Tag Archives: machos

Inmemoriam

Inmemoriam

Mujeres. Mujeres. Mujeres.

Mujeres. Mujeres. Mujeres.

No me saludes, compadre. No hay nada que más me fastidie que la recatafila de saludos ocasionales en éste día, 08 de marzo de todos los años de mi vida. No me saludes y luego me mires el trasero, o pienses que soy una loca histérica que necesita “eso” para calmarse o creas que sólo te puedo servir para hacerte la terapia. No me saludes y luego me acoses en la oficina, me roces en el bus y me lances piropos obscenos por la calle. No me saludes y luego decidas que el patín que chambea en lo mismo que yo, con inferior calificación, merece tener mejor sueldo. No me saludes, carajo, cuando piensas que mis opiniones son estúpidas, porque te juras más educado, razonable y dialéctico, cuando mi conocimiento viene de la cacheteadera que me da la vida, todos los días. No me saludes y luego, me llenes de hijos y te largues orondo, a buscar a otra más joven y menos sufrida y yo deba matarme chambeando para levantar a nuestros hijos que, encima, haré que te quieran. No me saludes, cuando sé que me maltratarás de todas las maneras posibles, sólo porque estás descubriendo que ya no eres necesario para que yo sea feliz. No me saludes, idiota, cuando no caes en la cuenta que fuiste criado por una de nosotras y, si hay justicia, lo que me hagas se lo harán a las de tu familia. No me digas que es mi día, cuando confabulas, apoyado en la sociedad, para que yo nunca pise una buena escuela, me cueste llegar a la universidad y si lo logro, termine con las justas. No me digas que soy magnífica, porque mi cuerpo está dentro de los estándares de belleza, porque me muestras irrealidades en aquello, haciéndome infeliz si no lo logro… no sabes las veces que he muerto por ello, para que me quieras, maldito idiota…

Salúdame por que vengo de una verdadera estirpe de hembras, porque mis abuelas se fajaron con ustedes, consiguieron que me instruyera, a pesar de las limitaciones y porque razoné lo suficiente como para que me indigne que sólo por un día me digan lo genial que soy. Yo lo soy TODOS los días, incluso después de salir de este mundo.

Al cabo, ya lo dije antes. Cómo me aburre repetirlo.

Un año después

Un año después
No, entre gitanos no nos leemos las manos.

No, entre gitanos no nos leemos las manos.

Creo que nunca olvidaré la intención con la que lo dije. Tampoco olvidaré el porqué dije todo aquello. Tampoco echo al olvido a aquel que me hizo escribir éso. Las cosas como son. Uno se mueve, aunque no se mueva. La mente, poderosa mente, a veces nos juega pasadas (me he pasado todo el año olvidando cosas y pagando por ello) y otras veces, es como un tatuaje interno, indeleble. Pero uno sigue en lo suyo. Así es la vida. La mía cambia, porque, como dije en twitter, cambio yo; entonces, cambia todo. Para bien, siempre.

Odiándo como odio las efemérides, este año no haré nada más que poner, entonces, un misio link, desde los archivos. de El Dedo Ilustrado: Pongamos que hablamos de Amor. Y al carajo el resto.

Paroles

Paroles

Rapidísimo: viniendo a trabajar, en un cielo nublado de una ciudad donde el verano supuestamente ha llegado, pero sigue lloviendo y por poco traigo mi chompita… venía yo caminando, escuchando una de las tres radios decentes para escuchar música que nos ha dejado el libre mercado (el resto es una suerte de monstruosidades donde ronda el neollevafacilismo musical) y saltó Alain Delon (el cual fue un sófero cuero pero ya ven, hay gente que envejece tan mal que parece que se estuviera derritiendo) y Dalida (my love, caray, qué talentosa y que Dios guarde de ella) con una cancioncita que odiaba en mi infancia pero que -cómo son las cosas- ahora la adooooro en cuanto la escucho y que viene a pelo hoy…

(uff, trago saliva, continúo)

Entonces me dije “chale, pégala en el blog y causa un momento de sano esparcimiento”  and here it is…

Nada de sublecturas (aunque podrían haberlas). He decidido que, por el momento, no le dejo a nadie, ningún rastro, ni por aquí. Por cierto, las otras dos radios que quedaron solitarias en el dial perucho son ésta y ésta. Lástima por los oyentes locales, que quedarán sinceramente embrutecidos por otros contenidos menos variados.

Ni una palabra

Ni una palabra

Lo que Wagner no sabía... ¡Que pasen las ondas sonoras!

