I have to go home to write to you.

So it happens that I have the proof of his perfection. #WonderWoman #drawing #Montrealjetaime

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I have to go home to write to you.

I have to give you my poor universe in a few lines,
squeezing that sadness, my usual sadness, that lives all the time with me.

Of course, you will not learn anything, there, from your indolent perfection, away from me.

“Every time is different” I always say,
highlighting the surprise of finding a rare pearl in my dinner. . .

But this time, you pushed my door open,
just dressed up with your supernatural smile;
reading me fully,
stamping your name and your taste on my lips,
like nothing,
as if there was only me in your arms,

Then, from the top of your sky, you make me die.

You did not know me, but you saw me there hidden,
you saw my determination in fighting battles every second, while you being indifferent to my furies,
you were surrounding them, while I was staying just there, in front of you.

This delicate work of filigree has made me your apostle,
cursed me for others,
it has completely lost me.

That is why,
while I was falling into that abyss you had prepared for me,
I could only look enraptured, how my star,
like a seal of fire,
was shining on your skin.

Spanish version

Llegaré a casa para escribirte

So it happens that I have the proof of his perfection. #WonderWoman #drawing #Montrealjetaime

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Llegaré a casa a escribirte.

A darte mi pobre universo en unas líneas,
estrujando aquella tristeza, mi tristeza habitual, que vive todo el tiempo conmigo.

Por supuesto, no te enterarás de nada, ahí, desde tu perfección indolente, alejada de mi.

“Cada vez es diferente” digo siempre,
para remarcar la sorpresa de encontrar una perla rara en mi cena…

Pero ésta vez abriste mi puerta a empellones,
vestido de tu sonrisa sobrenatural,
leyéndome completa,
estampando tu nombre y tu sabor en mis labios,
como si nada,
como si sólo existiera yo entre tus brazos,
para luego, desde lo alto de tu cielo,
hacerme morir.

No me conocías, pero me veías escondida,
determinada a librar batallas todos los segundos, siendo tú indiferente a mis furias, rodeándolas, ahí, al frente tuyo.

Tan delicado trabajo de filigrana me ha hecho tu apóstol,
me ha maldecido para otros,
me ha perdido completamente para mí.

Es por eso que,
mientras iba cayendo en aquel abismo que me habías preparado,
yo sólo podía mirar embelesada, mi estrella,
como un sello de fuego,
sobre tu piel.

Todo fue ayer

Ayer fueron los 80s,
ayer yo miraba sus piernas, mientras el bus se movía lentamente, rumbo a casa, con las oleadas de deseo tumbándome de asombro.

Ayer estaba sentada en aquella banca de parque, comiendo yogurt, deseando salir de aquella tristeza, de aquella amistad tóxica, de aquella ciudad que me expulsaba cada día.

Ayer, me cantaba “Tu nombre me sabe a hierba” en su guitarra, con la luz de la calle, iluminandonos, solos, en la penumbra de la banca de mi patio, para besarme por primera vez.

Ayer me miraban los primeros ojos azules que me quisieron para algo, en la vida. Ayer, también me han mirado los últimos que yo quise.

Ayer me lo encontré, ayer me dije “tengo que besarle, porque no le volveré a ver”, porque sabía que, efectivamente, no vuelven nunca. Ayer les besé todas las veces necesarias. Ayer también, me detuve de hacerlo, porque no siempre puedo abrir mi propio corazón a todo el mundo. Lo siento.

Pero.

Ayer amé como loca, reí como loca, callé como loca y me enfadé hasta la enfermedad.

Ayer también recibí una visa, bajé de un avión, empecé un camino, lloré en el aprendizaje, lloré recibiendo una ciudadanía. Sé que no dejaré de llorar, pero será siempre de agradecimiento.

Ayer te he empezado todas las veces posibles, de todas las formas posibles. Ayer he rabiado antes de haber vuelto a empezar, por supuesto.

El ayer viene demasiado rápido. En éste instante que se termina de escribir ésto, ya es el pasado y yo sólo puedo atestiguarlo post-mortem, porque no hay modo de contar el presente, que no existe, que es efímero y que voy viviendo absolutamente consciente que en una brizna de siglos, a nadie le importará una mierda mi ayer. Mi hoy es imprescindible y por ello, no lo reporto.

Mil perdones por mi ausencia. Estoy viviendo.

Crónicas de Montréal 16: Todo lo que el tiempo da

No hay más novedades que la rutina cíclica de mis años en el hemisferio norte, donde, cuando el invierno está al llegar, toca guardar todo lo del verano y prepararse para congelarse lo menos posible. Lo digo tanto en plan externo como interno. Toca sacar la ropa pesada y los mantras que acompañarán el viaje hacia el siguiente verano. Así, ansiando el siguiente verano en una ciudad en la que, a pesar de que el frío llega sin escalas, la gente sigue soñando con lo que hará cuando el sol vuelva a calentar todo.

