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La forma como decimos adiós

La forma como decimos adiós
Comer Rezar Amar

Comer Rezar Amar

Copión título de peli, Comer Rezar, Amar. Tal vez por que hay una versión asiática, donde una familia vive su vida alrededor de una mesa y los deliciosos banquetes que en ella se realizaban, se intercalaban con la resolución de sus problemas o el surgimiento de otros. En éste cuasi extraño homónimo cinematográfico, el personaje de Julia Roberts, que pasa de relación en relación, decide tomarse un sabático de todo y “encontrarse”. Como buena gringa, no le es posible encontrarse entre sus rascacielos y sus rednecks, sino que viaja a Italia, India y Bali.

Yo me pregunto ¿cómo “se pierde” alguien? ¿un día despierta uno y dice “miércoles, dónde me dejé”? O simplemente un día uno se queda olvidado en algún micro, o tal vez en el baño de algún restaurante o hasta en una cama ajena. Y entonces empiezan las contrariedades; uno se empieza a rebuscar los bolsillos, revisa la mochila, la cartera que usó el miércoles pasado, comienza a hacer un remember de todo lo que hizo aquel último día en el que recordó haberse visto por última vez. “Cielos, debo haberme quedado en el taxi que tomé para llegar a tiempo al trabajo, el martes…”

Luego, si es desconsolable, la pérdida, andas como alma en pena, literalmente hablando. Estás perdidísimo, te echas de menos. Te recuerdas siendo como eras cuando “estabas” y ahora que “ya no estás”, sientes el vacío de tu propia ausencia. Ahora, si eras un maldito imbécil y al perderte se fue la parte fea de ti, puede ser un buen negocio haberte extraviado, porque al final lo que no necesitas puede irse yendo para donde quiera y que lo pille un tren, digo. Pero si realmente te echas de menos y quieres recuperarte, porque sólo tienes un “tú” y una vida y qué diablos, te necesitas para vivir los siguientes 40 años, es necesaria la búsqueda.

¿Cómo se “encuentra” uno? Bastante roche hay en que se haya perdido, pero como anda de moda el asunto de “encontrarse”… Bueno, a algunos no les da tanta verguenza o tal vez se la han tragado y claro, se es necesario para sí mismo y etc. Otros, como el personaje de Roberts, se dan el viaje lejanísimo para descubrir que lo único que necesitan es vivir. Vivir, no es necesariamente terminar trabajando en el África o hacer ladrillos en Huachipa. Vivir es vivir, es hacer lo que tienes que hacer para que tu vida esté llena de las cosas que te gustan, de las que te hacen crecer. Con esa capacidad para decir “aunque no quiero, debo” y asumir, maldita sea, la madurez, sin perder el tercer ojo (mi favorito) que en verdad es mirar como un niño curioso, todo.

Encontrarse, curarse, vivir. El personaje de Roberts tiene el Spaghetti al Pomodoro con las penumbras deliciosas de Roma, el silencio de las meditaciones y el paisaje de Bali en los brazos de alguien que también tuvo un “encuentro” consigo mismo. Bastante fútil, bastante hollywoodense y bastante huequi. Al final, si te sientes perdido, te encuentras en cualquier lugar. Desde la orilla del mar más hermoso, hasta en el paisaje que muestra la ventana de tu propia oficina. A mí me queda el Metropolitano y tal vez, Huacho; palabras de @claudics que son absolutamente ciertas e hilarantes. Pero en verdad, me queda cualquier lugar, por mínimo que sea, me quedan los textos que no releeré, porque ahí di mi corazón, me quedan las fotografías que no borro aún, me quedan las costumbres. Me queda el futuro, que siempre me llama a vivir cada día, porque si algo que nunca pierdo, es la esperanza de mirarme al espejo que no tirará la toalla, que no me dirá “chau”. ¿Capici la idea?

En tanto, mi “encuentro” conmigo (contradictorio, porque nunca me perdí) , va lento, como siempre. Al menos tiene banda sonora y ahí te la dejo. A mí con pérdidas, coño. Siempre son hallazgos.

