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Acá nos vemos.

Acá nos vemos.

invitacion la republica

Estimados, al parecer, aumentaremos el número de gatos. Ya no seremos tres… Espérenme desde el martes 06, semanalmente, en La República… ¿No es emocionante? Ahora casi todo el Perú se enterará que estoy loca…

Igual, seguimos manteniendo el blog, pero con otros temas… (intento imaginar cuáles…)

Saludos… y nos leemos en el diario.

Nada y mucho

Nada y mucho
dawn

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Indisciplinada, me he dicho ésta misma noche, montada en el bus, de camino a casa, luego de una jornada de “relax y sano esparcimiento”. Mi malcriadez radica en la poca responsabilidad para poder escribir aquí, pese mis grandes ganas de contar todo lo que me está sucediendo. Bueno, no todo. Gran privilegio tiene mi Bitácora, que actúa como filtro de mis angustias, porque, a pesar de que “pienso en voz alta”, no puedo darme el lujo de gritarlo a los 4 vientos, sin meterme en verdaderos problemas con gente que amo, con gente que no amo, pero que me paga, con gente que ni amo, ni me pagan, pero tienen plata y podrían caerles recontra mal mis cabilaciones, e intentar meterme a la cárcel por que les pega. Signo de los tiempos. Sabrán disculparme.

Ergo, venía diciendo que era indisciplinada, pero luego saqué cuentas sobre el tiempo que tendría disponible para poder hacer aquellas cosas que tanto me gustan (una de ellas es estar aquí, compartiendo textos) y otras cosas también importantes, como… comer, dormir… ya saben… sobrevivir.

Tengo casi seis meses en Québec. Me saben a siglos, francamente. A pesar de tener algo de familia, acá, me siento sola por momentos, pensando en lo que estaría haciendo en ése mismo momento, de estar en Lima. Extraño a mi familia, algunas cosas de mi caótica ciudad (como por ejemplo, que los negocios no cierren a las 5pm, llueva o truene), extraño a mis amigos (que parecen haberme olvidado, ocupados en el resto de sus vidas, pero se entiende), extraño el clima mamarrachiento que nunca llega a -2°C en una mañana soleada, el pan recién horneado de la panadería de la esquina de mi casa, el pollo a la brasa y la papa amarilla frita… Caray, también extraño otras cosas que ni puedo contar acá, por que ya no vienen al caso y sólo nos interesaba a un par, pero igual, que conste. Eppur si muove.

El asunto es que ando ocupada en arrancarle al destino, lo que siento que merezco. Me disculparán, entonces, el desamor de mantener cuasi abandonada ésta ventana. Pero entre mis clases de Francisation, de Réseaux Sociaux y mi primer empleo de verdad, me queda sólo el tiempo exacto para ir a quejarme a Twitter y ser el ama de casa de ensueño de un minidepa. Lo más duro no son los estudios, sinceramente; es el empleo, que es los fines de semana y que sinceramente, socaba mis fuerzas y ánimos, pero me animo diciendo que nunca volveré a tener los mismos horribles empleos que tuve en Perú, y que ésta primera experiencia laboral me servirá para llegar a donde deseo ir. Entonces, persisto en todo, con ésa terca convicción que el esfuerzo me hará llegar a un momento en el que lograré hacer lo que siempre deseé: Procastrinar con estilacho, a lo grande y que me paguen bien por ello; que es la nueva definición de “hacer lo que me gusta”.

En tanto, el camino va -por momentos- rápido, lento o término medio con papas, if you know what I mean. He conocido marcianos, nómades, inefables en todo el sentido de la palabra, inolvidables y he tratado de no establecer contacto visual con nadie que pueda meterme en problemas, por más encantador que pueda ser; porque estoy, de un tiempo a ésta parte, focalizada en andar un camino que me ha sido tan esquivo, que me desespera no lograr al instante el fucking éxito. No me tengan pena, no me admiren, no me digan nada; es lo que debe hacerse, le dije al Lobo, y se quedó mudo, porque él sabe, también. A nadie le pueden premiar por hacer lo que tiene que hacer. Nadie puede esperar, entonces, que le reconozcan en vida lo que en las entrañas lleva como motivación salvaje. Por éso mis niveles de autocomplacencia son absolutamente bajos: soy una indisciplinada… pero no tengo, por el momento, más remedio.