Lo que Wagner no sabía... ¡Que pasen las ondas sonoras!

Se quejaba Wagner que, al amar una canción, sólo por sus armonías, más no por el significado de su letra, era un acto mediocre: uno terminaba queriendo solamente una parte, desconociendo la otra, que daba la unidad a la obra. Lo que él tal vez nunca quiso aceptar es que las ondas sonoras pueden llegar a tener similitudes con las cerebrales y establecer conexiones, en las que las palabras no son necesarias.En cristiano, la música, sana. Bueno, él no tenía porqué saberlo, pues es un estudio de finales del s. XX.

La cosa es que, sólo así explico mi fascinación – mediocre, también – por la música  que suele rondar mi cabeza, en idiomas que no entiendo y que suenan armónicamente conmigo. Por otro lado, siempre es rico llenarte de ella, también, aunque tú tampoco entiendas una palabra. Por algunos momentos, estamos en el mismo estado de fascinación…

Hummm. Creo que debo dejar de escribir estos posts tan girlys y empezar a comportarme como la adulta que soy…

Mi adorable Sam Soon. Dicen que el éxito de las novelas coreanas en Perú, radica en la forma en la que se relacionan los personajes, que recuerda mucho a las antiguas costumbres andinas, tan perdidas en medio de la migración y las modas foráneas. Será, pues.

Juramentos

Juramentos

Juro que tenía un buen título para este post. Juro que también tenía un buen tema: la sequía artística, que me tiene loca, obsesionada; me tiene seca por dentro y – lo peor- por fuera. Lo juro de rodillas sobre chapitas. Juro que a mí también me ha aburrido la tristeza. También juro que me apenan las distancias, que a veces las veo absolutamente insalvables. Juro que no hay noche en la que no piense que mi vida hubiera podido ser diferente, si me conformara, si tomara los caminos que algunos suelen terminar tomando, por cansancio. Juro que detesto la monotonía, la tierra, el silencio obligado, las esperas, los putos procesos. Juraré -hasta el hartazgo- que siempre valdrá la pena. Juro que estoy harta de decir lo mismo, siempre. Juro que no dejaré de decirlo, por mucho tiempo más.

Juro que te quiero.

Razonamientos estúpidos -pero trascendentales- de un sábado 31 de octubre

Razonamientos estúpidos -pero trascendentales- de un sábado 31 de octubre
stupid

Es lo más seguro.

  • Probablemente me sienta más cómoda frente a una danza ritual polinesia que a una ceremonia de matrimonio, aquí, en occidente.
  • A veces mi imagen real es similar a lo que creo es mi imagen virtual, pero estas nunca son iguales a lo que en verdad soy.
  • Hoy vi un personaje de anime, con tu aspecto. Tal vez no seas real, después de todo.
  • Me acostumbro demasiado rápido a todo. Por eso odio la rutina.
  • Ya no lloro por lo que debería, lo hago por estupideces. Lo hago cuando se acaba el papel higiénico, por ejemplo…
  • Sep, ese link era bien stalker. Me di cuenta luego. Sólo quería mostrarte lo interesante de aquella aplicación… como era de esperarse, te creciste un montón.
  • Yo nunca estoy en el mood correcto. Si hay que estar serio, me caigo de risa; si hay que estar contento, me deprime todo.
  • Tengo un nombre escrito en un papel, dentro de mi almohada. Hay una hoja de laurel, con él. Me pregunto si sentirá el olor, allá.
  • Odio ir de shopping. Voy con una lista -mental, aunque sea – y tengo que encontrar lo que busco o mi frustración es monumental. No es aplicable a una visita a una gran ferretería. No sé por qué me afanan tanto las espátulas y la masa para molduras…
  • Nada como el camotillo para calmar mi tristeza.
  • Nada como el chocolate para calmar mi tristeza.
  • Nada como las papas amarillas fritas con cáscara, para premiarme… o calmar mi tristeza.
  • La primera parte de las “negociaciones” conmigo, consiste en soportarme y convencerme de que vale la pena.
  • Lucho tenía razón cuando decía que el Amor tenía fecha de caducidad. Al menos, en estarlo demostrando. Luego, va a la nevera y se queda ahí, para siempre.
  • Si tuviera alopecia, estaría cambiando todo el tiempo de look. Tal vez usaría pelucas color chicle y con rizos apretados…
  • Me enternecen sobremanera los niños de bajos recursos, disfrazados sencillamente, pidiendo “jaloguin!” por la calle, en manadas. Sólo por ellos, merece la pena guardar caramelos en la mochila…
  • Los mormones y sus rituales de apareamiento me asustan. Es lo más lejano a la libre elección.
  • La canción criolla no se ha muerto. Se mueren los intérpretes. El resto de gente, “canta” nomás.
  • Siempre suelo tener la razón en casi todo. Y friega.
  • Me gusta el silencio. Más, si es contigo.
  • Creo firmemente que un día, Alexandrie y mi poesía favorita, serán inevitables argumentos-imán para aquel que debe venir.
  • Tal vez me burlo de todas esas cosas que la gente respeta y ansía, porque en el fondo, las quiero yo también.
  • Mañana comeré ravioles, sí o sí.