Algunos comienzos, pero ningún final

Algunos comienzos, pero ningún final
Amazing Manufactured Totems by Alain Delorme

Amazing Manufactured Totems by Alain Delorme

And here we are, en un nuevo dominio (algo provisional, la verdad), con una nueva fachada y un videillo. La motivación es la misma, obscenidad por que me sepas, así, críptica y extrañamente. Mi periodicidad depende de lo que tenga que decir, o del tiempo para decirlo. Mi corazón, mi hígado, en los textos que lees. Lo hago para acompañarte, lo hago para que me acompañes, mostrándote las cosas que me sacan de mis casillas, que me conmueven, que me llenan. Es cierto, para la inmediatez de mis pensamientos, está Twitter (que, seamos francos, no tiene desperdicio, pues te comparto mis lecturas y si lees tan rápido como yo, pues no pararías nunca); para todo lo demás está Mastercard, mis bitácoras anuales y éste lugar.

Luego, tenía que empezar ésta nueva etapa, con un videito grabado exprofeso, a modo de homenaje, para la noticia del año, que me echó literalmente de la cama: Mario Vargas Llosa y su Nobel. Una adolescente, leyéndole por primera vez, un primer texto. Una adolescente que me ha dicho un par de veces “yo quiero ser escritora” y ala, ahí la ponemos a prueba. Es un encuentro de dos dimensiones: el novel escritor, que empieza a plantearse el tema de narrar y el aprendiz, que comienza a llenarse los ojos, de todo. El entorno, mi paraíso de infancia. La sensación… deja vu, sinceramente.

Los premios sirven, no al escritor; sirven al lector, para motivarle a buscar los textos, analizarlos y encontrar en ellos, la calidad y el mundo del otro. Mi pequeña lectora acaba de toparse con ello. Modestísimamente, homenaje desde El Dedo Ilustrado.

PD. Se les agradece a @CarmenRosita y a Chucky, por su invaluable colaboración.

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

La Vida Exagerada

La Vida Exagerada

Nos alocamos. Nos alocamos.

No me animo. No me animo a narrar mis usuales cojudeces cotidianas. No las virtuales, que para éso sólo tienes que leer mi timeline. Claro, ya sé que, de entrada me vas a mirar con el labio superior levantado en ángulo y la fracesita “eso no me dice nada de ti” y luego cerrarás la ventana. Ufff. No sabes lo que te pierdes, chéri.

Como sea, el asunto es que ya llegué a la conclusión de que me desequilibran a morir los trámites, sobre todo cuando vienen acompañados de un papelito que dice algo como “tiene usted 60 días para…” y me aloco. Incluso luego de escribir la frase anterior, corrí como insana desatada a ver los plazos de algunos trámites pendientes – me asaltó la duda de que alguno se haya vencido- y luego, al baño. Cosas de la angustia.

Mi madre me dice “¿te muñequeas, no?”, mientras me ve sostener, temblorosa, los papelitos de los dichosos trámites que parecieran no tener fin. Haciendo un flashback, sí, me muñequeo como la madafaca. Ya era mi costumbre, en mis épocas universitarias, equivocarme de aula los primeros días de clase, porque simplemente no había leido mi matrícula y horarios. Eso sin contar que solía olvidar las fechas de inscripción, entrega de documentos o tareas, recojo de credenciales y exámenes de todo tipo. Aún tiemblo, recordando a aquella funcionaria del Británico, que me trató con la punta de su taba, por llegar tarde a la entrevista del IELTS y que nunca me creyó que yo en verdad soy una nerviosa consetudinaria, que se olvida de absolutamente todo, hasta de que tenía que llegar un par de horas antes para dar un speech a una gringa. Por supuesto, de nada iba a servir alegar -tal cual hago en este post- y empezar a contarle, con lujo de detalles, cómo es que me recontra descomputan los trámites de todo tipo e intentar, ahí mismo, de sacar alguna conclusión al respecto. Claro que no, pues. Me fui derrotada (perdí el examen, perdí el caro pago y perdí mi autoestima) e intentando autokickearme como no tienes idea.

