hembra, está sobre ella, la domina para mejor para reproducirse mejor, se la disputa con otros machos para asegurar su propia sobrevivencia. Ellos son naturalmente dominantes, ellas son naturalmente sirvientes.

 

Pero la diferencia es que somos humanos. Que los humanos hemos evolucionado y que hay diferencias, MIERDA, comparados con los otros animales a nivel social.

 

Puedo ahora decir -otra vez- sin ninguna vergüenza, que soy feminista.

 

Mi amiga, aquella a la que violaron, es feminista. Milita y habla en favor del feminismo. Pero aún tiene problemas para aceptar que lo que hizo ése tipo està mal. Ella aùn cree que es su culpa, que ella se lo buscô.

 

De esta amiga, me enamoré. Tengo dos hijas con ella.

 

Dos chicas.

 

La versión original.

Elogio a la locura de quererte

14 Noviembre, 2011
weeki

Toni Frissell: Weeki Wachee spring, Florida, 1947. Some rights reserved by trialsanderrors

Veamos. Supongamos que es lunes (es lunes). Supongamos que estaba yéndome a estudiar, como todos los lunes, y apareciste en mi mente. Como una señal extraterrestre, que llega de improviso y me tiene, cual Judy Foster, mirando al cielo, extasiada. No puede ser, pero así sigue siendo. Tengo clavada tu mirada, que alumbra mi caminata nocturna (acá oscurece demasiado rápido en otoño) y me complica todo el resto de la semana, que promete ser brillante, lúcida y productiva. Me lo complicas todo, como siempre, Lobo.

Me visto de cínica todo éste tiempo para que los que no me conocen de verdad, supongan que soy la mala de la historia de los demás, la que levanta la ceja, hace la mueca cuando otro opina y se exaspera viendo la debilidad de los otros. Pero tú (creo) y yo (completamente segura) estamos de acuerdo que mi debilidad es tu mera existencia. Sip, he decidido escribirte aquí, a fuerza de hacerlo todo el tiempo, como siempre, para mis adentros. Fabularte ha sido vivir en un mundo alterno, aquel en el que compartimos palabras que juegan, que se acarician y que desean desesperadamente abrazarse. Me imagino que leerás y te fastidiará no poder entender el verdadero sentido de cada letra, porque soy mujer y las sublecturas me reinan; mirando a todos lados para que no te vean respingar por leerme acá, en la cara de todos. No poder preguntarle a nadie, qué diablos significa éste post. Obscenamente yo. Grazie.

Pero hoy, que me iba a estudiar, que me enfrentaba sonriente al mundo, recibí tu imagen, fuerte y clara. Me abracé a ella, como siempre lo hago, con los ojos entornados, imaginándote conmigo, al pie del cañón. No puedo decir que cada vez que apareces, Lobo, quedo deprimida. Puedo decir que me siento poderosa por el corazón pleno, que tiene el deleite secreto de pensar en ti. Aunque nuestra distancia siempre sea igualmente equidistante; aunque no hayas entendido la firmeza (o terquedad) de mi espíritu; aunque no te lo creas, porpiedaddeDiosnopuedesserreal. En fin.

Tal vez sea que nuestra habitual hiper conexión despertó hoy, como a las 6pm, hora de Lima. Tal vez sea que simplemente, la nostalgia me arrolla con tu imagen, tal vez sea que estoy loca, loquísima, como la dichosa caperuza, caminando por el bosque, invocándote, pero tú…

Update: Banda sonora, faltaba más

¡Es el fin!

18 Abril, 2011

 

equipaje

En tránsito.

Hace poco más de tres años, empecé una aventura, cuya primera parte ha terminado hoy. Decidí migrar.

 

Al igual que todos los que deben irse -de manera obligada- del país, el proceso empieza desde mucho antes de la acción de tomar un avión o cualquier otro transporte. Mucho antes, incluso, de decidirlo. A algunos pocos les sobreviene el asunto de manera tan rápida, que es como un trasplante salvaje y la adaptación es odiosa. No ha sido mi caso.