¡Es el fin!

¡Es el fin!

 

equipaje

En tránsito.

Hace poco más de tres años, empecé una aventura, cuya primera parte ha terminado hoy. Decidí migrar.

 

Al igual que todos los que deben irse -de manera obligada- del país, el proceso empieza desde mucho antes de la acción de tomar un avión o cualquier otro transporte. Mucho antes, incluso, de decidirlo. A algunos pocos les sobreviene el asunto de manera tan rápida, que es como un trasplante salvaje y la adaptación es odiosa. No ha sido mi caso.

 

Diré, como siempre he dicho, que mis ansias de cambio vienen desde 1988, año en el que me aburrí como nunca y pensé en que era una verdadera marciana viviendo en una caótica ciudad. Lo cierto es que era una post adolescencia contrariadísima y controladísima. Luego de aquella decisión, mi vida fue una búsqueda de vocación profesional y de modos de expresión de ésta Legión que es mi mente inconforme, educada sólo Dios sabe para qué tipo de sociedad o motivo, pero siempre ahí, mirando críticamente todo.

 

Sobreviví a las peores épocas económicas peruchas, donde tuve los empleos más mediocres que alguien pueda imaginar, pero también la experiencia de vida para valorar el hecho de poder cobrar un sueldo y felicitarme por cómo tu autoestima sube por ello. Tuve que soportar todos los tipos de jefes, de los que te ignoraban, a los que te insultaban, sin importar la edad o el sexo o tal vez la caridad humana inexistente.

 

Sobreviví a los pésimos amores (en parte, mi culpa por no saber escogerlos), a los pésimos “amigos” y a la depresión que sus pérdidas me producían. Aprendí a discernir, a proteger mis ansias, a observar.

 

Sobreviví a las enfermedades -felizmente pocas- a la búsqueda neurótica de la belleza, a las modas, a los panfletarios. Tuve suerte.

 

Hace tres años que he venido sacrificando los fines de semana (sábados y domingos por las mañanas, incluidos), las salidas con mis amigos, el acceso a algunos caprichos tecnológicos, gastronómicos, culturales. Hace tres años que vivo “proyectando” la escena en la que entrego mis documentos a la sección de migraciones de aquel aeropuerto y cruzaré los dedos para que todo salga bien.

 

En todo este tiempo, no sólo invertí el dinero que exige una cerebral preparación para cambio de locación; invertí mi tiempo y mi corazón. Todo, en búsqueda de éste sueño, en el que me he involucrado y en el que no quiero fallar.

 

Debo, entonces, disculparme de todos aquellos de los que no he podido despedirme; disculparme de aquel amor que me hizo dejarle; de no haber seguido luchando por labrarme un “futuro” en Perú, cuando eso fue en mis pasados veintes, pues estoy en puros “ahoras” y la verdad, ya no estoy para dancings. Pido perdón por irme, por no persistir cargosamente, pero es que así es cuando se hace lo que debe hacerse; uno se manda, con el alma en las entrañas y a ver qué pasa, pues una crece, intentará reproducirse y es inevitable que muera. Pero los que se quedan, están en mi mente.

 

Siendo más prosaica, es una joda emigrar. Perfeccionar un idioma, estudiar otros dos (a veces casi simultáneos) con sus respectivos exámenes de suficiencia (algunos, tomados un par de veces), conseguir todas tus constancias de empleo (I mean, all), hacer todos los trámites inimaginables para demostrar que no eres una oportunista, ni una mentirosa y mucho menos, delincuente. Traducir todo lo anterior en papelitos que les dice a “ellos” que es cierto… Hacerte todos los exámenes físicos que existen y juntar tus ahorros, al borde de parecer indigente, porque sabes que debes sobrevivir allá adonde vas.