A veces pienso que el asunto de olvidar las cosas es como un aspecto suicida de mi personalidad. Algo que todos suelen tener en una medida, poco o más. Algunas veces he coincidido con otras personas que piensan lo mismo. Aquella actitud suicida que te hace esperar el último momento para hacer las cosas, para pagar impuestos; salir con las justas, de casa rumbo a una reuna a la que debes de llegar puntual; ir por aquella ruta, pensando “tal vez hoy esté menos congestionada”… entonces, los plazos vencen minutos antes; haces mal los trámites de los impuestos y tienes que pagar multa porque no tendrás más tiempo; no encuentras taxi o bus y llegas impuntualísimo a la reunión; caes en un atracadero de miércoles… Luego piensas que es la Ley de Murphy y no pues, es el Merovingio lo que resuena en tu cascada cabeza de huevo frito. Puta causa, puto efecto.

Entonces, intento establecer estrategias de vida para recordar lo cotidianamente necesario para no colapsar en el limbo de incompetentes. Me compro agenda, pongo notas en los calendarios, me cambio de posición los anillos de las manos, hago que los demás (cuando es una pena compartida) apunten los mismos acontecimientos o tareas o simplemente, me despierto a media noche para hacer aquel pendiente que, estoy segura, olvidaré al amanecer, cuando me despierte soñándote, como todos los días.

En tanto, esta exagerada vida de una exagerada mujer que exagerándolo todo, exageradamente cuenta lo que exageradamente viene a bien sucederle. Nada más, ni nada menos. Te dejo, que tengo que tramitar esta publicada, antes que venza el plazo o me olvide de hacerlo. Chau.

Pd. Le robo el título a Bryce. Lo mío sí es homenaje, no copia. Digo.

Fútbol

Fútbol

Africa du Sud 2010

En casa, quienes hablan de fútbol son las mujeres. De eso, los hombres de por aquí no saben nada: Una de las poquísimas veces que mi padre jugó fútbol, lesionó al arquero (al parecer él era delantero)… con una chancleta… la suya… que salió disparada hacia el ojo del otro. Otra de las veces que se animó a ir con mi hermano a ver un clásico, regresó horrorizado por el lenguaje y los proyectiles que tuvo que esquivar (y eso que fue a a una tribuna neutral) durante todo el partido. A ambos les pareció barbárico. Mi hermano es algo más sportif, pues solía nadar y, habiendo sido bombero, era algo más propenso a las actividades físicas, pero nada agresivas; él siempre ha ido a su ritmo privado, donde todo se hace cuando a él se le pega. Los hombres de la casa son absolutamente inútiles para poner un clavo, pero pueden contarte la enrevesada mitología romana, en un tras. Tampoco les pidas que cambien un enchufe. Se demorarán siglos. Pero podrán narrarte, en perfecta cronología, los levantamientos precursores de la independencia… de toda latinoamérica, sin pestañear. Se saben quién compuso tal o cual zarzuela, o qué diablos es el Foie Gras, pero caerán muertos si les preguntas quién ganó la última copa mundial de fútbol.

En casa, las mujeres ven La Champions, los hombres ven las Olimpiadas de Invierno. Tienen la suerte de pertenecer al pequeño grupo de desapasionados por los cuadros locales y su presencia frente a la tele en épocas de campeonatos es incidental o de zapping. Sin embargo, digamos que las mujeres tampoco salen cual caras pintadas, a gritar en las calles por cualquier equipejo. Son, como dice mi madre “fans del mejor” y el mejor, en el fútbol, siempre es el que va ganando. Entonces, son otro tipo de espectador.