 

Diré, como siempre he dicho, que mis ansias de cambio vienen desde 1988, año en el que me aburrí como nunca y pensé en que era una verdadera marciana viviendo en una caótica ciudad. Lo cierto es que era una post adolescencia contrariadísima y controladísima. Luego de aquella decisión, mi vida fue una búsqueda de vocación profesional y de modos de expresión de ésta Legión que es mi mente inconforme, educada sólo Dios sabe para qué tipo de sociedad o motivo, pero siempre ahí, mirando críticamente todo.

 

Sobreviví a las peores épocas económicas peruchas, donde tuve los empleos más mediocres que alguien pueda imaginar, pero también la experiencia de vida para valorar el hecho de poder cobrar un sueldo y felicitarme por cómo tu autoestima sube por ello. Tuve que soportar todos los tipos de jefes, de los que te ignoraban, a los que te insultaban, sin importar la edad o el sexo o tal vez la caridad humana inexistente.

 

Sobreviví a los pésimos amores (en parte, mi culpa por no saber escogerlos), a los pésimos “amigos” y a la depresión que sus pérdidas me producían. Aprendí a discernir, a proteger mis ansias, a observar.

 

Sobreviví a las enfermedades -felizmente pocas- a la búsqueda neurótica de la belleza, a las modas, a los panfletarios. Tuve suerte.

 

Hace tres años que he venido sacrificando los fines de semana (sábados y domingos por las mañanas, incluidos), las salidas con mis amigos, el acceso a algunos caprichos tecnológicos, gastronómicos, culturales. Hace tres años que vivo “proyectando” la escena en la que entrego mis documentos a la sección de migraciones de aquel aeropuerto y cruzaré los dedos para que todo salga bien.

 

En todo este tiempo, no sólo invertí el dinero que exige una cerebral preparación para cambio de locación; invertí mi tiempo y mi corazón. Todo, en búsqueda de éste sueño, en el que me he involucrado y en el que no quiero fallar.

 

Debo, entonces, disculparme de todos aquellos de los que no he podido despedirme; disculparme de aquel amor que me hizo dejarle; de no haber seguido luchando por labrarme un “futuro” en Perú, cuando eso fue en mis pasados veintes, pues estoy en puros “ahoras” y la verdad, ya no estoy para dancings. Pido perdón por irme, por no persistir cargosamente, pero es que así es cuando se hace lo que debe hacerse; uno se manda, con el alma en las entrañas y a ver qué pasa, pues una crece, intentará reproducirse y es inevitable que muera. Pero los que se quedan, están en mi mente.

 

Siendo más prosaica, es una joda emigrar. Perfeccionar un idioma, estudiar otros dos (a veces casi simultáneos) con sus respectivos exámenes de suficiencia (algunos, tomados un par de veces), conseguir todas tus constancias de empleo (I mean, all), hacer todos los trámites inimaginables para demostrar que no eres una oportunista, ni una mentirosa y mucho menos, delincuente. Traducir todo lo anterior en papelitos que les dice a “ellos” que es cierto… Hacerte todos los exámenes físicos que existen y juntar tus ahorros, al borde de parecer indigente, porque sabes que debes sobrevivir allá adonde vas.

 

Alguien dice que las oportunidades no caen del cielo. Se fabrican. Se lo creo, porque durante éstos 3 años, mientras me he privado de muchas cosas -entre ellas, mi sueño- he vivido pensando que me lo merezco, mella. Merezco dejar el sobresalto y la incertidumbre de toda mi vida hasta el momento. Sin embargo, les deseo a todos los que están luchando, que tengan mis mismas oportunidades; mi feliz suerte de poder hacer lo que me gusta y que ser valorada por ello.