 

Alguien dice que las oportunidades no caen del cielo. Se fabrican. Se lo creo, porque durante éstos 3 años, mientras me he privado de muchas cosas -entre ellas, mi sueño- he vivido pensando que me lo merezco, mella. Merezco dejar el sobresalto y la incertidumbre de toda mi vida hasta el momento. Sin embargo, les deseo a todos los que están luchando, que tengan mis mismas oportunidades; mi feliz suerte de poder hacer lo que me gusta y que ser valorada por ello.

 

Mis ojos mirarán otra realidad. Enfrentaré otros retos. La Dreampicker que, sentada en la cocina de sus padres hace más de tres años, decidió que “era el momento” no es, ni por asomo, la Dreampicker que les escribe ésto. Tampoco será la misma, aquella que escribirá desde Québec o desde donde el viento la lleve. Porque el objetivo, ahora más que nunca, es reinventarse. Es florecer.

 

No es el fin, jamás. Es el glorioso comienzo. ¡Nos vemos, desde el otro lado!

 

Salud, hermanas

Salud, hermanas

 

Go, girls, go!

Nada más neurótico que la feliz búsqueda de la empírica salud. Siendo que no existe ése estado perfecto, más bien perverso, la gente se aloca en su consecución y conservación mediocre.

Ahí me encuentro, corriendo de consultorio en consultorio, sometiéndome a las examinaciones más invasivas, pareciera creadas con el fin de jodernos, señoras, porque no me digan que aceptar que alguien te abra las entrañas con una cuchara, para sacarte una muestra es la cosa más tranquila y normal. O tal vez, que te conviertan los pechereques en empanadas sin relleno, vista superior e inferior. No se queje, señorita, así no puedo tomarle el papanicolao…

¿Me van a decir que con toda la tecnología del siglo XXI, aún tenemos que aguantar la vejación anual de que prácticamente nos violen, en pos de prevenir el cáncer o llegar al borde de la lesión por conseguir una radiografía de una parte delicadísima de tu anatomía?

O sea, protesto, ¿ya? Lo hago por tres buenos motivos, que ya he ido mostrando:

1.- Por la neurosis de mantenerse con salud y todo el stress que conlleva
2.- Por las pruebas invasivas a las mujeres, en plena era tecnológica
3.- Por tener que gastar un dineral en ésta persecución frenética, a menos que tengas todo el tiempo del mundo o la paciencia celestial o simplemente, estés misia.

Ploptesto, mujeres del mundo. Es decir que, encima, en la profundidad del machismo arraigado de algunas otras (aquí entiéndase la ginecóloga de turno), les jode que una proteste, se queje, diga ¡Auuuu! Desde lo más profundo de su humanidad y odiando al género propio, por poco empático y al opuesto, porque sólo tienen que hacerse un tacto rectal cuando van ancianos, nos lleva la que nos trajo, si pudiera dejarnos entrar a su vientre, again. No se lo sugiero.

Aún así, qué bravo asunto es el estar saludable, o por lo menos, intentarlo. Más bravo asunto va si eres mujer, pobre, ignorante y tercermundista. Con razón los porcentajes de pobreza, van casi repletos de varias de ellas, cabezas de familia que muchas veces se olvidan de sus cuerpos y con ello, de sus futuros, empeñados a la ruleta rusa de la enfermedad. Entonces, tomo valor y sigo haciéndome el fucking chequeo médico del año, felicitándome de la suerte que tengo. Háganselo ustedes también.

No estaba muerta…

No estaba muerta…
busy

Ocupadísima.

Ni muerta, ni de parranda. Sólo ocupada. En algún momento debo contar el porqué; pero, siendo que no quiero poner en autos a todo el mundo, salvo cuando sea adecuado y pertinente, sólo quiero decir que estoy al borde del stress.

Pero igual van las ganas y las palabras, guardadas, pero no olvidadas. Ahí está todo, como siempre.