En casa, las mujeres ven buen fútbol, aclaramos. Un par de campeonatos internacionales y luego, se vienen en arcadas con las temporadas locales, por un buen motivo: ellas sí vieron a su propia selección un par de mundiales, por lo menos y saben qué es jugar bien y sin disfuerzos. Son mujeres que pertenecen al grupo privilegiado -que se va haciendo viejo- de aquellas generaciones que presenciaron algo que ahora parece ser mitología. Los niños malcriados no van a ningún lado, pues. Ellas viven rumiando esa insolencia ajena y se preguntan si es que aquellos mocosos que se juran ganadores porque juegan en otro idioma, cayeran en la cuenta de que hacen el ridículo con sus cojudeces, tal vez otro gallo cantaría…

Esta es la explicación de porqué me afana el mundial. La oportunidad de envidiar a los que se toman en serio lo que hacen, aunque sea el correr cojudamente tras una pelota, pero con mucha garra y más talento. De regalo, el gusto de ver tanta testosterona (alguna que otra, definitivamente hermosa) junta, en acción. Priceless.

A la sombra de un corto

A la sombra de un corto

Este iba a ser un post sobre el aprendizaje de los idiomas, el fraseo de cada uno de ellos y el temperamento que suelen tener aquellos que lo hablan, como una lógica característica de cada cultura que los genera. Iba a hablar sobre lo que- me parece a mí- es el centro del asunto de la enseñanza del idioma: estimular al alumno sobre la necesidad de aprenderlo, es decir, motivarlo directa o indirectamente.

También iba ser un post a modo de contestación a una pregunta con mala leche sobre porqué tuiteo en otros idiomas-además del nativo, lo hago en inglés, un poco de francés y muchísimo menos, en italiano- siendo que vivo en Perú. Lo cierto es que, de saber Quechua, lo hacía en esa magnífica lengua, también. Iba a explicar sobre lo relativo que van siendo algunas cosas últimamente, al respecto del intercambio de información y sobre la necesidad de poder expresar las ideas de manera que más gente pueda entenderlas. Intentar aprender varios idiomas es una forma. Intentar llegar…

Luego cambié de idea, que mejor hablara sobre esa estúpida incapacidad perucha por no ver más allá de lo evidente y focalizarse, siempre, en lo cercano. Una lacra que envuelve todas las acciones que se realizan y que es un mal endémico en las clases sociales altas, bajas, medias (un poco menos) y la clase política deprimente que nos intenta llevar al cadalso como nación. Hubiera disertado unas 2500 palabras sobre muchos ejemplos al respecto, sobre cómo me siento una extraterrestre por aquí y la verdad, me hubiera faltado tiempo para seguir.

También hubiera querido chismear sobre mis propósitos para estas minivacaciones que le he llegado a arrancar a mi chamba, pero luego me dio sincera pereza dar mi agenda personal, porque -humildemente- no soy cosmopolita y no la tengo tan recargada y la verdad, lo único que ansío es poder dormir hasta tarde y acostarme igual. Una ligera variante es que intento, eso sí, vivir con ansiedad (pero no mucha) el relax de hacer sólo las cosas que me gustan, comer lo que me gusta y pasar el tiempo con personas a las que no veo así nomás.

O podría lloriquear en más de 140 caracteres sobre las usuales penurias de una mujer como yo o como tú, muchacha estúpida que aún crees que lo sabes todo (ni yo) y te falta la estrellada fatal de la realidad. No, merci.

Pero.

Pero siempre está el otro topic que manejo soslayadamente; aquel que no trato por aquí, pero lo trato-benditas sublecturas- que me camina todos los días y que me tiempla, como el acero, para no decir las cosas y sin embargo, pensarlas consetudinariamente. Ahí anda. Siempre. Estoy embebida en él. C’est comme ça, mon chér loup.

Pucha, entonces me da pereza máxima, porque hay cosas que sólo se conversan en el calor de un acercamiento. Algo es algo y para mi, algunos “algos” han sido todo. Estoy en los lugares usuales, por si quieren charlar. Con permiso, me voy a recostar…

Nos leemos.