El tiempo, ése sujeto que me obsesiona en todo lo que escribo, es una aplanadora en la que las cosas quedan envueltas. Nuestra terrible cuarta dimensión de la que no podemos escapar, nosotros, remedos de cucarachas, que levantamos la nariz para intentar ver al universo. El tiempo pone todo en su sitio, como dice Keane. El tiempo nos cambia, aunque algunos imbéciles crean que no lo hacemos.

El maldito tiempo, que percibo como una segunda piel: mientras trabajo, cuando converso, cuando miro a los ojos de los que me observan. Cuando termino mi día y encuentro que ya no soy la misma persona que salió de su apartamento aquella mañana. Cambiamos, lo hacemos constantemente…y no hay manera de escapar. Sólo queda desear -como siempre lo rezo- aquella clarividencia para estar siempre lista.

Nos leemos.

Pd.
El Dedo Ilustrado.com tiene un nombre alternativo y ya lo ameritaba: Dreampicker.ca. Básicamente lo mismo, nomás que diferente. Me ha tomado meses poder hacerlo, por uno u otro motivo. No sé cuánta gente quiera seguir leyendo un blog de alguien que lo escribe hace ya más de 12 años y que sigue teniendo cosas qué decir. Proximamente, más posts en inglés y francés, because why not. On se parle.

 

Crónicas de Montréal 15: Digamos muchas cosas

Es verano, otra vez.
Otro año en el que digo “caray, éste último ha sido el mejor de mi vida” y luego sé que será destronado estrepitosamente por el siguiente.
Otro año en el que pienso que ésta ciudad es maravillosa y me vuelvo una nazi cuando alguien me dice que no, que “más o menos, la verdad” y yo quiero sacarlo a empujones del sitio. Muere, bellaco.
Otro año en el que los retos se suceden, interminables, pero, oh sorpresa, me lanzo sobre ellos, con un “jerónimo!” entre los dientes y a ver cómo se resuelve todo, porque no hay forma de evadir las cosas, salvo enfrentándolas de una vez.
Pero.
No es un año cualquiera.
Están pasándome cosas que no puedo controlar. Alguien me ha dicho “ya me tienes” y me he quedado mirando a las estrellas, bajo el cielo descubierto de ésta ciudad, boquiabierta, sin ganas de replicar, sin palabras, yo que siempre las tengo todas. Me siento confundida y mis superpoderes se ablandan, chorreándose con los sencillos argumentos de alguien que se ha quedado en medio de mi Legión, sin encontrar nada raro ahí.

Entonces, hay otros retos, encima. Van de lejos mis ansias de ser cada día una versión mejorada de mí misma, para mi. Me estoy convirtiendo en una versión corregida y aumentada, a causa de las pruebas que me pone aquel que me tiene sujeta y que no me quiere dejar ir.

No me quiere dejar ir. Qué genialidad es ésta. Me da más miedo que quedarme sin empleo.

Arfff. Debería hablar de lo espectacular que es Montréal. De todo lo que es posible hacer en este verano donde la ciudad cumple demasiados años para no fiestear por todo lado. Debería contarles mis nuevas adicciones, mis nuevos amigos, las nuevas cosas que siempre descubro, hacerlos envidiar el vivir en ésta increíble isla. Pero ya ven, sólo me quedo mirando a las estrellas, de la mano de alguien que me mira.

Finale

Musa, je ne pouvais pas dormir. Après notre incident au milieu de la station centrale du métro cette nuit-là, je me sentais vraiment idiote. Je me suis aperçu que tous mes efforts pour rester neutre avec toi avaient échoué misérablement et que maintenant j’étais de toute évidence, amoureuse de toi. Exactement ce que je voulais éviter coûte que coûte.

Tu étais assez mal à l’aise car je t’avais laissé seul sans finir ton affaire. Tu avais perdu une occasion de remplir ton carnet et ça te laissait maladroit. On a essayé d’être courtois et de rester amis, mais c’était certain que tu n’avais pas d’intérêt à côtoyer quelqu’un qui faisait tout l’effort pour cacher son intérêt pour toi et qui, en plus, avait reculé assez désastreusement. Quelle sorte d’idiote ferait une chose comme ça? Quelle sorte de femme perdrait l’occasion de passer un bon moment avec toi, Superman?