Algunos comienzos, pero ningún final

Algunos comienzos, pero ningún final
Amazing Manufactured Totems by Alain Delorme

Amazing Manufactured Totems by Alain Delorme

And here we are, en un nuevo dominio (algo provisional, la verdad), con una nueva fachada y un videillo. La motivación es la misma, obscenidad por que me sepas, así, críptica y extrañamente. Mi periodicidad depende de lo que tenga que decir, o del tiempo para decirlo. Mi corazón, mi hígado, en los textos que lees. Lo hago para acompañarte, lo hago para que me acompañes, mostrándote las cosas que me sacan de mis casillas, que me conmueven, que me llenan. Es cierto, para la inmediatez de mis pensamientos, está Twitter (que, seamos francos, no tiene desperdicio, pues te comparto mis lecturas y si lees tan rápido como yo, pues no pararías nunca); para todo lo demás está Mastercard, mis bitácoras anuales y éste lugar.

Luego, tenía que empezar ésta nueva etapa, con un videito grabado exprofeso, a modo de homenaje, para la noticia del año, que me echó literalmente de la cama: Mario Vargas Llosa y su Nobel. Una adolescente, leyéndole por primera vez, un primer texto. Una adolescente que me ha dicho un par de veces “yo quiero ser escritora” y ala, ahí la ponemos a prueba. Es un encuentro de dos dimensiones: el novel escritor, que empieza a plantearse el tema de narrar y el aprendiz, que comienza a llenarse los ojos, de todo. El entorno, mi paraíso de infancia. La sensación… deja vu, sinceramente.

Los premios sirven, no al escritor; sirven al lector, para motivarle a buscar los textos, analizarlos y encontrar en ellos, la calidad y el mundo del otro. Mi pequeña lectora acaba de toparse con ello. Modestísimamente, homenaje desde El Dedo Ilustrado.

PD. Se les agradece a @CarmenRosita y a Chucky, por su invaluable colaboración.

El amigo peruano

El amigo peruano

Amigos

María, mi amiga peruchaza como yo, con la que estudié la licenciatura, es de las de risa fácil, más fácil conversa y mucho más cariño. Es ella quien me suele enviar ofertas de empleo (aunque ya no las necesite) y me ha escuchado contarle mis frustraciones e historias. A mi favor debo de decir que yo también le he escuchado sus problemones, pensando en que es un arte oir y más humano el empatizar. Como sea, ella me envió este texto (el cual sinceramente no sé de dónde lo ha pillado) y me parece justo y necesario pegarlo aquí.

De ésta monse manera, el homenaje para los amigos mios, tuyos, suyos, nuestros. Los que, aunque pasen y no permanezcan, siempre te dejan lecciones de vida; ésta vida cortísima, que nunca debe dejar de ser plena.  Mil abrazos.

La diferencia entre un amigo cualquiera y un amigo peruano

Un amigo es alguien que nunca te pide comida…

Un amigo Peruano es la razón por la que organizas una comida.

Un amigo te pregunta cómo estás…

Un amigo Peruano te dice que te ves bien, te abraza y te besa.

Un amigo llama a tus padres señor y señora…

Un amigo Peruano llama a tus padres “mi Querido Señor” “Mi querida Señora”…

Un amigo puede que nunca te haya visto llorar…

Un amigo Peruano ha llorado contigo, por cualquier cosa.

Un amigo te manda flores y una tarjeta cuando estás internado en el hospital.

Un amigo Peruano se queda a dormir en una silla, a tu lado.

Un amigo te pide algo prestado y te lo devuelve a los dos días…

Un amigo Peruano te pide algo prestado y a la semana se olvida que no es suyo.

Un amigo te ofrece el sofá para que duermas.

Un amigo Peruano te brinda su cama, se acuesta en el suelo… y no te deja dormir en toda la noche conversando contigo.

Un amigo sabe unas cuantas cosas acerca de ti…

Un amigo Peruano podría escribir un libro con las cosas que le has contado de ti.

Un amigo te lleva aspirina cuando estás resfriado.

Un amigo Peruano te hace una sopa de pollo y los remedios que le enseñó su abuela. Y puede que hasta te haga ‘el avión’ con la cuchara, para que te tomes la sopa.