 

Mis ojos mirarán otra realidad. Enfrentaré otros retos. La Dreampicker que, sentada en la cocina de sus padres hace más de tres años, decidió que “era el momento” no es, ni por asomo, la Dreampicker que les escribe ésto. Tampoco será la misma, aquella que escribirá desde Québec o desde donde el viento la lleve. Porque el objetivo, ahora más que nunca, es reinventarse. Es florecer.

 

No es el fin, jamás. Es el glorioso comienzo. ¡Nos vemos, desde el otro lado!

 

Lunática

17 Septiembre, 2010

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

Bailar

11 Septiembre, 2010

Este post es con música. Antes de leerlo, poner play debes.

En aquella costumbre cultural, que permite la interacción, me siento una verdadera subnormal. Usual es el de preguntar, en plan de small talk, “¿te gusta bailar?” y bueno, siempre respondo dubitativamente con un sí que se desliza en tono de “pero…”

Me alucina la idea de empatar, mi mundo descoordinado, con el de otro. Es casi asunto de dimensiones que van paralelas y que justo por eso, no suelen ir nunca sincronizadas. Entonces, uno se encuentra con alguien que está al frente de uno, moviéndose, a su propio ritmo, mirándote de tanto en tanto. Tal vez, si quiere el contacto, se acercará, para intentar tocarte. Si es más atrevido, intentará llevarte al ritmo de su música, buscando meterte en su dimensión. Me ha pasado tantas veces con el mismo extraño resultado: o me parto de risa, peleando por dirigir el baile o simplemente, me ha desagradado toda la operación psicomotriz para la que parecemos no estar listos.

Tal vez sea que yo siempre he pensado que bailar es algo tan absolutamente íntimo – cual relación sexual políticamente correcta y socialmente apta- que sólo comparto con quien siento en mi corazón. Verle moverse a mi lado es un acto contemplativo de aprendizaje y luego, sincronizo mi mundo, con el suyo. Entonces, puedo tomarle o ser tomada. Siempre, mirando a los ojos. Siempre, intentando leerle y ser leída. Aspirando el aroma que despide aquel otro en el calor que le provoca el movimiento; sabiendo que él también hará lo mismo. Un baile providencial puede terminar, para mí, en amor, sorpresa, epifanía. A aquel movimiento va acompañado mi propio canto, que puede ser en susurros, sonriendo, siempre, como suelo hacer cuando estoy en armonía con el universo. ¡Qué desilusión, cuando compruebo que no puede anticiparse o yo no puedo yo! De entrada sé, entonces, que aquello no vale para seguir; que me importará un bledo si no le vuelvo a ver, aunque sea el ser más atractivo del planeta tierra y alrededores.

No me malinterpreten, mi sentido del ritmo es sensacional. Pero lo suelo guardar para unos pocos – en general, en privado- y prefiero, entonces, bailar sola. Sola, como en todo el resto de cosas en las que me veo obligada a hacer.

Pd. Mil perdones, pero estoy pegadísima a Los Amigos Invisibles, por culpa de una promo del canal Sony. Pero bah, siempre me han encantado. Enjoy.

De mi padre

20 Junio, 2010
papa

Mi padre.

Los homenajes benditos, en las benditas efemérides. El mio fue hecho hace un tiempo:

Lo que aprendí de ti

Saludos, por supuesto, para los que se desloman por dejarnos la herencia del ejemplo. Los que no te darán de regalo el auto del año, al graduarte, pero te enseñarán a ser decente. Los que se convertirán siempre en tu “reminder” en el filtro de lo bueno o malo. “¿Qué haría mi padre?” no es una waa decimonónica. Es la garantía de que aprendiste a ser gente. Feliz día papás.

Muerte en Venezia

17 Junio, 2010

Los seres hermosos nos conmueven. Nos obligan a revisar nuestra propia humanidad. Nos miramos en ellos y nos encontramos torpes, insuficientes. Si es una hermosura externa, nos paraliza en el intento de asirla. Si es interna, nos causa sozobra extrema, porque descubrimos una dimensión inaccesible, de aquellos que, elevados, tampoco nos ven.