No busco novio (igual que la otra, nomás que diferente)

No busco novio (igual que la otra, nomás que diferente)

Pucha, ya quedó establecido, para los 4 gatos que me leen desde hace poco más de 5 años, que no busco ciertas cosas… porque ciertas cosas me encuentran. Me la paso de malísimo humor haciendo compras de ropa, por ejemplo. Mi estilacho de moda (sin estilacho) me hace querer comprarme cosas que no están en temporada o que -cual Enrique el Antiguo- son parte de algún museo del vestuario vintage. Qué diablos, uno se queda congelado en la época en la que fue más feliz y yo creo que aún estamos en el 2003…

Lo único que he perseguido ha sido al empleo. Escurridísimo él, le he correteado, haciendo cosas -todas decentes, por siaca- que ahora no me apenaría volver a hacer, si fuera la necesidad. Por supuesto, recuerdo las entrevistas que me dejaban estupefacta: me llamaban para decirme que estaba sobrecalificada y que aún así, si quería el empleo, ganaría como un practicante (¿les pagan, aquí en Perú?) o que mi horario sería algo como de 3 a 7 am, o que tal vez me interesaría estar en el area de Marketing, luego de lo cual pasaba a una sala con un grupo de vendedores, a cantar el himno de la compañía y dar de saltitos, para vender algo parecido a la Tinka en kioskos. O tal vez pedirme 35 requisitos, entre académicos, documentarios y tal vez una prueba de Elisa, para un pago de 800 soles (ahora, algo como 250 dólares), con horario de entrada, pero no de salida, en una oficina que parecía un baño, atrás de una caldera. Oh yeah.

Entonces, lo único que he buscado ha sido empleo. ¿Quedó clarísimo? Dale, continuamos.

Luego, no he buscado nada más. Ni el reconocimiento de los pobres diablos sin más talento aparente que saber relacionarse con otros, ni el odio de los que se alucinan delincuencialmente asociales, ni tampoco convertirme en objeto de culto (lo cual no es mala idea, en estas épocas), objeto de estudio y psicoanálisis. Obviamente, tampoco en el amor.

Eso es algo que enfurece a mi madre. Lo juro.

¿Cómo se le encuentra? No se puede, salvo ponerte en circulación. Como dice Pedrito Infante: “No me des, ponme donde hay” Es decir, asegurar la Plaza. Cero autopublicidad; aunque este blog hace su parte, pero no todo el planeta está in the search; entonces, la Promoción va limitada a una Plaza limitada, también. Y ya que hablamos de Marketing, diremos que el Producto está algo usadito, algo añoso y mejor lo llamamos Vintage, también, para no deprimirnos. Pero es un Producto para conocedores y por eso, el Precio es variable, dependiendo del postor. Es gratis para el que lo encuentra, subrepticia y sorprendentemente. Es caro -carísimo- para el que está acostumbrado a encontrar cosas y la neta, que compre otra cosa.

No busco novio. No hago publicidad al respecto. No comento por aquí mis aventuras torrejísimas, aunque siempre hay negociaciones. No vale la pena usar esta ventana para aporrearlos, cuando las experiencias que les tocan vivir luego de echarme por la borda, hacen esa chambita por mi. No me gusta hacer estadísticas sobre ellos, ni hacerme la víctima de sus metidas de pata, porque creo que algo de culpa tengo en aquellos tropezones. Tampoco me levanto triunfante, gilera, amazona. Bueno fuera. Todo me duele; con el tiempo, mucho más que cuando era adolescente. Lo único mejor aprendido es que ahora he dejado el lloriqueo por ello y la procesión va por otros lugares. No busco nada, salvo ser encontrada y nunca abandonada, por que un terno ya fue comprado, porque un roche de autoestima impide superarlo, porque el amor no está clarísimo en sus corazones. No habiendo pretexto para no quedarse, salvo el milagro del amor desnudo, no vale la pena ir corriendo tras los que se van; de la misma manera, no hay sentido salir en exploración insana, para no encontrar nada.

No, no busco. Sé que él me va a encontrar. Lo he sabido siempre. Lo sabe él. Mientras, que siga engañándose con todo el planeta, si es posible. Donde esté, llegará. Yo estoy donde debo de estar y hago lo que debe hacerse. Entonces, no puede haber error. Espero que haya quedado claro.

Sábado a color

Sábado a color

Colores. Tímidamente...

Colores. Tímidamente...