Moi, je ne savais comment guérir mon cœur (et mon amour propre) en attendant tes efforts inexistants. On a mis de la distance, même virtuelle, et ce symptôme d’abstinence me désespérait.

J’avais besoin de boucler la boucle, pour moi… et peut-être pour toi. Je ne pouvais être sans toi et en même temps, je m’enfermais en t’attendant. Je m’étais aperçue de l’urgence de cet effort la dernière fois que je t’avais rencontré avec nos amis : je tremblais en ta seule présence. C’était une sensation de faiblesse inattendue et épouvantable. Je devais arrêter de l’éprouver. J’avais besoin d’une guérison extrême, d’une amputation.

J’ai cherché comment le faire. Peut-être un acte exagéré de ma part, pour sortir théâtralement de ta vie et revenir à mes sens? J’ai choisi ça: te reprocher de ne pas être pas là quand je te le demandais, comme si j’étais ta blonde. Malade, non? Génial!

Hé ben oui, ça a bien marché. J’ai eu le dernier mot, comme toujours. Je l’ai fait pour te faire sentir soulagé de ne pas avoir eu plus de moi qu’un baiser, et te faire croire de toute évidence que je suis une folle dangereuse. Plutôt que tu comprennes vraiment que la fille qui t’a écrit tous ces billets de blogue n’arrête pas de rêver à toi, et probablement ne cessera jamais de le faire.

Et je l’ai fait… je t’ai laissé partir, même avec un nom, choisi pour toi, Musa.

Bleu

Tes yeux me transpercent, Musa. J’essaie de ne pas les rencontrer. Je parle du climat, de la difficulté des immigrants à s’adapter, de mes plans pour la fin de semaine avec mes amis, du film qu’on va regarder demain, du climat encore une fois…

Je remarque tes ongles rongés, tes mains crispées pendant nos conversations de groupe et tes doigts qui arrachent les objets avec anxiété, et je voyage en silence dans le plus profond de ma tête, pour te fabuler. Mais souvent je me distrais et j’atterris encore une fois dans tes yeux apparemment translucides, mais qui ne me révèlent rien, sauf une étrange et visible peur de me questionner sur ce que tu veux vraiment connaître. Bien sûr, muse, j’ai aussi peur de te réponde car je ne sais pas mentir. Je sais seulement changer la conversation, clore les sujets, te demander de me raconter ta vie et ainsi te faire oublier l’intérêt à savoir si je t’attendais. Je maîtrise l’art de t’éviter.

C’est une tâche stressante, tu comprends. Je prends tout l’effort de penser que ça va fonctionner, que je vais finalement t’oublier, qu’il y a autres problèmes vraiment plus urgents à résoudre que toi. Donc, je fais de mon mieux pour être indifférente, mais quand tu me parles, ou me touches par accident, je me sens mourir. J’ai du mal à cacher que tu as le pouvoir sur moi. C’est décourageant.

Peut-être que la chance sera avec moi et que je pourrai me débarrasser de ce sentiment plus rapidement que ces textes; que je finirai de les écrire et que tu seras un souvenir de l’hiver froid de cette ville pleine des gens qui ne veulent plus être seuls.

Montréal Chronicles 14: Love is not (your) a problem

Two frogs searching for their one.

When you find something you just do not believe it.
You keep picking yourself, to be sure you are not dreaming.
Then you grab him, to make look in your eyes,
absolutely surprised,
that you may be the only one who can make him feel this way.

Your whole life was a highway to this moment,
this surreal conversation,
about everything and nothing,
with an immense smile in our corner,
full of regrets of never been together before.

At least he was able to react. Defeated by the evidence.
He knows, too.
The world seems to stop the second he kisses you.
The eternity worth every single failure, in his arms.
Every painful step on the road to each other,
every other useless conversation with some strange.

But (why it’s always like this?)
Reality comes, consequently, planets leave their equidistance, in a stupid effort for being away.

Far away.

Because fear (that evil) doesn’t let worlds become one.
You were so close. I grabbed your heart with my bared hands. I tried to keep it warm.
I was, at that moment, completely yours.
You were mine.
We were that miracle, that adventurous promise. Just a blink.
We never will.

Ce cauchemar

Ma chère Muse, je me suis réveillée en sursaut à l’aube, avec le cœur dans la gorge. J’avais rêvé avec toi. Pas exactement ça. Sans toi.

Dans mon rêve, je me souviens d’avoir regardé mes messages sur mon téléphone cellulaire et je n’étais pas capable de trouver ton numéro, même ton contact. Je le cherchais frénétiquement pour une raison inattendue, et je désespérais. Tu n’étais pas là.