La hermosura en sí, que a algunos no importa y que a otros perturba hasta la raiz más profunda del ser, suele ser absolutamente ignorante de la adoración que percibe. Así debe ser, imagino. Porque aquellos que logran descubrir que son idolatrados, se convierten en monstruos voraces… Ahí es cuando aquella gracia se torna en suplicio.

Bendita hermosura, cuando llega e inunda. Sobrecoge, ilumina, incendia, pierde. Maldita la suerte de los que no somos hermosos. Sólo miramos, horrorizados, aquellos sueños etereos que no entienden nuestras mañanas grises y el hambre de todo. Aquí, legión, departiendo todas juntas, discutimos sobre la poca coherencia de convertirnos en polillas que nos quemaremos ante la luz de una presencia inefable. Imagino que así debe de ser, hasta que seamos consumidas. Para que no quede nada. Ni siquiera el rastro visceral del hermoso.

No busco novio (igual que la otra, nomás que diferente)

12 Mayo, 2010

Pucha, ya quedó establecido, para los 4 gatos que me leen desde hace poco más de 5 años, que no busco ciertas cosas… porque ciertas cosas me encuentran. Me la paso de malísimo humor haciendo compras de ropa, por ejemplo. Mi estilacho de moda (sin estilacho) me hace querer comprarme cosas que no están en temporada o que -cual Enrique el Antiguo– son parte de algún museo del vestuario vintage. Qué diablos, uno se queda congelado en la época en la que fue más feliz y yo creo que aún estamos en el 2003…

Lo único que he perseguido ha sido al empleo. Escurridísimo él, le he correteado, haciendo cosas -todas decentes, por siaca- que ahora no me apenaría volver a hacer, si fuera la necesidad. Por supuesto, recuerdo las entrevistas que me dejaban estupefacta: me llamaban para decirme que estaba sobrecalificada y que aún así, si quería el empleo, ganaría como un practicante (¿les pagan, aquí en Perú?) o que mi horario sería algo como de 3 a 7 am, o que tal vez me interesaría estar en el area de Marketing, luego de lo cual pasaba a una sala con un grupo de vendedores, a cantar el himno de la compañía y dar de saltitos, para vender algo parecido a la Tinka en kioskos. O tal vez pedirme 35 requisitos, entre académicos, documentarios y tal vez una prueba de Elisa, para un pago de 800 soles (ahora, algo como 250 dólares), con horario de entrada, pero no de salida, en una oficina que parecía un baño, atrás de una caldera. Oh yeah.

Entonces, lo único que he buscado ha sido empleo. ¿Quedó clarísimo? Dale, continuamos.

Luego, no he buscado nada más. Ni el reconocimiento de los pobres diablos sin más talento aparente que saber relacionarse con otros, ni el odio de los que se alucinan delincuencialmente asociales, ni tampoco convertirme en objeto de culto (lo cual no es mala idea, en estas épocas), objeto de estudio y psicoanálisis. Obviamente, tampoco en el amor.

Eso es algo que enfurece a mi madre. Lo juro.

¿Cómo se le encuentra? No se puede, salvo ponerte en circulación. Como dice Pedrito Infante: “No me des, ponme donde hay” Es decir, asegurar la Plaza. Cero autopublicidad; aunque este blog hace su parte, pero no todo el planeta está in the search; entonces, la Promoción va limitada a una Plaza limitada, también. Y ya que hablamos de Marketing, diremos que el Producto está algo usadito, algo añoso y mejor lo llamamos Vintage, también, para no deprimirnos. Pero es un Producto para conocedores y por eso, el Precio es variable, dependiendo del postor. Es gratis para el que lo encuentra, subrepticia y sorprendentemente. Es caro -carísimo- para el que está acostumbrado a encontrar cosas y la neta, que compre otra cosa.