Chmre, no sé qué es lo que me enoja más: el tráfico con embotellamiento incluido en la puerta de mi casa, cualquier imbécil interrumpiendo la hora de mi siesta de weekend, no encontrar nada en mis cuchumil canales de cable, o sacar la cuenta que debo de morir de hambre si quiero ahorrar algo.

Claro, hay más cosas que -como siempre- me dan indignación, pero, vamos, cuando hago las dichosas listas o escribo sobre ello, pienso que me arderá el colon como no tienes idea y se me van las ganas. Ha vuelto a aparecer los sintomas de stress que tanto me asustan, como el mareo y las taquicardias. Eso quiere decir que no es mala idea haber pedido una semana de vacaciones. Alucina que no tengo ni idea a dónde iré. Acabo de escribir que debo de ahorrar. Tal vez termine aprovisionándome de comida para el microondas, poniendo cinta aislante a todas mis ventanas y puertas, y encerrándome en el depa, para dormir una semana enterita. Claro, recibiré las usuales llamadas al celular -para saber si no estoy muerta- e intentarán abrir mi puerta, cuando no reciban respuesta. Todo, simplemente porque quiero silencio y calma. Desventajas de la cercanía

El clima ya cambió, otra contrariedad en el mundo de Dreampicker, la fotosintética. Con ello vino la organización de las cosas, la limpieza general, el separar la ropa y zapatos que ya no te pondrás jamás. Lo bueno es que los planes de playa finalmente comienzan (desistí de ir en verano) y los colores se pelean en mis hojas en blanco. He estado tanto tiempo muda…

Vale, no es un buen post sobre el día de las madres (hay alguno en la Silla Ecléctica). Pero es que ése ya lo escribí hace un año atrás. Añado un par de cosas: mis hermanas son las madres que yo (creo) nunca seré. Las envidio. Ya no tengo nada más que decir al respecto.

Me Sacan…

Me Sacan…

Bored With The Conversation - Scott Robinson

Bored with conversation – Scott Robinson

Bueno, este post iba a ser una lista. De hecho, algo larga y bastante ácida. Pero, prefiero hacerlo así, pegadito nomás, rabiando como siempre. Recuerdo que a muchos no les gustaba ése rasgo, de mi. Otros lo encuentran atractivo. Por mi parte no puedo decir más que así vienen en mis instrucciones: te chupas el limón o te largas. Es bueno decirlo.

¿Qué me jode últimamente? Sí, porque, si me lees con regularidad, sabes que paso del fastidio a la histeria, a la añoranza y casi nunca a la hilaridad -la que dejo para lo cotidiano, pero… wait, ahí hay tan poca gente- con lo que mis estados circulares sólo me pueden servir para que, de tanto en tanto, escriba algo que me salga de los ovarios y tu pienses que soy una loca de atar.

¿Qué me jode? Uff. Para empezar, el tráfico de mierda de Lima. Tener que vivir en el Apartheid que nos impone la poca decisión de una clase política que es una cloaca, lo que me hace querer pensar varias veces antes de salir de Lima Norte (donde trabajo y vivo) para ir a cualquier otro sitio, porque todo me toma 1hora de viaje; lo mismo que toma un avión de la capital hacia Arequipa. Luego me jode el descaro de los políticos, la mala educación que recibe el peruano promedio (lo cual le hace ignorante, atrevido y estrecho de miras), la lucha para mantenerme en un mercado laboral (con estudios y todo) mientras un bailarina de tecnocumbia logra viajar un par de veces al año a Europa y yo saco mi cuenta para saber si podré viajar a Huacho sin desbalancear mis fondos. Me revienta la gente que legisla sin saber de lo que habla, el que se siente indispensable, el que envidia y sólo remarca los defectos de los otros, el acomplejado que en todo ve un problema y aquel que se siente feliz por saltarse las reglas, afectando al resto. Me pone de malas el que diserta sobre algo, como si dijera la verdad de la milanesa y me subestime en el interin, el que no se da cuenta que marca los corazones y que sinceramente no estoy para bromas, el que esconde su corazón para mi, pero se lo da a otra, el que jamás me ha de encontrar… me jode hasta cuando desaparece el teflón de las sartenes de casa, se acaba el papel higiénico, se acaba el capítulo de la serie que me bajé por torrent, no poder usar el puto bluetooth (y por ello tener que ir a servicio técnico), olvidar los tiempos verbales del francés, no poder ir al cine, ver como los peatones son imprudentes, no poder publicar un libro de poesía sin tener que dejar el pellejo, no tener el tiempo para pintar, tener que esperar a que los objetos que quiero comprar “me encuentren” porque, sencillamente, nunca encuentro lo que quiero hasta que ellos aparecen. Me saca de mis casillas que dejen las cajas vacías de cualquier cosa, en las estanterías o la refri, para que las eche yo a la basura, que la vecina barra todas las mañanas a la misma hora, con frenética fruición (para mi que tiene problemas sexuales) y que las mañanas empiecen a ponerse nubladas, resistiéndome a sacar las frazadas del closet, olvidar echar el insecticida todas las mañanas y recordarlo todas las noches, abrazar a mis dos almohadas y seguir sintiendo que estoy en la cama equivocada, en el año equivocado, con un absoluto LAG en esta vida que me alcanza, pero cuya canción no me gusta mucho, la verdad…