Je me sentais tellement perdue. Je pensais que tu me détestais, que tu ne me parlerais plus jamais comme d’habitude, pour ne rien dire, que tu n’attendais pas mes réponses avec sarcasme. Que tu n’aurais pas le moindre intérêt de savoir si notre groupe commun d’amis avait quelque chose à faire en fin de semaine.

Car ça y est le truc avec toi: tu apparais et disparais à ton gré. Cependant, j’essaie de faire ma vie normalement, si c’est possible après t’avoir rencontré. Car tu as bouleversé mes plans de tranquillité, d’ordre et progrès. C’est grave.

Donc, au lieu de t’envoyer un message pour savoir si tu es encore là et me vendre complètement comme une folle, j’ai ouvert mon cahier mauve et j’ai écrit de la poésie. C’était extraordinaire, ma muse! Je ne le faisais plus depuis que je suis venue ici, dans enfer blanc. Le Loup était resté même avec cette partie de moi, et je ne savais pas comment la récupérer.

Mais toi, ton absence m’a apporté ça. Une incroyable poésie en anglais que tu jamais ne liras.

Le Loup et la Muse

Ma chère muse, tu n’as pas encore de nom. Tu es simplement La Muse (comme ça, en majuscules), et c’est tout. Peut-être que toi, La Muse, tu gagneras (ou annonceras) ton propre nom, un nom plein de lumière ou d’ombre. Un nom qui t’identifie parmi les autres muses qui existaient avant toi.

Parce que c’est vrai, ma Muse, il y en a eu deux autres comme toi. La première muse est devenue éternelle, car c’est elle qui a déclenché toute cette affaire, mais elle est perdue dans ma mémoire et ne mérite plus que l’on parle d’elle. Elle s’appelait elle-même « L’Ornithorynque » et elle défiait toute ma capacité intellectuelle, pour finalement mourir, déshonorante, aux bras des autres femmes. Je me souviens avec amertume — et peut-être avec l’incrédulité — de lui. Pas plus que ça. Mais j’étais jeune, et mes poèmes se succédaient dans un flux interminable. Je lui ai dédié ce livre de poésie, douloureux, mais exorcisant : et après l’avoir publié, comme si elle était un mauvais accouchement, j’ai enterré cette muse sans pitié. Je renaissais comme un phénix.

Mais la deuxième…

La deuxième était un loup. Il était un loup d’argent, plein de fierté. Orgueilleux de ses racines, de sa race, de son ADN furieux, même s’il était né près d’un lac. C’était était un loup qui défiait la gravité, qui remontait jusqu’en haut des Andes, et au sommet, regardait vers l’infini. Il était rarement au le niveau de la mer, tranquille; il semblait toujours en train de bouillir. Son état naturel était un feu interminable, inextinguible. Sa manière de m’observer me traversait, même à distance. Car Le Loup était intelligent, était perceptif. Car il me connaissait comme la paume de sa main. Il m’agitait, il me calmait, il me faisait l’aimer sans remords.

Le Loup écrivait aussi! Même si sa langue maternelle n’était pas la mienne, il la maîtrisait. Il me donnait les textes les plus incroyables qu’une femme ait reçus dans sa vie. Il me faisait rêver avec des phrases. C’était comme si tout son corps se donnait dans un texte. Il était à moi. Du moins, je le croyais.

Mais je te disais, Le Loup, ce magnifique loup que m’avait ordonné de le rencontrer à l’autre bout du monde — sans même comprendre que mon aventure ici était aussi une façon de lui montrer que je deviendrais la femme qu’il méritait —, il m’a quittée avant de venir ici. Je vais te dire un secret : je continue à sentir sa présence, les nuits froides, quand je suis à l’extérieur. Je le sens encore crier au loin, affamé. Cependant, je comprends que tout est dans ma tête, qu’il ne viendra jamais me chercher comme le prince d’un film romantique.

Je sais que je marche seule, mais pas solitaire. Je sais que je suis mes expériences, mauvaises et hallucinantes comme des épiphanies. Je suis Légion, ce groupe de démons qui parlent tous en même temps et te font peur quand tu me regardes dans les yeux. De cette manière je me sens forte, malgré les cicatrices qui couvrent mon corps; toutes ces blessures ont été faites par ces deux muses, parfois cruelles, parfois nécessaires pour ce parcours que je fais. Je suis certaine que tu m’en fera d’autres, mon amour. Je serai aussi fière d’elles, car ce sont des expériences qui me montrent jusqu’à quel point je ne suis pas la fille qui est partie de la maison parentale autrefois. Je me retrouve dans ce miroir qui va à la dérive, qui ne reflète rien qu’à moi-même… mais qui te regarde.