Días como éstos

Días como éstos

Malhumorada

Malhumorada

Seeeeee… hay veces que hay días increíblemente coordinados, donde te sientes parte del planeta, del universo, en fin; todo te sale chévere, llegas exacto al paradero cuando pasa el micro que debes tomar, casi vacío, tu jefe está en sus cosas y te deja hacer las tuyas, ponen todas tus canciones favoritas en la radio, te encuentras plata, logras terminar ése trámite interminable y encima te dicen que estás reguapa…

Pero hoy, hoy no ha sido un día de éstos. Más bien digamos que es una semana fatídica donde todos los días son de miércoles (y recién estamos lunes), hasta el mero viernes (y ni te ilusiones, porque el fin de semana será peor). Te levantas antes de que el despertador despierte, preocupada por los pendientes y no pegas ojo hasta que decides vestirte, para no encontrar por ningún lado lo que tenías planeado ponerte, descubres que hay lo que realmente se te ha antojado tomar de desayuno (pero que venció el mes pasado); tus ojeras están incontenibles (lo que no impide que el guachimán te lance un piropo: él no está viendo tu cara, precisamente); el hombre que te gusta se dispara en la pata, diciéndote algo realmente estúpido; tu jefe te llama por millonésima vez para preguntarte por qué no entregaste tal o cual informe; tus empleados encuentran un pretexto más (perfectamente válido, encima) para atrasar todo el trabajo de la oficina; te tomas unas fotos para un documento que debes (sí o sí) entregar antes del viernes y en el sales como si estuvieras a punto de llorar (y se supone que sonríes); han hecho de almorzar algo que detestas y aquel trámite interminable debe comenzar again. No sin razón, entonces, se te cae el cabello a mechones y tu humor es de mierda.

Si pudiera haber un amuleto para esos momentos de pesadilla, en los que una siente -literalmente- una nube negra con rayos y truenos que va paseando contigo, mientras el resto vive en armonía con un planeta que no entiendes nunca, pero que a veces, parece que sí.

La ley de Murphy en todo su esplendor. Algo que tendré que explicar en la sgte emisión de El Dedo Ilustrado Online & Uncut... en cuanto me deje el destino.

La ley de Murphy en todo su esplendor. Algo que tendré que explicar en la sgte emisión de El Dedo Ilustrado Online & Uncut... en cuanto me deje el destino.

et, la chanson de la semaine… de lejos…


El Valor

El Valor

Templarios, caballeros. Así es la figura que me viene a la mente, siempre.

Templarios, caballeros. Así es la figura que me viene a la mente, siempre.

Las situaciones extremas suelen sacar lo más escondido de ti. Te avivan los sentidos, te hacen atrevida, te impulsan a realizar cosas que nunca en tu vida harías, si te lo pidieran. Te llevan al borde mismo de ti y encima, te ponen en peligro, siempre.

Sin embargo (y siempre me gusta esta lesera de quebrar tesis) el beneficio a posteriori es priceless y generalmente una termina absolutamente lejos de donde empezó; y ya que es un asunto ir hacia adelante y no en retroceso, como el cangrejo, cualquier movimiento hacia algún sitio que se desconoce es una experiencia. Me gusta pensar que luego de aquella duda inicial, lanzarse por algo es como el detenerse frente a la venida de un huracán. Siempre pongo a colación la figura de aquel caballero medieval que ha clavado su espada en el piso reseco y dice, al más puro estilacho de Gandalf “You shall not pass” y ahí, parado, para lo que venga. Pero es ése dichoso salto, el que funde el plan. Hacerlo, sólo hacerlo. Lo que yo siempre defino con una frase: “tú mándate nomás” y que luego, algunos me siguen el consejo y otros simplemente salen corriendo. Me gustan los que saltan, a lo macho, con todo y encima, con una sonrisa en la boca. De ellos es mi reino