Caray, todo me enfada. Sólo unas pocas cosas me pueden hacer sonreír, por aquí; porque como ya te dije, lo cotidiano te es ajeno, siendo una proyección exagerada de lo que en verdad me da vueltas y el resto, que ya sabes siempre, se rellena. Deséame buena suerte, entonces.

Soñando

Soñando

El ejercicio de soñar, una actividad en la que debes ocupar una parte de tu día. Podría ser terapéutico dejar volar a tu mente, e imaginar que las cosas pasarán de un modo o cómo serían otras situaciones.

Mi madre piensa que es un acto inútil, que me hace daño. Piensa que eso me impide ser más concreta con mi vida, con las cosas que -según ella- yo ya debería haber logrado. Yo siempre le respondo que la realidad ya es bastante necia como para no poder evitarla, soñando, despierta o dormida. Otros se empujan sustancias o se atiborran de trabajo, pero yo escojo soñar despierta o dormida. ¿porqué lo hago? Por que mis sueños me suelen divertir tanto, me suelen aliviar tanto, que es imposible no desear estar en ellos. No son, necesariamente, placenteros, pero son proyecciones de mi mente y de mi corazón. Termómetros de mis sentimientos, de mis problemas, de mis logros.

Tengo mis sueños favoritos, debes saberlo. Recuerdo aquel sueño, en el que Manolo iba en bicicleta, por el desierto y a su paso, florecía todo. También aquel en el que estábamos en la semi oscuridad de un sunset de verano, mi madre y mi abuela y mis hermanas, y E aparecía, para acompañarnos. Probablemente también se encuentre aquel en la que caminaba por un laberinto blanco, hasta encontrarte, tordillo, en el centro, pensando en nada. Puede ser éste otro, cuando me encontraste en la playa y me dijiste que te esperara. O aquel en el que… bueno… ese sueño aún no puedo contártelo aún…

Hace dos noches, soñé con aquel que ya no está. Era una tremenda fiesta, en un lugar que no conocía, al aire libre. Estábamos todos cansados, a punto de irnos. El estaba sonriente, auto suficiente, como siempre había sido. Era su imagen residual en mi mente, no la debilitada y enferma, que vi la última vez y que me hizo no querer regresar -era demasiado para mi. Me acerqué a despedirme, me iba a casa. Le abracé En ese momento, recordé que estaba soñando, y le dije “¿Sabes?, no he sido lo que esperabas. Pero te deseo buen viaje” El me dijo “no pues” y empezó a reírse, cachasiento como era. La gente se acercó a despedirse y yo me fui, como todo el mundo se irá, en algún momento.

Soñar pues, me permite sobrevivirme al día a día, donde la rutina te hace olvidar para qué te despiertas todas las mañanas. ¿Lo recuerdas? Yo nunca puedo echarlo al olvido.