Un amigo toca a tu puerta para que le abras…

Un amigo Peruano abre la puerta, entra y después te dice: ¡Llegué!

Un amigo te pide que le hagas un café.

Un amigo Peruano pasa a la cocina y toma la cafetera y hasta le pide azúcar a una vecina si no tienes.

Un amigo puede serlo por un tiempo…

Un amigo Peruano es para toda la vida.

Un amigo ignoraria este correo…

Un amigo Peruano se lo pasará a todos sus amigos pues se siente orgulloso de ser Peruano !!!

Lunática

Lunática

Elisa Sonato

Vida agitada. El profesor de Italiano dice que soy un caso clínico; no puedo recordar nada en clase, pero mis examinaciones son buenas. La profesora de Francés me lanza a las cuerdas, tal cachascanista y me demuestra que mi instinto es bueno, pero mi memoria también es fatal. El profesor de Diseño Web me mira con reprobación cuando le pido que tenga en cuenta mis obligaciones contractuales y me deje menos tarea. El profesor de 3D se asombra de encontrarme en el laboratorio, a la hora puntual; se pregunta si es que yo duermo a la puerta de la clase. Me lo pregunto yo. Un par de amistades casi tiran la toalla, porque no logran encontrar el tiempo suficiente para verme o verles. Sin contar con mi propio empleo, que ya tiene su propia carga de stress, digamos que ahí nomás hay despelote que no tiene visos de calma. Calma y sangre fría.

Internamente -y ahora externamente, pues lo publico- me suelo lamentar un poco de que ciertas cosas tengo que hacerlas yo misma, yo sola. No, no hablo de aquellas actividades simplonas que algunas mujeres no conciben sin compañía – ir al cine, por ejemplo- sino de aquellas que suelen requerir más agallas y que a mi me tocan así, porque aún existiendo quien me acompañase, sé que igual tendría que hacerlas en solitudine o lo que es peor, por el carácter que los genes me dieron, teniendo que empujar a otro para que los haga. No es negocio, en ningún caso. En el primer caso, es mi negocio y qué diablos.

Resisto a mis genes y a millones de años de desarrollo evolutivo, para tomar el papel de damisela en urgencia, con pañuelito al aire y todo el rollo. Simplemente no puedo, caray. Me duele la conciencia y la precognición de mi propio ego, satisfecho, por to boldy go where no one has gone before y un largo etc. Me resisto a pedir ayuda, a levantar la mano y decir “estee, ¿me lo puede repetir, porfa?”. Me resisto -pero nunca gano- al embate del síndrome de abstinencia que me provocan ciertas ausencias; que tal vez nunca estuvieron…Me resisto y me pico, escorpión, con mi propia cola. Doy círculos y círculos. Pero voy en elipse, lo sé. ¿A dónde llegamos, los locos? Lo siento, Esther Vilar, pero tienes razón y estás equivocada. Las feministas también. Quiero ser liberada, liberadísima y pendejísima como las mocosas de hoy; pero cómo jala el monte, cielos. Mi cerebro funciona mejor para razonar que para recordar las conjugaciones en francés y los artículos en italiano. Quiero apapacho, en toda regla. Tremendo problemón.

Así, quiero contárselo a los 4 gatos que me leen (antes eran 3) y comentarles que yo, como siempre, quería hablarles de otra cosa. Hablar sobre temas de coyuntura, hacerme la panfletaria, telúrica y replética (por lo repleta de cosas qué decir), desgañitar, dar de escupitajos sobre los que se alucinan que saben todo -y cuyo asomo de duda inexistente me saca de quicio- o los que me pueden pintar de sectaria, racista, simplona o tal vez lloriqueante, porque miro desdoblada todo y encima, me converso sobre ello. Too complicated. A quién le importa.

El asunto es, como siempre, que le araño al presente, lo más posible. No tengo tiempo para decir más que ésto. El asunto es que me agota, en todo sentido. El asunto es que quisiera ése abrazo, ésa palabra, ésa sonrisa. Quisiera más papas fritas, una bebida helada, tal vez un set de canciones favoritas en la radio y un fin de semana donde tenga el tiempo suficiente para pintar y escribir poesías sin parar, viendo los felices dedos de mis pies, agitarse al son de la música. Quiero el silencio en compañía. En la suya, invariablemente. Maldita Primavera.