No busco novio. No hago publicidad al respecto. No comento por aquí mis aventuras torrejísimas, aunque siempre hay negociaciones. No vale la pena usar esta ventana para aporrearlos, cuando las experiencias que les tocan vivir luego de echarme por la borda, hacen esa chambita por mi. No me gusta hacer estadísticas sobre ellos, ni hacerme la víctima de sus metidas de pata, porque creo que algo de culpa tengo en aquellos tropezones. Tampoco me levanto triunfante, gilera, amazona. Bueno fuera. Todo me duele; con el tiempo, mucho más que cuando era adolescente. Lo único mejor aprendido es que ahora he dejado el lloriqueo por ello y la procesión va por otros lugares. No busco nada, salvo ser encontrada y nunca abandonada, por que un terno ya fue comprado, porque un roche de autoestima impide superarlo, porque el amor no está clarísimo en sus corazones. No habiendo pretexto para no quedarse, salvo el milagro del amor desnudo, no vale la pena ir corriendo tras los que se van; de la misma manera, no hay sentido salir en exploración insana, para no encontrar nada.

No, no busco. Sé que él me va a encontrar. Lo he sabido siempre. Lo sabe él. Mientras, que siga engañándose con todo el planeta, si es posible. Donde esté, llegará. Yo estoy donde debo de estar y hago lo que debe hacerse. Entonces, no puede haber error. Espero que haya quedado claro.

Lo que hay

1 Mayo, 2010

Una estimada amiga tiene un blog con ese nombre. Como todos los blogs de aquel género, va escribiendo lo que le va sucediendo. Igual que yo, con la salvedad que vive una realidad ligeramente diferente, vive en otro lugar y le pasan otras cosas. Tal vez, en algún momento le suceden cosas similares, pero en realidad, qué mujer vive algo que no sea el trabajo, la búsqueda del amor y el desarrollo de una vida en donde se multiplican las obligaciones, incluyendo la maternidad y el exito profesional…

En mi mente venía el nombre de su blog, porque su título me suena resignado, tan notablemente sumiso a una realidad que pareciera no cambiar. Sin embargo cambia. He ahí el asunto. Tal vez nada cambia, sólo uno; y es por eso, que todo deja de ser lo mismo de siempre. Igual, hay momentos en lo que hay es lo que hay y qué mierda, hay que hacer lo posible para sobrevivir; tal vez no sea el momento, tal vez no sean las personas, tal vez no sean los lugares. Te aguantas, porque lo que hay es un adefesio y pasas de ello. Te quedas ahí, en casa; te ahorras las explicaciones, te pones en silencio.

Hoy, mi mejor amiga me hacía notar que soy un imán para los hombres no disponibles. Creo, para felicidad de alguno, que mejoré al escogerlos, pero algunos se acercan, extrañamente atraidos por mi resolución a no tomarlos en cuenta y suelen insistir. ¿Es necesario hacer un statement al respecto? ¿Debo hacer una nota de prensa para que caigan en la cuenta que el requisito principal para alucinarme es ESTAR COMPLETAMENTE LIBRE?. Claro, otro requisito puede ser que tengan su propio cabello en el cráneo y dentadura original, pero eso ya es como que algo obvio y snob, teniendo en cuenta que no deseo llevarlos a la clínica geriátrica hasta dentro de unos 10 años, por lo menos. Entonces, ser legal y mentalmente available no es una cosa funny y anecdótica que puedan saltarse, conmigo, alguna “rareza” mía. Ya pues. No. No guarden esperanzas. Mi cara cortés sólo es una máscara, pero ya salí corriendo. Hace muchísimo.

Digo, todo esto, porque la verdad, estoy agotada de esquivarlos. También, porque ando despertándome con la absurda sensación de que alguien me espera, en otro lugar. Tal vez sea simplemente un espejismo de mi mente que siente que busco imposibles y no se resigna.

PS. Miércoles. Yo quería hablar sobre otra cosa, al propósito del video. Envidio a la gente que encuentra al amor a edades tempranas. A mi paso, será un amor otoñal. Aunque la historia de la cancioncita es triste, me bacila la idea. Una muchacha de barrio, se llama…