El Mundo Alterno

El Mundo Alterno

imagination

Fantaseo mucho, para desesperación de algunas personas cercanas. El fantaseo me permite abstraerme, concentrarme y pasar los momentos desagradables, de modo más rápido. Así, por ejemplo, si estoy atracada en un tráfico de pesadilla en Lima, tengo los audífonos puestos y me la paso creando videoclips para las canciones que van apareciendo, random. Otras veces, miro a la gente a mi alrededor y voy imaginando a qué se dedican, dónde viven, el estado civil, etc.

Estos ejercicios mentales, que malamente algunos confunden como “ensoñaciones”, han sido los recursos que han utilizado, incluso personas en situaciones en las que sus vidas han estado en peligro. No voy a continuar con ejemplos al respecto, porque el tema de éste post no es ése. Es la capacidad de visualizar lo que últimamente me aqueja y cómo la realidad es mucha mejor maestra que los esfuerzos de la mente. O algo así.

El asunto es que, de un tiempo a esta parte, observo a la gente de otra manera. Observo cómo serían en otro estrato económico, habiendo tenido – o dejado de tener- oportunidades en sus vidas y cómo éstas le han afectado. En mi cabeza, las visualizaciones y luego la comprensión de que las oportunidades no son más que una suerte de situaciones concatenadas, que vienen a dar en una notoria oportunidad para ponerte a prueba, con todo el camino recorrido atrás: lo tomas o dejas pasar. Si pierdes la cita con el destino, vendrá otra y otra más. Porque, me disculpan, pero si has de llegar a un lugar, lo harás indefectiblemente; aunque sea a trompicones.

Entonces, pues, miro a un empresario próspero y le imagino en sus inicios o cómo sería sin un puto centavo; de la misma manera lo hago con el que barre mi oficina y calculo cómo sería su vida si hiciera otra cosa distinta que sacar la basura de los tachos. ¿Llegaría, el empresario, a pillar el mismo destino, si sus oportunidades hubieran sido diferentes? ¿El operario sería mejor jefe que el suyo propio? Wait, no creo en el determinismo. Creo en las misiones. Creo en que hay que llegar, a dónde sea que lleguemos, con la plana hecha. Me muero de la risa con la figura; yo, viejita en mi cama, teniendo un segundo de lucidez, diciendo “mierda! Para éso vine!!” y estirar la pata al segundo siguiente. Humor negro pour moi.

En éstos años, he visto cambiar la vida de tanta gente. He visto que las acciones de muchas personas confluían en situaciones en las que, visto desde mi tarima de espectadora, califiqué como “inevitables”. Pero también las he calificado de benditas, de milagrosas y de providenciales. El acceso a la educación de muchos jóvenes que, sin algunas oportunidades realmente caritativas, no hubieran podido acceder a una educación, a un empleo, a que sus familias dejen de vivir en la precariedad o que ellos mismos caigan en las drogas o la delincuencia, quebrando el círculo que para otros es inevitable, es conmovedor, siempre. ¡Cómo desearía que mi país, mi raza, pudiera replicar, poquito a poquito aquellas vidas salvadas, aquellos ojos brillantes al ser reconocidos, al conseguir un empleo digno, al poder dormir en paz, sabiendo que mañana podrán vivir dignamente en un mundo que les respeta y valora…!

Bueno pues, me pongo sentimental, mirando a la gente. Deseo que todos puedan tener las mismas oportunidades que tuve yo (y eso que considero que he tenido pocas, pero trascendentales), deseo que puedan aprovecharlas y vivir vidas plenas…

Luego me acuerdo de aquel personaje de película brasileña que decía, contenta.”Ay, es que yo creo en la igualdad entre los seres humanos. Eso sí, todos a lo Rockefeller…” Caray, qué cool sería éso.